domingo, septiembre 25, 2005
LA LUCIDEZ DEL CONVERSO
LA LUCIDEZ DEL CONVERSO
El converso se mira en el espejo de la lucidez. En nuestros días, aunque
tenga un origen religioso, el término “converso” identifica también a los
profesionales del oportunismo político que han cambiado de ideología, no a
consecuencia de la evolución personal y de la experiencia, sino del cálculo.
Así que la lucidez del converso radica en su adaptación a la realidad, en su
radical comprensión del momento histórico, en su peculiar olfato para saber
dónde está el caballo ganador. El converso entona siempre una especie de
doxología del poder, enseña la codicia por el oro, despedaza y atrapa al
mundo en las redes de su voluntad, y sigue al olvidado Stirner en la
consagración del yo como único criterio de valor. Es hábil y desvergonzado.
Sonríe con suficiencia cuando recuerda los excesos de su pasado, seguro de
que, hoy, debe “tocar de peus a terra”, aunque sepa que, en realidad, los
tiene atados a las estacas del poder, y reparte absoluciones y condenas
desde una sabiduría que está por encima del sombrío futuro que sospecha en
sus camaradas de ayer.
La ejemplaridad de la figura del converso está en su propia trayectoria, y
su lucidez nace del atento examen de la realidad, del desciframiento preciso
del mundo. Busca el éxito el placer, la admiración ajena, y nada mejor para
ello que asociarse con los grandes del mundo, con quienes disponen de los
resortes del dinero y del poder. Enredado en el narcisismo estéril, cree ver
en el usufructo de las ventajas del capital el destino reservado a la
verdadera inteligencia. Aunque, a veces se equivocan: algunos de los que se
aproximaron al PP en los últimos tiempos, seguros de la victoria del partido
Aznar y Rajoy, se encuentran ahora con el paso cambiado. No hay problema:
siempre se puede cambiar de nuevo, apelando a la reflexión personal, a la
evolución del mundo, a una mayor comprensión de los acontecimientos.
Es sabido que el converso tiende al extremismo, que alardea de su nueva fe,
demoniza a sus antiguos compañeros, pero no lo hace por especial maldad,
sino por necesidad, por discernimiento: quiere, así, hacerse perdonar sus
orígenes. La mayoría lo consigue. Y, pese a que Lukács nos hablase de la
inclinación de la burguesía al nihilismo, estos conversos –en general,
agradecidos compañeros del capital- tienen una clara vocación por el poder y
una arraigada creencia en el dinero. Están más cerca de aquella reflexión de
Milan Kundera en la que atacaba al “hombre de convicciones”, porque creen
saber que las convicciones son los harapos de los perdedores.
Cuando le entrega el reloj del abuelo, su padre le dice a Quentin, un
personaje de El sonido y la furia: “Te lo doy, no para que recuerdes el
tiempo, sino para que consigas olvidarlo.” Quiere olvidar su pasado, querría
borrarlo: esa es la lucidez del converso. Sabio catador de la vida, abomina
de la honradez (¿qué es la honradez?), y, aunque muchos han sido comprados
por el dinero sucio del poder, colaborando con repugnantes empresas
políticas, compone la figura para mostrar su importancia personal y su
dignidad de ser relevante de su época. Si tomáramos las tres categorías de
tiempo que estableció Berdiaev, veríamos que, los místicos perdidos en el
mundo, siguen pensando en el tiempo cósmico, y la izquierda real sigue
conjugando los ritmos del tiempo histórico, el converso cree a pie juntillas
en el tiempo existencial: el suyo propio. El converso sabe que se ha rendido
ante el poder, como Judas Iscariote (aunque huya de tragedias: no quiere
acabar como el personaje evangélico) y tiene, a veces, matices de Gobsek
(ay, el dinero), admira la gloria y el brillo mundano de Gatbsy, y, con
frecuencia, se comporta como un epígono de Verdurin ante la cultura, y
sataniza –como un ridículo predicador a lo fray Gerundio de Campazas- a sus
camaradas de ayer, pobres seguidores de la izquierda que permanece. Pobre
converso: teme la insignificancia, y se abandona a veces a la melancolía,
sin saber que tiene ante sí un horizonte agónico, porque ya está muerto.
doxología.
(Del gr. δόξα, gloria, y -logía).
1. f. Fórmula de alabanza a la divinidad, especialmente a la Trinidad en la
liturgia católica y en la Biblia
epígono.
(Del gr. ἐπίγονος, nacido
después).
1. m. Hombre que sigue las huellas de otro, especialmente el que sigue una
escuela o un estilo de una generación anterior.
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TEXTO DE HIGINIO POLO
Envio de Fito a la lista - Tener memoria
Copiè un pequeño trabajo de John Reed, los soviets en
acciòn, tiene algunos intercalados porque lo peguè de
PDF sin transformar, pero no es complicado. Està al
pie.
Busquè el material que pudiera aclarar lo màs
concretamente posible la relaciòn entre soviets y
partidos durante el proceso previo a la revoluciòn
rusa y durante.
Pensè que era imprescindible encontrar algo màs
substancioso que la idea general de dos bandos;
"soviets" y partidos, algo que reflejara la vida
concreta y no las transcripciones interesadas e
ideologizadas, y enemigas a veces.
Como dice Reed casi al final"si los soviets hubieran
sido opuestos a la idea revolucionaria bolchevique,
los bolcheviques no hubieran durado 10 minutos".
Pero la heterogeneidad de los soviets convivìa con los
bolcheviques, y los demàs partidos, y los soviets
coincidieron con los bolcheviques en una
radicalizaciòn de la acciòn a partir de los intentos
reaccionarios de desarmar ese poder popular que les
quitaba el control de las fàbricas y que repartìa la
tierra.
Dos comentarios que hace sobre las propuestas de los
bolcheviques son muy claros. "Dejar que 10 campesinos
pobres se entiendan con un campesino rico" y respaldar
la espontanea direcciòn de la producciòn industrial
que conformaban los consejos ante la ausencia de los
patrones, los cuales en muchos casos eran
saboteadores.
El desarrollo posterior de los soviets obviamente se
sectarizò, por empezar una enorme cantidad de soldados
desmovilizados que habìan sido una fuerza importante
pasaron a integrar otros colectivos, se mantenià la
existencia de soviets campesinos que eran dirigidos
por reaccionarios y los problemas de la direcciòn de
la producciòn y el intercambio absorbieron a los
consejos obreros. Por otro lado los sindicatos tenìan
una posiciòn dominante sobre los soviets, puesto que
nadie que no contara con la inscripciòn al sindicato
era como norma aceptado en un soviet.
Eso es muy complejo, sin contar con las necesidades
del nuevo estado atacado por diversos lados.
En este trabajo ademàs queda claro que no hay idìlico
consejismo, ni democracia directa en terminos
preponderantes, sino todo un sistema de delegaciones
entre colectivos de iguales. Ese poder de hecho
rescatò la soberania de manos del zarismo, esa es
piedra basal de cualquier autonomia de clase.
Esto reforzado por la influencia de los bolcheviques,
y tambièn lastimado por sus errores, cosa que marca
Reed; ciertas normas impedian que las clases enemigas
se organizaran o influyeran en los soviets, normas que
compartìan por igual los consejos y el partido
bolchevique.
Varias experiencias de autogestiòn fabril que relata
son obvias incursiones en una organizaciòn estatal de
nuevo tipo, espontàneas y fruto de la misma actividad
obrera a fin de mantener las fàbricas funcionando, y
comer.
De aquì, ni de nada, habrìa que extraer conclusiones
que puedan ser aplicadas mecanicamente a otra
situaciòn, pero si es importante ver a la luz de un
anàlisis concreto de la realidad "de una sociedad de
clases", que la renuncia a la construcciòn del estado
de nuevo tipo era renunciar a formalizar y establecer
nuevas formas de funcionamiento de la sociedad.
Sin esto, como tambièn lo marca Reed, no se hubiera
detenido el proceso de sabotaje, en el campo, en la
industria, y en el frente, lo cual hubiera liquidado a
la revoluciòn pero tambièn a los soviets. Se trataba
de avanzar, en las condiciones que fuera, o morir.
Implicar a otro estado, es implicar una continuaciòn
de la sociedad de clases, pero pensemos si el estado
debe desaparecer antes que desaparezcan las clases, o
lo tendremos presente hasta su extinciòn junto con
cualquier divisiòn de clases.
Yo creo que lo que define a un comunista es la
relaciòn entre teorìa y pràctica que establece, que no
cierra ni en uno ni en otro aspecto el asunto sino que
lo interrelaciona como un todo, y concretamente un
comunista es consejista y tambièn insurreccionalista,
y que cuando se encuentra en la vereda de enfrente de
alguna de estas dos cuestiones es un vulgar
socialdemòcrata.
Los bolcheviques no eran lo mismo que vemos tan a
menudo, vulgares polìticos buscando un lugar en el
estado para reformarlo, vivìan en una situaciòn de
cambio de un estado por otro, para el cual se habìan
preparado y estaban decididos a llevarlo hasta las
ùltimas consecuencias.
Luego, distintas circunstancias, traiciòn, errores,
pero sobre todo mucha presiòn, el hambre, la guerra,
la peste, y el resto del mundo decidido a liquidarlos,
millones peleando por sobrevivir en las peores
condiciones y la herencia de un paìs paradigma del
feudalismo.
Donde se detiene el impulso de una revoluciòn??. Hay
alguien capaz de llevarla màs allà de lo que el sujeto
està dispuesto y preparado a llevarla??
Todas las insurrecciones inmediatamente posteriores a
la rusa fracasaron, especialmente la Alemana, que era
la esperanza, y fracasaron, especialmente la alemana
porque todo el mundo capitalista se concentro en ese
objetivo.
Es decir que lo que creo las condiciones para que
entre los bolcheviques surgieran los oportunistas de
derecha, los traidores y los arribistas no es algo
intrìnseco de los bolcheviques, si la situaciòn
hubiera sido otra,otros serìan los hombres que tomaran
el mando.
Resulto capitalismo de estado y no una marcha
ininterrumpida al comunismo y un paraìso de la
democracia directa??
Y como lo resolverìa el tema la gente que critica a
los bolcheviques como si hubieran sido "a priori"
aviesos traidores??
Si se trataba de reemplazar un estado por otro a nivel
nacional hay consideraciones organizativas que
invalidad a gente que pueda tener ideas brillantes
pero que no tiene esa organizaciòn nacional.
Si se trata de formar un nuevo ejèrcito para que 13
potencias no zapateen sobre la revoluciòn hace falta
preparar la guerra, aprender sus leyes y aplicar sus
leyes, como lo harìa alguien que no està dispuesto a
matar??
Si se trata de que se alimenten millones mientras
otros esconden la comida, como se hace eso sin
policìas y sin postes de fusilamiento??
Y eso no afecta la democracia?? Obviamente, en todo
caso la factura habrìa que pasarsela a los mismos que
hasta ahora siguen matando, encarcelando y sobre todo
hambreando, y no a los tipos que equivocados en
algunas cosas y muy claros en otras no se hicieron los
boludos cuando la gente se juntò y decidiò levantarse
contra el zarismo.
Reed (1918): Los Soviets en acción. Volver al Archivo
Reed John Reed Los Soviets en acción Escrito: 1918.
Primera edición: The Liberator, oct. 1918. Versión
Digital: Izquierda Revolucionaria - En Lucha. Esta
Edición: Marxists Internet Archive, 2000.
Entre el coro de insultos y falsedades dirigido contra los
soviets rusos por parte de la prensa capitalista se
puede escuchar una voz estridente que grita con una
especie de pánico: "¡No hay gobierno en Rusia! ¡No hay
organización entre los trabajadores rusos! ¡No
funcionará! ¡No funcionará!". Es la táctica de la
calumnia. Como todo auténtico socialista sabe, y como
los que hemos visto la revolución rusa podemos
atestiguar, existe actualmente en Moscú y en todas las
ciudades y pueblos de Rusia una estructura política
enormemente compleja, sostenida por la mayoría del
pueblo y que funciona tan bien como ningún otro
gobierno popular recién nacido ha funcionado jamás.
Los trabajadores de Rusia han construido a partir de
sus necesidades vitales una organización económica que
está evolucionando hacia una verdadera democracia
industrial.
El Estado Soviético está basado en los Soviets
-o Consejos- de trabajadores y en los Soviets de
campesinos. Estos Consejos - instituciones
características de la Revolución Rusia- se originaron
en 1905, cuando durante la primera huelga general de
los trabajadores, las fábricas de Petrogrado y las
organizaciones obreras enviaron delegados al Comité
Central. Este Comité de Huelga fue llamado Consejo de
Diputados Obreros. Convocó la segunda huelga general
en el otoño de 1905, mandó organizaciones a toda Rusia
y por un breve lapso de tiempo fue reconocido por el
Gobierno Imperial como el interlocutor autorizado de
la clase trabajadora revolucionaria rusa. Con el
fracaso de la revolución de 1905, los miembros del
Consejo huyeron o fueron deportados a Siberia. Pero
ese tipo de unión resultó tan sorprendentemente
efectiva como órgano político que todos los partidos
revolucionarios incluyeron un Consejo de Diputados
Obreros en su planes para un futuro levantamiento. En
marzo de 1917, cuando ante una Rusia que brama como un
océano, el zar abdicó, el Gran Duque Miguel rechazó el
trono y la reclutante Duma (el seudoparlamento
zarista) fue forzada a tomar las riendas del gobierno,
el Consejo de Diputados Obreros renació de nuevo. En
pocos días fue ampliado par incluir delegados del
Ejército, pasando a llamarse Consejo de Diputados de
Obreros y Soldados. Excepto Kerensky, la Duma estaba
compuesta de burgueses y no tenía conexión alguna con
las masas revolucionarias. La lucha había de
continuar, debía restablecerse el orden, mantenerse el
frente ...los miembros del Comité de la Duma no
estaban en condiciones de llevar a cabo esas tareas;
se vieron obligados a llamar a los representantes de
los trabajadores y los soldados - en otras palabras-
al Consejo. El Consejo se hizo cargo del trabajo de la
revolución, de la coordinación de las actividades del
pueblo, de la preservación del orden. Además asumió la
tarea de asegurar la revolución contra la traición de
la burguesía. Desde el momento en que la Duma se vio
forzada a apelar al Consejo, en Rusia existieron dos
gobiernos, y dos gobiernos lucharon por el poder hasta
noviembre de 1917, cuando los soviets, bajo el control
bolchevique, derribaron a la coalición de
gobierno.
Había, como he dicho, Soviets de diputados
tanto obreros como soldados. Algo más tarde surgieron
los soviets de Diputados Campesinos. En la mayoría de
las ciudades los Soviets Obreros y Soldados se reunían
juntos; también convocaban sus Congresos Panrusos
conjuntamente. Los soviets de Campesinos, sin embrago,
estaban dominados por elementos reaccionarios y no se
unieron a los obreros y soldados hasta la revolución
de Noviembre y el establecimiento del Gobierno
Soviético. ¿Quiénes eran los miembros de los Soviets?
El soviet se basa directamente en los trabajadores en
las fábricas y en los campesinos en los campos. Al
principio los delegados de los soviets de Obreros,
Soldados y Campesinos, eran elegidos de acuerdo con
reglas que variaban según las necesidades y la
población de las diferentes localidades. En algunos
pueblos los campesinos elegían un delegado por cada
cincuenta electores. Los soldados en los cuarteles
tenían derecho a un cierto número de delegados por
regimiento, sin consideración a su fuerza; las tropas
en el frente, sin embargo, elegían a sus soviets de
manera diferente. En cuanto a los trabajadores en las
grandes ciudades, pronto descubrieron que los soviets
eran difíciles de manejar a menos que los delegados
fuesen limitados a uno cada quinientos. De la misma
manera, los primeros Congresos Panrusos de los Soviets
se basaron aproximadamente en un delegado por cada
veinticinco mil votantes, aunque de hecho los
delegados representaban circunscripciones de varios
tamaños. Hasta febrero de 1918 cualquiera podía votar
delegados para los Soviets. Incluso si los burgueses
hubieran organizado y solicitado representación en los
Soviets, se les hubiera otorgado. Por ejemplo, durante
los mandatos del Gobierno Provisional, hubo una
representación burguesa en el Soviet de Petrogrado -un
delegado de la Unión de Hombres Profesionales, que
comprendía doctores, juristas, profesores, etc.-.
El pasado marzo la constitución de los Soviets
fue desarrollada con detalle y aplicada
universalmente. Restringía el derecho de voto a:
Ciudadanos de todas las Repúblicas Socialistas
Soviéticas de ambos sexos que hayan cumplido dieciocho
años el día de las elecciones ... Todos aquéllos que
se ganen la vida a través del trabajo productivo y
útil de la sociedad y que sean miembros de los
sindicatos ... Quedaban excluidos del derecho a voto:
los que emplean fuerza de trabajo par obtener
beneficio; las personas que viven de plusvalías;
comerciantes y agentes privados de negocios;
empresarios de comunidades religiosas; ex-miembros de
la policía y de la gendarmería; la antigua dinastía
reinante; los deficientes mentales; los sordomudos; y
todos los condenados por delitos menores mezquinos e
indignos. En cuanto a los campesinos, cada cien de
ellos en lo pueblos eligen un representante para el
Soviet del Volost, o Municipio. Los Soviets de los
Volost envían delegados a los Soviets del Uyezd, o
condado, el cual a su vez envía delegados al Soviet
del Oblast, o provincia, para el cual también se
eligen delegados de los Soviets de Trabajadores de las
ciudades. El Soviet de Petrogrado de Diputados Obreros
y Soldados, que operaban cuando estuve en Rusia, puede
servir como ejemplo de como funcionan las unidades
urbanas de gobierno en un estado Socialista. Constaba
de unos 1200 diputados, y en circunstancias normales
celebraba una sesión plenaria cada dos semanas.
Entretanto elegía a un Comité Ejecutivo Central de 110
miembros, proporcionalmente a los partidos, y este
Comité Central añadía por invitación a delegados de
los comités centrales de los sindicatos, de los
comités de las fabricas y de otras organizaciones
democráticas. Junto al Soviet de la gran ciudad,
existían también los Rayon, o Soviets de distrito.
Estaban compuestos de diputados
electos para el soviet de la ciudad por cada distrito
y administraban su zona de la ciudad. Naturalmente, en
algunos distritos no había fábricas y, por tanto,
tampoco representación de esos distritos, ni en el
Soviet de la ciudad ni en el Soviet de distrito. Pero
el sistema soviético es extraordinariamente flexible,
y, si los cocineros y los camareros, o los basureros,
o los porteros, o los conductores de ese distrito se
organizaban y solicitaban representación, se les
concedían delegados. Las elecciones de los delegados
están basadas en la representación proporcional, lo
que significa que los partidos políticos están
representados en proporción exacta al número total de
votantes de la ciudad. Y son los partidos políticos y
los programas los que votan, no los candidatos. Los
candidatos son designados por los comités centrales de
los partido políticos, que pueden reemplazarlos por
otros miembros del partido. Asimismo, los delegados no
son elegidos por un plazo de tiempo determinado, sino
que pueden ser revocados en cualquier momento. Nunca
antes se creó un cuerpo político más sensible y
perceptivo a la voluntad popular. Esto era necesario,
pues en los períodos revolucionarios, la voluntad
popular cambia con gran rapidez. Por ejemplo, durante
la primera semana de diciembre de 1917 hubo desfiles y
manifestaciones en favor de la Asamblea Constituyente
-es decir, contra el poder soviético-. Uno de esos
desfiles fue tiroteado por algún Guardia Rojo
irresponsable y varias personas murieron. La reacción
a esa estúpida violencia fue inmediata. Más de una
docena de diputados bolcheviques fueron cesados y
reemplazados por mencheviques. Pasaron tres semanas
antes de que el sentimiento popular se tranquilizara y
los mencheviques fueran reemplazados uno a uno de
nuevo por los bolcheviques. El Estado Soviético Al
menos dos veces al año se eligen delegados de toda
Rusia para el Congreso de Soviets Panruso.
Teóricamente estos delegados se eligen
por designación popular directa; en las
provincias uno por cada 125.000 votantes; en las
ciudades uno por cada 25.000; sin embargo en la
práctica, son normalmente elegidos por los soviets
provinciales y urbanos.
Se puede convocar una sesión
extraordinaria del congreso en cualquier momento, a
iniciativa del Comité Central Ejecutivo Panruso, o a
petición de soviets que representen un tercio de la
población trabajadora de Rusia. Este órgano, formado
por unos 2.000 delegados, se reúne en la capital en
forma de gran soviet y decide sobre los asuntos
esenciales de la política nacional. Elige un Comité
Central Ejecutivo, como el Comité Central del Soviet
de Petrogrado, que invita a los delegados de los
comités centrales de todas las organizaciones
democráticas. Este Comité Central Ejecutivo de los
Soviets Panruso aumentado, es el parlamento de la
República Rusa. Está formado por unas 350 personas.
Entre los Congresos Panrusos es la autoridad suprema,
pero no debe actuar al margen de las líneas dictadas
por el último Congreso y es absolutamente responsable
de todos sus actos ante el siguiente Congreso. Por
ejemplo, el Comité Central Ejecutivo puede, y lo hizo,
ordenar que se firmara el tratado de paz con Alemania.
Pero no pudo hacer que este tratado vinculara a Rusia.
Sólo el Congreso Panruso tiene poder para ratificar el
tratado. El Comité Ejecutivo Central elige entre sus
miembros once delegados como presidentes de comités a
cargo de los diferentes departamentos del gobierno, en
el lugar de los ministros. Estos delegados pueden ser
destituidos en cualquier momento. Son absolutamente
responsables ante el Comité Central Ejecutivo. Los
delegados eligen a un Presidente. Desde que se ha
constituido el Gobierno Soviético este presidente- o
primer ministro- ha sido Nicolai Lenin. Si su
dirección fuera insatisfactoria, Lenin podría ser
destituido en cualquier momento por la delegación de
las masas del pueblo ruso o en el plazo de unas pocas
semanas por el propio pueblo ruso directamente.
La principal función de los soviets es la
defensa y consolidación de la revolución. Expresan la
voluntad política de las masas no sólo en los
Congresos Panrusos, donde su autoridad es casi
suprema. Esta centralización existe porque los soviets
locales crean el gobierno central y no el gobierno
central los soviets locales. A pesar de la autonomía
local, sin embargo, los decretos del comité Central
Ejecutivo y las órdenes de los delegados son válidos
para todo el país, porque en la república Soviética no
hay intereses sectoriales privados que servir, y la
causa de la Revolución es en todas partes la misma.
Observadores mal informados, la mayoría de ellos de la
intelligentsia de clase media, acostumbran a decir que
están a favor de los soviets, pero contra los
bolcheviques. Esto es un absurdo. Los soviets son los
órganos de representación más perfecta de la clase
trabajadora, eso es verdad, pero son también las armas
de la dictadura del proletariado, a la que todos los
partidos anti-bolcheviques se oponen encarnizadamente.
Así, la disposición de la gente a adherirse a la
política de la dictadura del proletariado no sólo se
mide por los miembros del partido bolchevique -partido
comunista, como ahora se llama-,sino también por el
crecimiento y actividad de los soviets locales de
Rusia. El ejemplo más notable de esto lo encontramos
entre los campesinos, que no tomaron la dirección de
la revolución, y cuyo primer y casi exclusivo interés
en ella fue la confiscación de las grandes fincas. Los
soviets de Diputados Campesinos no tenían al principio
prácticamente otra función que la solución del
problema de la tierra. Fue el fracaso en la solución a
este problema el que volvió la atención de la gran
masa de campesinos hacia las razones sociales que
había tras este fracaso - eso, unido a la propaganda
continua del ala izquierda de los partidos
revolucionarios Socialistas y Bolcheviques y a la
vuelta a los pueblos de los soldados revolucionarios.
El partido tradicional de los campesinos es el Partido
Socialista Revolucionario. La gran masa inerte de
campesinos cuyo único interés era su tierra y que
nunca había tenido fuerza luchadora ni iniciativa
política, al principio rechazó tener algo que
ver con los soviets.
Sin embargo, aquellos campesinos
que participaron en los soviets, pronto despertaron a
la idea de la dictadura del proletariado. Y casi
invariablemente ingresaron y se convirtieron en
partidarios del gobierno soviético. En el Comisariado
de Agricultura de Petrogrado hay un mapa de Rusia,
salpicado de alfileres rojos. Cada uno de esos
alfileres representa un Soviet de Diputados Campesino.
La primer vez que vi el mapa, fijado en el viejo
cuartel general de los Soviets de campesinos en
Fontanka, los puntos rojos se esparcían diseminados
por el vasto país, y su numero no aumentaba. En los
primeros ocho meses de la revolución, había volosts,
uyezds, provincias enteras, de hecho, donde sólo una o
dos grandes ciudades y quizá unos cuantos pueblo
dispersos tenían un Soviet de campesinos. Sin embargo,
después de la revolución de noviembre podías ver a
toda Rusia enrojecer ante tus ojos, a medida que
pueblo tras pueblo, condado tras condado, provincia
tras provincia, se levantaba y formaba su Consejo de
Campesinos. En el momento de la insurrección
bolchevique podría haberse elegido una Asamblea
Constituyente con una mayoría anti-soviética. Un mes
después esto habría sido imposible. Yo vi tres
Convenciones Panrusas de Campesinos en Petrogrado. Los
delegados llegaban -la gran mayoría de ellos
revolucionarios socialistas del ala derecha-.
Comenzaba la sesión -y siempre eran sesiones
violentas- bajo la presencia de Avksentiev o
Peshekhanov. En pocos días se desplazarían hacia la
izquierda y serían dominados por seudo-radicales como
Tchernov. Poridonova sería elegida presidenta.
Entonces la minoría conservadora se escindiría y
montaría una convención alternativa que en pocos días
acabaría en nada. Y la mayoría enviaría delegados para
unirse a los Soviets en Smolny. Esto pasó cada una de
la veces. Nunca olvidaré la Conferencia de Campesinos
que tuvo lugar a finales de noviembre y cómo Tchernov
luchó por el control y lo perdió, y esa maravillosa
marcha de proletarios encanecidos por el polvo que
marchaba hacia Smolny a través de las calles nevadas,
cantando, con sus banderas rojo-sangre ondeando
en el viento helado.
Era noche cerrada. En los escalones de Smolny
cientos de hombres trabajadores esperaban para recibir
a sus hermanos campesinos, y, bajo la débil luz, las
dos masas, una descendiendo y la otra ascendiendo, se
fundieron rápidamente y se abrazaban, y lloraban, y
aplaudían. Los Soviets pueden aprobar decretos que
supongan cambios económicos fundamentales, pero deben
llevarse a cabo por las propias organizaciones
populares locales. La confiscación y distribución de
la tierra, por ejemplo, se dejó en manos de los
Comités de la Tierra de los Campesinos. Estos Comités
de la Tierra fueron elegidos por los campesinos a
propuesta del Príncipe Lvov, el primer jefe del
gobierno provisional. Con respecto a la cuestión de la
tierra, fue inevitable llegar a un acuerdo, según el
cual, las grandes haciendas debían ser fraccionadas y
distribuidas entre los campesinos. El Príncipe Lvov
pidió a los campesinos que eligieran Comités de
Tierra, que no sólo debían determinar sus propias
necesidades agrícolas, sino también medir y hacer
avalúo de las grandes fincas. Pero cuando estos
comités de la Tierra intentaron funcionar, los
propietarios los habían detenidos. Cuando los Soviets
tomaron el poder su primera acción fue promulgar el
Decreto de la Tierra. Este Decreto no era siquiera un
proyecto bolchevique, sino el programa del ala derecha
(o moderada) del Partido Socialista Revolucionario,
desarrollado a partir de varios centenares de
peticiones de campesinos. El decreto abolió para
siempre los títulos privados de la tierra o recursos
naturales de Rusia y dejó a los Comité de Tierra la
tarea de distribuir la tierra entre los campesinos,
hasta que la Asamblea Constituyente resolviera
finalmente la cuestión. Tras la disolución de la
asamblea constituyente, el decreto se hizo definitivo.
Aparte de estas pocas proposiciones generales y de una
sección establecida para emigración de la población
excedente en vecindariossuperpoblados, los detalles
de la confiscación y la distribución se dejaron
enteramente a los Comités Locales de la Tierra.
Kalagayev, el primer Comisario
de Agricultura elaboró un detallado conjunto de reglas
para guiar a los campesinos en un detallado conjunto
de reglas para guiar a los campesinos en su acción.
Pero Lenin, en un discurso ante el Comité central
Ejecutivo, persuadió al gobierno que dejara a los
campesinos llevar el asunto de una manera
revolucionaria, aconsejando solamente a los campesinos
pobres que se organizaran contra los campesinos ricos
("Dejad que diez campesinos pobres se enfrenten a cada
campesino rico" dijo Lenin). Por supuesto ningún
campesino podía poseer su tierra, no obstante, podía
tomar lo que la tierra le ofrecía y tratarlo como
propiedad privada. Pero la política del gobierno,
actuando a través del Comité Local de la Tierra, es
desalentar esta tendencia. Los campesinos que quieren
convertirse en propietarios pueden hacerlo, pero no
son ayudados por el gobierno. Por el contrario, a los
campesinos que cultivan cooperativamente se les dan
créditos, simientes, herramientas, y formación en
técnicas modernas. Adscritos a los Comités de Tierra
hay expertos en agricultura i silvicultura. Para
coordinar las prácticas de los Comités Locales, se
elige de entre ellos un órgano central, conocido como
el Comité Principal de la Tierra, que se encuentra en
la capital, en estrecho contacto con el Comisariado de
Agricultura. Cuando estalló la revolución de marzo,
los propietarios y administradores de muchas plantas
industriales, o bien las dejaron o fueron expulsados
por los trabajadores. En las fábricas del gobierno,
donde el trabajo había estado mucho tiempo a merced de
burócratas irresponsables designados por el zar, se
dio especialmente esta situación. Sin directores,
encargados y en muchos casos ingenieros y contables,
los trabajadores se encontraban enfrentados a la
alternativa de continuar trabajando o morir de hambre.
Se eligió un comité, con un delgado de cada "sección"
o departamento, este comité,intentó dirigir
la fábrica ... Por supuesto, alprincipio, éste pareció
un plan sin futuro.
Las funciones de los diferentes departamentos podían
coordinarse de ésta manera, pero la falta de formación
técnica por parte de los trabajadores produjo algunos
resultados grotescos. Finalmente se celebró la reunión
del comité en una de las fábricas, donde un trabajador
se levantó y dijo: "Camaradas, ¿Por qué nos
preocupamos? La cuestión de los técnicos expertos no
es difícil. Recordad que el jefe no era un técnico
experto; el jefe no sabía ingeniería, química o
contabilidad. Todo lo que hacía era poseer. Cuando
quería ayuda técnica, contrataba hombres que se la
proporcionaran. Bien, ahora nosotros somos los jefes.
¡Contratemos ingenieros, contables, etc., que trabajen
para nosotros!. En las fábricas estatales el problema
era comparativamente simple, porque la Revolución
destituyó automáticamente al "jefe" y realmente nunca
lo substituyó por otro. Pero cuando los Comités de
Delegados de Fábrica se entendieron a las fábricas de
propiedad privada, fueron duramente combatidos por los
propietarios de la fábricas, la mayoría de los cuales
estaban estableciendo contactos con los sindicatos. En
las fábricas privadas, además, los comités de
delegados eran producto de la necesidad. Después de
los tres primeros meses de la Revolución, durante los
cuales la clase media y las organizaciones proletarias
trabajaron juntas en una armonía utópica, los
capitalistas industriales comenzaron a temer el poder
creciente y la ambición de las organizaciones
trabajadoras -igual que los propietarios en el campo
temían al comité de la tierra y los oficiales a los
comités de soldados y a los Soviets-. Durante
aproximadamente la primera parte de junio, comenzó la
campaña más o menos consciente de toda la burguesía
para detener la revolución y descomponer las
organizaciones democráticas. Empezando por los Comités
de delegados de Fábrica, los propietarios industriales
planeaban barrerlo todo, incluidos los soviets. El
ejército estaba desorganizado, se desviaban
suministros, municiones y comida, y se entregaban
posiciones reales a los alemanes, como Riga; en el
campo, se persuadió a los campesinos para que
guardaran el grano y provocaran desórdenes que dieron
a los cosacos una excusa para "restaurar la paz"; y la
industria.
Más importante que todo lo demás, la
maquinaria y el propio funcionamiento de las fábricas
fueron saboteados, el transporte aún más destrozado y
las minas de carbón y metal y las fuentes de materias
primas dañadas lo más posible. No se ahorraron
esfuerzos para cerrar las fábricas y rendir a los
trabajadores, a fin de que volvieran a someterse al
viejo régimen industrial. Los trabajadores se vieron
forzados a resistir a esto. El Comité de Delegados de
Fábrica reaccionó y tomó el mando. Por supuesto, al
principio, los trabajadores rusos cometieron absurdos
errores, como se ha dicho a todo el mundo una y otra
vez. Pedían salarios imposibles, intentaron llevar a
cabo procesos de manufactura técnicamente complicados
sin experiencia suficiente, en algunos casos incluso
pidieron al jefe que volviera bajo sus propias
condiciones. Pero tales casos son una ínfima minoría;
en la mayoría de las plantas trabajadoras eran lo
bastante ingeniosos como para ser capaces de llevar la
industria sin los jefes. Los propietarios intentaron
falsificar los libros, ocultar pedidos; el Comité de
Delegados de Fábrica se vio obligado a encontrar
formas de control de los libros. Los propietario
trataron de robar piezas de las máquinas; así, el
comité tuvo que reglamentar que nada debía entrar o
salir de la planta sin permiso. Cuando la fábrica iba
a cerrar por falta de combustible, materias primas o
pedidos, el Comité de Delegados de Fábrica tenía que
enviar hombres a través de media Rusia a las minas, o
al Cáucaso a por aceite, o a Crimea a por algodón; y
los trabajadores habían de enviar delegados a vender
el producto. Durante el paro de los ferrocarriles, los
agentes del comité tuvieron que llegar a acuerdo con
el Sindicato de Ferroviarios para el transporte de
cargas. Para defenderlo contra los huelguistas, el
Comité tuvo que asumir la función de contratar y
relevar a trabajadores. Así el Comité de Delegados de
Fábrica fue una creación de la anarquía rusa, forzada
por la necesidad de aprendercómo aprender a dirigir la
industria, para que cuando llegara el momento, los
trabajadores rusos pudieran asumir el control
real con pocas fricciones.
Como ejemplo de la forma en que las masas trabajadoras
juntas, está el asunto de las 200.000 cargas de
carbón, que se sacaron de las carboneras de la flota
de combate báltica en diciembre y fueron transferidas
por los comités de marinos para mantener en
funcionamiento las fábricas de Petrogrado durante la
carestía del carbón. La Factoría Obukhov era una
planta de acero que fabricaba suministros para la
Armada. El presidene del comité de Obukhov era un
rusoamericano, de nombre Petrovsky, bien conocido aquí
como anarquista. Una día el encargado del departamento
de torpedos dijo a Petrovsky que el departamento
habría de cerrar, debido a la imposibilidad de obtener
ciertos pequeños tubos usados por una fábrica del otro
lado del río, cuya producción se había contratado para
dentro de tres meses. El cierre del departamento de
torpedos significaba que 400 hombres se quedarían sin
trabajo. -"Conseguiré los tubos"- dijo Petrovsky. Fue
directo a la fábrica, donde en vez de buscar al
director, se dirigió al presidente del Comité de
delegados de Fábrica local. "Camarada", dijo "si no
tenemos tubos en dos días nuestro departamento de
torpedos tendrá que cerrar y 400 de los chicos
quedarán sin trabajo". El presiente pidió sus libros y
descubrió que tres plantas privadas cercanas habían
encargado varios miles de tubos. Él y Petrovsky
visitaron inmediatamente estas tres plantas y llamaron
a los Presidentes de sus Comités de delegados de
Fábrica. En dos de las fábricas resultó que los tubos
no se necesitaban inmediatamente; y al día siguiente
se entregaron los tubos a la Fábrica Obukhov, y el
departamento de torpedos no cerró.
En Novgorod había una fábrica textil. Al
estallar la revolución, el propietario se dijo a sí
mismo, "tenemos problemas. No podremos obtener
beneficios mientras esta revolución continúe. Cerremos
el negocio hasta que la cosa se acabe". Así cerró la
fábrica y él, los empleados de las oficinas, los
químicos, ingenieros y el director, tomaron el tren a
Petrogrado. Al día siguiente los trabajadores abrieron
la fábrica. Pero esos trabajadores eran quizá un poco
más ignorantes que la mayoría de los trabajadores. No
sabían nada de procesos técnicos de manufactura, sobre
la contabilidad, dirección o venta. Eligieron un
Comité de Delegados de fábrica y encontraron cierta
cantidad de combustible y materias primas almacenada,
dispuestas para la manufactura de tela de algodón. No
sabiendo qué se hacía con la tela de algodón una vez
fabricada, primero se proveyeron en cantidad
suficiente para sus familias. Después, como algunos
telares estaban estropeados, enviaron a un taller de
maquinaria cercano a un delegado, que propuso entregar
tela a cambio de asistencia técnica. Hecho esto,
llegaron a un acuerdo con la cooperativa local, para
proporcionar ropa a cambio de comida. Llevaron incluso
el principio del trueque al extremo de cambiar piezas
de tela por combustible con los mineros de carbón de
Jarkov, y por transporte con el Sindicato de
Ferroviarios. Pero finalmente saturaron el mercado
local de tela de algodón y entonces chocaron con una
demanda que el paño no podía satisfacer -el alquiler.
Esto sucedía en los días del Gobierno Provisional,
cuando aún existían propietarios. El alquiler había de
pagarse con dinero. Así que cargaron un tren de tela y
lo enviaron, a cargo de un delegado, a Moscú. El
delegado dejó el tren en la estación y recorrió la
calle. Entró en una sastrería y preguntó si el sastre
necesitaba tela. -"¿Cuánta?" - Preguntó el Sastre.
-"Un tren" - Contestó el delegado.
"¿A qué precio?"- -"No lo sé. ¿Cuánto pagas
normalmente por la tela?". El sastre consiguió la tela
casi regalada y el delegado, que nunca había visto
tanto dinero junto, volvió a Novgorod enormemente
contento. Así era como en toda Rusia los trabajadores
estaban adquiriendo la formación necesaria en los
fundamentos de la producción industrial e incluso la
distribución, para que cuando llegara la revolución de
Noviembre pudieran ocupar sus puestos en la
organización del control obrero. En junio de 1917 se
celebró la primera reunión de comités de delegados. En
este momento los comités apenas se habían extendido
fuera de Petrogrado. Fue una reunión notable, formada
por los delegados de la actual base, la mayoría de
ellos bolcheviques, algunos anarco-sindicalistas; y su
razón de ser era la protesta contra las tácticas de
los sindicatos. En el mundo político los bolcheviques
repetían que ningún socialista tenía derecho a
participar en un gobierno de coalición con la
burguesía. La propia reunión de delegados de comités
adoptó la posición de tener la misma actitud hacia la
industria. En otras palabras, los empresarios y los
trabajadores no tienen ningún interés en común; ningún
trabajador con conciencia de clase puede ser miembro
de una mesa de arbitraje o conciliación salvó para
hacer saber a los empresarios las demandas de los
trabajadores. La producción industrial ha de estar
absolutamente controlada por los trabajadores. En un
primer momento los sindicatos lucharon
encarnizadamente contra los Comités de Fábrica. Pero
los Comités, que estaban en posición de asumir el
control de la industria, consolidaron y extendieron su
poder fácilmente. Muchos trabajadores podían no ver la
necesidad de sindicarse, pero todos ellos veían la
necesidad de participar en la elecciones del comité
que controlaba sus trabajos de forma inmediata. Por
otra parte los Comités de delegados reconocían el
valor de los sindicatos; no se empleaba a ningún
trabajador nuevo a menos quepudiera mostrar un carné
de sindicato; eran los comités de delegados los que
aplicaban localmente los reglamentos de los diferentes
sindicatos.
En este momento los sindicatos y los Comités de Fábrica
trabajaban en perfecta armonía cada uno de ellos en su
ámbito. La propiedad privada de la industria no está
aún abolida en Rusia. En muchas fábricas el
propietario aún mantiene su título, y se le permite
cierto beneficio limitado en su inversión, con la
condición de que trabaje por el éxito y el aumento de
la extensión de la empresa; pero se le ha quitado el
control. Aquellas industrias cuyos propietarios
intentan cerrar la puerta a sus trabajadores, o por el
fraude o la fuerza tratan de obstaculizar las
operaciones de la planta, son inmediatamente
confiscadas por los trabajadores. Las condiciones, las
horas y salarios de todas las industrias, de propiedad
privada o estatal, son uniformes. La razón para esta
supervivencia de un semi-capitalismo en un estado
proletario, reside en el pasado de la vida económica
de Rusia, el estado capitalista altamente organizado
circundante y la necesidad de producción industrial
inmediata en Rusia, para combatir la presión de la
industria extranjera. El agente por el que el estado
controla la industria, tanta el trabajo como la
producción se llama Consejo de Control de
Trabajadores. Este órgano central, situado en la
capital está compuesto por delegados elegidos de los
Consejos del Control de los Obreros locales, los
cuales están formados por miembros de Comités de
Delegados de Fábricas, delegados sindicales
profesionales e ingenieros técnicos y expertos. Un
Comité Ejecutivo Central dirige los asuntos de cada
localidad, compuesto por trabajadores comunes, pero la
mayoría trabajadores de otros distritos, para que sus
decisiones estén libres de cualquier interés
sectorial. Los consejos locales recomiendan al Consejo
Panruso la confiscación de las fábricas, informan
sobre las necesidades de combustible, materias primas,
transporte y trabajos en sus distritos, y ayudan a los
trabajadores en el aprendizaje para dirigir las
diferentes industrias. El Consejo Panruso tiene
autoridad para confiscar plantas y
para igualar los recursos económicos de las
diferentes localidades... Si no hubiera sido por las
organizaciones democráticas que existían ya antes de
la revolución, no hay duda de que la revolución Rusa
se habría estancado hace mucho tiempo.
La organización comercial ordinaria de distribución
había sido totalmente destrozada. Sólo las sociedades
cooperativas de consumidores conseguían alimentar al
pueblo, y su sistema ha sido adoptado hace tiempo por
los municipios, e incluso por el gobierno. Antes de la
revolución había más de veinte millones de miembros en
sociedades cooperativas en Rusia. Esta es una forma
muy natural para los rusos, por su parecido con la
primitiva cooperación de vida rural de Rusia durante
siglos. En la fábrica Putilov, donde están empleados
más de 40.000 trabajadores, la sociedad cooperativa
alimentó, albergó e incluso visitó a más de 100.000
personas, proveyéndose del vestido en Inglaterra. Es
este el carácter de los rusos el que olvida la gente
que piensa que Rusia no puede tener ningún gobierno
porque no hay fuerza central; y cuya imagen mental de
Rusia es un comité servil en Moscú, dominado por
Lenin, Trotsky, y mantenido por mercenarios de la
Guardia Roja. Más bien es cierto todo lo contrario.
Las organizaciones que he descrito se reproducen en
casi todas las comunidades de Rusia. Y si una parte
considerable de Rusia se opusiera seriamente al
gobierno soviético, los Soviets no durarían ni una
hora.
http://www.marxists.org/espanol/reed
viernes, septiembre 23, 2005
El anarquismo, o el movimiento revolucionario del siglo XXI
El anarquismo, o el movimiento revolucionario del siglo XXI
De David Graeber y Andrej Grubacic
Znet
Queda cada vez más claro que la era de las revoluciones no ha terminado. Se ve igualmente claro que el movimiento revolucionario global del siglo veintiuno será uno que tenga sus orígenes no tanto en la tradición del marxismo, o incluso de un socialismo restringido, sino del anarquismo.
En todas partes, desde la Europa del Este hasta Argentina, desde Seattle hasta Bombay, las ideas y principios anarquistas están generando nuevas visiones y sueños radicales. A menudo sus exponentes no se llaman a sí mismos anarquistas. Hay toda una pléyade de otros nombres: autonomismo, anti-autoritarismo, horizontalidad, Zapatismo, democracia directa... Aún así, en todos los lugares uno encuentra los mismos principios fundamentales: descentralización, asociación voluntaria, ayuda mutua, redes sociales, y sobre todo, el rechazo a cualquier idea de que el fin justifica los medios, y mucho menos que el objetivo de la revolución sea el de tomar el poder estatal para imponer una visión propia a punta de pistola. Sobre todo, el anarquismo, como la ética de la práctica -la idea de construir una nueva sociedad "en un cascarón dentro de la antigua sociedad"- se ha convertido en la inspiración básica del "movimiento de movimientos" (del cual los autores son parte), que tiene como objetivo desde el principio, más que apoderarse del poder estatal, exponer, deslegitimizar y desmantelar los mecanismos del poder mientras se ganan espacios cada vez más amplios de autonomía y de gestión participativa dentro de él.
Hay algunas razones obvias que explican el atractivo de las ideas anarquistas al comienzo del siglo 21: las más obvias, los errores y catástrofes que resultaron de tantos esfuerzos por superar el capitalismo mediante la toma de control del aparato de gobierno en el siglo XX. Un número cada vez mayor de revolucionarios reconocen que "la revolución" no va a venir en un gran momento apocalíptico, de algún equivalente global del palacio de invierno, sino de un largo proceso que ha ido sucediendo en la mayor parte de la historia humana (incluso si, como la mayoría de las cosas, se ha acelerado últimamente), lleno de estrategias de vuelo y evasión tanto como de confrontaciones dramáticas, y que nunca de hecho -así lo piensan la mayoría de los anarquistas- llegará a una conclusión definitiva. [1]
Es un poco desconcertante, pero ofrece un consuelo enorme: no tenemos que esperar hasta "después de la revolución" para empezar a tener una idea de lo que sería la libertad genuina. Como el colectivo Crimethink, los mayores propagandistas del anarquismo contemporáneo estadounidense, dice: "la libertad sólo existe en el momento de la revolución. Y esos momentos no son tan excepcionales como piensas". Para un anarquista, de hecho, el intentar crear experiencias de no alienación, de democracia verdadera, es un imperativo ético; sólo haciendo la organización a la manera de un@ en el presente --al menos para dar una aproximación gruesa de cómo una sociedad libre funcionaría en realidad, de cómo tod@s algún día, deberíamos de ser capaces de vivir- puede uno garantizar que no caeremos de nuevo en el desastre. Los revolucionarios sin alegría, sombríos, que sacrifican todo placer por la causa, únicamente pueden producir sociedades tristes, sombrías.
Estos cambios han sido difíciles de documentar porque hasta ahora las ideas anarquistas apenas han recibido atención académica. Hay todavía miles de académicos marxistas, pero casi ningún académico anarquista. Esta diferencia es algo difícil de analizar. En parte, sin duda, es porque el marxismo ha tenido siempre una cierta afinidad con el mundo académico de la que el anarquismo obviamente carecía: el marxismo fue, después de todo, el único gran movimiento social inventado por un doctor. La mayoría de las referencias de la historia del anarquismo asumen que es básicamente parecido al marxismo: el anarquismo se presenta como la invención de ciertos pensadores del siglo 19 (Proudhon, Bakunin, Kropotkin...) que sirvió entonces para inspirar a organizaciones de clase obrera, se vio envuelta en luchas políticas, se dividió en corrientes...
El anarquismo, en la historia convencional, se presenta normalmente como el pariente pobre del marxismo, teóricamente un poco cojo pero compensando ideológicamente, quizás, con pasión y sinceridad. Realmente la analogía es algo forzada. Los fundadores del anarquismo no pensaron que habían inventado algo nuevo. Consideraban sus principios básicos -ayuda mutua, asociación voluntaria, toma de decisiones igualitaria- tan viejos como la humanidad. Lo mismo sucede con el rechazo del estado y toda forma de violencia estructural, desigualdad, o dominación (anarquismo significa literalmente "sin dirigentes") -incluso con la hipótesis de que todas estas ideas están de alguna forma relacionadas y se apoyan unas a otras. Nada de esto se vio como una doctrina sorprendentemente nueva, sino como una tendencia persistente en la historia del pensamiento humano, y una que no puede comprenderse bajo ninguna teoría ideológica general.
En parte es como una fe: la creencia de que la mayoría de las formas de irresponsabilidad que parecen hacer necesario el poder son de hecho los efectos del poder mismo. En la práctica sin embargo hay un cuestionamiento constante, un esfuerzo por identificar cada relación obligatoria o jerárquica en la vida humana, y desafiarlas para que se justifiquen ellas mismas, y si no pueden -lo que normalmente es el caso- un esfuerzo por limitar su poder y así aumentar el alcance de la libertad humana. Tal como un sufí podría decir que el sufismo es el corazón de verdad tras todas las religiones, un anarquista podría argumentar que el anarquismo es el ansia de libertad tras toda ideología política.
Es fácil encontrar fundadores de escuelas de marxismo. Tal como el marxismo surgió de la mente de Marx, tenemos leninistas, maoístas, althusserianos.... (notar que la lista empieza con cabezas de estado y se diversifica en profesores franceses -que, a su vez, pueden generar sus propias corrientes: lacanianos, foucaultdianos....)
Las escuelas de anarquismo, por el contrario, emergen casi invariablemente de alguna clase de principio organizacional o forma de práctica: anarco-sindicalistas y anarco-comunistas, insurreccionistas y plataformistas, cooperativistas, individualistas, etc.
Los anarquistas se distinguen por lo que hacen, y cómo se organizan ellos mismos para hacerlo. Y de hecho esto ha sido siempre en lo que los anarquistas han pasado la mayoría de su tiempo pensando y discutiendo. No han estado nunca demasiado interesados en las clases de cuestiones generales filosóficas o de estrategia que preocupaban a los marxistas como ¿son los campesinos una clase potencialmente revolucionaria? (los anarquistas consideran que esto es algo que han de decidir los propios campesinos) o, ¿cuál es la naturaleza del bien material? Más bien, (los anarquistas) tienden a discutir sobre cuál es la forma realmente democrática de organizar una asamblea, y en qué punto la organización deja de ser un instrumento de toda la gente y comienza a erosionar la libertad individual. ¿Es el "liderazgo" algo necesariamente malo? Alternativamente, se preguntan sobre la ética de oponerse al poder: ¿qué es una acción directa? ¿debería alguien condenar a otro por asesinar a un cabeza de estado? ¿cuándo es correcto tirar un ladrillo?
El marxismo, de esta manera, ha tendido a ser un discurso analítico o teórico de la estrategia revolucionaria. El anarquismo ha tendido a ser un discurso ético de la práctica revolucionaria. Como resultado, donde el marxismo ha producido teorías brillantes sobre la praxis, han sido mayoritariamente los anarquistas los que han estado trabajando en la praxis en sí misma.
En este momento, hay una cierta ruptura entre las generaciones del anarquismo: entre aquellos cuya formación política tuvo lugar en los 60 y 70 -y que a menudo no se han sacudido los hábitos sectarios del siglo pasado- o que simplemente funcionan en esos términos, y los activistas más jóvenes mucho más informados, entre otras por ideas indígenas, feministas, ecologistas y cultural-revisionistas. Los primeros se organizan principalmente a través de las Federaciones Anarquistas altamente visibles como la IWA, NEFAC o IWW. Los segundos trabajan predominantemente en las redes del movimiento social global, redes como la de la Acción Global de los Pueblos, que unifica colectivos anarquistas en Europa y otros lugares, integrado por grupos que van desde activistas maoríes de Nueva Zelanda, pescadores de Indonesia, o el sindicato de trabajadores de correos de Canadá [2]. Este segundo grupo -a los que podríamos referirnos ambiguamente como "anarquistas con a minúscula", son ahora ya con mucho la mayoría. Pero a veces esto es difícil de decir, ya que muchos de ellos no vocean sus afinidades muy alto. De hecho, hay muchos que se toman los principios anarquistas de anti-sectarismo y apertura tan en serio que se niegan a referirse a ellos mismos como "anarquistas" por ese mismo motivo [3]
Pero las tres ideas fundamentales presentes en todas las manifestaciones de ideología anarquista son definitivamente la del anti-estado, el anti-capitalismo y la política prefigurativa (es decir, modos de organización que conscientemente se asemejan al mundo que queremos crear. O, como dijo un historiador anarquista de la guerra civil española "el esfuerzo de pensar no sólo en las ideas sino en los hechos del futuro mismo") [4]. Esto está presente en cualquier colectivo, desde los "jamming collectives" hasta Indymedia, todos ellos pueden llamarse anarquistas en este sentido más nuevo [5]. En algunos países, hay sólo un grado muy limitado de confluencia entre las dos generaciones coexistentes, mayormente en la forma de seguimiento de lo que cada uno está haciendo -pero no mucho más.
Una razón para ello es que la nueva generación está mucho más interesada en desarrollar nuevas formas de funcionamiento que argumentar sobre los puntos más finos de la ideología. El más importante de estos ha sido el desarrollo de nuevas formas del proceso de toma de decisión, los comienzos, al menos, de una cultura alternativa de democracia. Las famosos "reuniones populares" de América del Norte, donde miles de activistas coordinan eventos a gran escala mediante consenso, sin una estructura directiva formal, son los más espectaculares.
Realmente, incluso llamar a estas formas "nuevas" es un poco engañoso. Una de las principales inspiraciones de la nueva generación de anarquistas son los municipios autónomos Zapatistas de Chiapas, basados en las comunidades de lengua Tzeltal y Tojolobal que han estado utilizando el proceso de consenso durante miles de años -solo que ahora ha sido adaptado por los revolucionarios para asegurar que las mujeres y la gente más joven tienen voz. En América del Norte, "el proceso de consenso" emergió más que nada del movimiento feminista de los 70, como parte de una reacción más amplia en contra del estilo macho de liderazgo típico de la Nueva Izquierda de los 60. La idea del consenso en sí misma fue tomada de los cuáqueros, quienes también dicen haber sido inspirados por las Seis Naciones y otras prácticas de los norteamericanos nativos.
El consenso es a menudo malinterpretado. Se oyen muchas veces críticas que afirman que (el consenso) causaría una conformidad sofocante, pero casi nunca son críticas formuladas por alguien que haya observado realmente un proceso de consenso en acción, al menos uno guiado por moderadores cualificados, con experiencia (algunos experimentos recientes en Europa, donde hay poca tradición en estas cosas, han resultado un poco "crudos"). De hecho, la hipótesis operante es que nadie puede realmente convertir a otro completamente a su punto de vista, y probablemente no deba. En lugar de eso, el objetivo del proceso de consenso es permitir a un grupo decidir un curso de acción común. En lugar de votar propuestas de arriba abajo, se trabajan las propuestas y se vuelven a revisar o reinventar, hay un proceso de compromiso y de síntesis, hasta que se llega a algo que todo el mundo puede aceptar. Cuando se llega a la etapa final, cuando llegamos al momento de "encontrar el consenso", hay dos niveles de objeción posible: uno puede "apartarse a un lado", que viene a decir "no me gusta esto y no voy a participar en ello aunque no voy a impedir que nadie lo haga" o "bloquearlo", lo que tiene el efecto de un veto. Uno sólo puede bloquear una propuesta si siente que viola los principios fundamentales o las razones de ser del grupo. Podría decirse que la función que en la constitución de los EE.UU. se relega al Tribunal Supremo, la de rechazar decisiones legislativas que violan los principios constitucionales, se relega aquí a cualquiera que tenga el suficiente coraje para realmente ponerse en contra de la voluntad del grupo (aunque por supuesto hay también maneras de luchar contra bloqueos injustificados).
Podríamos seguir hablando mucho más de los métodos elaborados y sorprendentemente sofisticados que se han desarrollado para asegurar que esto funcione; de formas de consenso modificadas para grupos muy grandes; de la manera en la que el consenso en sí refuerza el principio de descentralización al asegurar que uno no quiera presentar propuestas ante grupos grandes a menos que sea necesario, de los medios para asegurar la igualdad de género y resolver conflictos... La clave es que ésta es una forma de democracia directa distinta de la clase que normalmente asociamos con el término -o, igualmente, con el sistema de voto por mayoría normalmente utilizado por los anarquistas europeos o norteamericanos de generaciones anteriores, o que es todavía empleado, digamos, en las asambleas argentinas urbanas de clase media (aunque no, curiosamente, entre los piqueteros más radicales, los parados organizados, que tienden a operar por consenso). Con contactos cada vez más internacionales entre los distintos movimientos, la inclusión de grupos indígenas y de África, Asia y Oceanía de tradiciones radicalmente diferentes, estamos presenciando los comienzos de una reconcepción global nueva de lo que la "democracia" debería significar, una lo más lejos posible del parlamentarismo neoliberal promovido actualmente por los poderes que existen en el mundo.
De nuevo, es difícil seguir este nuevo espíritu de síntesis leyendo la mayoría de la literatura anarquista existente, porque aquellos que gastan la mayor parte de sus energías en cuestiones teóricas, más que en las formas emergentes de práctica, son los que probablemente más mantienen la vieja lógica dicotómica sectaria. El anarquismo moderno está imbuido de incontables contradicciones. Mientras los anarquistas con a minúscula están incorporando lentamente las ideas y prácticas aprendidas de los aliados indígenas a sus modos de organización o comunidades alternativas, el rastro principal en la literatura escrita ha sido el del nacimiento de una secta de Primitivistas, un grupo notoriamente controvertido que aboga por la abolición completa de la civilización industrial y, en algunos casos, incluso de la agricultura [6]. A pesar de esto, es sólo una cuestión de tiempo que la vieja lógica comience a dejar paso a algo más parecido a la práctica de los grupos basados en el consenso.
¿En qué consistiría esta nueva síntesis? Algunas de las líneas que la vertebrarían pueden discernirse ya dentro del movimiento. Insistiría constantemente en la expansión de la atención al anti-autoritarismo, alejándose del reduccionismo de clase intentando abarcar "la totalidad de las áreas en las que la dominación se manifiesta", esto es, señalando no sólo al estado sino también las relaciones de género; no sólo las relaciones económicas, sino también las culturales, la ecología, la sexualidad, y la libertad en cada una de las formas en las que puede buscarse, y cada una no sólo a través del prisma de las relaciones de autoridad, sino también mediante conceptos más ricos y diversos.
Esta aproximación no aboga por una expansión sin fin de la productividad, ni sostiene la idea de que las tecnologías son neutrales, aunque tampoco reniega de la tecnología per se. Al contrario, se familiariza con ella y la emplea cuando sea apropiado. No sólo reniega de las instituciones per se, o de las formas políticas per se, sino que intenta concebir nuevas instituciones y formas políticas para el activismo y una nueva sociedad, incluyendo nuevas formas de reunirse, de tomar decisiones, nuevas formas de coordinación, en las mismas líneas en las que ya funciona con grupos de afinidad y estructuras de diálogo. Y no sólo no reniega de las reformas en sí, sino que lucha por definir y conseguir reformas no reformistas, prestando atención a las necesidades inmediatas de la gente y a mejorar sus vidas aquí y ahora, al mismo tiempo que a avanzar hacia logros mayores, y finalmente, la transformación total. [7]
Y por supuesto, la teoría tendrá que adaptarse a la práctica. Para ser totalmente efectivo, el anarquismo moderno tendrá que incluir al menos tres niveles: activistas, organizaciones populares, e investigadores. El problema ahora mismo es que los intelectuales anarquistas que quieren superar viejos hábitos -de la borrachera marxista que todavía acecha a mucho del mundo intelectual- no están seguros de cuál debe de ser su papel. El anarquismo necesita ser reflexivo. ¿Pero cómo?. Hasta cierto punto la respuesta parece obvia. No se debería dar lecciones, ni sentar cátedra, ni siquiera pensar en uno mismo en términos de profesor, sino que se debe escuchar, explorar y descubrir. Extraer y hacer explícita la lógica tácita subyacente a las nuevas formas de práctica radical. Ponerse al servicio de los activistas proveyendo información, y exponiendo los intereses de la elite dominante escondidos cuidadosamente tras los discursos autoritarios, supuestamente objetivos, más que tratar de imponer una nueva versión de lo mismo. Pero al mismo tiempo, muchos reconocen que la lucha intelectual necesita reafirmar su papel. Muchos están empezando a señalar que una de las debilidades básicas del movimiento anarquista de hoy, con respecto a los tiempos de, digamos, Kropotkin o Reclus, o Herbert Read, es exactamente el descuido de lo simbólico, lo visionario, y el pasar por alto la efectividad de la teoría. ¿Cómo pasar de la etnografía a las visiones utópicas -idealmente, con tantas visiones utópicas como sea posible? No es coincidencia que algunos de los grandes reclutadores al anarquismo en países como los EE.UU. hayan sido escritoras feministas como Starhawk o Ursula K. Le Guin [8]
Una manera en la que esto está empezando a ocurrir es a medida que los anarquistas empiezan a recuperar la experiencia de otros movimientos sociales con un cuerpo más desarrollado de teoría, ideas que vienen de círculos cercanos a, y de hecho inspirados por, el anarquismo. Tomemos por ejemplo la idea de la economía participativa, que representa una visión anarquista por excelencia y que suplementa y rectifica la economía anarquista tradicional. Los teóricos de Parecon proponen la existencia de no sólo dos, sino de tres clases sociales distintas del capitalismo avanzado: no sólo el proletariado y la burguesía, sino una "clase coordinadora", cuya labor es la de gestionar y controlar la producción de la clase trabajadora. Esta es la clase que incluye la jerarquía directiva y los consultores y consejeros profesionales básicos para su sistema de control -como abogados, ingenieros y contables importantes, etc. Mantienen su posición de clase por su monopolio relativo del conocimiento, cualificaciones, y conexiones. Como resultado, los economistas y otros que trabajan en este ámbito han estado tratando de crear modelos de una economía que eliminara de forma estructural las divisiones entre trabajadores intelectuales y físicos. Ahora que el anarquismo se ha vuelto claramente el centro de la creatividad revolucionaria, los proponentes de tales modelos han estado cada vez más, si no intentando usar la bandera anarquista exactamente, entonces por lo menos enfatizando el grado en que sus ideas son compatibles con una visión anarquista [9]
Cosas similares están empezando a suceder con el desarrollo de las visiones políticas anarquistas. Bien, ésta es un área donde el anarquismo clásico tenía ya ventaja sobre el marxismo, que nunca desarrolló una teoría de organización política. Escuelas distintas de anarquistas han abogado a menudo por organizaciones sociales muy específicas, aunque a menudo claramente en desacuerdo las unas con las otras. Aún así, el anarquismo en su conjunto ha tendido a promover lo que a los liberales les gusta llamar "libertades negativas", "libertades de", más que libertades sustantivas, "libertades para". A menudo ha celebrado este compromiso como evidencia del pluralismo del anarquismo, de su tolerancia ideológica, o su creatividad . Pero como resultado, ha habido una renuencia a ir más allá del desarrollo de formas de organización a pequeña escala, y una creencia en que estructuras más grandes, más complicadas, pueden improvisarse después en el mismo espíritu.
Ha habido excepciones. Pierre Joseph Proudhon intentó dar con una visión total de cómo una sociedad libertaria debiera operar [10]. Se considera generalmente como un intento fallido, pero señalaba el camino hacia visiones más desarrolladas, como el "municipalismo libertario" de los Ecologistas Sociales de Norteamérica. Hay un desarrollo vivaz, por ejemplo, de cómo equilibrar los principios del control de los trabajadores -enfatizado por el grupo de Parecon- y la democracia directa, enfatizado por los Ecologistas Sociales [11]
Sin embargo, hay muchos detalles por definir: ¿cuál es el conjunto total de alternativas institucionales positivas del anarquista a las legislaturas contemporáneas, a los tribunales, a la policía, y a diversas agencias ejecutivas? ¿Cómo ofrecer una visión política que englobe la legislación, su implementación, adjudicación y cumplimiento y que muestre cómo realizar efectivamente cada uno de estos apartados de forma no autoritaria -no sólo para proporcionar una esperanza a largo plazo, sino para dar respuesta inmediata al sistema electoral, legislativo y judicial actuales, y por tanto, a muchas opciones estratégicas--? Obviamente, nunca podría haber una línea de partido anarquista sobre esto, el sentimiento general entre los anarquistas con letra minúscula es que por lo menos necesitaríamos muchas visiones concretas. Sin embargo, entre los experimentos sociales reales en las crecientes comunidades autogestionadas en lugares como Chiapas y Argentina, y los esfuerzos por parte de activistas/ "académicos" anarquistas como la recientemente formada Red de Alternativas Planetarias o los foros como La Vida Después del Capitalismo es Posible para empezar a localizar y compilar ejemplos exitosos de formas económicas y políticas, se está empezando a trabajar [12]. Es claramente un proceso a largo plazo. Pero, bueno, el siglo anarquista tan sólo acaba de comenzar.
David Graeber es profesor ayudante en la universidad de Yale (EE.UU.) y activista político. Andrej Grubacic es historiador y sociólogo de la antigua Yugoslavia. Ambos están involucrados en la Red de Alternativas Planetarias (Planetary Alternatives Network, PAN).
1. Esto no quiere decir que los anarquistas estén en contra de la teoría. Podría no ser necesario un Gran Ideario, en el sentido que nos es familiar hoy. Ciertamente el anarquismo no utilizará una única teoría, el Gran Ideario Anarquista. Eso sería completamente contrario a su espíritu. Mucho mejor, pensamos, algo más en el espíritu de los procesos anarquistas de toma de decisiones: aplicado a la teoría, esto significaría aceptar la necesidad de una diversidad de grandes perspectivas teóricas, unidas solamente por ciertos compromisos y premisas compartidas. Más que basarse en la necesidad de probar que las suposiciones fundamentales de los demás están equivocadas, busca encontrar proyectos particulares sobre los cuales reforzarse unos a otros. Sólo porque las teorías son inconmensurables en ciertos aspectos, no significa que no puedan existir o incluso reforzarse las unas a las otras, de la misma manera que individuos que tienen únicas e inconmensurables opiniones sobre el mundo no quiere decir que no puedan ser amigos, o amantes o trabajar en proyectos comunes. Más aún que el Gran Ideario, lo que el anarquismo necesita es lo que podría llamarse un glosario de ideas: una forma de resolver las cuestiones inmediatas que surgen de un proyecto transformador. [regresar]
2. Para más información sobre la excitante historia de Acción Global de los Pueblos, sugerimos el libro "We are Everywhere: The irresistible Rise of Global Anti-capitalism" (Estamos en todos los lugares: el levantamiento irremediable del anti-capitalismo global), editado por Notes from Nowhere, London: Verso 2003. Ver también la página web PGA: www.agp.org [regresar]
3. Cf. David Graeber, "New Anarchists" ("Los nuevos anarquistas"), New left Review 13, Enero-Febrero 2002 [regresar]
4. Ver Diego Abad de Santillán, "After the Revolution", (Después de la Revolución) New York: Greenberg Publishers 1937 [regresar]
5. Para más información sobre el proyecto de indymedia ir a la página web: www.indymedia.org [regresar]
6. Cf. Jasón McQuinn, "Why I am not a Primitivist", ("Por que no soy un primitivista"), Anarchy: a journal of desire armed, printmps/été 2001. Cf. La web anarquista www.arnarchymag.org. Cf. John Zerzan, Futuro Primitivista & Otros Ensayos, Autonomedia, 1994. [regresar]
7. Cf. Andrej Grubacic, "Hacia otro anarquismo", en: Sen, Jai, Anita Anand, Arturo Escobar y Peter Waterman, El Foro Social Mundial: Contra todos los Imperios, Nueva Delhi, Viveka 2004. [regresar]
8. Cf. Starhawk, "Redes de Poder: Notas de un Levantamiento Global", San Francisco 2002.Ver también www.starhawk.org [regresar]
9. Albert, Michael: "Economía Participativa", Verso 2003. Ver también www.parecon.org. [regresar]
10. Avineri, Shlomo. "El pensamiento social y político de Karl Marx". Londres. Cambridge University Press, 1968. [regresar]
11. Ver "The Murray Bookchin Reader", editado por Janet Biehl, Londres. Cassell 1997. Ver también la página web del Instituto para la Ecología Social: www.social-ecology.org [regresar]
12. Para más información sobre el foro La Vida Después del Capitalismo Es Posible ir a www.zmag.org/lacsite.htm [regresar]
El optimismo de la incertidumbre
El optimismo de la incertidumbre
Howard Zinn
Znet
Traducido por Miguel Alvarado
En este mundo atroz, donde el esfuerzo de la gente altruista a veces flaquea ante las acciones de aquellos que acaparan el poder, ¿cómo es posible mantener el entusiasmo y continuar activo?
Tengo absoluta confianza no solamente en que el mundo va a mejorar, sino en que no deberíamos dar el juego por perdido antes de haber tirado todas las cartas. La metáfora es intencional: la vida es un juego. Al no jugar se descarta toda posibilidad de triunfo. Al jugar, al actuar, se crea al menos una posibilidad de cambiar nuestro mundo.
Existe la tendencia a pensar que lo que vemos en el momento presente tiende a continuar indefinidamente. A veces olvidamos nuestro frecuente asombro ante el súbito derrumbe de las instituciones, ante los repentinos giros de conciencia en la gente, ante la inesperada rebelión contra la tiranía y ante el imprevisto colapso de sistemas de poder que en un tiempo parecían inmutables.
Lo que llama la atención en la historia de los últimos cien años, es su absoluta impredecibilidad. La revolución que derrocó al zar de Rusia, uno de los imperios semi-feudales más indolentes, logró no solamente asombrar a las naciones imperiales más avanzadas sino que tomó por sorpresa al mismo Lenin, obligándole a viajar precipitadamente en tren a Petrogrado. ¿Quién hubiera previsto los insólitos cambios durante la Segunda Guerra Mundial, el pacto nazi-soviético (esas penosas fotos del apretón de manos entre Von Ribbentrop y Molotov), la embestida del ejército alemán a través de Rusia, al parecer invencible, causando infinidad de muertes, para luego ser rechazado a las puertas de Leningrado, en el límite occidental de Moscú, en las calles de Stalingrado, concluyendo con la derrota del ejército alemán y Hitler arrinconado en su bunker de Berlín, esperando la muerte?
Luego vino la posguerra y el mundo tomó un curso que nadie hubiera sido capaz de anticipar: la revolución comunista en China, la tumultuosa y desaforada revolución cultural, y luego otro giro radical, cuando la China post-maoísta renuncia a las ideas e instituciones más celosamente defendidas al dar entrada al occidente y coquetear con entidades capitalistas, ante el asombro del mundo entero.
Nadie pronosticó la inmediata desintegración de los antiguos imperios occidentales después de la guerra, o la singular plétora de sociedades que serían creadas en los países recién independientes, desde el afable socialismo aldeano de Nyerere, en Tanzania, hasta la locura de Idi Amin en la vecina Uganda. España se convirtió en un escándalo. Recuerdo que un veterano de la brigada Abraham Lincoln me decía que no era posible imaginar que el fascismo español pudiera ser derrotado sin que ocurriera otra sangrienta guerra. Pero después de que muriera Franco, surgió una democracia parlamentaria abierta a los socialistas, a los comunistas, a los anarquistas y a todos los demás.
El final de la Segunda Guerra Mundial resultó en dos superpotencias con sus respectivas esferas de influencia y control, en continua rivalidad por la hegemonía militar y política. Sin embargo, no lograron controlar los acontecimientos, ni siquiera en aquellos lugares considerados como sus respectivas esferas de influencia. La Unión Soviética fracasó en su intento de dominar Afganistán, y su decisión de retirarse después de una década de brutal intervención fue la evidencia más contundente de que no obstante la posesión de armas termonucleares, no es fácil subyugar una población resuelta. Estados Unidos ha enfrentado la misma realidad, emprendiendo una guerra a gran escala en Indochina, perpetrando el bombardeo más despiadado sobre una pequeña península en la historia del mundo, y aun así se vio obligado a retirarse. En los titulares de los periódicos vemos a menudo otros casos de los malogrados intentos de dominio por parte de los presuntos invencibles sobre los presuntos humildes, como en Brasil, en donde un movimiento de gente pobre y de jornaleros eligió a un nuevo presidente comprometido a combatir el vil absolutismo de las corporaciones.
Repasando este catálogo de enormes sorpresas, es evidente que la lucha por la justicia no se debe abandonar jamás por temor a la ventaja que supuestamente poseen aquellos que, por medio de las armas y el dinero, se muestran implacables en su afán de aferrarse al poder. Ese poder aparente se ha mostrado frecuentemente vulnerable a cualidades humanas menos tangibles que las bombas y los dólares: temple moral, entrega, determinación, unidad, organización, ingenuidad, perspicacia, valor y paciencia, ya sea por parte de negros en Alabama y Sudáfrica, campesinos en El Salvador, Nicaragua y Vietnam, o trabajadores e intelectuales en Polonia, Hungría y la misma Unión Soviética. No existe sobrio criterio respecto al equilibrio del poder que logre disuadir a un pueblo convencido de que su causa es justa.
He intentado muchas veces unirme al pesimismo con que mis amigos ven nuestro mundo (¿o serán solamente mis amigos?), pero me sigo topando con gente que, a pesar de toda la evidencia de trágicos acontecimientos que pasan por todas partes, me transmiten esperanza. Especialmente la gente joven, de quienes el futuro depende. Dondequiera que voy, me encuentro con gente así. Y más allá del puñado de activistas, parece haber cientos o miles más que son afines a las ideas poco ortodoxas. Pero tienden a no estar en contacto con los demás y por lo tanto, mientras resisten, lo hacen con la paciencia desesperada del infatigable Sísifo empujando tenazmente la roca a la cima de la montaña. Intento recordar a cada grupo que no están solos, y que la misma gente que zozobra por la falta de un movimiento nacional es testimonio de la magnitud de dicho movimiento.
El cambio revolucionario no llega en un momento turbulento (¡cuidado con esos momentos!) sino como una infinita sucesión de sorpresas, rumbo a una sociedad más digna. No es necesario emprender acciones excelsas o heroicas para participar en el proceso del cambio. Los actos pequeños, cuando son multiplicados por millones de personas, pueden transformar el mundo. Incluso cuando no "triunfamos", nos queda la satisfacción y el optimismo de haber participado, al lado de mucha otra gente altruista, en algo que vale la pena. Hace falta la esperanza.
Un optimista no es necesariamente un risueño despistado, cantando tiernamente en la penumbra de nuestros tiempos. Tener esperanza en la adversidad no es una simple necedad romántica. Se basa en el hecho de que la historia de la humanidad no se basa solamente en la crueldad, sino también en la compasión, el sacrificio, el valor y la virtud. Lo que decidamos enfatizar en esta sinuosa historia determinará nuestras vidas. Si solo vemos lo peor, se derrumba nuestra capacidad de actuar. El recordar tiempos y lugares, y son muchos, donde la gente se ha comportado dignamente, nos da la voluntad de actuar, y por lo menos la posibilidad de virar este mundo perinola en una diferente trayectoria. Y si actuamos, aun en mínima capacidad, no tenemos que esperar un espléndido futuro utópico.
El futuro es una sucesión infinita de presentes, y vivir hoy tal como creemos que la gente debe vivir, en desafío total ante el mal que nos rodea, es en sí una victoria extraordinaria.
Sobre Multitud, la segunda parte de Imperio. Entrevista a Toni Negri
La Izquierda debate
Sobre Multitud, la segunda parte de Imperio. Entrevista a Toni Negri, en el centro de la tormenta global:
"La guerra es la solución natural que deriva del hecho de no tener idea de cómo gobernar el mundo"
Héctor Pavón
Diario Clarín
El autor de Imperio habla de Multitud, segunda parte de la saga escrita con Michael Hardt, recién publicada en España y ya polémica. Las nuevas guerras imperiales. Las nuevas formas de resistencia. Además, el sociólogo James Petras cuestiona las tesis de Negri
Toni Negri es creyente. De eso no hay dudas. Y no sólo por sus orígenes católicos. Negri cree en cada pieza del andamio argumental que compone Imperio, el libro que escribiera junto a Michael Hardt, y también del flamante Multitude, war and democracy in the age of empire (Multitud, guerra y democracia en la era del imperio) que acaba de aparecer en el mismísimo, aunque discutible para los autores, corazón imperial: Estados Unidos. Si Imperio fue el diagnóstico de situación mundial, Multitude… tiene algo de catecismo revolucionario posmoderno: aquello que debe construir y ejecutar un contraimperio. La fe de Negri en la multitud es, a sus 71 años, la columna vertebral de la síntesis de su filosofía política y de su, esperado por muchos, nuevo ideario.
Imperio se publicó en 2000 y fue un libro provocador que sacudió al arrasado campo marxista que juntaba sus pedacitos esparcidos por la explosión del campo socialista a fines de los ochenta. Las tesis de Imperio sostenían y proponían: el fin del imperialismo; la crisis de la soberanía del Estado nación; la aparición globalizada del trabajo inmaterial; el ocaso de la dialéctica; el surgimiento de un imperio sin territorio y sin centro pero que estaba en todas partes; la aparición del biopoder ejercido sobre la vida social y el nacimiento de la multitud como el sujeto que enfrentaría al imperio. Éxito en ventas, recibió elogios y fue tomado bíblicamente pero también criticado palabra por palabra. El filósofo francés Etienne Balibar dijo: "Es una asombrosa proeza, escrito con un entusiasmo contagioso, basado en amplios conocimientos históricos". "Es una reescritura del Manifiesto Comunista", dijo admirado el filósofo esloveno Slavoj Zizek.
Pero otros hicieron fila en la otra vereda para señalar errores, no siempre con tono diplomático. "Tal como indica el argumento de Imperio, resulta difícil evitar la sospecha de que el poder de la multitud es nada más que una abstracción filosófica y que este poder no está en ningún lugar antes que en todos lados", dijo Ellen Meikins, politóloga canadiense. Y el sociólogo norteamericano James Petras quiso firmar el epitafio: "Imperio es una síntesis generalizada de las banalidades intelectuales sobre la globalización, el posmodernismo, el posmarxismo. La tesis del postimperialismo de Imperio no es novedosa, no es una gran teoría y explica poco del mundo real. Más bien es un ejercicio verboso vacío de inteligencia crítica".
En la primera semana de agosto se distribuyó en EE.UU. Multitude… y en la Argentina lo publicará Editorial Sudamericana en noviembre. El libro está estructurado en tres ejes: guerra, multitud y democracia. En la primera parte, los autores indican como condición sine qua non para la supervivencia del imperio el "estado de guerra permanente". Y encuentran en los atentados del 11 de setiembre una similitud con un hecho acaecido en 1618, cuando dos regentes romanos fueron arrojados por una ventana del Castillo de Hradcany en Praga. Se encendió así la guerra de los treinta años en el Sacro Imperio Romano Germánico. La caída de las Torres Gemelas inició una era de guerra infinita.
En el capítulo sobre "Multitud" ofrecen instrucciones para activar la organización contraimperial. Allí destacan el in crescendo de la lucha de los grupos de resistencia global contra los grupos que manejan las finanzas del mundo. "Lo que comparten las fuerzas movilizadas en este nuevo ciclo mundial no es sólo un enemigo común —llámese neoliberalismo, hegemonía estadounidense o imperio global— sino también prácticas, lenguajes, conducta, hábitos, formas de vida y deseos comunes para un futuro mejor", escriben Negri y Hardt. La Argentina aparece en la descripción de las radicalidades surgidas a partir de 2001, en particular la de los piqueteros.
Y aunque algunos se sorprendan, los autores dedican un espacio al amor: "La gente hoy parece incapacitada para entender el amor como un concepto político, pero un concepto de amor es justo lo que necesitamos para sujetar el poder constituyente de la multitud."
En el final hipotetizan un mundo cruzado por la democracia global. "Nunca la democracia fue tan necesaria como ahora", sostienen y aseguran que será la multitud quien cree nuevos circuitos de cooperación y colaboración que estreche naciones y continentes y permita ilimitados encuentros. "La multitud puede concebirse como una red abierta y expansiva donde todos las diferencias puedan ser expresadas libre y equitativamente".
Este es un libro filosófico que problematiza, cuestiona, pregunta, puede proponer, pero no responde. Y algunas de las respuestas que brinda las da a través de metáforas como la de los personajes de Viaje a las estrellas o Drácula o del Golem. Imágenes que "explican" ciertas cuestiones poco claras sobre la multitud a lo largo de 427 páginas.
¿Quiénes eran Hardt y Negri antes de constituirse en exegetas del Capital?
Michael Hardt es un joven profesor de la universidad de Duke (EE.UU.). Lo de Negri es más complejo. Ha recorrido una larga carrera académica, política y militante para llegar a la síntesis de su polémico pensamiento. Estudió filosofía en Italia, Alemania y Francia y tuvo una militancia muy activa trabajando con obreros fabriles y también ocupando cargos. "Autonomía obrera" fue la agrupación que fundó y donde sentó las bases teóricas y filosóficas de algunos conceptos que aparecerían en Imperio. Negri vivió el 68 con toda la efervescencia de la época al tiempo que el Estado italiano comenzaba a achicar los espacios de la libre expresión: las manifestaciones fueron reprimidas y hubo persecución sobre líderes y militantes. "Autonomía" mantenía relaciones estrechas con la agrupación guerrillera "Brigadas Rojas". Hacia 1977 la situación política se enrarece y Negri se exilia en Francia donde trabajó junto a Louis Althusser. En 1978 las Brigadas Rojas secuestraron y mataron al Primer Ministro Aldo Moro. Un año después, en plena caza de brujas, Negri es arrestado en Milán, junto a 67 militantes de "Autonomía" y acusado de ser su líder y también de las Brigadas Rojas. Fue condenado y recorrió varias cárceles italianas donde desarrolla un intenso trabajo teórico hasta que en 1983 fue elegido diputado y, gracias a la inmunidad parlamentaria, pudo salir de la cárcel. Ante la inminente revocación de su inmunidad se exilió nuevamente en Francia. En 1997, Negri volvió a Italia, fue encarcelado y poco después pudo hacer salidas sociales hasta que le fue concedido el arresto domiciliario y, en 2003, la libertad.
Desde su casa del Trastevere romano, donde escribió con su discípulo Hardt las dos obras, habló sobre su nuevo libro.
—En Multitud hay una idea aterradora y es que ésta es la "era de la guerra permanente". ¿Se puede salir de esta instancia tan pesimista?
—Esta es una tesis que puede parecer pesimista, dura, severa. Efectivamente la crisis del sistema político del capitalismo global es profundísima. Nosotros planteamos una forma de gobierno democrática para todo el planeta. Y no nos parece, en absoluto, que la clase política capitalista y de las grandes naciones hegemónicas, tengan una sensibilidad o posibilidad de plantearse el problema de una gestión democrática del mundo.
La guerra es la solución natural que deriva del hecho de no tener idea de cómo gobernar el mundo. Esta clase dirigente mundial es incapaz de imaginar una reforma de las relaciones entre las multitudes, poblaciones, clases, continentes. No creemos que haya respuestas a la exigencia que plantea la constitución del orden mundial. ¿Me entiende? Pero la aristocracia, y algunos estratos de la burguesía multinacional y del empresariado mundial, están profundamente desilusionados con la gestión norteamericana del imperio. Y no ven en la política norteamericana, ni en la de Bush, pero tampoco en la de Kerry, una solución a su problema. Nosotros anticipamos la crisis del discurso de Kerry.
—¿A qué se refiere?
—Tengo la impresión de que la clase dirigente norteamericana no llega a imaginar una forma de gestión global. Aquí no se trata de decir: la dirigencia norteamericana estará de acuerdo con la dirigencia francesa, con la australiana y con la argentina para dirigir el mundo. Se trata de reconocer un nuevo modo de desarrollo que nos involucra a todos. Estamos en un mundo en el cual la interdependencia pasó a ser absoluta. La clase dirigente norteamericana sigue siendo todavía una clase dirigente nacional. En el libro citamos al Marqués de Sade: "Franceses, un esfuerzo más para ser republicanos" que transformamos en: "Norteamericanos, un esfuerzo más para ser imperiales".
—Anteriormente ustedes señalaban que este imperio no tenía centro. Ahora parece evidente que ese centro es Washington.
—Creo que siempre lo fue. Washington en lo político; Nueva York en lo financiero o Hollywood en lo referido al mundo de la comunicación. No hablamos de un centro norteamericano del imperio, decimos un "centro del imperio". Roma no era la capital de Italia, era la capital de Italia, Grecia, Egipto. Debemos estar muy atentos a no dejarnos engañar por las palabras. El interés capitalista es un interés del mercado mundial. Y ustedes los argentinos lo saben mejor que nadie. ¿Por qué la clase dirigente argentina no consigue administrar su país?, porque no es suficientemente mundial.
—¿Es decir que los argentinos no piensan globalmente?
—Yo creo que el gran problema argentino es que las clases dirigentes no piensan globalmente. Pero esto no tiene que ver sólo con la Argentina sino con todas las clases dirigentes de América latina, excepto probablemente Lula y Kirchner, que han empezado a pensar globalmente y en efecto han tenido grandes éxitos.
—¿En Irak los ejércitos privados no son el símbolo de la mezcla de negocios, política y guerra?
—Nosotros lo consideramos sólo como un ejemplo respecto de lo que es una tendencia general que nos parece más dramática, el hecho de que haya bandas de canallas y delincuentes que hacen la guerra como profesión. Nos preocupa lo que es la tendencia hacia cualquier patriotismo, lo que es el triunfo de esa ideología mercenaria para hacer la guerra. Nos preocupa el hecho de que, como sucedió en la Antigua Roma, los mercenarios puedan tomar el poder sobre el imperio. ¿Comprende? Cuando escribíamos el libro, Iyad Allawi era el representante de los intereses de la libertad en Irak. Hoy ya vimos lo que es Allawi. Y mientras escribíamos esto, Hamid Karzai todavía era el gran representante de la democracia en Afganistán y hoy vemos que se está aliando con los grandes War Lords. Pero si hay algo que es contrario a mi estilo y al de Hardt es el escándalo por el escándalo mismo, decir que los norteamericanos van a Irak por el petróleo, por ejemplo. Nosotros tratamos de comprender las lógicas internas al sistema del poder mundial en los términos más sofisticados posibles.
—Kissinger no se presenta ante la justicia internacional; los marines de EE.UU. fuera de su país no pueden ser juzgados por los crímenes que puedan cometer. ¿No hay justicia para quienes pertenecen al Imperio?
—Los norteamericanos siempre se negaron a tener un tribunal internacional penal. ¿Qué quiere?: los tribunales internacionales se han convertido en mercados. Mire cómo se resolvió la cuestión con Libia, a través de pagos. Por otra parte, ¿qué más quiere?: el tribunal para Milosevic es una de las cosas más indignas que se han producido. El tribunal internacional para Saddam estaba dirigido por Allawi, un asesino. ¿Entiende?
—¿No es una utopía pensar la multitud como ese lugar donde conviven armoniosamente todas las diferencias?
—No es una utopía, es una hipótesis. Cuando Marx hablaba de la clase no hablaba de algo políticamente constituido. Cuando decimos "multitud" decimos "hacer multitud", es decir, construir un momento, ese dispositivo, ese proyecto que comprende todos los aspectos, minorías del mundo y singularidades. Para nosotros, el proyecto de la multitud es justamente el de construir lo común. Cuando hablamos de lo común, nos referimos al lenguaje, a las condiciones que determinan la vida de los individuos juntos. La lengua, el lenguaje, el hecho de que yo pueda hablar con usted, es el intercambio, la cooperación. Y estamos convencidos de que esto representa el 95, 96% de la vida de la humanidad. Y después está ese 2 o 3% que es el poder, la violencia, el egoísmo, lo privado.
—Ante el protagonismo de la multitud se podría deducir que para ustedes la clase obrera ha dejado de tener el papel principal en las luchas sociales...
—Nosotros nunca dijimos que la clase obrera haya dejado de ser la protagonista de las luchas. La clase obrera continúa luchando dentro y junto a nuevos estratos de la población. Pero al lado de la clase obrera tal como se la interpretaba antes, o sea los obreros con los mamelucos del trabajo taylorizado, fordista se suman otros estratos del trabajo. Son los trabajadores precarios, intelectuales, trabajadores de servicios, mujeres, inmigrantes. El frente de las luchas del trabajo se amplió infinitamente. Los campesinos se convierten en uno de los elementos fundamentales en la relación entre masa y singularidad.
—Slavoj Zizek ha dicho que los trabajadores de hoy además de poner su cuerpo deben "ofrecer en el mercado hasta las propias emociones". ¿Así fue posible imponer trabajo en células y el just in time japonés?
—Sí, pero hace treinta años que estudiamos estas cosas. ¿Las descubrió Zizek? Desde el 68 los afectos y los sentimientos se organizaron para el trabajo productivo. Hoy estamos mucho más adelantados. El problema no es ése. Es cómo comprender que un campesino chino o uno brasileño pueden luchar juntos y a su vez encontrarse unidos con una trabajadora del Silicon Valley. ¿Comprende? Esos son los problemas de hoy, de afectos resueltos en el trabajo. Ya no se habla más del trabajo, hay una ignorancia sobre los problemas del trabajo que asusta. Mientras que en cambio hay que empezar a hablar de ellos porque la gente vive, sufre y produce y además es feliz o infeliz en torno a ellos.
—Después de su visita a la Argentina en diciembre pasado, ¿piensa que esa suma de sujetos que desde diciembre de 2001 empezó a salir a la calle a pedir cambios en la política argentina era "la multitud"?
—A mí no me gusta expresar juicios en base a viajes turísticos, ¿entiende? Esa pregunta tiene que hacérsela a sus compañeros argentinos, tanto a los que luchan como piqueteros, los que están en las fábricas ocupadas o a los que están en el gobierno, y que son de izquierda y que entienden esos problemas. Pienso que la Argentina es uno de los grandes laboratorios de la modernización posmoderna. Pienso que es donde esas grandes fuerzas activas están experimentando su posibilidad de sobrevivir, luchar, construir y producir.
—Hay quienes dicen que el movimiento de resistencia global debería preocuparse por lo que ocurre en cada uno de los países de donde surge...
—Mire, si se trata de una nueva línea bolchevique en referencia al poder nacional, al derrocamiento de los gobiernos nacionales para tomar el poder, yo digo: eso es una gran estupidez. Pienso que hoy la posibilidad de tener alguna influencia en el mundo es pasando de las luchas nacionales hasta llegar a los compromisos globales. En Italia, por ejemplo, ya no luchamos simplemente a nivel nacional. Berlusconi es un bufón pero es un bufón mundial, no sólo nacional. No se puede luchar por la libertad, por el salario, si no se hace eso. El capitalismo aprendió ampliamente a superar las fronteras nacionales. Solamente estúpidos pueden todavía, o los viejos bolcheviques, pensarlo así. Ustedes, por ejemplo, tienen a un señor Atilio Borón, que sostiene que sólo a través de la lucha nacional se puede luchar a nivel mundial. Eso es una gran estupidez, un discurso profundamente reaccionario. ¿Entiende? Toda nuestra experiencia lleva exactamente a lo contrario. Nosotros logramos generar luchas a nivel europeo siempre generalizadas. Eso no significa que si al lado de mi casa despiden a una mujer blanca o de color, yo no deba luchar inmediatamente para resolver su problema. ¿Entiende? Pero eso forma parte de la ética. Lo que es absolutamente ilusorio es el hecho de poder hacer la revolución o incluso reformas en un solo país. Esa fue la ilusión de los soviéticos hace muchísimos años.
—¿A esta democracia de la multitud ustedes la denominan post socialismo?
—Hablamos de post-socialismo porque siempre consideramos que el socialismo tenía en su armario el esqueleto del capitalismo. Y que el socialismo no era otra cosa que una idea de administrar a través del Estado el capitalismo. El socialismo nunca pudo desarrollar una idea de libertad. Ahora nosotros pensamos que el comunismo está maduro. Y cuando decimos comunismo, nos referimos a la administración de lo común que está contra lo privado y lo estatal. Mire que esto no significa nada de anárquico. El postsocialismo es para nosotros ir más allá de lo que fue el ideal socialista que se agotó en el reformismo.
—¿Es posible exportar la democracia como quiere EE.UU. a Afganistán e Irak?
—Estamos frente al escándalo, ante una provocación colonial de Bush y su banda de canallas. Espero al menos que sean borrados de la Historia. Hoy están masacrando poblaciones, Najaf se ha convertido en un Guernica. Lograron destruir incluso el olor de la libertad. Estamos realmente frente a la vergüenza. No hay ninguna diferencia entre los aviones norteamericanos y los aviones nazis. ¿Entiende? Estamos fuera de la dignidad del hombre.
—¿Hay democracia que pueda resistir el ataque del terrorismo?
—Primero hay que entender qué es el terrorismo. Si el terrorismo es matar personas, es todo lo que se parece a la política norteamericana incluso cuando es hecho por personas que quieren liberarse de algo, es horrible. Pero no hay ninguna diferencia entre el señor Bin Laden y el señor Bush. Bin Laden es un mercenario de Bush y de su familia, exactamente como lo fue Saddam. Lo que hoy se denomina terrorismo mundial es una revuelta de mercenarios norteamericanos. Uno, Bin Laden, liberó Afganistán de los soviéticos y el otro, Saddam, bloqueó la expansión chiita hacia el mundo árabe.
—Ustedes mencionan en el libro a las Madres de Plaza de Mayo como un ejemplo de lucha por la Justicia y los derechos humanos ¿Cómo surgió el interés?
—No es que me interese particularmente. Conozco a algunas de ellas pero lo que me interesa es comprender cómo un pueblo tan civilizado como el argentino pudo haber llegado a una locura homicida como la que se verificó en la dictadura. Es algo que nunca entendí. Mi comprensión del mundo tiene límites que en lo que se refiere a la Argentina, no logro resolver cómo pudieron los militares, en un pueblo tan civilizado, llevar la idea de defender la nación a ese nivel de locura.
—¿Cómo se resolverá, en el futuro, la crisis del movimiento de resistencia global?
—Mire, creo que el movimiento está muy en crisis y que el relanzamiento del movimiento global sólo puede producirse a través de estos grandes movimientos continentales que están organizándose: América latina, Europa, India, China, EE.UU.. El gran problema es terminar con la guerra totalmente. Segundo, lograr construir organizaciones mundiales que rompan la división entre Norte-Sur o el Este-Oeste. Ese es el gran problema en torno del cual debemos trabajar, pero creo que ya estamos muy avanzados. Debería producirse un compromiso definitivo y el lanzamiento de un New Deal global. Avanzamos mucho y la situación dista de ser mala. Para decirlo con una frase de Mao Tse Tung: "Es grande el desorden bajo el cielo, la situación es excelente".
Teoremas de la resistencia a los tiempos que corren( Dogmatismo Abierto)
Teoremas de la resistencia a los tiempos que corren
Daniel Bensaid
Correspondencia de Prensa
Nos encontramos con una doble responsabilidad: la transmisión de una tradición amenazada por el conformismo, y la exploración de los contornos inciertos del futuro".
En el transcurso de la última década (desde la desintegración de la Unión Soviética y la unificación alemana), algo se terminó. Pero ¿qué? ¿El "siglo corto" del que hablan los historiadores, iniciado con la Primera Guerra Mundial y terminado con la caída del Muro de Berlín? ¿El corto período que siguió a la Segunda Guerra Mundial, marcado por la bipolaridad de la Guerra Fría e ilustrado, en los centros imperialistas, por la acumulación y la regulación fordista? ¿O también un gran ciclo dentro de la historia del capitalismo y del movimiento obrero, abierto con el desarrollo capitalista de los años 1880, la expansión colonial, y el surgimiento del movimiento obrero moderno simbolizado por la formación de la IIª Internacional?
Los grandes enunciados estratégicos de los que aún somos hacedores datan en gran parte de este período de formación, anterior a la Primera Guerra Mundial: se trata del análisis del imperialismo (Hilferding, Bauer, Rosa Luxemburgo, Lenin, Parvus, Trotsky, Bujarin), de la cuestión nacional (Rosa Luxemburgo de nuevo, Lenin, Bauer, Ber Borokov, Pannekoek, Strasser), de las relaciones partidos-sindicatos y del parlamentarismo (Rosa Luxemburgo, Sorel, Jaurés, Nieuwenhuis, Lenin), de la estrategia y los caminos del poder (Bernstein, Kautsky, Rosa Luxemburgo, Lenin, Trotsky). Estas controversias son tan constitutivas de nuestra historia como las de la dinámica conflictiva entre revolución y contrarrevolución inaugurada por la Guerra Mundial y la Revolución Rusa.
Más allá de las diferencias de orientación y de las opciones a menudo intensas, el movimiento obrero de esta época presentaba una unidad relativa y compartía una cultura común. Se trata, hoy en día, de saber qué queda de esta herencia, sin dueños ni manual de uso. En un editorial muy poco claro de la New Left Review, Perry Anderson estima que desde la Reforma el mundo nunca estuvo tan desprovisto de alternativas de cara al orden dominante. Charles-André Udry, con mayor precisión, constata que una de las características de la situación actual es la desaparición de un movimiento obrero internacional independiente. Estamos entonces en medio de una transición incierta, donde lo viejo agoniza sin ser abolido, y donde lo nuevo se esfuerza en surgir, atrapado entre un pasado no superado, por un lado, y por la necesidad cada vez más acuciante de un programa de trabajo autónomo, que permita orientarse en el mundo que emerge frente a nuestros ojos, por el otro. Debido al debilitamiento de las tradiciones del antiguo movimiento obrero es, en efecto, grande el peligro de resignarnos ante la mediocridad de nuestros interlocutores y contentarnos con algunas conquistas de eficacia comprobadamente polémica. Por cierto, la teoría vive de los debates y confrontaciones: siempre somos tributarios de sus defensores y sus adversarios. Pero esta dependencia es relativa.
Es fácil constatar que las grandes fuerzas políticas de la izquierda plural, el Partido Socialista, el Partido Comunista, los Verdes, son bastante poco estimulantes cuando se trata de abordar los problemas de fondo. Pero también hay que recordar que, a pesar de sus ingenuidades y a veces de sus excesos juveniles, los debates de la extrema izquierda de los años setenta eran mucho más enriquecedores.
Hemos iniciado entonces el peligroso tránsito de una época a la otra y nos encontramos en el medio del río, con el doble imperativo de no permitir la pérdida de la herencia y de estar dispuestos a recibir lo nuevo a inventar. Nos encontramos entonces comprometidos y con una doble responsabilidad: de transmisión de una tradición amenazada por el conformismo, y de exploración de los contornos inciertos del futuro. A riesgo de parecer chocante, me gustaría encarar esta terrible prueba con un espíritu que calificaría como de "dogmatismo abierto". "Dogmatismo", porque, aun si esa palabra tiene mala prensa (según el sentido común mediático, siempre vale más ser abierto que cerrado, light que pesado, flexible que rígido), en toda teoría, la resistencia a las ideas en boga tiene sus virtudes: el desafio a las impresiones versátiles y los efectos de modas exige plantar serias refutaciones antes de cambiar de paradigma. "Abierto", porque no se trata de conservar religiosamente un discurso doctrinario, sino de enriquecer y de transformar una visión del mundo ensayando prácticas necesariamente renovadas.
Propondría entonces, a modo de ejercicio, cinco teoremas de la resistencia a las ideas en boga cuya forma subraya deliberadamente el necesario trabajo por la negativa.
1. El imperialismo no se disuelve en la mundialización mercantil. 2. El comunismo no se disuelve en la caída del stalinismo. 3. La lucha de clases no se disuelve en a las identidades comunitarias. 4. La diferencia conflictiva no se disuelve en la diversidad ambivalente. 5. La política no se disuelve en la ética ni en la estética.
Frente a postulados indemostrables que requieren la aprobación del interlocutor, o de axiomas que apelan a la fuerza de la evidencia, los teoremas son proposiciones demostrables. Los escolios subrayan ciertas consecuencias de las mismas.
TEOREMA 1: El imperialismo no se disuelve en la mundialización mercantil.
El imperialismo es la forma política de la dominación que corresponde al desarrollo desigual y combinado de la acumulación capitalista. Este capitalismo moderno cambia de apariencia. No desaparece. Pasó, en el transcurso de los siglos pasados, por tres grandes etapas: la de las conquistas coloniales y de las ocupaciones territoriales (imperios coloniales francés y británico); la de la dominación del capital financiero o "estadio supremo del capitalismo" analizado por Hilferding y Lenin (fusión del capital industrial y bancario, exportación de capitales, importación de materias primas); después de la Segunda Guerra Mundial, la de la dominación compartida del mundo, de las independencias formales y del desarrollo dominado.(1)
La secuencia abierta por la Revolución Rusa finalizó. Una nueva fase de la mundialización imperial, que se reenlaza con las lógicas de la dominación financiera aparecidas antes de 1914, está a la orden del día.
La hegemonía imperial se ejerce de ahora en delante de múltiples modos: por la dominación financiera y monetaria (que permite controlar los mecanismos del crédito), por la dominación científica y técnica (casi monopolio sobre las patentes), por el control de los recursos naturales (aprovisionamiento energético, control de las vías comerciales, patentado de los organismos vivos), por el ejercicio de una hegemonía cultural (reforzada por el desarrollo mediático desigual) y, en última instancia, por el ejercicio de la supremacía militar (ostensiblemente puesta en escena en las guerras del Golfo o de los Balcanes).(2)
Dentro de esta nueva configuración del imperialismo mundializado, la subordinación directa de los territorios se muestra secundaria con respecto al control de los mercados. De eso resulta un desarrollo muy desigual y muy mal combinado, nuevas relaciones de soberanía (mecanismo disciplinario de la deuda, dependencia energética, alimentaria, sanitaria, pactos militares), y una nueva división internacional del trabajo. Países que podían parecer, hacía veinte o treinta años, los menos mal iniciados en el camino del desarrollo anunciado, se encuentran de vuelta atrapados por la espiral del subdesarrollo. La Argentina volvió a ser un país principalmente exportador de materias primas (la soja se convirtió en su primer producto de exportación). Egipto, que se vanagloriaba en la época de Nasser de su soberanía recuperada (simbolizada por el canal de Suez), de sus éxitos en la alfabetización (proveyendo ingenieros y médicos para los países del Medio Oriente) y de comienzos de una industrialización industrializante (como Argelia bajo Boumedienne), se está convirtiendo en un paraíso para los operadores turísticos. De Argelia mejor ni hablar... Después de las dos crisis de la deuda (1982 y 1994) y la integración al NAFTA, México aparece, más que nunca, como el patio trasero del "coloso del Norte".
La metamorfosis de las relaciones de dominación y de dependencia se traduce especialmente a través de la transformación geoestratégica y tecnológica de las guerras. En la época de la Segunda Guerra Mundial, ya no era posible hablar de guerra en singular y de una sola línea de frentes, sino de varias guerras imbricadas unas con otras.(3) Con mayor razón, desde el fin de la Guerra Fría, las apuestas mezcladas de los conflictos impiden cualquier aproximación maniquea en términos de buenos y malos.
El "bibloquismo" implicaba una nefasta sumatoria simplificadora para delimitar el propio dominio, siguiendo una pobre lógica binaria de la guerra. Todos los conflictos recientes, abordados dentro de la combinación singular de sus apuestas y de sus contradicciones múltiples, nos ilustran acerca de la imposibilidad de ir más allá de una respuesta única que expresaría el punto de vista de un dios que todo lo ve (o de una Internacional concebida como su encarnación laicizada). Si la lógica de guerra depende de una comprensión común, de uno y otro lado de las líneas de fuego, esta comprensión cae a causa de orientaciones prácticas diferenciadas, según la situación concreta de cada protagonista.
En el momento de la Guerra de las Malvinas, la oposición a la expedición imperial de la Inglaterra de Thatcher no obligaba de ninguna manera a los revolucionarios argentinos a apoyar la fuga hacia delante de sus dictadores militares. En el conflicto entre Irán e Irak, el derrotismo revolucionario se imponía frente a esas dos formas de despotismo. En la Guerra del Golfo, la oposición internacional a la operación "Tormenta del Desierto" no implicaba sostén alguno al régimen despótico de Saddam Hussein. Mucho más claro todavía, frente a la intervención de la OTAN en los Balcanes, una comprensión común de la situación debía conducir a la vez a París, Londres, Nueva York o Roma a oponerse a los bombardeos, a apoyar a los jóvenes desertores serbios y a la resistencia armada de los kosovares en su derecho a la autodeterminación.
La mundialización provoca también consecuencias en la estructura de los conflictos. No estamos más en la era de las guerras de liberación y de oposiciones relativamente simples entre dominadores y dominados. De ello resulta un entrecruzamiento de los intereses y una rápida reversibilidad de las posiciones. Es una razón evidente para hacer un balance pormenorizado y extraer algunas lecciones de las dudas, de los errores (a veces), y de las dificultades que pudimos encontrar para situarnos dentro de los conflictos de los últimos años.
Tanto más puesto que el nuevo discurso de la guerra imperial tiende a reemplazar la retórica de la "guerra justa" por el imperativo categórico de una guerra santa, donde el veredicto del Juicio final sería sustituido por el de una Humanidad con mayúscula ventrílocua. Es la lógica misma de la cruzada "ética" predicada por Tony Blair, Bernard Henri Lévy, o Daniel Cohn Bendit: la confusión de la moral con el derecho, como la desaparición de la política entre las fatalidades de un mercado autómata y las "obligaciones ilimitadas" de una ética de la dominación imperial. Si es cierto que "el arma es la esencia de los combatientes", esta guerra nueva, donde el riesgo de morir no es recíproco, tan abrumadora es la supremacía de la tecnología, donde la diferencia entre combatientes y civiles se borra bajo los rayos del castigo aéreo, anuncia barbaridades inéditas. Todavía no poseemos las claves de la morfogénesis del universo político estratégico que ha comenzado.
COROLARIO 1.1: LA SOBERANÍA DEMOCRÁTICA NO SE DISUELVE EN LA HUMANIDAD CON MAYÚSCULA. Hubo un tiempo cuando algunos pretendían administrar la Justicia en nombre de la Historia con mayúscula. Otros (a veces los mismos) pretenden hoy administrarla en nombre de la Humanidad con mayúscula. ¿De dónde se arrogan el derecho de hablar y de juzgar en su nombre? La humanidad no es una sustancia de la que podamos apropiarnos, sino un devenir, una construcción, un proceso de humanización que se desarrolla a través del derecho, las costumbres, las instituciones, en una larga tarea de unificación de las multiplicidades humanas. Entre tanto, invocar una legitimidad humanitaria sirve a veces de máscara a los intereses del poder imperial. En ese sentido, Alain Madelin pudo proclamar con franqueza que la operación Fuerza Aliada "marca el ocaso de una concepción determinada de la política, del Estado y del Derecho": "A partir de ahora, el único soberano absoluto, es el hombre."
Pero, ¿de qué hombre se trata? ¿De un hombre abstracto, sin atributos, sin historia, sin pertenencias sociales? El derecho del más débil así reivindicado aparece extremadamente idéntico a la moral del más fuerte. Dentro del proceso de mundialización desigual, justifica la injerencia del fuerte en el débil y la negación unilateral de las soberanías democráticas.
COROLARIO 1.2: EL DERECHO INTERNACIONAL NO SE DISUELVE EN LA ÉTICA HUMANITARIA. Aún cuando la función de los Estados Nación tal como se constituyó en el siglo XIX está sin lugar a dudas transformada y debilitada, la era del derecho internacional interestatal no está sin embargo permitida. Paradójicamente, Europa ha visto, en estos diez últimos años, surgir más de diez nuevos estados formalmente soberanos y trazarse más de quince mil kilómetros de fronteras nuevas. La reivindicación del derecho a la autodeterminación para los bosnios, los kosovares o los chechenos, queda a todas luces, como una reivindicación de soberanía. Es esta contradicción la que tiende a hacer olvidar la noción peyorativa de "soberanismo" bajo la cual se confunden nacionalismos y chauvinismos nauseabundos con la aspiración democrática legítima a tener una soberanía política que ofrezca resistencia a la pura competencia de todos contra todos.
El derecho internacional todavía está llamado a encaminarse en forma duradera sobre sus dos pilares o a conjugar dos legitimidades: aquella, emergente, de los derechos universales del hombre y del ciudadano (de los cuales, ciertas instituciones como la Corte Penal Internacional constituyen cristalizaciones parciales); y la de las relaciones interestatales (cuyo principio se remonta al discurso kantiano acerca de la "paz perpetua"), sobre los cuales reposan instituciones tales como la Organización de las Naciones Unidas. Sin atribuir a la ONU virtudes que no tiene (y sin olvidar el balance desastroso de su actuación en Bosnia, Somalia o Ruanda), hay que constatar que uno de los fines perseguidos por las potencias comprometidas en la operación Fuerza Aliada era modificar la arquitectura del nuevo orden imperial en beneficio de nuevos pilares que son la OTAN (cuya misión ha sido redefinida y ampliada durante la cumbre por su cincuentenario en Washington) y la Organización Mundial del Comercio.
Heredera de las relaciones de fuerzas surgidas de la Segunda Guerra Mundial, sin ninguna duda, la ONU debe ser reformada y democratizada (el antiparlamentarismo no impide proponer a escala nacional reformas democráticas del modo de escrutinio como la proporcionalidad y la feminización), en beneficio de la Asamblea General y contra el club cerrado del Consejo Permanente de Seguridad. No para pretender conferirle una legitimidad legislativa internacional, sino para actuar de manera que una representación por cierto imperfecta de la "comunidad internacional" refleje la diversidad de los intereses y de los puntos de vista (como lo ilustró, en abril, la toma de posición de los 77 contra el uso unilateral del "derecho de injerencia"). De la misma manera, es urgente desarrollar una reflexión acerca, de las instituciones políticas europeas y acerca de las instituciones judiciales internacionales como el Tribunal de La Haya, los tribunales penales de excepción y la futura Corte Penal Internacional.
ESCOLIO. Actualizar la noción de imperialismo no solamente desde el punto de vista de las relaciones de dominación económica (evidentes), sino como sistema global de dominación (tecnológica, ecológica, militar, geoestratégica, institucional) es de capital importancia, precisamente cuando cabezas que parecían bien amuebladas consideran que esta categoría se volvió obsoleta con el derrumbe de su doble burocrático en el Este, y que el mundo se organiza, de ahora en adelante, en torno a una oposición entre democracias sin adjetivos (dicho de otra manera, occidentales) y barbarie.
Mary Kaldor, quien fue, al comienzo de los años ochenta, conjuntamente con E. P. Thompson, una de las impulsoras de la campaña por el desarme nuclear contra el "exterminismo" y el despliegue de los pershing, afirma hoy que "la distinción característica de la era westfaliana entre paz interior y guerra exterior, ley doméstica ordenada y anarquía internacional, se acabó con la Guerra Fría." Habríamos entrado, a partir de ahora, en una era de "progreso regular hacia un régimen legal global". Es lo que algunos llaman, sin temor a la contradicción en los términos, un "imperialismo ético" y la misma Mary Kaldor, "un imperialismo benigno". Al denunciar "el antiimperialismo pavloviano" de los opositores de la intervención de la OTAN en los Balcanes, Alain Brossat está en la misma línea. Más generalmente, la campaña mediática orquestada en esta ocasión se nutrió de un efecto zoom, de focalización de lo minúsculo, respecto del sufrimiento inmediato (real e intolerable) de los kosovares para eclipsar la profundidad de perspectiva histórica y el contexto internacional, reduciendo de esa manera el acontecimiento a un presente sin raíces y el discurso a una interpelación ética despolitizada.
La negación de la relación de dominación imperial es, en efecto, la condición ideológica que permite modificar los enunciados del conflicto y de reorganizar la visión del mundo alrededor de una oposición entre el Bien (Occidente, las democracias, la civilización) y el Mal (el totalitarismo, los "estados delincuentes" tan caros a la retórica norteamericana, la barbarie). Toda intervención militar está entonces justificada de entrada como defensa de la civilización y expedición puramente punitiva contra los delincuentes internacionales o los terroristas (anteayer Panamá, ayer el Golfo, mañana ¿Colombia?).
TEOREMA 2: EL COMUNISMO (CUALQUIERA SEA LA PALABRA CON LA QUE SE LO DEFINA) NO SE DISUELVE EN LA CAÍDA DEL STALINISMO.
La ideología de la contrarreforma liberal, así como se esfuerza en disolver el imperialismo a la competencia leal de la mundialización mercantil, pretende disolver el comunismo en el stalinismo. El despotismo burocrático sería entonces el simple desarrollo lógico de la aventura revolucionaria, y Stalin el hijo legítimo de Lenin o Marx. Según esta genealogía del concepto, la idea conduce al mundo. El desarrollo histórico y el desastre oscuro del stalinismo se encontrarían ya en potencia en las nociones de la dictadura del proletariado o del partido de vanguardia.
Una teoría social nunca es más que una interpretación crítica de una época. Si se deben buscar las lagunas y las debilidades que la hicieron perder fuerza frente a las evidencias, por cierto aleatorias, de la historia, no se podría juzgar esa teoría según los criterios anacrónicos de otra época. De esta manera, las contradicciones de la democracia, heredadas de la Revolución Francesa, lo impensado del pluralismo organizado, su confusión del pueblo, del partido del Estado, la fusión decretada de lo social y lo político, la ceguera frente al peligro burocrático (subestimado en relación con el peligro principal de la restauración capitalista), habrán sido propicias a la contrarrevolución burocrática en la Rusia de los treinta.
Hay en este proceso termidoriano, elementos de continuidad y de discontinuidad. Sujeta a un número indeterminado de controversias, la dificultad para fechar con precisión el triunfo de la reacción burocrática remite a la asimetría entre revolución y contrarrevolución. La contrarrevolución no es en efecto el hecho inverso o la imagen invertida de la revolución, una especie de revolución al revés. Como muy bien lo dice Joseph de Maistre (quien sabía de eso) a propósito del Termidor de la Revolución Francesa, la contrarrevolución no es una revolución en sentido contrario, sino lo contrario de una revolución. Ella depende de una temporalidad propia donde las rupturas se acumulan y se complementan.
Si Trotsky remonta a la muerte de Lenin el comienzo de la reacción termidoriana, él mismo estima que la contrarrevolución no se consumó sino al comienzo de los años treinta, con la victoria del nazismo en Alemania, el proceso de Moscú, las grandes purgas y el año terrible de 1937. En su análisis de Los Orígenes del Totalitarismo, Hannah Arendt establece una cronología parecida, que fecha en 1933 o 1934 el advenimiento del totalitarismo burocrático propiamente dicho.
Trabajos historiográficos más recientes, como los de Mikhail Gueíter, basados en la experiencia personal y la apertura de los archivos soviéticos llegan, aunque con otras categorías, a conclusiones en el mismo sentido. En Russia, URSS, Russia, Moshe Lewin saca a la luz la explosión cuantitativa del aparato burocrático del Estado a partir del fin de los años veinte. En los años treinta, la represión contra el movimiento popular cambia de escala. No es la simple prolongación de lo que prefiguraban las prácticas de la Tcheka o la cárcel política de las Solovki, sino un salto cualitativo por el cual la burocracia de Estado destruye y devora al partido que había creído poder controlarla.
La discontinuidad demostrada por esta contrarrevolución burocrática es capital desde un triple punto de vista. En cuanto al pasado: la inteligibilidad de la historia que no es un relato delirante contado por un loco, sino el resultado de fenómenos sociales, de conflictos de intereses de salida incierta, de acontecimientos decisivos donde no solamente lo conceptual, sino las masas están en juego. Respecto del presente: las consecuencias en cadena de la contrarrevolución stalinista contaminaron toda una época y pervirtieron por largo tiempo al movimiento obrero internacional. Muchas paradojas y callejones sin salida del presente (comenzando por las crisis recurrentes de los Balcanes) no son entendibles sin la comprensión histórica del stalinismo. Finalmente, respecto del futuro: las consecuencias de esta contrarrevolución, donde el peligro burocrático se revela en su dimensión inédita, pesarán todavía durante un largo tiempo sobre los hombres de las nuevas generaciones. Como lo escribe Eric Hobsbawm, "no se podría comprender la historia del corto siglo veinte sin la Revolución Rusa y sus efectos directos e indirectos".
COROLARIO 2.1: La democracia socialista no puede ser subsumida al estatismo democrático. Hacer aparecer a la contrarrevolución stalinista como consecuencia de los vicios originales de "leninismo" (noción forjada por Zinoviev en el Vº Congreso de la Internacional Comunista, después de la muerte de Lenin, para legitimar la nueva ortodoxia de la razón de Estado) no es solo históricamente errado, es también peligroso para el futuro. Sería entonces suficiente haber comprendido y corregido los errores para prevenir los "vicios profesionales del poder" y garantizar una sociedad transparente.
Si se renuncia al espejismo de la abundancia esa es la lección necesaria de esta desastrosa experiencia que dispensaría a la sociedad de las elecciones y los arbitrajes (si las necesidades son históricas, la noción de abundancia es fuertemente relativa); si se abandona la hipótesis de una transparencia democrática absoluta, fundada sobre la homogeneidad del pueblo (o del proletariado liberado) y la abolición rápida del Estado; si, finalmente, se sacan todas consecuencias de "la discordancia de los tiempos" (las elecciones económicas, ecológicas, jurídicas, las costumbres, las mentalidades, el arte identifican temporalidades distintas; las contradicciones de género y de generación no se resuelven de la misma manera y al mismo ritmo que las contradicciones de clase), entonces se debe concluir que la hipótesis del debilitamiento del Estado y del derecho, en tanto esferas separadas, no significa su abolición decretada, so pena de ver estatizarse la sociedad y no socializarse el poder.
Pues la burocracia no es la consecuencia molesta de una idea falsa, sino un fenómeno social. Por cierto revistió una forma particular dentro de la acumulación primitiva en Rusia o en China, pero tiene raíces en la escasez y en la división del trabajo. Se manifiesta en diversas formas y en distintos grados de manera universal.
Esta terrible lección histórica debe conducir a la profundización de las consecuencias programáticas extraídas a partir de 1979 con el documento de la IVª Internacional, Democracia socialista y dictadura del proletariado, que se refieren específicamente al pluralismo político de principio, la independencia y la autonomía de los movimientos sociales con respecto al Estado y a los partidos, la cultura del derecho y la separación de poderes. La noción de "dictadura del proletariado", evoca, dentro del vocabulario político del siglo XIX, una institución legal: el poder de excepción temporal designado por el Senado romano antinómico de la tiranía, que es entonces el nombre del poder arbitrario.(4) Está sin embargo demasiado cargada de ambigüedades iniciales y asociada en adelante a experiencias históricas demasiado urticantes como para ser usada todavía. Esta constatación no podría sin embargo dispensarnos de replantear la cuestión de la democracia mayoritaria, de la relación entre lo social y lo político, de las condiciones de debilitamiento de la dominación a la que la dictadura del proletariado, bajo la forma "finalmente encontrada" de la Comuna de París, parecía haber dado una respuesta.
ESCOLIO 2.1. La idea de que el stalinismo es algo así como una contrarrevolución burocrática, y no una simple evolución más o menos irreversible del régimen surgido de Octubre, está lejos de contar con el consenso general. Todo lo contrario: contra reformadores liberales y stalinistas arrepentidos se oponen, coinciden en ver en la reacción stalinista la prolongación legítima de la revolución bolchevique. Es en efecto la conclusión a la que llegan los "renovadores" post stalinistas cuando se obstinan en pensar al stalinismo principalmente como una "desviación teórica" y no como una formidable reacción social. Ya era el caso de Althusser, en su Respuesta a John Lewis que hacía del stalinismo una desviación economicista. A causa de su formalismo en fidelidad al hecho comunista inicial, Alain Badiou sigue siendo incapaz de producir un análisis histórico del porqué y del cómo las "secuencias" inauguradas por Octubre o por la revolución china pudieron interrumpirse. Roger Martelli ve por lo pronto en el stalinismo una mutación de la forma partido. Por no dimensionar su rol contrarrevolucionario, Alain Badiou termina situando el "apogeo del comunismo"... ¡después de 1945! En cuanto a Lucien Séve, él estima que la etapa "socialista", concebida como etapa previa a la sociedad comunista se apartaba de ella en lugar de acercarse, bajo las formas de estado gemelas, socialdemócrata y stalinista. Esta última consideración podría proveer material para un debate profundo a condición de articular esta crítica, formal y abstracta en Commencer par les fins, a los debates históricos y estratégicos del período de entreguerras acerca de la revolución permanente y el socialismo en un solo país, no solamente a partir de Trotsky sino también de Gramsci o de Mariátegui.(5) Una vez más, el acento puesto sobre un "error" teórico, desligado de los procesos históricos y sociales de burocratización, sugiere que sería suficiente corregir dicho error para conjurar el peligro burocrático.
El método de la "desviación teórica", al perpetuar el paréntesis en el análisis político de la contrarrevolución burocrática, se compromete en una búsqueda del pecado teórico original y trae como consecuencia una liquidación recurrente no solamente del "leninismo", sino, en gran medida, del marxismo revolucionario o de la herencia del iluminismo: de culpar a Lenin, se pasa rápidamente a culpar a Marx... ¡o de culpar a Rousseau! Si, como escribe Martelli, el stalinismo es primero el fruto de un "desconocimiento", bastaría con una mejor lucidez teórica para prevenir los vicios profesionales del poder burocrático.(6) Sería demasiado, excesivamente simple.
ESCOLIO 2.2. La publicación francesa de Historia del Siglo XX de Eric Hobsbawm fue bienvenida por la izquierda como una obra con salud intelectual, como réplica a la historiografía furetista y a la judicialización histórica al estilo de Stephane Courtois. Esta bien merecida recepción, a menudo teñida de alivio, sin embargo corre el riesgo de dejar sin aclarar la parte sumamente problemática de Historia del Siglo XX. Hobsbawm no niega, por cierto, la responsabilidad de los sepultureros termidorianos, pero la minimiza, como si lo que sucedió hubiera tenido que suceder en virtud de las leyes objetivas de la historia. Apenas vislumbra lo que se hubiera podido hacer de diferente.
Y así llega Hobsbawm a lo que él considera como la paradoja de este extraño siglo: "El resultado más perdurable de la Revolución de Octubre fue salvar a su adversario en la guerra como en la paz, incitándolo a reformarse.(7) Como si se tratara allí de un desarrollo natural de la revolución y no del resultado no fatal de formidables conflictos sociales y políticos, de los cuales ¡la contrarrevolución stalinista no es el menor! La objetivación de la historia que sobrevino llega a la lógica conclusión de considerar que, en 1920, "los bolcheviques cometieron un error, que al mirarlo retrospectivamente, parece capital: la división del movimiento obrero internacional".(8) Si las circunstancias en las cuales fueron adoptadas y aplicadas las veintiuna condiciones de adhesión a la Internacional Comunista exigen un examen crítico, no pudiésemos sin embargo imputar lo divino del movimiento obrero internacional a una voluntad ideológica o a un error doctrinario, sino al choque fundacional de la revolución y a la línea divisoria de aguas entre los que asumieron su defensa (crítica como Rosa Luxemburgo) y los que se asociaron poco o nada a la santa alianza imperialista. El historicismo de Hobsbawm surge de la misma problemática que lleva a algunos, en Francia a proyectar, convencidos, "un congreso de Tours al revés".
Si el período de entreguerras significa para él una "guerra civil ideológica a escala internacional", no enfrenta las clases fundamentales, el capital y la revolución social, sino valores: progreso y reacción, antifascismo y fascismo. Se trata en consecuencia de reagrupar "un extraordinario abanico de fuerzas".
Dentro de esta perspectiva queda poco espacio para un balance crítico de la revolución alemana, de la revolución china de 1926/27, de la guerra civil española y de los frentes populares.
Al no analizar desde lo social la contrarrevolución stalinista, Hobsbawm se contenta con constatar que, a partir de los años veinte, "cuando se asentó la polvareda de las batallas, el antiguo imperio ortodoxo de los zares resurgió intacto, en lo esencial, pero bajo la autoridad de los bocheviques." Por el contrario, no es sino en 1956, con el aplastamiento de la revolución húngara, que "la tradición de la revolución social se agotó" y que "la desintegración del movimiento internacional que le era fiel" constituye la prueba de la "extinción de la revolución mundial" como la de un fuego que se apaga solo. En resumidas cuentas ¡"es sobretodo por la organización que el bolchevismo de Lenin habrá cambiado el mundo". Con esta frase fúnebre se sustrae otra vez una crítica seria de la burocracia, simplemente considerada de paso, como un "inconveniente" de la economía planificada fundada en la propiedad social ¡como si esta propiedad fuera realmente social y como si la burocracia fuera un gasto pequeño y lamentable en lugar de considerarlo un peligro político contrarrevolucionario!
El trabajo de Hobsbawm se sitúa de esta manera en la perspectiva de una "historia historiadora", más que de una historia crítica o estratégica capaz de descubrir las opciones posibles en las grandes bifurcaciones de los hechos.
En Trotsky vivant, Fierre Naville subraya muy fuertemente el alcance de este sesgo metodológico: "Los defensores del hecho consumado, quienesquiera que fuesen, tienen una visión más corta que los hombres políticos. El marxismo activo y militante predispone a una óptica a menudo contraria a la de la historia." Lo que Trotsky llamaba "prognosis", recuerda Naville, se parece más a la anticipación profética que a la predicción o al pronóstico. Los mismos historiadores, que encuentran natural el sentido del hecho cuando el movimiento revolucionario va viento en popa, le buscan inconvenientes cuando las cosas se complican y se hace necesario saber remar contra la corriente. Les cuesta muchísimo concebir el imperativo político de "esbozar la historia a contrapelo" (según la fórmula de Walter Benjamín). "Esto da a la historia, comenta Naville, la posibilidad de desplegar su sabiduría retrospectiva, enumerando y catalogando los hechos, las omisiones, los desaciertos. Pero, lamentablemente, estos historiadores se abstienen de indicar la vía correcta que habría permitido conducir a un moderado a la victoria revolucionaria, o, al contrario, indicar una política revolucionaria razonable y victoriosa dentro de un período termidoriano.
ESCOLIO 2.3. Sería útil algo que poco hizo nuestro movimiento: llevar una discusión más profunda acerca de la noción de totalitarismo en general (de sus relaciones con la época del imperialismo moderno), y sobre la del totalitarismo burocrático en particular. Nos sorprendemos, en efecto, cuando releemos las obras de Trotsky, por el uso frecuente de esta categoría, con la cual, en Stalin, acuña magistralmente la máxima ("¡la sociedad soy yo!") sin dar precisión a su status teórico. El concepto podría considerarse muy útil para pensar a la vez ciertas tendencias contemporáneas (pulverización de las clases en masas, etnización y deterioro tendencial de la política) analizadas por Hannah Arendt en su trilogía sobre los orígenes del totalitarismo, y la forma particular que ellas pudieron mostrar en el caso del totalitarismo burocrático. Esto permitiría también que un uso vulgar y demasiado flexible de esta noción útil sirviera para legitimar ideológicamente la oposición entre democracia (sin calificativos ni adjetivos, en consecuencia burguesa, realmente existente) y totalitarismo como la única causa pertinente de nuestro tiempo.
ESCOLIO 2.4. Insistir en la noción de contrarrevolución burocrática no implica de ninguna manera cerrarse a un debate más pormenorizado sobre el balance de las revoluciones en el siglo. Se trata, al contrario, de retomarlo desde una perspectiva renovada gracias a un replanteamiento crítico mejorado.(9) Los diferentes intentos de elucidación teórica (teoría del capitalismo de Estado, de Mattick a Tony Cliff, de la nueva clase explotadora, de Rizzi a Burnham o Castoriadis, o del Estado obrero degenerado de Trotsky a Mandel), si pudieron tener consecuencias importantes en términos de orientaciones prácticas, son todas compatibles, mediante correcciones, con el diagnóstico de una contrarrevolución stalinista. Si Catherine Samary nos propone hoy la idea de que la lucha contra la nomenclatura en el poder exigía una nueva revolución social y no solamente una revolución política, no se trata, sin embargo, de una simple modificación terminológica. Según la tesis de Trotsky, enriquecida por Mandel, la contradicción principal de la sociedad de transición se situaba entre la forma socializada de la economía planificada y las normas burguesas de distribución en el origen de los privilegios y del parasitismo burocrático. La "revolución política" consistía entonces en ubicar la superestructura política conforme con la infraestructura social adquirida. Es olvidar, subraya Antoine Artous, que "en las sociedades post capitalistas [no solamente en esas sociedades que más valdría no calificar de "post", como si ellas vinieran cronológicamente después del capitalismo, cuando, en realidad, están determinadas por las contradicciones de la acumulación capitalista mundial. D.B.], el Estado es parte integral en el sentido en que juega un rol determinante en la estructuración de las relaciones de producción; y es por este sesgo que, más allá de la forma salarial común, la burocracia, grupo social del Estado, puede encontrarse al interior de las relaciones de explotación con los productores directos".
La continuación de este debate debería llamar la atención sobre las confusiones teóricas ligadas a la caracterización de fenómenos políticos en términos directamente sociológicos, en detrimento de la especificidad del campo y de las categorías políticas. Muchos equívocos atribuidos a la categoría "de Estado obrero", aunque fuera espurio, surgen de allí. Es probablemente también el caso de la noción de "partido obrero", que tiende a referir la función de una fuerza política en un juego de oposiciones y de alianzas, a una "naturaleza" social profunda.
TEOREMA 3: LA LUCHA DE CLASES NO SE DISUELVE EN LAS IDENTIDADES COMUNITARIAS.
Durante un tiempo demasiado largo, el marxismo llamado "ortodoxo" atribuyó al proletariado una misión según la cual su conciencia al reunirse con su esencia, volviéndose en suma lo que él es, sería el redentor de la humanidad entera. Las desilusiones del día siguiente son, para muchos, proporcionales a las ilusiones de la víspera: por no haberse transformado en un "todo", este proletariado sería, a partir de ese momento, reducido a menos que nada.
Conviene comenzar recordando que la concepción de la lucha de clases en Marx no tiene mucho que ver con la sociología universitaria. Si prácticamente no se encuentra en él un enfoque estadístico de la cuestión, no es principalmente en razón del estado embrionario de la disciplina en ese momento (el primer Congreso Internacional de Estadística data de 1854), sino por una razón teórica más fundamental: la lucha de clases es un conflicto inherente a la relación de explotación capital/trabajo que rige la acumulación capitalista y resulta de la separación entre productores y medios de producción. No se encuentra entonces en Marx ninguna definición clasificatoria, normativa y reductora de las clases, sino una concepción dinámica de su antagonismo estructural, a nivel de la producción, de la circulación como de la reproducción del capital: en efecto, las clases jamás son definidas solamente a nivel del proceso de producción (del cara a cara entre trabajador y patronal en la empresa), sino determinadas por la reproducción del conjunto donde entran en juego la lucha por el salario, la división del trabajo, las relaciones con los aparatos del Estado y con el mercado mundial. De eso resulta claramente que el proletariado no está definido por el carácter productivo del trabajo que aparece notoriamente en el Libro II del Capital, con respecto al proceso de circulación. En sus aspectos centrales, estas cuestiones fueron tratadas y discutidas ampliamente en los años setenta, en clara oposición a las tesis entonces defendidas tanto por el Partido Comunista en su tratado sobre El capitalismo monopolista de Estado, como inversamente por Poulantzas o por Baudelot y Establer.(10)
Marx habla generalmente de los proletarios. En general, en el siglo XIX, se hablaba de las clases trabajadoras en plural. Los términos en alemán, Arbeiterklasse, e inglés, working class, se mantenían bastante generales, mientras que el término classe ouvriere, corriente en el vocabulario político francés, conlleva una connotación sociológica restrictiva propicia a los equívocos: remite al proletariado industrial moderno, excluyendo al asalariado de los servicios y del comercio, aunque éste sufre condiciones de explotación análogas, desde el punto de vista de su relación con la propiedad privada de los medios de producción, de su ubicación en de la división del trabajo, o más aún de la condición asalariada y del monto de su remuneración.
Michel Cahen opina con razón que, a pesar de haber aparentemente perdido actualidad, el término proletariado sea quizás teóricamente preferible al de clase obrera. En las sociedades desarrolladas representa efectivamente entre dos tercios y cuatro quintos de la población activa. La cuestión interesante no es la de su desaparición anunciada, sino la de sus metamorfosis sociales y de sus representaciones políticas, dando por entendido que su vertiente industrial propiamente dicha, aun cuando conoció un descenso efectivo en el transcurso de los últimos veinte años (de 35% a 26% más o menos de la población activa), todavía está lejos de la extinción. Así lo remarcan Beaud y Pialoux en su estudio sobre Mont béliard.(11). Más bien "se había vuelto invisible", y las ciencias sociales universitarias no dejan de tener responsabilidad en este ocultamiento.
Por el contrario, es significativo que Boltanski y Chiapello retornen hoy a un análisis crítico del capitalismo contemporáneo, recolocando en el corazón de sus contradicciones el lazo orgánico entre explotación y exclusión. Además, el endurecimiento de las relaciones de clase hay que encararlas desde una perspectiva internacional. Entonces se hace evidente lo que Michel Cohén llama "la proletarización del mundo". Mientras que en 1900, sumaban alrededor de 50 millones los trabajadores asalariados de una población global de 1000 millones, hoy en día son alrededor de 2000 sobre 6000 millones.
La cuestión es entonces de orden teórico, cultural y específicamente político más que estrictamente sociológico. La noción de clases es en sí misma el resultado de un proceso de formación (cf. E. P. Thompson. La formación de la clase obrera inglesa), de luchas y de organización, en el curso del cual se constituye la conciencia de un concepto teórico y de una auto-determinación nacida de la lucha: el sentimiento de pertenencia de clase es tanto el resultado de un proceso político de formación como de una determinación sociológica. El debilitamiento de esta conciencia, ¿significa entonces recíprocamente la desaparición de las clases y de sus luchas? Este debilitamiento, ¿es coyuntural (vinculado a los flujos y reflujos de la lucha) o estructural (como resultado de los nuevos procedimientos de dominación, no solo sociales sino también culturales e ideológicos, de lo que Michel Surya llama "el capitalismo absoluto"), siendo los discursos de la posmodernidad su expresión ideológica? En otras palabras, si la efectividad de la lucha de clases está ampliamente verificada en lo cotidiano, ¿la fragmentación y el individualismo posmodernos permiten todavía concebir el renacimiento de colectividades solidarias?
La generalización del fetichismo mercantil y de la alineación consumista, el frenesí por lo efímero e inmediato, ¿permiten que renazcan proyectos duraderos, más allá de momentos de fusión intensa sin porvenir?
Diversas corrientes de la sociología crítica insisten, dentro de este contexto, en la dimensión constructivista de la noción de clase. Pero el constructivismo es una denominación amplia. Si se trata de decir que toda noción teórica es una elaboración (ningún concepto, comenzando por el de perro, es el puro reflejo de una sustancia), es una banalidad. Si se trata de decir que todo concepto es una pura convención de lenguaje y el efecto de relaciones de fuerzas dentro del campo teórico, sin tener que rendir cuentas a la realidad, es lisa y llanamente una recaída en el idealismo mal concebido. En ese caso extremo, habría una paradoja constructivista: si la lucha de clases fuera antes que nada un efecto de lenguaje, eso sería una razón más para estructurar la representación del mundo en términos de clase contra sus representaciones en términos de enfrentamientos raciales, étnicos o confesionales.
En efecto, desdibujar la lucha de clases (especialmente en su dimensión internacionalista) y la crisis de las legitimidades nacionales alimentan en los tumultos de la mundialización mercantil, una reformulación racial o religiosa de los conflictos comunitarios. Lejos de reducirse a un cambio tardío propio del totalitarismo burocrático disociado de sus elementos constitutivos, los impulsos purificadores en marcha en los Balcanes se inscriben dentro de una tendencia planetaria mucho más general e inquietante pero de un forma diferente a la que imaginan las inteligencias serviles de la OTAN cuando se contentan con verlos como los últimos sobresaltos del totalitarismo "comunista".
Una de las tareas teóricas prioritarias debería relacionarse entonces no solamente con las metamorfosis sociológicas del asalariado, sino con las transformaciones en curso de la relación salarial en términos de régimen de acumulación, tanto desde la perspectiva de la organización del trabajo como de las regulaciones político jurídicas y de lo que Frederic Jameson llama "la lógica cultural del capitalismo tardío". La crítica del ultraliberalismo, en reacción a la contrareforma de los años Thatcher Reagan corre, en efecto, el riesgo de equivocarse de meta si, obsesionada por la imagen de una selva mercantil en pos de una desregulación salvaje, no mide las reorganizaciones y los intentos de re regulación en curso. La dominación del capital, como lo recuerden acertadamente Boltanski y Chiapello no podría durar bajo la forma desnuda de una explotación opresión sin legitimidad ni justificación (no hay imposición duradera sin hegemonía, decía de otra manera Gramsci...).
ESCOLIO 3.1. Lo que está a la orden del día, es entonces la redefinición de una estructura global, de una organización territorial, de relaciones jurídicas, que renueven en función de las fuerzas productivas actuales (nuevas tecnologías) las condiciones generales de acumulación del capital y de la reproducción social. Es en este marco donde se inscriben las crisis de transformación de las fuerzas políticas tradicionales, la democracia cristiana, los conservadores británicos, la derecha francesa, y el cuestionamiento de la función que ellas cumplían desde la guerra en el marco del compromiso del Estado nacional; y es también en ese marco, donde se inscriben las transformaciones de los partidos socialdemócratas, cuyas élites, a través de la privatización del sector público y la fusión de las élites privadas con la nobleza de Estado, están cada vez más integradas orgánicamente a los estratos dirigentes de la burguesía. Alimentados por las debilidades de las formaciones burguesas tradicionales en plena reconversión, esos partidos están llamados a menudo a asumir transitoriamente el protagonismo del aggiornamiento del capital, arrastrado hacia su órbita, los restos de los partidos post stalinistas sin proyecto y la mayor parte de los partidos verdes sin resistencia doctrinaria a la institucionalización acelerada.
Lo que se perfila entonces, tanto en el manifiesto por una tercera vía de Blair-Schroder, como por a través de proyectos de una Europa social de mínimos, debatidos durante la cumbre europea de Lisboa, o más aún por medio de maniobras de la patronal francesa sobre el tema de la "refundación social", no es un liberalismo sin reglas, sino una nueva relación salarial inscrita en una forma inédita de liberal-corporativismo o liberal-populismo. En efecto, habría que ser peligrosamente miope para imaginar al populismo de mañana solamente bajo la forma tan particularmente francesa de un soberanismo a la manera de Pasqua-Villiers. La cruzada a favor del accionariado asalariado, los fondos de pensión (en detrimento de la solidaridad), y la "refeudalización" del lazo social (denunciada por Alain Supiot) por la primacía jurídica del contrato individual (a menudo sinónimo de subordinación personal en sociedades fuertemente desiguales) por encima de la relación impersonal con la ley, todo eso perfila, en efecto, una nueva asociación corporativa capital-trabajo, en la cual una pequeña franja de ganadores podría salvarse en perjuicio de la masa de víctimas de la mundialización. En ciertas situaciones, esta tendencia es perfectamente compatible con formas convulsivas de nacional-liberalismo a la manera de Putin o de Haider.
Por otra parte, es por eso que es perfectamente inoperante y posiblemente engañoso, tratar el caso Haider por analogía con los años treinta, en lugar de vincularlo con las formas contemporáneas y probablemente inéditas del peligro, legitimando en nombre de antifascismo reflejo de la unión sagrada basada en la conciencia limpia consensuada. Si es justo participar en las movilizaciones contra Haider (sin olvidar, sin embargo, las complacencias de una parte de sus detractores bien pensantes con Berlusconi, Fini, Millon, Blanc y otros) y, sobre todo apoyar aquéllas de la de la juventud austríaca en lugar de aislarla con un estúpido boicot, lo cual podría contribuir a no olvidar que Haider es primeramente también un producto de trece años de coalición entre conservadores y socialdemócratas, de una determinada opción de construcción de la unidad europea y de políticas de austeridad que le permitieron llegar adonde está.
Más que representar farsas de las tragedias de ayer o de anteayer, sería entonces imperante pensar las formas singulares que pueden asumir las amenazas en el mundo de hoy, el rol de los regionalismos en la reconfiguración europea, los matrimonios entre nacionalismo y liberalismo. A su manera, a Haider no le falta por cierto humor negro cuando proclama "Blair y yo contra las fuerzas del conservadurismo".(12) Nuestros dos partidos, precisa, "quieren escapar a las rigideces del Estado benefactor sin crear injusticia social". Los dos quieren "la ley y el orden". Los que consideran que los que están en condiciones de trabajar no deben ser incentivados para la inactividad por medio de las formas de asistencia (lo mismo que dice la Medef [la patronal] francesa para justificar el Care). Los dos estiman que "la economía de mercado, a condición de ser flexibilizada, puede crear nuevas oportunidades para los asalariados y las empresas." El Partido Laborista así como el FPÓ tienen entonces un acercamiento "no dogmático a aquel mundo en plena transformación en el que vivimos", mientras que "las viejas categorías de izquierda y derecha se vuelven caducas": "Blair y el Laborismo, ¿son de derecha so pretexto de aceptar los acuerdos de Scbengen y de ser favorables a una legislación estricta acerca de la inmigración?", pregunta Haider. Y responde, "si Blair no es un extremista, entonces Haider no lo es tampoco".
A buen entendedor... Hay que agregar que el regional populista Haider es tan partidario de la OTAN como lo es Blair, ¡y aun más partidario que él del euro!
ESCOLIO 3.2. La reciente aparición de un texto inédito de Lukács, de 1926, en defensa de Historia y conciencia de clase, aporta una aclaración interesante que invalida hasta cierto punto las interpretaciones ultrahegelianas de Lukács según las cuales el Partido sería finalmente la forma encontrada del Espíritu absoluto. (13) Atacado por "subjetivismo" por Rudas y Déborine durante el Vº Congreso de la Internacional Comunista el de la bolchevización zinovievista, Lukács rechaza el argumento de Rudas, según el cual el proletariado está condenado a actuar conforme a su ser y la tarea del partido se reduce a "anticipar ese desarrollo". Para Lukács, el rol específico (político) del partido surge del hecho de que la formación de la conciencia de clase choca constantemente con el fenómeno del fetichismo y de la cosificación. Como lo señala Slavo Zizek en su epílogo, el partido juega en él el papel de término medio en el silogismo entre la historia (lo universal) y el proletariado (lo particular), en tanto que para la socialdemocracia, el proletariado es el término medio entre la historia y la ciencia (encarnada por el partido educador) y en el stalinismo, el partido se vale del sentido de la historia para legitimar su dominación sobre el proletariado.
TEOREMA 4: LA DIFERENCIA CONFLICTUAL NO SE DISUELVE EN LA DIVERSIDAD AMBIVALENTE.
Como reacción contra una representación reduccionista del conflicto social al conflicto de clase, es la hora de la pluralidad de los espacios y de las contradicciones. En su singularidad concreta e irreductible, cada individuo es en efecto una combinación original de pertenencias múltiples. La mayor parte de los discursos de la postmodernidad, como ciertas tendencias del marxismo analítico, llevaron esta crítica antidogmática hasta la disolución de las relaciones de clase en las aguas turbias del individualismo metodológico. No son solamente las oposiciones de clase, sino más generalmente las diferencias conflictivas, que se diluyen entonces en lo que ya Hegel llamaba "una diversidad sin diferencia": una constelación de singularidades indiferentes.
Es cierto que lo que pasa por ser una defensa de la diferencia se reduce a menudo a una tolerancia liberal permisiva que es el reverso consumista de la homogeneización mercantil. Frente a ese simulacro de diferencia y a su individualismo sin individualidad, las reivindicaciones identitarias tienden al contrario a hipostasiar y naturalizar la diferencia de género o de raza. No es la noción de diferencia la que es problemática (ella permite construir oposiciones estructurantes), sino su naturalización biológica o su absolutización identitaria. Así, mientras que la diferencia es una mediación en la construcción de lo universal, la extrema dispersión por sí misma lleva a la renuncia de esta construcción. Cuando se renuncia a lo universal, afirma acertadamente Alain Badiou, lo que triunfa es el horror universal.
Esta dialéctica de la diferencia y de la universalidad está en el corazón de las dificultades que frecuentemente nos cuesta resolver, como lo ilustran las discusiones y las incomprensiones acerca de la igualdad o del rol del movimiento homosexual. A diferencia del movimiento que proclama la abolición de las diferencias de género en beneficio de prácticas sexuales no exclusivas, hasta rechazar toda afirmación colectiva duradera lógicamente reduccionista, Jacques Fortín, en su Adieu aux normes, esboza una dialéctica de la diferencia afirmada por constituir una relación de fuerza frente a la opresión y de su debilitamiento deseado en un horizonte de universalidad concreta.
El discurso proclama, al contrario, la eliminación inmediata de las diferencias. Su retórica del deseo, en la que se pierde la lógica de las necesidades sociales, es el adelantado de un deseo de consumación compulsivo. El sujeto, viviendo en el momento una sucesión de identidades sin historia, no es más el (la) homosexual militante, sino el individuo cambiante, no específicamente sexuado o definido por su raza, sino simple espejo roto de sus sensaciones y sus deseos. No es para nada sorprendente que este discurso haya tenido una buena acogida por parte de la industria cultural norteamericana, puesto que la fluidez reivindicada por el sujeto está perfectamente adaptada al flujo incesante de los intercambios y de las modas. Al mismo tiempo, la transgresión que representaba un desafío a las normas y anunciaba la conquista de nuevos derechos democráticos se banaliza como momento lúdico constitutivo de la subjetividad consumista.
Paralelamente, ciertas corrientes oponen a la categoría social de género, la "más concreta, específica y corporal" de sexo. Pretenden sobrepasar el "feminismo del género" en beneficio de un "pluralismo sexual". No es sorprendente que un movimiento tal implique un rechazo simultáneo del marxismo y del feminismo crítico. Las categorías marxistas habrían, en efecto, proporcionado una herramienta eficaz para pensar las cuestiones de género directamente ligadas a las relaciones de clase y a la división social del trabajo, pero para comprender "el poder sexual" y fundar una economía de los deseos distinta de la de las necesidades, sería necesario inventar una teoría autónoma (inspirada en la biopolítica "foucaltiana").
Al mismo tiempo, la nueva tolerancia mercantil del capital hacia el mercado gay conduce a atenuar la idea de su hostilidad orgánica hacia orientaciones sexuales improductivas. Esta idea de un antagonismo irreductible entre el orden moral del capital y la homosexualidad permitía creer en una subversión espontánea del orden social por medio de la simple afirmación de la diferencia: era suficiente que los homosexuales se proclamaran como tales para estar en contra de él. La crítica de la dominación homofóbica puede entonces terminar en el desafío de la autoafirmación y en la naturalización estéril de la identidad. Si, al contrario, las características de hetero y homosexualidad son categorías históricas y sociales, su relación conflictiva con la norma implica la dialéctica de la diferencia y de su superación, reivindicada por Jacques Fortín.
Esta problemática, evidentemente fecunda cuando se trata de las relaciones de género o de comunidades lingüísticas y culturales, no deja de tener consecuencias en lo que concierne a la representación misma de los conflictos de clase. Ulrich Beck ve en el capitalismo contemporáneo la paradoja de un "capitalismo sin clase". Lucien Séve no teme afirmar que, "si hay por cierto una clase en un polo de la constricción, el hecho desconcertante es que no hay clase en el otro". El proletariado se habría disuelto en la alineación generalizada; se trataría entonces, a partir de ahora, "de librar una batalla de clase no ya en nombre de una clase sino de la humanidad".
O bien se trata allí, en la tradición marxista, de una banalidad que consiste en recordar que la lucha por la emancipación del proletariado constituye, bajo el capitalismo, la mediación concreta de la lucha por la emancipación universal de la humanidad. O bien, se trata de una innovación teórica colmada de consecuencias estratégicas, por lo demás presentes en el libro de Lucien Séve: la cuestión de la apropiación social no es más esencial a sus ojos (es lógico, en consecuencia, que la explotación se vuelva secundaria con respecto a la alienación universal); la transformación social se reduce a "transformaciones [¿de "desalienación"?], no más súbitas, sino permanentes y graduales"; la cuestión del Estado desaparece en la de la conquista de los poderes (título, en otro tiempo, de un libro de Gilles Martinet), "la formación progresiva de una hegemonía conduce tarde o temprano al poder en las condiciones de un consentimiento mayoritario", sin enfrentamientos decisivos (de Alemania a Portugal pasando por España, Chile o Indonesia, este "consentimiento mayoritario" sin embargo ¡hasta el día de hoy nunca se ha verificado! Encontramos el mismo tenor en Roger Martelli, para quien "lo esencial ya no es preparar el traspaso de poder de un grupo a otro, sino comenzar a dar a cada individuo la posibilidad de apropiarse de las condiciones individuales y sociales de su vida". La temática anti-totalitaria muy legítima de la liberación individual desemboca entonces en un placer solitario en el que viene a diluirse la emancipación social.
Si hay por cierto interacción entre las formas de opresión y de dominación, y no un efecto mecánico directo de una forma particular (la dominación de clase) sobre las otras, queda por determinar con más precisión el poder de esas interacciones en una época dada y al interior de una relación social determinada. ¿Se trata solamente de una yuxtaposición de espacios y de contradicciones que pueden dar lugar a coaliciones coyunturales y variables de intereses? En cuyo caso la única unificación concebible procedería de un puro voluntarismo moral. O bien, ¿la lógica universal del capital y del fetichismo mercantil afecta a todas las esferas de la vida social, hasta el punto de crear las condiciones de una unificación relativa de las luchas (sin implicar, sin embargo, por ser tan discordantes los tiempos sociales, la reducción de las contradicciones a una contradicción dominante)?
No se trata de oponer a la inquietud posmoderna una totalidad abstracta fetichizada, sino admitir que la de-stotalización (o de-construcción) es indisociable de la totalización concreta, que no es una totalidad a priori sino un devenir de la totalidad. Esta totalización en proceso pasa por la articulación de la experiencia, pero la unificación subjetiva de las luchas surgiría de una voluntad arbitraria (dicho de otro modo, de un voluntarismo ético) si ella no reposara sobre una unificación tendencia! de las cuales el capital, comprendido allí bajo las formas perversas de la mundialización mercantil, es el agente impersonal.
TEOREMA 5: LA POLÍTICA NO SE DISUELVE NI EN LA ÉTICA, NI EN LA ESTÉTICA.
Hannah Arendt temía que la política terminara por desaparecer completamente del mundo, no solamente por la abolición totalitaria de la pluralidad, sino también por la disolución mercantil que es su cara oculta. Este temor está confirmado por el hecho de haber entrado en una era de despolitización, donde el espacio público está recortado por las fuerzas violentas que acompañan el horror económico y por un moralismo abstracto. Este debilitamiento de la política y de sus atributos (el proyecto, la voluntad, la acción colectiva) impregna la jerga de la posmodernidad. Más allá de los efectos de la coyuntura, esta tendencia traduce una crisis de las condiciones de la acción política bajo el impacto de la compresión espacio temporal. El culto moderno del progreso significaba una cultura del tiempo y del devenir en detrimento del espacio, reducido a un rol accesorio y contingente. Como lo señalaba Foucault, el espacio se había convertido en el equivalente de lo muerto, lo fijo, de la inmovilidad, al oponerlo a la riqueza y la fecundidad dialéctica del tiempo viviente. Las rotaciones endiabladas del capital y el ensanchamiento planetario de su reproducción trastocan las condiciones de su valorización. Es este fenómeno el que expresa el sentimiento, tan intenso desde hace dos décadas, de reducción de la duración al instante y de desaparición del lugar en el espacio.
Si la estetización de la política es una tendencia recurrente inherente a las crisis de la democracia, la admiración por lo local, la búsqueda de los orígenes, la sobrecarga ornamental y el simulacro de la autenticidad revelan sin ninguna duda un vértigo angustiado al comprobar la impotencia de la política puesta frente a condiciones que se han tornado inciertas.
Que la política sea, en una primera aproximación, concebida como el arte del pastor o como el del tejedor, implica en efecto una escala de espacio y de tiempo, de los cuales la ciudad (con su plaza pública y el ritmo de los mandatos electivos) es la forma. Se habla tanto más de ciudadanía que la ciudad y el ciudadano se tornan inhallables en el desorden general de las escalas y de los ritmos. Sin embargo, vivimos siempre "en un período donde hay ciudades y donde el problema de la política surge porque nosotros pertenecemos a. este período cósmico durante el cual el mundo es librado a su suerte". La política no nos libera en cuanto arte profano de la duración y del espacio, de trazar y de desplazar las líneas de lo posible en un mundo sin dioses.
COROLARIO 5.1: LA HISTORIA NO SE DISUELVE EN UN TIEMPO PULVERIZADO SIN MAÑANA. El rechazo posmoderno de los grandes relatos no implica solamente una crítica legítima a las ilusiones del progreso asociadas al despotismo de la razón instrumental. Significa también una de-construcción de la historicidad y un culto a lo inmediato, lo efímero, lo descartable, donde proyectos de mediano plazo no tienen más cabida. En la conjugación de los tiempos sociales desajustados, la temporalidad política es precisamente la del mediano plazo, entre el instante fugitivo y la eternidad inalcanzable. Exige de ahora en más una escala móvil de la duración y de la decisión.
COROLARIO 5.2: EL LUGAR Y EL SITIO NO SE DISUELVEN EN EL SILENCIO TEMIBLE DE LOS ESPACIOS INFINITOS. El desajuste de la movilidad geográfica del capital (moneda y mercancía) con respecto a la inmovilidad relativa o movilidad muy condicional del trabajo aparece como la forma actual del desarrollo desigual que permite las transferencias de plusvalía a la época del imperialismo absoluto: el desarrollo desigual de las temporalidades complementa y relega aquel de los espacios. En consecuencia una escala móvil de territorios, la importancia adquirida por el control de los flujos, el esbozo de un orden mundial muy apoyado en un mosaico de Estados débiles, auxiliares subalternos de la soberanía mercantil.
Ahora bien, la acción colectiva se organiza en el espacio: la reunión, la asamblea, el encuentro, la manifestación. Su poder se inscribe en lugares y el nombre propio del acontecimiento está relacionado con fechas (Octubre, 14 de Julio, 26 de Julio) y a lugares (la Comuna, Petrogrado, Turín, Barcelona, Hamburgo...) como lo subraya Henri Lefebvre, sólo la lucha de clases tiene la capacidad de producir diferencias espaciales irreductibles a la sola lógica económica.
COROLARIO 5.3: LA OPORTUNIDAD ESTRATÉGICA NO SE DISUELVE EN LA NECESIDAD ECONÓMICA. El sentido político del momento, de la oportunidad, de la bifurcación abierta a la esperanza, constituye un sentido estratégico; el de lo posible, irreductible a la necesidad; no el sentido de un posible arbitrario, abstracto, voluntarista, de un posible donde todo sería posible; sino el de un posible determinado por un dominio, donde surge el instante propicio para la decisión ajustada a un proyecto, a un objetivo por alcanzar. Es, a fin de cuentas, sentido de la coyuntura, de la respuesta adecuada a una situación concreta.
COROLARIO 5.4: EL OBJETIVO NO SE DISUELVE EN EL MOVIMIENTO, EL ACONTECIMIENTO EN EL PROCESO. La jerga posmoderna concilia de buen grado el gusto por el acontecimiento sin historia, por el happening sin pasado ni futuro, y el gusto por la fluidez sin crisis, por la continuidad sin ruptura, por el movimiento sin objetivo. En la jerga post stalinista de la resignación, el derrumbe del futuro desemboca lógicamente en el grado cero de la estrategia: ¡vivir el momento aún sin gozar sin trabas! Los ideólogos del mañana desilusionante se conforman, en consecuencia, con predicar un "comunismo que está ahí no más", concebido como un "movimiento gradual, permanente, siempre inacabado, que incluye momentos de sacudidas y de rupturas", (14) Proponen "un nuevo concepto de revolución", "un revolucionamiento sin revolución, una evolución revolucionaria", o más aún un "ir más allá sin demora", hacia una inmediatez extratemporal.(15) Afirman que "la revolución no es más lo que era puesto que no hay más un momento único donde las evoluciones se cristalizan", "no hay más un gran salto, un gran ocaso, ni un umbral decisivo.' (16)
A la luz del social-liberalismo menjunje de izquierda pluralista, este "comunismo que está ahí nomás" hace una triste figura: comunismo, ¿estás ahí?
Ciertamente, no hay un momento revolucionario único, de epifanía milagrosa de la historia, sino momentos de decisión y umbrales críticos. Pero la disolución de la ruptura en la continuidad es la contrapartida lógica de una representación del poder posible de lograr con la desalienación individual: "La formación progresiva de una hegemonía que conduce tarde o temprano al poder dentro de las condiciones de un consentimiento mayoritario", garantiza Lucien Sève. Ese "tarde o temprano" que, a fuerza de dejar el tiempo al tiempo, define una política fuera del tiempo, parece por lo menos imprudente a la luz del siglo y de sus ensayos (España, Chile, Indonesia, Portugal). Ignora sobre todo el círculo vicioso del fetichismo y de la cosificación, las condiciones de reproducción de la dominación.
COROLARIO 5.5: EL ANTAGONISMO NO SE DISUELVE EN LA HEGEMONÍA. La teoría de la hegemonía según Ernesto Laclau y Chantal Mouffe reposa sobre una noción de universalidad a la vez necesaria e imposible. Esta universalidad deja siempre un resto irreductible de particularidad. No existe sino encarnada y subvertida por lo particular. Recíprocamente, la particularidad no accede a la política sino produciendo efectos universalizantes. Siendo imposible una coincidencia perfecta de lo universal y de lo particular, la relación hegemonía implica la producción de significantes tendencialmente vacíos que, aún manteniendo la inconmensurabilidad entre lo universal y lo particular, permiten al segundo representar al primero.
La hegemonía según Laclau aparece entonces como el terreno sobre el que se desarrollan relaciones de representación constitutivas del orden social, "la representación de lo irrepresentable" es la condición misma de la emancipación. La hegemonía requiere la generalización de las condiciones de representación. Ella implica también la no transparencia del representante por el representado, "la irreductible autonomía del significante con respecto al significado".(17) Bajo el manto de la teoría de la representación se esconde, en realidad, una apología de la delegación. La representación, por medio de una fuerza social particular y de una totalidad imposible conduce, en efecto, a privilegiar la lucha política por la democracia sin adjetivos, desligada de la cuestión social y reducida a un consenso negociado: "La única sociedad democrática es la que evidencia permanentemente la contingencia de sus propios fundamentos y mantiene la distinción entre el momento ético y el orden normativo."
COROLARIO 5.6: LA LUCHA POLÍTICA NO SE DISUELVE EN LA LÓGICA DEL MOVIMIENTO SOCIAL. Entre la lucha social y la lucha política, no hay ni muralla China ni compartimentos estancos. La política surge y se inventa dentro de lo social, en las resistencias a la opresión, en el enunciado de nuevos derechos que transforman a las víctimas en sujetos activos. Sin embargo, la existencia de un Estado como institución separada, a la vez encarnación ilusoria del interés general y garante de un espacio público irreductible al apetito privado, estructura un campo político específico, una relación de fuerzas particular, un lenguaje propio del conflicto, donde los antagonismos sociales se manifiestan en un juego de desplazamientos y de condensaciones, de oposiciones y de alianzas. En consecuencia, la lucha de clases se expresa allí de manera mediada bajo la forma de la lucha política entre partidos.
¿Todo es política? Sin duda, pero en cierta medida y hasta un cierto punto. En "última instancia", si se quiere, y de diversas maneras. Entre partidos y movimientos sociales, más que una simple división del trabajo, opera una dialéctica, una reciprocidad, una complementariedad. La subordinación de los movimientos sociales a los partidos significaría una estatización de lo social.
Inversamente, la política al servicio de lo social llevaría rápidamente al lobbying corporativo, a la sumatoria de intereses particulares sin voluntad general. Ya que la dialéctica de la emancipación no es un río largo y tranquilo: las aspiraciones y las expectativas populares son diversas y contradictorias, a menudo divididas entre la exigencia de libertad y la demanda de seguridad. La función específica de la política consiste precisamente en articularlas y conjugarlas.
ESCOLIO 5.6. Comentando la desaparición de disyuntivas elecciones políticas auténticas y el hecho de que la confusión de las alternativas de clase se traduce, en los países anglosajones, en la tendencia a la elaboración de plataformas arcoiris, concebidas como collages incoherentes de slogans que buscan captar a todos a la vez y cuyas prioridades son obtenidas de las encuestas de opinión. Zygmunt Bauman se interroga acerca de las capacidades de los movimientos sociales para aportar una respuesta a la crisis de las políticas. Subraya la manera en que éstas sufren los efectos de la posmodernidad: una vida acotada, una débil continuidad, agregados temporales de individuos reunidos por la contingencia de una dificultad única, y dispersados nuevamente apenas se soluciona el litigio. No es culpa de los programas y de los líderes, precisa Bauman: esta inconstancia e intermitencia reflejan más bien el carácter ni acumulativo ni integrador de los sufrimientos y de las penurias en estos tiempos disonantes. Estos movimientos tienen entonces una pobre capacidad para exigir grandes transformaciones en grandes cuestiones. Son pobres sustitutos de sus predecesores. Esta fragmentación impotente es el fiel reflejo (el fenómeno isomorfo) de la pérdida de soberanía del Estado reducido a una comisaría de la policía de seguridad en medio del laissez faire mercantil.(18)
Zizek ve en la dispersión de los nuevos movimientos sociales la proliferación de nuevas subjetividades sobre el trasfondo de la renuncia, consecuencia de las derrotas del siglo. Este retorno a los estados, a los estatus y a los cuerpos sería la consecuencia lógica de la destotalización y del oscurecimiento de la conciencia de clase. Mediante el rechazo a la política responde a la limitación política de lo social llevada a cabo por las "filosofías políticas" de la última década. Ahora bien, el gesto mismo que pretende trazar el límite entre política y no política, para sustraer ciertos dominios (comenzando por la economía) a la política es "el gesto político por excelencia".(19)
Para Laclau, la emancipación estará indefinidamente contaminada por el poder, de modo que la completa realización significaría la extinción total de la libertad. La crisis de la izquierda sería el resultado de un doble derrumbe de las representaciones del futuro, bajo la forma de la quiebra del comunismo burocrático y de la bancarrota del reformismo keynesiano. Si un renacimiento eventual implica la "reconstrucción de un imaginario social nuevo", la fórmula permanece muy vaga ya que Laclau no encara ninguna alternativa radical. En la controversia que los opone, Zizek insiste, frente a la nueva domesticidad del centro izquierda, en "conservar abierto el espacio utópico de alternativa global, aún si este espacio debe quedar vacío mientras espera su contenido". En efecto, la izquierda debe elegir entre la resignación y el rechazo del chantaje liberal según el cual toda perspectiva de cambio radical debería conducir a un nuevo desastre totalitario.
El mismo Laclau no renuncia al horizonte de unificación. Ve, al contrario, en la dispersión radical de los movimientos, que vuelve impensable su articulación, el fracaso mismo de la posmodernidad. ¿Movimientos acéfalos, reticulares, rizomáticos, obligados por las derrotas a quedar acorralados en una interiorización subalterna del discurso dominante? Pero también redespliegue del movimiento social en los diferentes ámbitos de la reproducción social, multiplicación de espacios de resistencia, afirmación de su autonomía relativa y de su temporalidad propia. Todo esto no es negativo si se va más allá de la simple fragmentación y se piensa en la articulación.
Si no es así, no hay otra salida más que el lobbying disperso (imagen misma de lo subalterno como efecto de la dominación sobre los dominados cf. Kouvelakis) o la unificación autoritaria por medio de la palabra del amo, ya se trate de una vanguardia científica, que reduciría la universalización política a la universalización científica (un nuevo avatar del "socialismo científico") o de una vanguardia ética que la reduciría a la universalidad del imperativo categórico. Sin llegar a conseguir sin embargo, tanto en un caso como en el otro, a pensar el proceso de universalización concreta por medio de la extensión del dominio de la lucha y por su unificación política. No hay otra salida en esta perspectiva sino volver a partir del tema universalizante, el capital mismo, y de los múltiples efectos de dominación producidos por la cosificación mercantil.
Notas
1) Véase Alex Callinicos, "Imperialism Today", en Marxism and the New Imperialism, Bookmarks, Londres 1994.
2) Véase Gilbert Achcar, La Nouvelle guerre froide, PUF, collection Actuel Mane, París 1999.
3) Véase Ernest Mandel, The Meaning of the Second World War, Verso, Londres 1986. Versión en castellano El significado de la Segunda Guerra Mundial, Ed. Fontamara, México 1991. (N. del T.)
4) Véase Garonne, Les révolutionnaires du XI-Xe siècle, Champ Libre, París.
5) Lucien Séve, Commencer par les fins, La Dispute, París l999.
6) Roger Martelli, Le communisme autrement, Syllepse, París 1998.
7) Eric Hobsbawm, L'Age des extremes, Editíons Complexe-Le Monde Diplomatique, París 1999.
8) Ibid., pág. 103.
9) Véanse las contribuciones de Catherine Samary, Michel Lequenne, Antoine Antous en Critique communiste, n° 157, invierno 2000.
10) Nicos Poulantzas, Poder político y clases sociales en el Estado Capitalista, Siglo XXI, México 1969 y Las clases sociales en el capitalismo actual, Siglo XXI, Madrid 1977; Baudelot y Establet, La Petite bourgeoisie en France, Máspero, París 1970. Véase también la colección de revistas Critique de I'économie politique, Critique communiste, Cahiers de la Taupe. 1
11) Stéphane Beaud y Michel Pialoux, Retour sur la condition ouvríère, Fayard, París 1999.
12) Daily Telegraph, 22 de febrero de 2000.
13) Reencontrado recientemente en Hungría, el texto de Lukács ha sido publicado en inglés bajo el título Tailism and Dialectic, seguido de un epílogo de Slavoj Zizek, Verso 2000.
14) Pierre Zarka, Un communisme á usage immédiat, Plón, París 1999.
15) Lucien Séve, Commencer par les fins, op. cit.
16) Rober Martelli, Le comunismo autremement, op.cit.
17) Laclau, op.cit, pág. 66.
18) "Carta de Zigmunt Bauman a Dennis Smith", en Dennis Smith, Zymuni Bauman, Prophet of Post modernity, Polity Press, Cambridge 1999. 19) Zizek, op.cit ., pág. 95.
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* Redación de Correspondencia de Prensa: Daniel Bensaid, es uno de los principales intelectuales marxistas europeos. Militante del Mayo ´68 y de la izquierda radical, es miembro de la Liga Comunista Revolucionaria (sección francesa de la IV Internacional). Profesor de filosofía en la Universidad de París 8 Saint Denis y director de la revista ContreTemps , Bensaid es autor de numerosas obras sobre el marxismo, la economía, los movimientos sociales y el internacionalismo. Uno de sus principales libros, Marx intempestivo. Grandezas y miserias de una aventura crítica , ha sido publicado en castellano por Ediciones Herramienta , Buenos Aires 2003. [En su libro "Les irréductibles", critica fuertemente a lo que se conoce como pos-modernismo francés]. El texto que adjuntamos de forma integra, fue tomado del sitio web de Viento Sur revista de la izquierda alternativa del Estado español: www.vientosur.info
El fantasma del autonomismo
El fantasma del autonomismo
Gilberto López y Rivas
La Jornada
Recientemente fue publicado en Socialismo o Barbarie el artículo de Claudio Katz "Los problemas del autonomismo", en el que a partir de la crítica a las ideas de Antonio Negri y John Holloway termina colocando en un mismo referente de pensamiento a un conjunto heterogéneo de perspectivas teórico políticas de los procesos autonómicos. Desde la experiencia de los pueblos indígenas no es posible coincidir con la imagen de sus autonomías creada por Katz y su utilización genérica del término "autonomismo".
Nunca se ha puesto en duda la matriz clasista impuesta por el capital ni el tipo de Estado en la que se encuentran inmersas las luchas por las autonomías y, en consecuencia, la necesidad de alianzas entre los movimientos indígenas con todos aquellos que plantean reformas democráticas, contra el capitalismo e incluso por la construcción de un nuevo tipo de socialismo.
No ha sido responsabilidad de los pueblos indígenas el poco interés mostrado por partidos y organizaciones de izquierda en el establecimiento de acuerdos para una lucha unificada en los terrenos político, electoral o de movilización social. Hay ejemplos, algunos trágicos, del uso instrumental de los indígenas en los procesos políticos institucionales y aun en los espacios de la guerra revolucionaria.
Los movimientos autonomistas indígenas no hacen un culto de la resistencia popular espontánea. Usualmente sus movimientos son precedidos de largas deliberaciones y, como demuestra la insurrección zapatista de 1994, debieron transcurrir muchos años para el estallido de la rebelión y hasta ahora no se han dado pasos que resulten de la espontaneidad o el aventurerismo políticos. Este movimiento demuestra el valor que se otorga a la conciencia y a la organización de los oprimidos y explotados en la lucha contra un Estado que busca acotarlos e incluso destruirlos política y militarmente.
Las formas de organización política de la democracia directa surgidas de los procesos autonómicos indígenas no pueden ser aplicadas como una fórmula que organice la sociedad nacional y el Estado en sus múltiples ámbitos y complejidades. Sin embargo, ha sido precisamente la ausencia de participación de la sociedad y de los trabajadores en particular en el ejercicio del poder y el control estatal lo que caracterizó y, en parte, dio al traste con la experiencia del socialismo real.
Al destacar la participación de todo el pueblo en las juntas de buen gobierno, por ejemplo, no se pretende que estas formas de autogobierno se generalicen o se idealicen, obviado sus limitaciones y obstáculos impuestos por la contrainsurgencia y el avance expropiatorio neoliberal.
No obstante, su existencia en los espacios zapatistas es una realidad que debiera motivar su análisis para concebir formas de organización y participación ciudadanas y populares que sustituyan a las maquinarias burocráticas que ignoran los mandatos de las mayorías. ¿De qué manera puede perjudicar la lucha por la construcción del socialismo defender la auto organización y resaltar los valores solidarios y comunitarios? Particularmente en el caso de los mayas zapatistas no se hace una apología de su experiencia ni se pone como un "modelo a seguir" para la edificación de la sociedad presente y futura.
No es acertado extender a la autonomía indígena la crítica expresada por Katz de que "los autonomistas magnifican el papel de los excluidos en desmedro de los asalariados tradicionales porque atribuyen mayor peso a las relaciones de dominación que a las formas de explotación", cuando es precisamente el etnomarxismo la perspectiva desde la cual se ha insistido en que la dominación basada en factores étnicos constituye una forma concentrada y adicional de la explotación capitalista y esta corriente ha hecho oportunamente la crítica al etnicismo, que en el seno del movimiento indígena pretende establecer una dicotomía insalvable entre el mundo indígena (profundo) y el no indígena (imaginario), haciendo a un lado el análisis de clase.
Las autonomías indígenas no ignoran al Estado ni al poder que ejerce a partir del monopolio de la violencia legalizada por un marco jurídico y "legitimada" por una hegemonía de clase. Bajo esta premisa, se considera a las autonomías como formas de resistencia y de conformación de un sujeto autonómico que se constituye en un interlocutor frente al Estado y frente al cual impone una negociación, pero paralelamente, si ésta fracasa, se va construyendo la autonomía de facto. Por ello, las autonomías no se otorgan, se conquistan a través de cruentos levantamientos y extensas movilizaciones. Los autogobiernos no son considerados "islotes libertarios dentro del universo capitalista".
En Leer un video, los zapatistas señalan claramente: "el nuestro no es un territorio liberado ni una comuna utópica. Tampoco el laboratorio experimental de un despropósito o el paraíso de la izquierda huérfana". Los indígenas no difunden una imagen idílica de sus movimientos "suponiendo que estos agrupamientos avanzan saltando todos los obstáculos", crítica de Katz que no parece fundarse en la investigación empírica ni en un conocimiento profundo de la autonomía indígena. En la amplia bibliografía que consultó no existe ningún texto escrito por los mismos actores de la experiencia autonómica. Por eso me atrevo a dar un consejo: si se desea debatir sobre la autonomía sería bueno conocer lo que expresan directamente los implicados y no simplemente refutar a teóricos que interpretan la experiencia, quienes muchas veces en lugar de enriquecerla, la empobrecen. Desde luego, si se busca que el debate sea productivo y no un concurso de citas escogidas a modo.
Multitudes ventrílocuas
Multitudes ventrílocuas
Daniel Bensaid
Viento Sur
Traducción: Alberto Nadal
El último libro de Michael Hardt y Toni Negri, Multitud (Debate, Madrid, 2004), continúa la reflexión emprendida en Imperio. Los autores responden a algunas críticas y objeciones, aclaran posibles malentendidos y precisan su pensamiento. Multitud se compone de tres grandes partes: la que trata de la noción de multitud hace de pivote entre una primera parte dedicada a la guerra y una tercera, prospectiva, a la democracia. Este libro confirma que hay importantes puntos de convergencia y de encuentro: sobre la importancia concedida al estado de guerra permanente en la determinación de la situación mundial, sobre la atención prestada a la cuestión de la propiedad y a las contradicciones exacerbadas entre socialización del trabajo (y, en particular, del intelectual e inmaterial) y la apropiación privada, sobre el hilo conductor que constituye la cuestión democrática en cualquier proyecto de emancipación. No podemos abordar, en los límites de este artículo, la discusión de todas estas cuestiones. Nos reduciremos a la discusión sobre la noción de multitud, en torno a la cual se articula la problemática de los autores.
Popularizada por Paolo Virno /1 así como por Michael Hardt y Toni Negri, la noción de multitud tiene un gran eco en América Latina y en algunos países europeos. El éxito se debe sin duda a su acierto descriptivo. El término parece recoger bien la diversidad de los movimientos populares, reflejando la amplitud de los fenómenos de exclusión (el ejemplo emblemático son los piqueteros argentinos) y la extensión del trabajo precario e informal, pero también la preocupación de muchos movimientos sociales por hacer valer sus intereses específicos, sin ser ahogados en la abstracción de un hipotético interés general o subordinados a una "contradicción principal" que los convierte en "secundarios": movimientos feministas, ecologistas, homosexuales, y también asociaciones de parados, campesinos sin tierra, cocaleros bolivianos, movimientos indígenas de México o de Ecuador, etc.
Paolo Virno establece un vínculo, que no es sólo simultaneidad, entre las manifestaciones de Seattle o de Génova, y los "cacerolazos" de Buenos Aires /2, que muestran la irrupción de la multitud como nuevo sujeto de la emancipación. Son una importante consecuencia del final de la fábrica fordista y de la integración masiva de la comunicación intelectual y lingüística como recurso productivo. Desaparece la distinción entre productor y ciudadano, entre esfera privada y esfera pública, en favor de un espacio común mixto. De esta indiferenciación posmoderna surge la multitud. Seattle, Génova o Buenos Aires expresan nuevas formas de vida y de subjetividad, colocándonos ante "el desafío de inventar nuevas formas políticas" de democracia no representativa (a no confundir, precisa Virno, con las formas simplificadas de democracia directa): foros de ciudadanos, reapropiación por la multitud de los saberes y poderes confiscados por los aparatos burocráticos de Estado.
Hay también otra razón para la propagación de la noción de multitud y el interés que suscita en los movimientos sociales: su indeterminación conceptual hace su manejo mucho más cómodo si permanece teóricamente flotante y ambiguo. Intentaremos aclarar aquí algunos aspectos de este debate, con la prueba de sus posibles implicaciones estratégicas.
¿Una categoría filosófica?
No me detendré en el aspecto sociológico de la controversia. Las precisiones de Hardt y Negri en Multitud, y las de Virno en su Gramática de la multitud, despejan algunas dudas y malentendidos. Los tres afirman claramente que el uso del término multitud no significa en absoluto la desaparición del proletariado, ni siquiera de la clase obrera industrial. Pone sólo el acento en el declive relativo de esta última en favor de una nueva hegemonía, la del (impropiamente) llamado por Hardt y Negri "trabajo inmaterial". No se trata de una hegemonía numérica y cuantitativa, como tampoco lo fue la hegemonía naciente del trabajo industrial en el siglo XIX en unas sociedades muy agrarias, sino del auge de una minoría sociológica cuya función ascendente impregna y determina al conjunto de las relaciones sociales. Saliendo del estrecho marco de la producción, este trabajo cognitivo, "afectivo", "relacional" oo "biopolítico", encubre un "enorme potencial de transformación social positiva", al producir directamente relaciones sociales.
La discusión no consiste en una disputa estadística (aunque no sería inútil, dadas las extrapolaciones superficiales a que dan lugar las metamorfosis del trabajo), sino en la evaluación de esta nueva hegemonía naciente, característica de la época imperial, la dominación absoluta del capital sobre la vida y la entrada en la era biopolítica anunciada por Foucault.
Aunque el hecho de poner nombre tenga su importancia, hay que evitar caer en una querella terminológica. Por mi parte, mantengo que estas precisiones, alejándose de las fantasías de moda sobre la desaparición de los antagonismos de clase, pueden ser explicadas en términos de una extensión del proletariado (en el sentido amplio e inicial del término en Marx), incluso de una "proletarización del mundo", una vez superados los equívocos de una teoría de clases reducida a la esfera de la producción o de la circulación /3 y extraídas todas las consecuencias del lugar que da "El Capital" al inconcluso capítulo sobre las clases o, al final del libro, al proceso de reproducción de conjunto del capital. Este proceso debe tener en cuenta el papel del estado, de la familia, de la escuela, del hábitat, en la reproducción. En este sentido, Marx y Engels (en particular en su "La situación de la clase trabajadora en Inglaterra" pueden ser considerados en algunos aspectos como precursores de la biopolítica foucaultiana.
Para evitar un falso debate hay que señalar que, según sus propios promotores, "la noción de multitud no disloca el concepto de clase" (Paolo Virno), que "la multitud es un concepto de clase" en un "sentido biopolítico", y que en realidad se trata de "reactivar el proyecto político de la lucha de clases" (Hardt y Negri). Levantamos acta: la multitud no sustituye a las clases. En autores marcados por el "operarismo" italiano de los años 70, el desplazamiento terminológico pretende probablemente exorcizar una concepción obrerista reduccionista del proletariado. No es nuestro problema.
Desde las primeras páginas, Hardt y Negri definen Multitud como "un libro filosófico". La apuesta de su innovación conceptual se sitúa sobre todo en el terreno conceptual de la filosofía, y no en el de la sociología. Siguiendo a Virno, precisan que "multitud" no es una noción alternativa a la de clase, sino a las de pueblo (dotada de una homogeneidad imaginaria), masas (indiferenciadas a pesar del uso del plural) o clase obrera (reducida a la clase obrera industrial). Los tres destacan su oposición a la categoría de pueblo, estrechamente asociada a la soberanía, en el caso de Hobbes, y a la voluntad general, en el de Rousseau. A pesar de sus distintos presupuestos antropológicos, tienen en común el espectro de un pueblo fusionador, unitario e indivisible, a semejanza de la monarquía absoluta o de la República "una e indivisible", es decir, una concepción orgánica del cuerpo del pueblo en lugar del cuerpo del rey. Desde el De cive de Hobbes, el advenimientodel pueblo en el discurso político marca el paso del estado de naturaleza al estado civil, o de la simple agregación mecánica a la asociación orgánica, fundadora de un cuerpo nuevo, no reducible a la simple reciprocidad de los contratos. Hegel insiste también en que "el Estado no es un contrato", y aún menos la suma liberal de los contratos privados.
El concepto de pueblo es uno de los hilos conductores del paradigma político de la modernidad: "Doy a la persona pública el nombre de pueblo, no el de multitud", subraya Hobbes; de ahí la "diferencia entre esta multitud que yo llamo pueblo, que se gobierna regularmente, que compone una persona civil y que sólo tiene una voluntad, y esa otra multitud que es como una hidra de cien cabezas y que sólo puede pretender, en la república, la gloria de la obediencia". El pueblo se vuelve la sustancia propiamente política del orden estatal centralizado, en oposición a la multitud, que representa un desorden "de cien cabezas" (rizomático), una hidra que hay que disciplinar y someter a la gloria de la obediencia pasiva. Según esta perspectiva, el retorno del pueblo a la multitud sería una recaída al estado de naturaleza prepolítica, y la guerra de todos contra todos.
No seamos quisquillosos sobre la atemporalidad filosófica de esta concepción del pueblo, insistiendo en sus evoluciones históricas y las inflexiones de su uso. Pero el pueblo de Michelet, abierto a las diferenciaciones y a los antagonismos sociales, ya no es el "uno e indivisible" (amenazado sólo de división por la sedición interna de las facciones o por los complots externos del extranjero), constitutivo de la soberanía nacional. También se podría citar, con un poco fantasía, al presidente Mao que, lejos de hacer del pueblo un monolito político, invitaba a tomar en consideración "las contradicciones en el seno del pueblo".
Admitamos pues, para evitar una estéril querella de palabras, la multitud proletaria o el proletariado mundializado como figuras del proletariado en la época de la mercantilización mundializada, de la dominación generalizada del capital sobre todas las esferas de la vida social y privada, de la extensión del control biopolítico sobre la vida. Nada garantiza, sin embargo, que esta "multitud" insumisa sea un más allá que el pueblo, y no un más acá prepolítico, retornando a la plebe neopopulista del gusto de Solzhenitsyn. Prefigurando la inquietud de Hannah Arendt o de Walter Benjamin ante las consecuencias totalitarias de la descomposición de las clases en masas, Hegel ya entreveía el desastre de una crisis que iba a conducir al renacimiento de las plebes del Imperio, ávidas tan sólo de pan (consumo) y de juegos (televisados): "Si una gran masa desciende por debajo del mínimo de subsistencia que se considera necesario para un miembro de la sociedad, si pierde el sentimiento del derecho, de la legitimidad y del honor de existir por su propia actividad y su propio trabajo, se asiste a la formación de una plebe, lo que lleva aparejada una mayor facilidad para concentrar en pocas manos unas riquezas desproporcionadas" /4.
El propio Michel Foucault se mostraba perplejo ante la tentación posmoderna de recurrir al mito renovado de la plebe (¿la multitud plebeya?) como sujeto de la resistencia al biopoder: "No hay que concebir, desde luego, a la plebe como el fondo permanente de la historia, el objetivo final de todas las servidumbres, la brasa nunca del todo extinguida de todas las revueltas. La plebe no tiene, desde luego, realidad sociológica [...], pero sigue habiendo algo que no es materia prima, más o menos dócil o reacia, sino movimiento centrífugo, energía inversa, escapatoria. La plebe no existe, desde luego, pero hay plebe, esta parte de plebe" /5. También Virmo admite la "ambivalencia" de una multitud desgarrada entre manifestaciones de libertad y de servilismo, igual que admite la ambivalencia de la retórica de la diferencia, susceptible de desembocar en el respeto de las singularidades y también en un nuevo orden jerárquico de las diferencias. Pese a estas contradicciones, la multitud tendría el interés de tejer "un lazo directo con la dimensión de lo posible": al contrario de las viejas seguridades, firmezas y arraigos del empleo y del hábitat, su experiencia cotidiana de lo aleatorio y de la contingencia, de la movilidad y de la inseguridad inherentes al biopoder del capital, la hace disponible para lo inédito y lo inesperado. Esta contingencia estructural, según Virno, puede revelarse portadora de emancipación /6.
La prueba de la estrategia
Ni el enfoque filosófico, ni el sociológico, nos permiten mostrar con precisión las partes de confusión y de divergencia que puede alimentar el uso, ya sea simplemente descriptivo o más conceptual, de la noción de multitud. Para acotar su alcance, hay que llevar la cuestión al terreno de la prueba estratégica: "Los sociólogos, constataba Foucault, avivan hasta nunca acabar el debate sobre qué es una clase y quién pertenece a ella. Pero hasta ahora nadie ha examinado ni profundizado la cuestión de saber qué es la lucha. ¿Qué es la lucha cuando se dice "lucha de clases"? Me gustaría discutir, partiendo de Marx, no la sociología de las clases, sino el método estratégico que concierne a la lucha" /7. Esto es también lo que nos gustaría discutir con Virno y con Negri: el sentido estratégico de la multitud. Aunque no sin recordar antes que Foucault, tras haber invitado a la discusión estratégica, no dudó en contradecirse reivindicando una "moral teórica antiestratégica". Este eclipse de la estrategia fue en su caso paralelo al de la Revolución, que tras la prueba de la revolución iraní se había vuelto"una forma vacía"
Respecto a Hardt y Negri, junto a importantes acuerdos sobre la guerra global y el estado de excepción permanente, los retos de la "biopropiedad" y de la apropiación "común" (para evitar la confusión entre propiedad pública y propiedad estatal), o la invención de formas nuevas de democracia participativa, indicamos en forma sintética una serie de divergencias o de cuestiones sin resolver:
1.Algunas extrapolaciones que aparecían en Imperio, pronto desmentidas por las expediciones imperialistas y por la hegemonía militar restaurada del Estado nacional estadounidense /8, han sido corregidas y matizadas en Multitud. Pero en la medida en que se mantiene la hipótesis de un mundo rizomático, acentrado y acéfalo, el poder efectivo (del capital, del Estado, de la fuerza) tiende a disolverse en los "efectos del poder" y en los juegos del anti-poder. Una estrategia sin espacio propio, sin objetivo, sin dialéctica de fines y medios, resulta difícil de pensar.
2.Al contrario que John Holloway, que absolutiza la dominación y no ve salida alguna al talón de hierro del fetichismo (y sólo encuentra salvación en el grito incondicionadal y en salirse de la historia), en Multitud no se cuestiona la reificación, el fetichismo de la mercancía, la ideología dominante. El resultado es una inversión radical de la relación de subalternidad /9. En lugar de una alienación del trabajador sometido a la reproducción impersonal despótica del capital, es el capital quien se vuelve un producto subalterno y dependiente, una especie de residuo inerte de la creatividad vital de la multitud cuya espontaneidad subversiva se supone capaz de resolver una cuestión estratégica que ni tan siquiera necesita ser enunciada.
3.La reducción de los territorios y de los estados-nación a un papel casi residual, tiende a disolver las mediaciones políticas -no sólo los poderes estatales, también los partidos y sus luchas- en el espacio cosmopolítico, homogéneo y a-estratégico, del Imperio. Ernesto Laclau también ha señalado esta debilidad. Subraya que, para Hardt y Negri, "la unidad de la multitud procede de la agregación espontánea de una pluralidad de acciones que no tienen necesidad de ser articuladas: falta por completo en Imperio una teoría de la articulación (y de las mediaciones, añadimos), sin la cual la política se vuelve impensable" /10. De todo ello resulta una extraña incoherencia, entre la radicalidad formal del discurso filosófico y unas modestas propuestas de reformas compatibles con la arquitectura institucional del Imperio. La escena mundial se vuelve un teatro de sombras donde una abstracción de multitud se enfrenta a una abstracción de Imperio.
4.Hardt y Negri no tienen prácticamente en cuenta (aún menos que Virno) las contradicciones en el seno de la multitud, pretendida superación de las viejas antinomias de la identidad y de la diferencia para realizar pacíficamente una armoniosa síntesis de las singularidades y de lo común. Esta reconciliación retórica permite esquivar un tratamiento serio del problema de las convergencias estratégicas a construir en el movimiento altermundista. Se podrían citar muchos ejemplos de contradicciones entre lo local y lo global, la defensa del empleo y la del medio ambiente, etc. Estas contradicciones puede que se consideren resueltas en el lejano horizonte de la gran transparencia comunista, pero en nuestro actual horizonte estratégico, la unidad de los explotados y dominados de todos los países no es un dato espontáneo. La crisis del consenso de Washington y las diferenciaciones que engendra entre los dominantes tendrán su reflejo en las diferenciaciones políticas dentro del seno del propio movimiento altermundista. Esta decisiva cuestión de las convergencias estratégicas queda sin resolver, ni en la "homología" de los campos en la sociología de Bourdieu ni en la yuxtaposición de los "ámbitos específicos" en el caso de Foucault. Una consecuencia posible de la falta de articulación de los conflictos se puede ver en la reducción de la política a simples alianzas tácticas, coyunturales y puntuales, sin foco estratégico, de las diversas coaliciones multicolores. Es difícil evitar la tendencia hacia un grado cero de la estrategia cuando se rechaza la crítica sistémica del capitalismo en favor de una simple red de redes, una multitud de multitudes, un movimiento de movimientos. Si a pesar de todo la diversidad de las resistencias es capaz de converger en la experiencia de los foros sociales, se debe a que la lógica impersonal del propio capital y la penetración del despotismo mercantil en todos los poros de la vida social constituyen un poderoso factor de reagrupamiento.
5.A la manera de Virno, Hardt y Negri pretenden inventar una "democracia no representativa", que vaya más allá del paradigma clásico de la soberanía y de la representación. Hoy comienza, dice Virno, tras el 11 de setiembre y la invasión de Irak, la "fase constituyente" de la posguerra fría: la globalización armada, la lucha por la propiedad intelectual, el endeudamiento de subcontinentes enteros, la economía posfordiana, la crisis de la propiedad privada provocada por la multiplicación de bienes "inapropiables" (informa-ción, saberes, lenguaje), todo contribuye a la urgencia de encontrar "nuevas formas políticas" /11. Esta constatación tiene una parte de verdad. La socialización masiva del trabajo intelectual y su incorporación creciente a la actividad productiva y reproductiva dan una dimensión nueva a la aspiración y a la capacidad democrática de los dominados. Según Virno, hay que construir órganos de democracia no representativa, susceptibles de reapropiarse de los saberes y los poderes confiscados por el Estado. En el umbral de un nuevo paradigma político todavía balbuceante, estaríamos en una situación comparable a la del siglo XVII: "La cuestión clave está en saber qué forma política dar a las prerrogativas fundamentales de la especie homo sapiens". A falta de elementos de solución práctica, Virno se contenta con registrar un momento de apagón estratégico: "Después de Seattle, el movimiento global acumula sin cesar energía, sin saber cómo utilizarla. Está confrontado a una extraña acumulación sin salida adecuada" /12. Este movimiento se presenta ante todo como "movimiento ético" de resistencia al post-fordismo y al intento de apoderarse de la vida misma, no sólo del tiempo de trabajo. Contra esta expansión sin límite del capital, la búsqueda de una "vida buena" se expresa en forma de una reivindicación ética antes que política, cuya carga subversiva no se debe subestimar bajo pretexto de que relativiza las nociones de explotación y de lucha de clases. Se puede discutir largo y tendido sobre la relación entre ética y política. Lo cierto es que esta resignación en el primado (aunque sea temporal) de la ética sobre la política es un eco de la exhuberante retórica moralizante y despolitizadora del neoliberalismo, siniestramente ilustrado en la apología grandilocuente de las guerras "éticas" o "humanitarias".
6.A través de la crítica de la categoría de "pueblo", Hardt y Negri apuntan contra el concepto de soberanía, que le es consustancial. En un mundo donde los elementos emergentes de un derecho cosmopolita siguen subordinados a un derecho internacional basado en las relaciones interestatales, es difícil desprenderse por completo de la noción de soberanía sin hipotecar la posibilidad misma de una legitimidad opuesta a la potencia "sin fronteras" de los mercados. En este aspecto, el último Derrida se mostraba juiciosamente prudente, y en cierta manera más político: "No creo que haya que oponerse a la política. Ni siquiera a la soberanía, que en algunas situaciones nos viene bien para luchar, por ejemplo, contra algunas fuerzas mundiales del mercado. Sigue siendo una herencia europea a conservar y transformar a la vez. Es lo que digo en Granujas de la democracia europea" /13. Los propios Hardt y Negri reconocen furtivamente la ambivalencia de la categoría de soberanía, entre la conservación de una soberanía de origen teológico y el advenimiento de una soberanía democrática. Admiten que la soberanía es "un fenómeno necesariamente doble", que "funciona en doble sentido" /14. Pero cuando se trata de sacar las consecuencias políticas, quedan prisioneros de una oscilación entre un discurso libertario radical, "hay que destruir la soberanía y la autoridad", con el riesgo de que esta supresión radical de la autoridad, incluso de la mayoría, reduzca a la multitud a una suma de corporativismos reivindicativos sin más vínculo entre sí que la improbable carta de lo "común" y la búsqueda de una "nueva forma necesaria de soberanía" que apenas va más allá de especulaciones institucionales sobre el gobierno mundial y sobre una "Carta Magna contemporánea" compatible con los intereses bien concebidos de las nuevas "aristocracias globales", un anticipo de las mismas pueden ser las alianzas internacionales tejidas por el gobierno Lula /15.
7.En fin, y como si al cabo de cuatrocientas páginas del libro sus autores tomaran conciencia de que la discusión estratégica no ha avanzado siquiera una pulgada, a pesar de los atrevimientos terminológicos, plantean in extremis con una especie de escrúpulo tardío la crucial cuestión de la ruptura: "¿cuándo ocurre el momento de la ruptura?". La pregunta se contesta con un acto de fe inspirado en el mito movilizador soreliano de la huelga general. Se resucitan así los sueños post-sesentayochistas del "año 01" o las utopías pacifistas del congreso socialista de Basilea en vísperas de la Primera Guerra Mundial: "En un futuro biopolítico caracterizado por la derrota del biopoder, ya no será posible la guerra", nos prometen Hardt y Negri: "una huelga política global de una semana bastaría para detener cualquier guerra". ¿Si todo se detuviera? "Sin la participación activa de los dominados, todo el edificio de la soberanía se hundiría", y si los productores sociales rechazaran la relación de dominación, "el Imperio caería también como un montón de escombros" /16. ¡O como un Golem reducido a polvo! El mito apocalíptico no atiende a las formas efectivas de la dominación y a los deliberadamente ignorados efectos de la reificación mercantil. Si el trabajo asalariado no estuviera ya sometido a la servidumbre involuntaria del trabajo alienado y del fetichismo, si el mismo capital sólo fuera capaz de respuestas reactivas al poder creativo de la multitud, bastaría entonces con romper las cadenas de una nueva servidumbre voluntaria. La fe del carbonero en lugar del proyecto estratégico. Pero hay que recordar lo que ocurrió con las multitudes guerreras en agosto de 1914.
Una tentación teológica
Como muestra de estas aporías estratégicas, la parte programática final del libro sobre la democracia deja hambriento al lector. Aunque no le falta ambición, con repetidas exhortaciones a inventar nuevas formas que estén a la altura de la época. Se trata ni más ni menos que explorar "la forma en que las redes de la multitud puedan constituir un verdadero contrapoder y dar nacimiento a una sociedad global realmente democrática" /17. Curiosamente, los autores proponen una "nueva ciencia de la democracia global con destino a la multitud". Esta ciencia nueva debería "transformar los principales conceptos políticos de la modernidad: Una ciencia de la pluralidad y del hibridismo, una ciencia de las multiplicidades, capaz de definir la manera en que las diversas singularidades se expresan plenamente en la multitud" /18. Imaginando un proceso de legitimación desembarazado de la soberanía del pueblo y basado en la productividad biopolítica de la multitud (¡o en la "productividad queer!), el proyecto pronto se queda corto. Porque no basta con proclamar abstractamente "derechos primarios", como un derecho a la desobediencia y derechos a la diferencia, para dar un contenido efectivo a este gran diseño. Tampoco basta con oficializar el divorcio entre democracia y representación y con proclamar a la multitud liberada de cualquier obligación de obediencia hacia un poder, para resolver las contradicciones reales y las tensiones en que que se mueve, y continuará moviéndose, la "democracia por venir", que según Derrida no había que confundir con una "democracia futura" /19.
La idea de lo "común", que según Hardt y Negri constituye "el zócalo de un verdadero proyecto político postliberal y postsocialista", por encima de la vieja antinomia de lo privado y lo público, puede abrir una pista interesante, aunque sigue siendo algebraica, a falta de empujar más lejos la reflexión sobre las formas combinadas de apropiación social. En definitiva, la montaña filosófica dio a luz un ratón político. En lugar de la esperada renovación estratégica, sólo se encuentra un pathos teológico que responde a la "alegría de ser comunista", con la que acababa, en forma de profesión de fe, Imperio. Pero en Multitud la retórica de la beatitud es más sistemática.
El martirio es celebrado como "testimonio" y "acto de amor" /20, aunque precisando, qué menos, que ese martirio feliz no debe ser confundido con el martirio mórbido y desesperado del kamikaze o de la bomba humana. El amor es glorificado como "el acto político que construye a la multitud": "El amor divino por la humanidad y el amor humano por dios son expresados y encarnados en el proyecto material común de la multitud". Lejos de nuestra voluntad el menospreciar la dosis de amor (del próximo y del más lejano) que forma parte necesaria de los proyectos de emancipación. Pero en este himno al amor hay resonancias cristianas basadas, en última instancia, en una antropología optimista que nada, en la historia reciente, permite justificar.
La "potencia de la carne" se vuelve la sustancia original de una fuerza de liberación. La multitud representa una "nueva carne social" y una "plenitud de vida" que "rechaza la unidad orgánica del cuerpo". Para un carnicero, la carne sin cuerpo se reduce sencillamente a filetes. Este vitalismo carnal, alimentado explícitamente del materialismo especulativo de Spinoza y, tal vez, aunque menos conscientemente, del "materialismo teológico" de Feuerbach, opone la exuberancia expansiva de la carne a la aprisionante limitación del cuerpo. Este rechazo de las metáforas corporales (del pueblo o del Estado) se opone sobre todo a su uso disciplinario; pero refleja también el abandono deliberado, en favor de la red rizomática, de cualquier noción de organización sistémica o estructural, que tan fecundas resultan para entender el metabolismo social y sus formas de autorregulación. Parece que no es conveniente pensar a la vez la transversalidad innovadora de las redes y el orden sistémico del capital.
En fin, la figura paradigmática del "pobre" retoma y desarrolla la del poverello franciscano que frecuentaba las últimas páginas de "Imperio". El pobre se convierte en la encarnación simbólica "no ya sólo de la condición ontológica de la resistencia, sino la de la misma vida productiva" /21. La pobreza absoluta, no como simple carencia, sino como "exclusión total de la riqueza objetiva", aparece como la suerte común de la especie humana, por encima de conflictos de intereses y de luchas de clases: bajo la hegemonía de la producción inmaterial, "¡todos somos pobres!", proclaman Hardt y Negri. Puede ser. En cierto sentido y hasta cierto punto. En el sentido de que el burgués comparte con el proletario una alienación común ante la lógica mercantil y una misma miseria afectiva y espiritual. Pero a la vista de las pobrezas extremas y materiales, resulta un poco indecente pretender comulgar en una pobreza universal.
El recurso continuo a la jerga teológica acaba por servir de comodín, enmascarando apenas la desproporción entre la anunciada revolución filosófica y la pobreza (bien real, en este caso) de las respuestas políticas. La perspectiva tiende a reducirse a la doble temática del éxodo y del milagro. Al igual que el de los hebreos por el desierto, el éxodo, reaparece en "Multitud" como una "huida lejos de las fuerzas de opresión" y como una "evasión en masa". La misma opinión que Virno, para quien la experiencia de la contingencia estructural propia de la posmodernidad, aunque puede alimentar el oportunismo y el cinismo, también puede desembocar en la insumisión y el exilio fuera del sistema: no necesariamente un éxodo territorial, sino una deserción de las obligaciones del trabajo esclavizante y de las gratificaciones ilusorias del consumo masivo. Para escapar de los sortilegios de la mercancía, basta con retirarse del juego y huir, sin intentar conquistar ningún poder alternativo: "Exodo significa que no queremos tomar el poder en el país del Faraón, que no queremos construir un nuevo Estado" /22. Las teorías de los juegos consideran que el jugador pueda abandonar la mesa en cualquier momento y dejar de jugar. Pero la lucha de clases no es precisamente un juego. Los explotados y los oprimidos están embarcados a la fuerza. No pueden, de forma colectiva, sustraerse a la lógica de la lucha. No tienen la opción de no vender su fuerza de trabajo. No pueden dejar de "jugar", a no ser que revienten: ¡luchar no es jugar! La gran mistificación de las teorías contractuales consiste en presentar la servidumbre impuesta como una elección libre. Puedan existir escapatorias y promociones individuales que contribuyen a dar una ilusión de libertad (el famoso mito del self made man), pero no puede haber evasión en masa de la gran encerrona capitalista /23.
En cuanto a la salida prometida a esta larga marcha del exilio y del éxodo a través de los desiertos -pues los hebreos se reinstalaron en la tierra de Canaan- será un milagro, un acontecimiento político transfigurado en milagro teológico no condicionado históricamente. "Multitud" concluye con un credo: "Llegado el momento, un acontecimiento nos propulsará como una flecha en este futuro vivo. Será el verdadero acto de amor político" /24. Las promesas de Dios son inciertas, pero hay que creer en ellas, enseñan las Escrituras. Cuestión de fe y de creencia. ¡Llegará el momento! Pero como se retrase...
La retórica teológica de "Multitud" se apoya en un presupuesto antropológico optimista al que no le falta coherencia. A contrapelo de las visiones crepusculares, reactiva una obstinada dialéctica del progreso histórico que ha sido desmentido por las pruebas históricas del pasado siglo y por las sombrías promesas del que acaba de comenzar. La genealogía de las formas de resistencia, "de la reforma a la revolución", muestra "una tendencia hacia formas de organización cada vez más democráticas" /25. Para atreverse a afirmar esto hay que poseer una sólida confianza en las leyes de la historia, que tal como va el mundo no parece estar muy justificada. Esta confianza se sitúa en las antípodas del "alerta al fuego" (toque de rebato) que hacía sonar Benjamin cuando denunciaba, entre las responsabilidades del desastre, "el apego de los políticos al mito del progreso y su confianza en la masa [¿la multitud?] que les servía de base" /26. Nada más corruptor para el movimiento revolucionario alemán, seguía subrayando en el umbral de la catástrofe, que "la convicción de nadar a favor de la corriente" /27.
Confundiendo el desarrollo técnico con la pendiente de esa corriente, el movimiento obrero había acabado por imaginar que "el trabajo industrial representaba un logro político". Los autores de "Multitud" no escapan a este optimismo tecnológico, imaginando un "trabajo inmaterial" portador a su vez de emancipación política.
"Hemos alcanzado un punto, afirman Hardt y Negri, en que coinciden los tres principios de la libertad, de la eficacia y de la correspondencia de formas sociales y formas político-militares". Este recorrido no es desde luego lineal, pero puesto que parece ser "el único posible" /28, no habría que inquietarse demasiado por los desvíos y contratiempos: el sentido reencontrado de la historia acabará por llevarlo a buen puerto: "Se puede leer la historia de las revoluciones modernas como una progresión a tirones, irregular, pero real, hacia la realización del concepto absoluto de la democracia", que es la "estrella polar hacia la que se orientan nuestros deseos y nuestras prácticas políticas" /29. El "concepto absoluto de democracia" sustituye al espíritu absoluto hegeliano en una teleología historicista restaurada, recogiendo en su estela la tentación de los anunciados finales de la historia.
En esta perspectiva tranquilizadora, las peripecias políticas y los ardides de la razón mercantil no pueden inquietar. Conspiran sin saberlo a la preparación del happy end. El propio capital financiero tiende a "funcionar como una representación general de nuestras capacidades productivas comunes (...) En la medida en que [¡el capital financiero!] se orienta hacia el futuro, se puede, paradójicamente, discernir la figura emergente de la multitud, aunque tome una forma invertida y distorsionada" /30. A través de las formas posmodernas de la reproducción capitalista, "madura el poder constituyente de la multitud (...) Los gobiernos son cada vez más parasitarios y la soberanía inútil: por el contrario, los gobernados se vuelven más autónomos y capaces de hacer sociedad". Cada vez más, cada vez más... /31. Todo marcha lo mejor posible en el mejor de los mundos posibles, señora marquesa. Esta confianza inquebrantable en el "cada vez más" de cada día, tiene sus consecuencias prácticas. En ella se basa la valoración positiva de las virtudes progresistas del Imperio frente al imperialismo arcaico de EE UU y la posibilidad de alianzas tácticas con sus "aristocracias o sus élites globalizadas". En nombre de esta visión, el tratado constitucional europeo puede resultar aceptable, a pesar de sus insuficiencias, como un pequeño paso adelante en la buena dirección. Estas citas parecen parafrasear los diagnósticos más unilaterales (más anticuados) de Marx sobre las virtudes revolucionarias del capital. Después ha corrido mucho agua, sucia y contaminada, bajo los puentes, y no se puede olvidar, en nombre de ningún progresismo resucitado, la sombría dialéctica del progreso y de la catástrofe, actuando en los inciertos acontecimientos de una historia abierta. Sólo se puede predecir la lucha, decía sabiamente Gramsci, no su desenlace.
La revolución estratégica anunciada por Hardt y Negri se resume, en definitiva, en la ecuación que asocia a Lenin y Madison para coordinar los objetivos de El Estado y la revolución -la destrucción de la soberanía por medio del poder de lo común-, con los métodos institucionales de El Federalista /32. Lenin, para el trabajo de lo negativo, Madison, para la edificación positiva de un nuevo dispositivo institucional. Esta ecuación atormentará, tanto tiempo como el teorema de Fermat a los matemáticos, a todos aquellos y aquellas que han renunciado a resolver el enigma de la revolución social: ¿cómo hacer de la nada, si no todo, al menos algo y alguien?
Daniel Bensaid es filósofo. Forma parte de la dirección de la LCR francesa. Dirige la revista Contretemps. Su último libro publicado en castellano es Cambiar el mundo, La Catarata, Serie VIENTO SUR, Madrid, 2004.
Traducción: Alberto Nadal
1/ En Grammaire de la multitude, Editions de l’Eclat, Cahors, 2002.
2/ Entrevista con Flavia Costa, en Cultura, agosto 2004.
3/ Ver el libro de Biagio de Giovanni pretendiendo una teoría de las clases en el libro II del El Capital, al coste de una confusión entre proletariado y trabajo productivo (Biagio de Giovanni, La teoria politica delle classi nel Capitale, Bari 1976). Me he referido de manera detallada a las confusiones a las que dan lugar las lecturas unilaterales y reduccionistas del El Capital sobre las clases sociales, en Marx l’intempestif (París, Fayard, 1995), La discordance des temps (París 1995) o Le sourire du Spectre (Michalon, 2000). DB.
4/ Hegel, Principios de la filosofía del derecho.
5/ Michel Foucault, Dits et Ecrits II, Paris, Gallimard, 2003, p.421.
6/ Virno destaca que la ambivalencia de la multitud se reconoce en los sentimientos dominantes de la época: el oportunismo, el cinismo y el miedo. El oportunismo puede también traducir, en su opinión, la aptitud para aprovechar la oportunidad; el cinismo, puede expresar la conciencia de que cualquier pertenencia es provisional y que las reglas y los valores varían; el miedo, en fin, traducir las sensaciones de quienes hacen la experiencia cotidiana de la innovación permanente de las formas de vida y de trabajo flexible. Estos sentimientos alimentan "una extraordinaria familiaridad con lo posible", que es también una "oportunidad".
7/ Michel Foucault, op.cit., p.606.
8/ Para la crítica de Imperio, Daniel Bensaid, Le Nouvel Internationalisme, Paris, Textuel, 2003.
9/ Negri se mantiene aquí rigurosamente fiel a la problemática planteada desde Marx au-delà de Marx, París, Bourgois, 1979. Para una crítica de este enfoque, Daniel Bensaid, "En busca del sujeto perdido, o Negri corrige a Marx", en La discordande ces temps (París, 1995)
10/ E. Laclau, en Empire`s New Clothes, P.A. Passavant y J. Dean editores, Nueva York, Routledge, 2004, p.26.
11/ Paolo Vimo, entrevista con Verónica Gago, en Brecha, Montevideo, julio 2004.
12/ Paolo Vimo, op. Cit.2
13/ Jacques Derrida "Je suis en guerre contre moi-même", en Le Monde, 19 agosto 2004.
14/ Hardt y Negri, Multitude, op.cit., p. 377.
15/ Ibid. p. 366-367: "Es verdad que estos movimientos [sociales] seguirán opuestos a las aristocracias imperiales. Y con toda razón, en nuestra opinión. Pero es en interés de éstas considerar a dichos movimientos como aliados potenciales y recursos para la formulación de las políticas globales".
16/ Ibid. p. 379-381.
17/ Ibid. p. 305.
18/ Ibid. p. 355-358.
19/ Jacques Derrida lo precisa así: "Democracia por venir, no quiere decir democracia futura que un día será presente. La democracia nunca existirá en el presente, no es presentable, y tampoco es una idea reguladora en el sentido kantiano" (Jacques Derrida, Le concept du 11 septembre, Paris, Galilée, 2004). Siempre "por venir", esta democracia, cuya concepción es la única "que acoge la posibilidad de mejorar indefinidamente", está en las antípodas del "concepto absoluto de la democracia" al que corresponde el desarrollo histórico, según Hardt y Negri.
20/ Multitude, op.cit., p. 393.
21/ Ibid. 166, 185, 250.
22/ Paolo Virno, entrevista con Amador Fernández Savater, en El Viejo Topo, julio 2004.
23/ Ver: Daniel Bensaid, el capítulo "Luchar no es jugar", en Marx l`intempestif, París, Fayard, 1995.
24/ Multitude, op.cit., p. 404.
25/ Ibid. p.10.
26/ Walter Benjamin, novena tesis sobre el concepto de historia.
27/ Ibid. décima tesis.
28/ Multitude, op.cit., p. 115.
29/ Ibid. p.278.
30/ Ibid. p.324.
31/ Benjamin citó irónicamente en su 13ª tesis, dedicada a deconstruir la ideología del progreso ilimitado, una frase de Joseph Dietgen emblemática de esta ideología: "Cada día nuestra causa se vuelve más clara, y cada día el pueblo se hace más sabio". Cada día madura la multitud, podría ironizarse...
32/ Multitude, op.cit., p. 400.
miércoles, septiembre 21, 2005
Lenin, Sobre el estado, conferencia en Universidad
V. I. Lenin
SOBRE EL ESTADO
Conferencia pronunciada en la Universidad Sverdlov*el 11 de julio de 1919
Primera publicación: El 18 de enero de 1929, en Pravda, núm 15.Fuente: Biblioteca de Textos Marxistas.Esta edición: Marxists Internet Archive, 1 enero 2001.
Camaradas, el tema de la charla de hoy, de acuerdo con el plan trazado por ustedes que me ha sido comunicado, es el Estado. Ignoro hasta qué punto están ustedes al tanto de este tema.
Si no me equivoco, sus cursos acaban de iniciarse, y por primera vez abordarán sistemáticamente este tema. De ser así, puede muy bien ocurrir que en la primera conferencia sobre este tema tan difícil yo no consiga que mi exposición sea suficientemente clara y comprensible para muchos de mis oyentes. En tal caso, les ruego que no se preocupen, porque el problema del Estado es uno de los más complicados y difíciles, tal vez aquel en el que más confusión sembraron los eruditos, escritores y filósofos burgueses.
No cabe esperar, por lo tanto, que se pueda llegar a una comprensión profunda del tema con una breve charla, en una sola sesión. Después de la primera charla sobre este tema, deberán tomar nota de los pasajes que no hayan entendido o que no les resulten claros, para volver sobre ellos dos, tres y cuatro veces, a fin de que más tarde se pueda completar y aclarar lo que no hayan entendido, tanto mediante la lectura como mediante diversas charlas y conferencias.
Espero que podremos volver a reunirnos y que podremos entonces intercambiar opiniones sobre todos los puntos complementarios y ver qué es lo que ha quedado más oscuro. Espero tambien, que ademas de las charlas y conferencias dedicarán algún tiempo a leer, por lo menos, algunas de las obras más importantes de Marx y Engels. No cabe duda de que estas obras, las más importantes, han de encontrarse en la lista de libros recomendados y en los manuales que están disponibles en la biblioteca de ustedes para los estudiantes, de la escuela del Soviet y del partido; y aunque, una vez más, algunos de ustedes se sientan al principio, desanimados por la dificultad de la exposición, vuelvo a advertirles que no deben preocuparse por ello; lo que no resulta claro a la primera lectura, será claro a la segunda lectura, o cuando posteriormente enfoquen el problema desde otro ángulo algo diferente.
Porque, lo repito una vez más, el problema es tan complejo y ha sido tan embrollado por los eruditos y escritores burgueses, que quien desee estudiarlo seriamente y llegar a dominarlo por cuenta propia, debe abordarlo varias veces, volver sobre él una y otra vez y considerarlo desde varios angulos, para poder llegar a una comprensión clara y definida de él. Porque es un problema tan fundamental, tan básico en toda política y porque, no sólo en tiempos tan turbulentos y revolucionarios como los que vivimos, sino incluso en los más pacíficos, se encontrarán con él todos los días en cualquier periódico, a propósito de cualquier asunto económico o político, será tanto más fácil volver sobre él.
Todos los días, por uno u otro motivo, volverán ustedes a la pregunta: ¿que es el Estado, cuál es su naturaleza, cuál es su significación y cuál es la actitud de nuestro partido, el partido que lucha por el derrocamiento del capitalismo, el partido comunista, cuál es su actitud hacia el Estado? Y lo más importante es que, como resultado de las lecturas que realicen, como resultado de las charlas y conferencias que escuchen sobre el Estado, adquirirán la capacidad de enfocar este problema por sí mismos, ya que se enfrentarán con él en los más diversos motivos, en relación con las cuestiones más triviales, en los contextos más inesperados, y en discusiones y debates con adversarios. Y sólo cuando aprendan a orientarse por sí mismos en este problema sólo entonces podrán considerarse lo bastante firmes en sus convicciones y capaces para defenderlas con éxito contra cualquiera y en cualquier momento.
Luego de estas breves consideraciones, pasaré a tratar el problema en sí: qué es el Estado, cómo surgió y fundamentalmente, cuál debe ser la actitud hacia el Estado del partido de la clase obrera, que lucha por el total derrocamiento del capitalismo, el partido de los comunistas.
Ya he dicho que difícilmente se encontrará otro problema en que deliberada e inconcientemente, hayan sembrado tanta confusion los representantes de la ciencia, la filosofía, la jurisprudencia, la economiá política y el periodismo burgueses como en el problema del Estado.
Todavía hoy es confundido muy a menudo con problemas religiosos; no sólo por los representantes de doctrinas religiosas (es completamente natural esperarlo de ellos), sino incluso personas que se consideran libres de prejuicios religiosos confunden muy a menudo la cuestión especifica del Estado con problemas religiosos y tratan de elaborar una doctrina -- con frecuencia muy compleja, con un enfoque y una argumentación ideológicos y filosóficos -- que pretende que el Estado es algo divino, algo sobrenatural, cierta fuerza, en virtud de la cual ha vivido la humanidad, que confiere, o puede conferir a los hombres, o que contiene en sí algo que no es propio del hombre, sino que le es dado de fuera: una fuerza de origen divino. Y hay que decir que esta doctrina está tan estrechamente vinculada a los intereses de las clases explotadoras -- de los terratenientes y los capitalistas --, sirve tan bien sus intereses, impregnó tan profundamente todas las costumbres, las concepciones, la ciencia de los señores representantes de la burguesía, que se encontrarán ustedes con vestigios de ella a cada paso, incluso en la concepción del Estado que tienen los mencheviques y eseristas, quienes rechazan indignados la idea de que se hallan bajo el influjo de prejuicios religiosos y están convencidos de que pueden considerar el Estado con serenidad.
Este problema ha sido tan embrollado y complicado porque afecta más que cualquier otro (cediendo lugar a este respecto solo a los fundamentos de la ciencia económica) los intereses de las clases dominantes. La teoría del Estado sirve para justificar los privilegios sociales, la existencia de la explotación, la existencia del capitalismo, razón por la cual sería el mayor de los errores esperar imparcialidad en este problema, abordarlo en la creencia de que quienes pretenden ser cientificos puedan brindarles a ustedes una concepción puramente cientifica del asunto. Cuando se hayan familiarizado con el problema del Estado, con la doctrina del Estado y con la teoría del Estado, y lo hayan profundizado suficientemente, descubrirán siempre la lucha entre clases diferentes, una lucha que se refleja o se expresa en un conflicto entre concepciones sobre el Estado, en la apreciación del papel y de la significación del Estado.
Para abordar este problema del modo más cientifico, hay que echar, por lo menos, una rápida mirada a la historia del Estado, a su surgimiento y evolución. Lo más seguro, cuando se trata de un problema de ciencia social, y lo más necesario para adquirir realmente el hábito de enfocar este problema en forma correcta, sin perdernos en un cumulo de detalles o en la inmensa variedad de opiniones contradictorias; lo más importante para abordar el problema cientificamente, es no olvidar el nexo histórico fundamental, analizar cada problema desde el punto de vista de cómo surgió en la historia el fenómeno dado y cuáles fueron las principales etapas de su desarrollo y, desde el punto de vista de su desarrollo, examinar en qué se ha convertido hoy.
Espero que al estudiar este problema del Estado se familia rizarán con la obra de Engels El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. Se trata de una de las obras fundamentales del socialismo moderno, cada una de cuyas frases puede aceptarse con plena confianza, en la seguridad de que no ha sido escrita al azar, sino que se basa en una abundante documentación histórica y política. Sin duda, no todas las partes de esta obra están expuestas en forma igualmente accesible y comprensible; algunas de ellas suponen un lector que ya posea ciertos conocimientos de historia y de economía. Pero vuelvo a repetirles que no deben preocuparse si al leer esta obra no la entienden inmediatamente. Esto le sucede a casi todo el mundo. Pero releyéndola más tarde, cuando estén interesados en el problema, lograrán entenderla en su mayor parte, si no en su totalidad. Cito este libro de Engels porque en el se hace un enfoque correcto del problema en el sentido mencionado. Comienza con un esbozo histórico de los orígenes del Estado.
Para tratar debidamente este problema, lo mismo que cualquier otro -- por ejemplo el de los orígenes del capitalismo, la explotación del hombre por el hombre, el del socialismo, cómo surgió el socialismo, qué condiciones lo engendraron --, cualquiera de estos problemas sólo puede ser enfocado con seguridad y confianza si se echa una mirada a la historia de su desarrollo en conjunto. En relación con este problema hay que tener presente, ante todo, que no siempre existió el Estado. Hubo un tiempo en que no había Estado. Este aparece en el lugar y momento en que surge la división de la sociedad en clases, cuando aparecen los explotadores y los explotados.
Antes de que surgiera la primera forma de explotación del hombre por el hombre, la primera forma de la división en clases -- propietarios de esdavos y esclavos --, existiá la familia patriarcal o, como a veces se la llama, la familia del clan (clan: gens; en ese entonces vivían juntas las personas de un mismo linaje u origen). En la vida de muchos pueblos primitivos subsisten huellas muy definidas de aquellos tiempos primitivos, y si se toma cualquier obra sobre la cultura primitiva, se tropezará con descripciones, indicaciones y reminiscencias más o menos precisas del hecho de que hubo una época más o menos similar a un comunismo primitivo, en la que aún no existiá la división de la sociedad en esclavistas y esclavos. En esa época no existiá el Estado, no había ningón aparato especial para el empleo sistemático de la fuerza y el sometimiento del pueblo por la fuerza. Ese aparato es lo que se llama Estado.
En la sociedad primitiva, cuando la gente vivía en pequeños grupos familiares y aún se hallaba en las etapas más bajas del desarrollo, en condiciones cercanas al salvajismo -- época separada por varios miles de años de la moderna sociedad humana civilizada --, no se observan aún indicios de la existencia del Estado. Nos encontramos con el predominio de la costumbre, la autoridad, el respeto, el poder de que gozaban los ancianos del clan; nos encontramos con que a veces este poder era reconocido a las mujeres -- la posición de las mujeres, entonces, no se parecía a la de opresión y falta de dere chos de las mujeres de hoy --, pero en ninguna parte encontramos una categoría especial de individuos diferenciados que gobiernen a los otros y que, en aras y con el fin de gobernar, dispongan sistemática y permanentemente de cierto aparato de coerción, de un aparato de violencia, tal como el que representan actualmente, como todos saben, los grupos especiales de hombres armados, las cárceles y demás medios para someter por la fuerza la voluntad de otros, todo lo que constituye la esencia del Estado.
Si dejamos de lado las llamadas doctrinas religiosas, las sutilezas, los argumentos filosóficos y las diversas opiniones erigidas por los eruditos burgueses, y procuramos llegar a la verdadera esencia del asunto, veremos que el Estado es en realidad un aparato de gobierno, separado de la sociedad humana. Cuando aparece un grupo especial de hombres de esta clase, dedicados exclusivamente a gobernar y que para gobernar necesitan de un aparato especial de coerción para someter la voluntad de otros por la fuerza -- cárceles, grupos especiales de hombres, ejércitos, etc. --, es cuando aparece el Estado.
Pero hubo un tiempo en que no existiá el Estado, en que los vínculos generales, la sociedad misma, la disciplina y organización del trabajo se mantenian por la fuerza de la costumbre y la tradición, por la autoridad y el respeto de que gozaban los ancianos del clan o las mujeres -- quienes en aquellos tiempos, no sólo gozaban de una posición social igual a la de los hombres, sino que, no pocas veces, gozaban incluso de una posición social superior --, y en que no había una categoría especial de personas que se especializaban en gobernar.
La historia demuestra que el Estado, como aparato especial para la coerción de los hombres, surge solamente donde y cuando aparece la división de la sociedad en clases, o sea, la división en grupos de personas, algunas de las cuales se apropian permanentemente del trabajo ajeno, donde unos explotan a otros.
Y esta división de la sociedad en clases, a través de la historia, es lo que debemos tener siempre presente con toda claridad, como un hecho fundamental. El desarrollo de todas las sociedades humanas a lo largo de miles de años, en todos los países sin excepción, nos revela una sujeción general a leyes, una regularidad y consecuencia; de modo que tenemos, primero, una sociedad sin clases, la sociedad originaria, patriarcal, primitiva, en la que no existían aristócratas; luego una sociedad basada en la esclavitud, una sociedad esclavista. Toda la Europa moderna y civilizada pasó por esa etapa: la esclavitud reinó soberana hace dos mil años. Por esa etapa pasó también la gran mayoría de los pueblos de otros lugares del mundo.
Todavía hoy se conservan rastros de la esclavitud entre los pueblos menos desarrollados; en Africa, por ejemplo, persiste todavía en la actualidad la institucion de la esclavitud. La división en propietarios de esclavos y esclavos fue la primera división de clases importante. El primer grupo no sólo poseía todos los medios de producción -- la tierra y las herramientas, por muy primitivas que fueran en aquellos tiempos --, sino que poseía también los hombres. Este grupo era conocido como el de los propietarios de esclavos, mientras que los que trabajaban y suministraban trabajo a otros eran conocidos como esclavos.
Esta forma fue seguida en la historia por otra: el feudalismo. En la gran mayoría de los países, la esclavitud, en el curso de su desarrollo, evolucionó hacia la servidumbre. La división fundamental de la sociedad era: los terratenientes propietarios de siervos, y los campesinos siervos. Cambió la forma de las relaciones entre los hombres. Los poseedores de esclavos con sideraban a los esclavos como su propiedad; la ley confirmaba este concepto y consideraba al esclavo como un objeto que pertenecía íntegramente al propietario de esclavos.
Por lo que se refiere al campesino siervo, subsistía la opresión de clase y la dependencia, pero no se consideraba que los campesinos fueran un objeto de propiedad del terrateniente propietario de siervos; éste sólo teniía derecho a apropiarse de su trabajo, a obligarlos a ejecutar ciertos servicios. En la practica, como todos ustedes saben, la servidumbre, sobre todo en Rusia, donde subsistío durante más tiempo y revistío las formas más brutales, no se diferenciaba en nada de la esclavitud.
Más tarde, con el desarrollo del comercio, la aparición del mercado mundial y el desarrollo de la circulación monetaria, dentro de la sociedad feudal surgió una nueva clase, la clase capitalista. De la mercancía, el intercambio de mercancías y la aparición del poder del dinero, surgió el poder del capital. Durante el siglo XVIII, o mejor dicho desde fines del siglo XVIII y durante el siglo XIX, estallaron revoluciones en todo el mundo. El feudalismo fue abolido en todos los países de Europa Occidental. Rusia fue el último país donde ocurrió esto.
En 1861 se produjo también en Rusia un cambio radical; como consecuencia de ello, una forma de sociedad fue remplazada por otra: el feudalismo fue remplazado por el capitalismo, bajo el cual siguió existiendo la división en clases, así como diversas huellas y supervivencias del régimen de ser vidumbre, pero fundamentalmente la división en clases asumió una forma diferente.
Los dueños del capital, los dueños de la tierra y los dueños de las fábricas constituían y siguen constituyendo, en todos los países capitalistas, una insignificante minoria de la población, que gobierna totalmente el trabajo de todo el pueblo, y, por consiguiente, gobierna, oprime y explota a toda la masa de trabajadores, la mayoría de los cuales son proletarios, trabajadores asalariados, que se ganan la vida en el proceso de producción, sólo vendiendo su mano de obra, su fuerza de trabajo. Con el paso al capitalismo, los campesinos, que habían sido divididos y oprimidos bajo el feudalismo, se convirtieron, en parte (la mayoría) en proletarios, y en parte (la minoría) en campesinos ricos, quienes a su vez contrataron trabajadores y constituyeron la burguesia rural.
Este hecho fundamental -- el paso de la sociedad, de las formas primitivas de esclavitud al feudalismo, y por último al capitalismo -- es el que deben ustedes tener siempre presente, ya que sólo recordando este hecho fundamental, encuadrando todas las doctrinas políticas en este marco fundamental, estarán en condiciones de valorar debidamente esas doctrinas y comprender qué se proponen. Pues cada uno de estos grandes periodos de la historia de la humanidad -- el esclavista, el feudal y el capitalista -- abarca decenas y centenares de siglos, y presenta una cantidad tal de formas políticas, una variedad tal de doctrinas políticas, opiniones y revoluciones, que sólo podremos llegar a comprender esta enorme diversidad y esta inmensa variedad -- especialmente en relación con las doctrinas políticas, filosóficas y otras de los eruditos y políticos burgueses --, si sabemos aferrarnos firmemente, como a un hilo orientador fundamental, a esta división de la sociedad en clases, a esos cambios de las formas de la dominación de clases, y si analizamos, desde este punto de vista, todos los problemas sociales -- económicos, políticos, espirituales, religiosos, etc.
Si ustedes consideran el Estado desde el punto de vista de esta división fundamental, verán que antes de la división de la sociedad en clases, como ya lo he dicho, no existía ningún Estado. Pero cuando surge y se afianza la división de la sociedad en clases, cuando surge la sociedad de clases, también surge y se afianza el Estado. La historia de la humanidad conoce decenas y cientos de paises que han pasado o están pasando en la actualidad por la esclavitud, el feudalismo y el capitalismo. En cada uno de ellos, pese a los enormes cambios históricos que han tenido lugar, pese a todas las vicisitudes políticas y a todas las revoluciones relacionadas con este desarrollo de la humanidad y con la transición de la esclavitud al capitalismo, pasando por el feudalismo, y hasta llegar a la actual lucha mundial contra el capitalismo, ustedes percibirán siempre el surgimiento del Estado.
Este ha sido siempre determinado aparato al margen de la sociedad y consistente en un grupo de personas dedicadas exclusiva o casi exclusivamente o principalmente a gobernar. Los hombres se dividen en gobernados y en especialistas en gobernar, que se colocan por encima de la sociedad y son llamados gobernantes, representantes del Estado. Este aparato, este grupo de personas que gobiernan a otros, se apodera siempre de ciertos medios de coerción, de violencia física, ya sea que esta violencia sobre los hombres se exprese en la maza primitiva o en tipos más perfeccionados de armas, en la época de la esclavitud, o en las armas de fuego inventadas en la Edad Media o, por último, en las armas modernas, que en el siglo XX son verdaderas maravillas de la técnica y se basan íntegramente en los últimos lo gros de la tecnología moderna.
Los métodos de violencia cambiaron, pero dondequiera existió un Estado, existió en cada sociedad, un grupo de personas que gobernaban, mandaban, dominaban, y que, para conservar su poder, disponían de un aparato de coerción física, de un aparato de violencia, con las armas que correspondían al nivel técnico de la época dada. Y sólo examinando estos fenómenos generales, preguntándonos por qué no existió ningún Estado cuando no había clases, cuando no había explotadores y explotados, y por que apareció cuando aparecieron las clases; sólo así encontraremos una respuesta definida a la pregunta de cuál es la esencia y la significación del Estado.
El Estado es una máquina para mantener la dominación de una clase sobre otra. Cuando no existían clases en la sociedad, cuando, antes de la época de la esclavitud, los hombres trabajaban en condiciones primitivas de mayor igualdad, en condiciones en que la productividad del trabajo era todavía muy baja y cuando el hombre primitivo apenas podía conseguir con dificultad los medios indispensables para la existencia más tosca y primitiva, entonces no surgió, ni podía surgir, un grupo especial de hombres separados especialmente para gobernar y dominar al resto de la sociedad. Sólo cuando apareció la primera forma de la división de la sociedad en clases, cuando apareció la esclavitud, cuando una clase determinada de hombres, al concentrarse en las formas más rudimentarias del trabajo agrícola, pudo producir cierto excedente, y cuando este excedente no resultó absolutamente necesario para la más mísera existencia del esclavo y pasó a manos del propietario de esclavos, cuando de este modo quedó asegurada la existencia de la clase de los propietarios de esclavos, entonces, para que ésta pudiera afianzarse era necesario que apareciera un Estado.
Y apareció el Estado esclavista, un aparato que dio poder a los propietarios de esclavos y les permitió gobernar a los esclavos. La sociedad y el Estado eran entonces mucho más reducidos que en la actualidad, poseían medios de comunicación incomparablemente más rudimentarios; no existían entonces los modernos medios de comunicación. Las montañas, los ríos y los mares eran obstáculos incomparablemente mayores que hoy, y el Estado se formó dentro de límites geográficos mucho más estrechos. Un aparato estatal técnicamente débil servía a un Estado confinado dentro de límites relativamente estrechos y con una esfera de acción limitada. Pero, de cualquier modo, existía un aparato que obligaba a los esclavos a permanecer en la esclavitud, que mantenía a una parte de la sociedad sojuzgada y oprimida por la otra.
Es imposible obligar a la mayor parte de la sociedad a trabajar en forma sistemática para la otra parte de la sociedad sin un aparato permanente de coerción. Mientras no existieron clases, no hubo un aparato de este tipo. Cuando aparecieron las clases, siempre y en todas partes, a medida que la división crecía y se consolidaba, aparecía también una institución especial: el Estado. Las formas de Estado eran en extremo variadas. Ya durante el período de la esclavitud encontramos diversas formas de Estado en los países más adelantados, más cultos y civilizados de la época, por ejemplo en la antigua Grecia y en la antigua Roma, que se basaban integramente en la esclavitud. Ya había surgido en aquel tiempo una diferencia entre monarquía y república, entre aristocracia y democracia. La monarquía es el poder de una sola persona, la república es la ausencia de autoridades no elegidas; la aristocracia es el poder de una minoría relativamente pequeña, la democracia el poder del pueblo (democracia en griego, significa literalmente poder del pueblo). Todas estas diferencias sur gieron en la época de la esclavitud. A pesar de estas diferencias, el Estado de la epoca esclavista era un Estado esclavista, ya se tratara de una monarquía o de una república, aristocrática o democrática.
En todos los cursos de historia de la antigüedad, al escuchar la conferencia sobre este tema, les hablarán de la lucha librada entre los Estados monárquicos y los republicanos. Pero el hecho fundamental es que los esclavos no eran considerados seres humanos; no sólo no se los consideraba ciudadanos, sino que ni siquiera se los consideraba seres humanos. El derecho romano los consideraba como bienes. La ley sobre el homicidio, para no mencionar otras leyes de protección de la persona, no amparaba a los esclavos. Defendia sólo a los propietarios de esclavos, los únicos que eran reconocidos como ciudadanos con plenos derechos. Lo mismo daba que gobernara una monarquía o una república: tanto una como otra eran una república de los propietarios de esclavos o una monarquia de los propietarios de esclavos. Estos gozaban de todos los derechos, mientras que los esclavos, ante la ley, eran bienes; y contra el esclavo no sólo podía perpetrarse cualquier tipo de violencia, sino que incluso matar a un esclavo no era considerado delito. Las repúblicas esclavistas diferían en su organización interna: había repúblicas aristocráticas y repúblicas democráticas.
En la república aristocrática participaba en las elecciones un reducido número de privilegiados; en la republica democrática participaban todos, pero siempre todos los propietarios de esclavos, todos, menos los esclavos. Debe tenerse en cuenta este hecho fundamental, pues arroja más luz que ningún otro sobre el problema del Estado, y pone claramente de manifiesto la naturaleza del Estado.
El Estado es una máquina para que una clase reprima a otra, una máquina para el sometimiento a una clase de otras clases, subordinadas. Esta máquina puede presentar diversas formas. El Estado esclavista podía ser una monarquía, una república aristocrática e incluso una república democrática. En realidad, las formas de gobierno variaban extraordinariamente, pero su esencia era siempre la misma: los esclavos no gozaban de ningún derecho y seguian siendo una clase oprimida; no se los consideraba seres humanos. Nos encontramos con lo mismo en el Estado feudal.
El cambio en la forma de explotación trasformó el Estado esclavista en Estado feudal. Esto tuvo una enorme importancia. En la sociedad esclavista, el esclavo no gozaba de ningún derecho y no era considerado un ser humano; en la sociedad feudal, el campesino se hallaba sujeto a la tierra. El principal rasgo de la servidumbre era que a los campesinos (y en aquel tiempo los campesinos constituían la mayoría, pues la población urbana era todavía muy poco desarrollada) se los consideraba sujetos a la tierra: de ahí se deriva este concepto mismo -- la servidumbre. El campesino podía trabajar cierto número de días para si mismo en la parcela que le asignaba el señor feudal; los demás días el campesino siervo trabajaba para su señor. Subsistía la esencia de la sociedad de clases: la sociedad se basaba en la explotación de clase. Sólo los propietarios de la tierra gozaban de plenos derechos; los campesinos no tenían ningún derecho.
En la práctica su situación no difería mucho de la situación de los esclavos en el Estado esclavista. Sin embargo, se había abierto un camino más amplio para su emancipación, para la emancipación de los campesinos, ya que el campesino siervo no era considerado propiedad directa del señor feudal. Podía trabajar una parte de su tiempo en su propia parcela; podía, por así decirlo, ser, hasta cierto punto, dueño de sí mismo; y al ampliarse las posibilidades de desarrollo del intercambio y de las relaciones comerciales, el sistema feudal se fue desintegrando progresivamente y se fueron ampliando progresivamente las posibilidades de emancipación del campesinado. La sociedad feudal fue siempre más compleja que la sociedad esclavista. Había un importante factor de desarrollo del comercio y la industria, cosa que, incluso en esa época, condujo al capitalismo. El feudalismo predominaba en la Edad Media. Y también aquí diferían las formas del Estado; también aquí encontramos la monarquía y la república, aunque esta última se manifestaba mucho más débilmente. Pero siempre se consideraba al señor feudal como el único gobernante. Los campesinos siervos ca recían totalmente de derechos políticos.
Ni bajo la esclavitud ni bajo el feudalismo podía una reducida minoría de personas dominar a la enorme mayoría sin recurrir a la coerción. La historia está llena de constantes intentos de las clases oprimidas por librarse de la opresión. La historia de la esclavitud nos habla de guerras de emancipación de los esclavos que duraron décadas enteras. El nombre de "espartaquistas", entre parentesis, que han adoptado ahora los comunistas alemanes -- el único partido aleman que realmente lucha contra el yugo del capitalismo --, lo adoptaron debido a que Espartaco fue el héroe más destacado de una de las más grandes sublevaciones de esclavos que tuvo lugar hace unos dos mil años. Durante varios años el Imperio romano, que parecía omnipotente y que se apoyaba por entero en la esclavitud, sufrió los golpes y sacudidas de un extenso levantamiento de esclavos, armados y agrupados en un vasto ejército, bajo la dirección de Espartaco. Al fin y al cabo fueron derrotados, capturados y torturados por los propietarios de esclavos. Guerras civiles como éstas jalonan toda la historia de la sociedad de clases. Lo que acabo de señalar es un ejemplo de la más importante de estas guerras civiles en la época de la esclavitud. Del mismo modo, toda la época del feudalismo se halla jalonada por constantes sublevaciones de los campesinos.
En Alemania, por ejemplo, en la Edad Media, la lucha entre las dos clases -- terratenientes y siervos -- asumió amplias proporciones y se trasformó en una guerra civil de los campesinos contra los terratenientes. Todos ustedes conocen ejemplos similares de constantes levantamientos de los campesinos contra los terratenientes feudales en Rusia.
Para mantener su dominación y asegurar su poder, los señores feudales necesitaban de un aparato con el cual pudiesen sojuzgar a una enorme cantidad de personas y someterlas a ciertas leyes y normas; y todas esas leyes, en lo fundamental, se reducían a una sola cosa: el mantenimiento del poder de los señores feudales sobre los campesinos siervos. Tal era el Estado feudal, que en Rusia, por ejemplo, o en los países asiáticos muy atrasados (en los que aún impera el feudalismo) difería en su forma: era una república o una monarquía.
Cuando el Estado era una monarquía se reconocía el poder de un individuo; cuando era una república, en uno u otro grado se reconocía la participación de representantes electos de la sociedad terrateniente; esto sucedía en la sociedad feudal. La sociedad feudal representaba una división en clases en la que la inmensa mayoría -- los campesinos siervos -- estaba totalmente sometida a una insignificante minoría, a los terratenientes, dueños de la tierra.
El desarrollo del comercio, el desarrollo del intercambio de mercancías, condujeron a la formación de una nueva clase, la de los capitalistas. El capital se conformo como tal al final de la Edad Media, cuando, después del descubrimiento de América, el comercio mundial adquirío un desarrollo enorme, cuando aumentó la cantidad de metales preciosos, cuando la plata y el oro se convirtieron en medios de cambio, cuando la circulación monetaria permitió a ciertos individuos acumular enormes riquezas. La plata y el oro fueron reconocidos como riqueza en todo el mundo.
Declinó el poder económico de la clase terrateniente y creció el poder de la nueva clase, los representantes del capital. La sociedad se reorganizó de tal modo, que todos los ciudadanos parecían ser iguales, desapareció la vieja división en propietarios de esclavos y esclavos, y todos los individuos fueron considerados iguales ante la ley, independientemente del capital que poseyeran -- propietarios de tierras o pobres hombres sin más propiedad que su fuerza de trabajo, todos eran iguales ante la ley. La ley protege a todos por igual; protege la propiedad de los que la tienen, contra los ataques de las masas que, al no poseer ninguna propiedad, al no poseer más que su fuerza de trabajo, se empobrecen y arruinan poco a poco y se convierten en proletarios. Tal es la sociedad capitalista.
No puedo detenerme a analizarlo en detalle. Ya volverán ustedes a ello cuando estudien el programa del partido: tendrán entonces una descripción de la sociedad capitalista. Esta sociedad fue avanzando contra la servidumbre, contra el viejo régimen feudal, bajo la consigna de la libertad. Pero era la libertad para los propietarios. Y cuando se desintegró el feudalismo, cosa que ocurrío a fines del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX -- en Rusia ocurrió más tarde que en otros países, en 1861 --, el Estado feudal fue desplazado por el Estado capitalista, que proclama como consigna la libertad para todo el pueblo, que afirma que expresa la voluntad de todo el pueblo y niega ser un Estado de clase. Y en este punto se entabló una lucha entre los socialistas, que bregan por la libertad de todo el pueblo, y el Estado capitalista, lucha que condujo hoy a la creación de la República Socialista Soviética y que se está extendiendo al mundo entero.
Para comprender la lucha iniciada contra el capital mundial, para entender la esencia del Estado capitalista, debemos recordar que cuando ascendió el Estado capitalista contra el Estado feudal, entró en la lucha bajo la consigna de la libertad. La abolición del feudalismo significó la libertad para los representantes del Estado capitalista y sirvió a sus fines, puesto que la servidumbre se derrumbaba y los campesinos tenían la posibilidad de poseer en plena propiedad la tierra adquirida por ellos mediante un rescate o, en parte por el pago de un tributo; esto no interesaba al Estado; protegía la propiedad sin importarle su origen, pues el Estado se basaba en la propiedad privada. En todos los Estados civilizados modernos los campesinos se convirtieron en propietarios privados. Incluso cuando el terrateniente cedía parte de sus tierras a los campesinos, el Fstado protegía la propiedad privada, resarciendo al terrateniente con una indemnización, permitiéndole obtener dinero por la tierra.
El Estado, por así decirlo, declaraba que ampararía totalmente la propiedad privada y le otorgaba toda clase de apoyo y protección. El Estado reconocía los derechos de propiedad de todo comerciante, fabricante e industrial. Y esta sociedad, basada en la propiedad privada, en el poder del capital, en la sujeción total de los obreros desposeidos y las masas trabajadoras del campesinado proclamaba que su régimen se basaba en la libertad. Al luchar contra el feudalismo, proclamó la libertad de propiedad y se sentía especialmente orgullosa de que el Estado hubiese dejado de ser, supuestamente, un Estado de clase.
Con todo, el Estado seguía siendo una máquina que ayudaba a los capitalistas a mantener sometidos a los campesinos pobres y a la clase obrera, aunque en su apariencia exterior fuese libre. Proclamaba el sufragio universal y, por intermedio de sus defensores, predicadores, eruditos y filosófos, que no era un Estado de clase. Incluso ahora, cuando las repúblicas socialistas soviéticas han comenzado a combatir el Estado, nos acusan de ser violadores de la libertad y de erigir un Estado basado en la coerción, en la represión de unos por otros, mientras que ellos representan un Estado de todo el pueblo, un Estado democrático. Y este problema, el problema del Estado, es ahora, cuando ha comenzado la revolución socialista mundial y cuando la revolución triunfa en algunos países, cuando la lucha contra el capital mundial se ha agudizado en extremo, un problema que ha adquirido la mayor importancia y puede decirse que se ha convertido en el problema más candente, en el foco de todos los problemas políticos y de todas las polémicas políticas del presente.
Cualquiera sea el partido que tomemos en Rusia o en cualquiera de los países más civilizados, vemos que casi todas las polémicas, discrepancias y opiniones políticas giran ahora en torno de la concepcion del Estado. ¿Es el Estado, en un país capitalista, en una república democrática -- especialmente en repúblicas como Suiza o Norteamérica --, en las repúblicas democráticas más libres, la expresión de la voluntad popular, la resultante de la decisión general del pueblo, la expresión de la voluntad nacional, etc., o el Estado es una máquina que permite a los capitalistas de esos países conservar su poder sobre la clase obrera y el campesinado? Este es el problema fundamental en torno del cual giran todas las polémicas políticas en el mundo entero. ¿Qué se dice sobre el bolchevismo? La prensa burguesa lanza denuestos contra los bolcheviques.
No encontrarán un solo periódico que no repita la acusación en boga de que los bolcheviques violan la soberanía del pueblo. Si nuestros mencheviques y eseristas, en su simpleza de espiritu (y quizá no sea simpleza, o quiza sea esa simpleza de la que dice el proverbio que es peor que la ruindad) piensan que han inventado y descubierto la acusación de que los bolcheviques han violado la libertad y la soberanía del pueblo, se equivocan en la forma más ridicula. Hoy, todos los periodicos más ricos de los países más ricos, que gastan decenas de millones en su difusión y diseminan mentiras burguesas y la política imperialista en decenas de millones de ejemplares, todos esos periódicos repiten esos argumentos y acusaciones fundamentales contra el bolchevismo, a saber: que Norteamérica, Inglaterra y Suiza son Estados avanzados, basados en la soberanía del pueblo, mientras que la república bolchevique es un Estado de bandidos en el que no se conoce la libertad y que los bolcheviques son violadores de la idea de la soberanía del pueblo e incluso llegaron al extremo de disolver la Asamblea Constituyente.
Estas terribles acusaciones contra los bolcheviques se repiten en todo el mundo. Estas acusaciones nos conducen directamente a la pregunta: ¿que es el Estado? Para comprender estas acusaciones, para poder estudiarlas y adoptar hacia ellas una actitud plenamente conciente, y no examinarlas basándose en rumores, sino en una firme opinión propia, debemos tener una clara idea de lo que es el Estado. Tenemos ante nosotros Estados capitalistas de todo tipo y todas las teorías que en su defensa se elaboraron antes de la guerra. Para responder correctamente a la pregunta, debemos examinar con un enfoque crítico todas estas teorías y concepciones.
Ya les he aconsejado que recurran al libro de Engels El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. En él se dice que todo Estado en el que existe la propiedad privada de la tierra y los medios de producción, en el que domina el capital, por democrático que sea, es un Estado capitalista, una máquina en manos de los capitalistas para el sojuzgamiento de la clase obrera y los campesinos pobres. Y el sufragio universal, la Asamblea Constituyente o el Parlamento son meramente una forma, una especie de pagaré, que no cambia la esencia del asunto.
Las formas de dominación del Estado pueden variar: el capital manifiesta su poder de un modo donde existe una forma y de otro donde existe otra forma, pero el poder está siempre, esencialmente, en manos del capital, ya sea que exista o no el voto restringido u otros derechos, ya sea que se trate de una república democrática o no; en realidad, cuanto más democrática es, más burda y cinica es la dominación del capitalismo. Una de las repúblicas más democráticas del mundo es Estados Unidos de Norteamérica, y sin embargo, en ninguna parte (y quienes hayan estado allí después de 1905 probablemente lo saben) es tan crudo y tan abiertamente corrompido como en Norteamérica el poder del capital, el poder de un puñado de multimillonarios sobre toda la sociedad.
El capital, una vez que existe, domina la sociedad entera, y ninguna república democrática, ningún derecho electoral pueden cambiar la esencia del asunto.
La república democrática y el sufragio universal representaron un enorme progreso comparado con el feudalismo: permitieron al proletariado lograr su actual unidad y solidaridad y formar esas filas compactas y disciplinadas que libran una lucha sistemática contra el capital. No existió nada ni siquiera parecido a esto entre los campesinos siervos y ni que hablar ya entre los esclavos. Los esclavos, como sabemos se sublevaron, se amotinaron e iniciaron guerras civiles, pero no podian llegar a crear una mayoría consciente y partidos que dirigieran la lucha; no podían comprender claramente cuáles eran sus objetivos, e incluso en los momentos más revolucionarios de la historia fueron siempre peones en manos de las clases dominantes. La república burguesa, el Parlamento, el sufragio universal, todo ello constituye un inmenso progreso desde el punto de vista del desarrollo mundial de la sociedad. La humanidad avanzó hacia el capitalismo y fue el capitalismo solamente, lo que, gracias a la cultura urbana, permitió a la clase oprimida de los proletarios adquirir conciencia de si misma y crear el movimiento obrero mundial, los millones de obreros organizados en partidos en el mundo entero; los partidos socialistas que dirigen concientemente la lucha de las masas.
Sin parlamentarismo, sin un sistema electoral, habría sido imposible este desarrollo de la clase obrera. Es por ello que todas estas cosas adquirieron una importancia tan grande a los ojos de las grandes masas del pueblo. Es por ello que parece tan dificil un cambio radical. No son sólo los hipócritas concientes, los sabios y los curas quienes sostienen y defienden la mentira burguesa de que el Estado es libre y que tiene por misión defender los intereses de todos; lo mismo hacen muchisimas personas atadas sinceramente a los viejos prejuicios y que no pueden entender la transición de la sociedad antigua, capitalista, al socialismo. Y no sólo las personas que dependen directamente de la burguesia, no sólo quienes vi ven bajo el yugo del capital o sobornados por el capital (hay gran cantidad de cientificos, artistas, sacerdotes, etc., de todo tipo al servicio del capital), sino incluso personas simplemente influidas por el prejuicio de la libertad burguesa, se han movilizado contra el bolchevismo en el mundo entero, porque cuando fue fundada la República Soviética rechazó estas mentiras burguesas y declaró abiertamente: ustedes dicen que su Estado es libre, cuando en realidad, mientras exista la propiedad privada, el Estado de ustedes, aunque sea una república democrática, no es más que una máquina en manos de los capitalistas para reprimir a los obreros, y mientras más libre es el Estado, con mayor claridad se manifiesta esto. Ejemplos de ello nos los brindan Suiza en Europa, y Estados Unidos en América.
En ninguna parte domina el capital en forma tan cínica e implacable y en ninguna parte su dominación es tan ostensible como en estos países, a pesar de tratarse de repúblicas democráticas, por muy bellamente que se las pin te y por mucho que en ellas se hable de democracia del trabajo y de igualdad de todos los ciudadanos. El hecho es que en Suiza y en Norteamérica domina el capital, y cualquier intento de los obreros por lograr la menor mejora efectiva de su situación, provoca inmediatamente la guerra civil. En estos países hay pocos soldados, un ejército regular pequeño -- Suiza cuenta con una milicia y todos los ciudadanos suizos tienen un fusil en su casa, mientras que en Estados Unidos, hasta hace poco, no existía un ejército regular --, de modo que cuando estalla una huelga, la burguesia se arma, contrata soldados y reprime la huelga; en ninguna parte la represión del movimiento obrero es tan cruel y feroz como en Suiza y en Estados Unidos, y en ninguna parte se manifiesta con tanta fuerza como en estos países la influencia del capital sobre el Parlamento.
La fuerza del capital lo es todo, la Bolsa es todo, mientras que el Parla mento y las elecciones no son más que muñecos, marionetas. . . Pero los obreros van abriendo cada vez más los ojos y la idea del poder soviético va extendiéndose cada vez más. Sobre todo después de la sangrienta matanza por la que acabamos de pasar. La clase obrera advierte cada vez más la necesidad de luchar implacablemente contra los capitalistas.
Cualquiera sea la forma con que se encubra una república, por democrática que sea, si es una república burguesa, si conserva la propiedad privada de la tierra, de las fábricas, si el capital privado mantiene a toda la socicdad en la esclavitud asalariada, es decir, si la república no lleva a la práctica lo que se proclama en el programa de nuestro partido y en la Constitución soviética, entonces ese Estado es una máquina para que unos repriman a otros.
Y debemos poner esta máquina en manos de la clase que habrá de derrocar el poder del capital. Debemos rechazar todos los viejos prejuicios acerca de que el Estado significa la igualdad universal; pues esto es un fraude: mientras exista explotación no podrá existir igualdad. El terrateniente no puede ser igual al obrero, ni el hombre hambriento igual al saciado. La máquina, llamada Estado, y ante la que los hombres se inclinaban con supersticiosa veneración, porque creian en el viejo cuento de que significa el Poder de todo el pueblo, el proletariado la rechaza y afirma: es una mentira burguesa. Nosotros hemos arrancado a los capitalistas esta máquina y nos hemos apoderado de ella. Utilizaremos esa máquina, o garrote, para liquidar toda explotación; y cuando toda posibilidad de explotación haya desaparecido del mundo, cuando ya no haya propietarios de tierras ni propietarios de fábricas, y cuando no exista ya una situación en la que unos estan saciados mientras otros padecen hambre, sólo cuando haya desaparecido por completo la posibilidad de esto, relegaremos esta máquina a la basura.
Entonces no existir á Estado ni explotación. Tal es el punto de vista de nuestro partido comunista. Espero que volveremos a este tema en futuras conferencias, volveremos a él una y otra vez.
Nota
[*] La Universidad Comunista I. M. Sverdlov se fundó sobre la base de unos cursillos de agitadores e instructores, organizados en 1918, adjuntos al Comité Ejecutivo Central de toda Rusia. Más tarde los cursillos fueron reorganizados en Escuela de Trabajos de los Soviets. Después de la resolución, adoptada por el VIII Congreso del PC(b) de Rusia, de organizar una escuela superior adjunta al CC para preparar cuadros del Partido, la Escuela se transformó en Escuela Central de Trabajos de los Soviets y del Partido; en el segundo semestre de 1919 por decision del Buró de Organización del CC del PC(b) de Rusia, Ia Escuela recibió el nombre de Universidad Comunista I. M. Sverdlov. Lenin dio en ella dos conferencias acerca del Estado. El texto de la segunda, pronunciada el 29 de agosto de 1919, no se ha conservado.
Tesis de abril
V. I. Lenin
Las tareas del proletariado en la presente revolución
("Tesis de abril")
Escrito: En ruso en Petrogrado el 4 y 5 de abril de 1917.
Primera edición: En el número 26 de Pravda con la firma de "N.Lenin" el 7 de abril de 1917.
Por fallos en la imprenta, dos dias después de la fecha -el 5- en que Lenin había ordenado que se publicaran las tesis.
Los periódicos bolcheviques de Moscú, Járkov, Krasnoyarsk, Ufá, Bakú, Tiflis y otros sitios reprodujeron el artículo.Fuente: Biblioteca de Textos Marxistas.
Preparado para el MIA: Por Juan Fajardo, abril de 2000.
Habiendo llegado a Petrogrado únicamente el 3 de abril por la noche, es natural que sólo en nombre propio y con las consiguientes reservas, debidas a mi insuficiente preparación, pude pronunciar en la asamblea del 4 de abril un informe acerca de las tareas del proletariado revolucionario.
Lo único que podía hacer para facilitarme la labor -y facilitársela también a los opositores de buena fe- era preparar unas tesis por escrito. Las leí y entregué el texto al camarada Tsereteli. Las leí muy despacio y por dos veces: primero en la reunión de bolcheviques y después en la de bolcheviques y mencheviques.
Publico estas tesis personales mías acompañadas únicamente de brevísimas notas explicativas, que en mi informe fueron desarrolladas con mucha mayor amplitud.
TESIS
En nuestra actitud ante la guerra, que por parte de Rusia sigue siendo indiscutiblemente una guerra imperialista, de rapiña, también bajo el nuevo gobierno de Lvov y Cía., en virtud del carácter capitalista de este gobierno, es intolerable la más pequeña concesión al "defensismo revolucionario".
El proletariado consciente sólo puede dar su asentimiento a una guerra revolucionaria, que justifique verdaderamente el defensismo revolucionario, bajo las siguientes condiciones:
a) paso del poder a manos del proletariado y de los sectores más pobres del campesinado a él adheridos;
b) renuncia de hecho y no de palabra, a todas las anexiones;
c) ruptura completa de hecho con todos los intereses del capital.
Dada la indudable buena fe de grandes sectores de defensistas revolucionarios de filas, que admiten la guerra sólo como una necesidad y no para fines de conquista, y dado su engaño por la burguesía, es preciso aclararles su error de un modo singularmente minucioso, paciente y perseverante, explicarles la ligazón indisoluble del capital con la guerra imperialista y demostrarles que sin derrocar el capital es imposible poner fin a la guerra con una paz verdaderamente democrática y no con una paz impuesta por la violencia.
Organizar la propaganda más amplia de este punto de vista en el ejército de operaciones.
Confraternización en el frente.
La peculiaridad del momento actual en Rusia consiste en el paso de la primera etapa de la revolución, que ha dado el poder a la burguesía por carecer el proletariado del grado necesario de conciencia y de organización, a su segunda etapa, que debe poner el poder en manos del proletariado y de las capas pobres del campesinado.
Este tránsito se caracteriza, de una parte, por el máximo de legalidad (Rusia es hoy el más libre de todos los países beligerantes); de otra parte, por la ausencia de violencia contra las masas y, finalmente, por la confianza inconsciente de éstas en el gobierno de los capitalistas, los peores enemigos de la paz y del socialismo.
Esta peculiaridad exige de nosotros habilidad para adaptarnos a las condiciones especiales de la labor del partido entre masas inusitadamente amplias del proletariado que acaban de despertar a la vida política.
Ningún apoyo al Gobierno Provisional; explicar la completa falsedad de todas sus promesas, sobre todo de la renuncia a las anexiones. Desenmascarar a este gobierno, que es un gobierno de capitalistas, en vez de propugnar la inadmisible e ilusoria "exigencia" de que deje de ser imperialista.
Reconocer que, en la mayor parte de los Soviets de diputados obreros, nuestro partido está en minoría y, por el momento, en una minoría reducida, frente al bloque de todos los elementos pequeñoburgueses y oportunistas -sometidos a la influencia de la burguesía y que llevan dicha influencia al seno del proletariado-, desde los socialistas populares y los socialistas revolucionarios hasta el Comité de Organización (Chjeídze, Tsereteli, etc), Steklov, etc, etc.
Explicar a las masas que los Soviets de diputados obreros son la única forma posible de gobierno revolucionario y que, por ello, mientras este gobierno se someta a la influencia de la burguesía, nuestra misión sólo puede consistir en explicar los errores de su táctica de un modo paciente, sistemático, tenaz y adaptado especialmente a las necesidades prácticas de las masas.
Mientras estemos en minoría, desarrollaremos una labor de crítica y esclarecimiento de los errores, propugnando al mismo tiempo, la necesidad de que todo el poder del Estado pase a los Soviets de diputados obreros, a fin de que, sobre la base de la experiencia, las masas corrijan sus errores.
No una república parlamentaria -volver a ella desde los Soviets de diputados obreros sería dar un paso atrás- sino una república de los Soviets de diputados obreros, braceros y campesinos en todo el país, de abajo arriba.
Supresión de la policía, del ejército y de la burocracia.1
La remuneración de los funcionarios, todos ellos elegibles y amovibles en cualquier momento, no deberá exceder del salario medio de un obrero calificado.
En el programa agrario, trasladar el centro de gravedad a los Soviets de diputados braceros.
Confiscación de todas las tierras de los latifundios.
Nacionalización de todas las tierras del país, de las que dispondrán los Soviets locales de diputados braceros y campesinos. Creación de Soviets especiales de diputados campesinos pobres. Hacer de cada gran finca (con una extensión de 100 a 300 deciatinas, según las condiciones locales y de otro género y a juicio de las instituciones locales) una hacienda modelo bajo el control de diputados braceros y a cuenta de la administración local.
Fusión inmediata de todos los bancos del país en un Banco Nacional único, sometido al control de los Soviets de diputados obreros.
No "implantación" del socialismo como nuestra tarea inmediata, sino pasar únicamente a la instauración inmediata del control de la producción social y de la distribución de los productos por los Soviets de diputados obreros.
Tareas del partido:
celebración inmediata de un congreso del partido;
modificación del programa del partido, principalmente:
sobre el imperialismo y la guerra imperialista, sobre la posición ante el Estado y nuestra reivindicación de un "Estado-Comuna"2
reforma del programa mínimo, ya anticuado;
cambio de denominación del partido3
Renovación de la Internacional.
Iniciativa de constituir una Internacional revolucionaria, una
Internacional contra los socialchovinistas y contra el "centro".4
Para que el lector comprenda por qué hube de resaltar de manera especial, como rara excepción, el "caso" de opositores de buena fe, le invito a comparar estas tesis con la siguiente objeción del señor Goldenberg: Lenin -dice- "ha enarbolado la bandera de la guerra civil en el seno de la democracia revolucionaria". (Citado en el periódico Edinstvo, del señor Pléjanov, núm.5)
Una perla, ¿verdad?
Escribo, leo y machaco: "Dada la indudable buena fe de grandes sectores de defensistas revolucionarios de filas..., dado su engaño por la burguesía, es preciso aclararles su error de un modo singularmente minucioso, paciente y perseverante..."
Y esos señores de la burguesía, que se llaman socialdemócratas, que no pertenecen ni a los grandes sectores ni a los defensistas revolucionarios de filas, tienen la osadía de reproducir sin escrúpulos mis opiniones, interpretándolas así: "ha enarbolado (!) la bandera (!) de la guerra civil" (¡ni en las tesis ni en el informe se habla de ella para nada!) "en el seno (!!) de la democracia revolucionaria..."
¿Qué significa eso? ¿En qué se distingue de una incitación al pogromo?, ¿en qué se diferencia de Rússkaya Volia?
Escribo, leo y machaco: "Los Soviets de diputados obreros son la única forma posible de gobierno revolucionario y, por ello, nuestra misión sólo puede consistir en explicar los errores de su táctica de un modo paciente, sistemático, tenaz y adaptado especialmente a las necesidades prácticas de las masas..."
Pero cierta clase de opositores exponen mis puntos de vista ¡¡como un llamamiento a la "guerra civil en el seno de la democracia revolucionaria"!!
He atacado al Gobierno Provisional por no señalar un plazo, ni próximo ni remoto, para la convocatoria de la Asamblea Constituyente y limitarse a simples promesas. Y he demostrado que sin los Soviets de diputados obreros y soldados no está garantizada la convocatoria de la Asamblea Constituyente ni es posible su éxito.
¡¡¡Y se me imputa que soy contrario a la convocatoria inmediata de la Asamblea Constituyente!!!
Calificaría todo eso de expresiones "delirantes" si decenas de años de lucha política no me hubiesen enseñado a considerar una rara excepción la buena fe de los opositores.
En su periódico, el señor Pléjanov ha calificado mi discurso de "delirante". ¡Muy bien, señor Pléjanov! Pero fíjese cuán torpón, inhábil y poco perspicaz es usted en su polémica. Si me pasé dos horas delirando, ¿por qué aguantaron cientos de oyentes ese "delirio"? ¿Y para qué dedica su periódico toda una columna a reseñar un "delirio"? Mal liga eso, señor Pléjanov, muy mal.
Es mucho más fácil, naturalmente, gritar, insultar y vociferar que intentar exponer, explicar y recordar cómo enjuiciaban Marx y Engels en 1871, 1872 y 1875 las experiencias de la Comuna de París y qué decían acerca del tipo de Estado que necesita el proletariado.
Por lo visto, el ex marxista señor Pléjanov no desea recordar el marxismo.
He citado las palabras de Rosa Luxemburgo, que el 4 de agosto de 1914 denominó a la socialdemocracia alemana "cadáver maloliente". Y los señores Pléjanov, Goldenberg y Cía. se sienten "ofendidos" ... ¿en nombre de quién? ¡En nombre de los chovinistas alemanes, calificados de chovinistas!
Los pobres socialchovinistas rusos, socialistas de palabra y chovinistas de hecho, se han armado un lío.
N.Lenin
1. Nota 1 de Lenin: Es decir, sustitución del ejército permanente con el armamento general del pueblo.
2. Nota de Lenin: Es decir, de un Estado cuyo prototipo dio la Comuna de Paris.
3. Nota de Lenin: En lugar de "socialdemocracia", cuyos líderes oficiales han traicionado al socialismo en el mundo entero, pasándose a la burguesía (lo mismo los "defensistas" que los vacilantes "kautskianos"), debemos denominarnos Partido Comunista.
4. Nota Lenin: En la socialdemocracia internacional se llama "centro" a la tendencia que vacila entre los chovinistas (o "defensistas") y los internacionalistas, es decir: Kautsky y Cía. en Alemania, Longuet y Cía. en Francia, Chjeídze y Cía. en Rusia, Turati y Cía. en Italia, McDonald y Cía. en Inglaterra, etc.
martes, septiembre 20, 2005
Plenario Final de La sexta Declaracion del EZLN
REUNIÓN PLENARIA PALABRAS FINALES DEL EZLN
Vamos a clausurar, compañeros y compañeras.
Vamos a dar un pequeño mensaje, compañeras y compañeros, de clausura de esta reunión en la que les entregamos la Otra Campaña. Primero que nada les pedimos disculpas por los errores que hayamos cometido a la hora de conducir esta asamblea y tomando en cuenta que el hecho de reconocer nuestros errores no nos va a eximir de las críticas que nos hagan por lo que hayamos hecho.
Algunas cosas nos dimos cuenta, como este último de las tareas inmediatas. Tal vez otros errores no nos dimos cuenta, pero está en nosotros la disposición para aprender también ese trabajo.
Les vamos a pedir a todos los que están y los que no están algunas cosas.
Como ya entregamos la OtraCampaña, ya no es del EZLN, no sólo del EZLN, entonces les voy a pedir a los compañeros y compañeras de la revista Rebeldía que manden un correo a todos los compañeros adherentes que tienen en la lista y les pidan autorización si están de acuerdo o no para que sus datos se socialicen o sea que se pasen a todos los adherentes.
Eso tenemos que hacerlo así porque son gentes, personas y organizaciones que confiaron en nosotros. A otros les tenemos que decir ya no es con nosotros, es con todos y entonces. Que rectifiquen o ratifiquen si se va a compartir esta información para que se puedan contactar.
Cuando tengamos esto a más tardar en un mes, vamos a poner eso de plazo, el directorio de lo que fue hasta el 11 de septiembre la Otra Campaña se les va a mandar a todos y ahí van a poder contactarse por localidades o estados. También pedimos respetuosamente a todas las organizaciones,individuos, grupos, y a los que están y a los que no están que en estos tiempos, conforme se organicen nos manden sus propuestas para las fechas en las que se va a mover lo que alguien dijo aquí, el agente X, en sus estados, tomando en cuenta los días que vamos a estar ahí para las reuniones que se vayan a hacer. También les pedimos, como EZLN, si pueden hacer luego un balance de lo que fue la reunión y nos manden un balance crítico para nosotros saber cómo lo vieron ustedes y también nos digan si se puede hacer público,es decir, mandárselo a los demás. Todos, personas, individuos, organizaciones, etc. Y queremos aquí dejar claro, porque se manejó en varias intervenciones, que ni el EZLN ni Marcos van a aceptar la vocería de laOtra Campaña porque eso ya sería establecer un cargo que no tiene cabida.
Marcos es el vocero del EZLN nada más. Compañeros, hay en esto de las tareas políticas inmediatas un problema que se señaló, que se notó, pues, nosotros cuando invitamos a la Otra Campaña le dijimos a la gente que la íbamos a tomar en cuenta por eso nosotros pensamos que la otra campaña en el momento en que se entrega tiene que consultar todo, tomar en cuenta a todos. Eso es lo que le va a dar la garantía a la gente de que esto es diferente. Que no hay quien es más grande, o quien es más chico, que no vale más el que sabe que el que no sabe hablar, que no vale más el que tiene la paga para poder moverse que el que se tiene que quedar, pues.
Tenemos que ver la forma de consultar todo porque no podemos decidir el criterio.
Eso sí lo consultamos y esto no. Yo sé que esto plantea problemas para tareas que se presentan como urgentes pero es algo que tenemos que construir, saber construir y lo primero es que todos tengan la garantía de que en esa construcción y en este rumbo de la otra campaña se va a decidir por todos. Cada palabra se va a tomar en cuenta como cualquiera, entonces nada se va a decidir por avasallamiento, por montón, por agandalle.
Todo lo que sea a nombre de la otra campaña, si ya se la entregamos a todos, tenemos que decirlo, que todos cuentan. Entonces no podemos decidir así, esto sí se consulta y esto no o cualquier criterio porque entonces le vamos a estar faltando el respeto a la gente.
Si no queremos que pase con la otra campaña lo que con otros partidos políticos quedos décadas después dicen chin, se nos fue yendo por otro lado, y ya no hicimos nada, de que en esa construcción y en ese rubro de la otra campaña se va a decidir con todos, desde el más pequeño hasta el que tenga más gente. Eso es lo que nosotros proponemos pero no está para nosotros lo que hay cosas que son prioritarias y urgentes en la otra campaña. Entonces nosotros estamos proponiendo que se consulte a todos lo que es urgente y básico que es que la otra campaña debe tener solidaridad y apoyo con los que la forman.
Entonces no puede ser que estén golpeando a unos compañeros, porque en el momento en que salgan ustedes o salgamos todos pues, va a empezar a haber un ambiente de amenazas sobre todos.
Entonces lo primero que tiene que hacer la otra campaña es ver por todos los adherentes, es decir, lo que le pase a uno de nosotros no podemos permitirlo, y nos vamos a movilizar con todos los medios civiles y pacíficos que tengamos, para protegerlo, apoyarlo, solidarizarnos con él.
Como quiera también como urgente, porque eso va a permitir que muchas cosas se puedan hacer porque el reflejo inmediato de una organización es proteger a quienes forman parte de ella.
Les pedimos que se pronuncien tan pronto sea posible sobre los diferentes puntos que se plantearon.
Entonces el EZLN va a mandar esta carta ya mañana a todos los adherentes donde se les pide quese pronuncien, tan pronto sea posible, sobre los diferentes puntos que se plantearon, pero especialmente sobre éste, en la medida en que a partir de ahora cualquiera de nosotros puede ser sujeto de alguna acción o amenaza como ya se señalaron aquí.
Seseñalaron también varias urgencias. Imagino la desesperación de los compañeros que esperaban que en esta asamblea hubiera un pronunciamiento sobre estas cosas importantes y urgentes y nosotros también tenemos desesperación, pero sentimos que tenemos que esperar que la otra campaña agarre su rumbo y se dé forma a sí misma.
Se señaló el problema de los trabajadores del Seguro Social, de los trabajadores metalúrgicos, lo del programa de energéticos de Fox.Entonces, haciendo uso de su prerrogativa como organización adherente a la Sexta y el respeto que se establece en la autonomía e independencia de las organizaciones, el EZLN, como EZLN, se compromete a mandar un mensaje (lástima que no está en el calendario para poder ir personalmente) a los compañeros trabajadores del Seguro Social el día que sea su Congreso, un mensaje de aliento, de apoyo y por supuesto de unidad con ellos. Y el EZLN se compromete también a hacer un llamado a todas las organizaciones políticas, personas, grupos políticos, Ong’s, colectivos y personas adherentes o no a la Sexta para que se sumen a la movilización que van a organizar los trabajadores del Seguro Social el día en que sea el Congreso. Esto lo haremos público.
Para nadie es un secreto que ha habido reuniones bilaterales del EZLN con otras organizaciones y colectivos. Con estas organizaciones hemos establecido relaciones bilaterales. A todos les dijimos lo mismo.Independientemente del desarrollo de la otra campaña, estas relaciones podrían permitir acciones conjuntas. Lo que nosotros estamos señalando aquí es que una cosa es la Otra Campaña que formamos entre todos y otra cosa es cada organización, cada individuo, cada persona. En ese sentido les proponemos a las organizaciones políticas, sociales, No Gubernamentales, Colectivos, grupos, individuos que lo consideren ya pertinente hacer un mensaje conjunto quefirmaría el EZLN con estas otras organizaciones, grupos, individuos.
Para las movilizaciones que en unos días se van a hacer contra el proyecto energético deFox, ahí lo que nosotros les proponemos es que haciendo uso de su autonomía, independencia, se reúnan, hagan una redacción común, nos la manden y nosotros firmaríamos junto con ustedes. No podemos ir más allá ahorita. Pensamos que después de la primera exploración del medio ambiente, como dice el TenienteCoronel Moisés, ya podremos participar personalmenteen estas reuniones. Asimismo, nos comprometemos también a un mensaje, a mandar un mensaje a los compañeros obreros metalúrgicos de la Siderúrgica Lázaro Cárdenas Las Truchas sobre el problema que tienen y también llamamos a las organizaciones a que hagamos un pronunciamiento conjunto, pero no como la otra campaña sino como organizaciones, personas e individos y que se pase a todos los que quieran adherirse.
Y les proponemos también a las organizaciones que tengan contacto con el Sindicato Mexicano de Electricistas o con otros sectores de trabajadores de la ciudad o del campo a que les hagamos una invitación conjunta, una carta conjunta,de invitación a que se sumen a la Sexta y a la Otra Campaña y a los trabajos para irle dando forma.
Nosotros pensamos que así podemos ir salvando los obstáculos, de ir construyendo una nueva organización donde todos tengan su lugar sin que perdamos nuestra independencia y nuestra autonomía como organización, compañeros. Les voy a decir: llegaron 91 organizaciones sociales de 162, 71 organizaciones sociales no llegaron, organizaciones políticas llegaron 36, faltaron 19 de llegar, ONG’s, grupos y colectivos, llegaron 129, faltaron 324, de organizaciones indígenas llegaron 26, faltaron 29, de individuos llegaron 196, faltaron 1428.
De ninguna forma somos mayoría y nosotros tenemos que construir algo que cualquiera de estos compañeros que no pudo venir por cualquier situación, sepa que su lugar se leva a apartar, como cuando pasa algo. En total los que estuvimos reunidos contando observadores nacionales e internacionales y sin contar a la prensa fuimos 2069, los que estuvimos reunidos en estos días.
Entonces les dejo ese mensaje a las organizaciones políticas,sociales, sobre los problemas del Seguro Social, de energía eléctrica y energético en general, sobre laSiderúrgica Lázaro Cárdenas.
Compañeras y compañeros, la Otra Campaña ya no esnuestra. Quiero decir, ya no es sólo nuestra por lo que hemos escuchado en esta reunión, lo que escuchamos en las reuniones preparatorias y lo que hemos investigado por varios lados. Queremos que sepan que como Ejército Zapatista de Liberación Nacional es un honor para nosotros tenerlos a partir de ahora como compañeros y compañeras. Ya al decir esto les decimos que corresponderemos con compañerismo, con honestidad y sobre todo con lealtad hacia todos ustedes, la lealtad que hemos tenido, el compañerismo y la honestidad con nuestras comunidades ahora también los tendremos con ustedes.
Después de haberlos oído y visto trabajar pensamos que tenemos mucha suerte de haberlos encontrado. Son ustedes hombres, mujeres otros, niños y ancianos. Algo de lo mejor de este país. Qué bueno que los encontramos.
Ojalá sigamos mucho tiempo juntos adelante. Queremos agradecer, para terminar, primeramente a la comunidad zapatista de La Garrucha, que nos recibió, a las autoridades autónomas de la Junta de Buen Gobierno del Caracol, a las autoridades de los MunicipiosAutónomos Rebeldes Zapatistas Flores Magón, SanManuel, Francisco Villa y Francisco Gómez, a las bases de apoyo de la zona selva tzeltal que trabajaron para construir todo esto, a los compañeros milicianos delTercer Regimiento de Infantería Zapatista que nos estuvieron cuidando sólo con sus bastones y que tuvieron que soportar la impertinencia de algún imbécil fotógrafo que los llamó perros, por no dejarlo pasar, y que no respondieron a la provocación.
Gracias, compañeros milicianos, por cuidarnos.Gracias a mis compañeras comandantas y mis compañeros comandantes del Comité Clandestino RevolucionarioIndígena.
Compañeros, compañeras, hombres, mujeres, otros, niños, ancianos, muchas gracias.
Es todo.
domingo, septiembre 18, 2005
Discurso de Hugo Chavez en la ONU
http://www.alia.com.ar
Los recursos multimediales: Voces, Imágenes, noticias y documentos escritos están a disposición en nuestro sitio
Emisión Especial de HOY:
La Asamblea Plenaria de la Organización de las Naciones Unidas (Desde nuestro sitio, en Radio ALIA net, podrá escuchar el discurso completo o bajar los videos) Chávez retomó una idea de Juan Simón Bolívar en la Carta de Jamaica, hace 190 años.
El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, advirtió hoy en la Cumbre Mundial que los Objetivos de Desarrollo del Milenio no serán alcanzados y pidió que se vuelva a fundar la ONU. La ONU ha agotado su modelo, y no se trata de una simple reforma, la Organización necesita cambios profundos que sólo son posibles con una refundación, aseguró.-´Las meras reformas, dijo Chávez, no bastan para recuperar el "nosotros los pueblos", al que se refiere la Carta de la Organización.
Monumento al Libertador Simon Bolivar, En la Ciudad que lleva su nombre en Provincia de Buenos Aires a 365 kms. de la capital federal, Argentina
"Proponemos a esta Asamblea que Naciones Unidas salga de un país que no es respetuoso con las propias resoluciones de esta Asamblea", señaló, y planteó que la sede se establezca en el hemisferio sur.
Discurso del Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez Frías
Enrique Hernádez, ABN Organización de Naciones Unidas (ONU).
Nueva York. Jueves, 15 de septiembre de 2005
Excelencias, amigas y amigos, muy buenas tardes:
El propósito original de esta reunión ha sido desvirtuado totalmente.
Se nos ha impuesto como centro del debate un mal llamado proceso de reformas, que relega a un segundo plano lo más urgente, lo que los pueblos del mundo reclaman con urgencia, como lo es la adopción de medidas para enfrentar los verdaderos problemas que obstaculizan e impiden los esfuerzos de nuestros países por el desarrollo y por la vida.
Cinco años después de la Cumbre del Milenio, la cruda realidad es que la gran mayoría de las metas diseñadas, pese a que eran ya de por sí modestísimas, no serán alcanzadas. Pretendimos reducir a la mitad los 842 millones de hambrientos para el año 2015.
Al ritmo actual la meta se lograría en el año 2215, ve a ver quién de nosotros estaríamos allí para celebrarlo, si es que la especie humana logra sobrevivir a la destrucción que amenaza nuestro medio ambiente.
Habíamos proclamado la aspiración de lograr en el 2015 la enseñanza primaria universal. Al ritmo actual la meta se alcanzará después del año 2100, preparémonos pues para celebrarlo.
Esto, amigas y amigos del mundo, nos lleva de manera irreversible a una amarga conclusión: las Naciones Unidas han agotado su modelo, y no se trata simplemente de proceder a una reforma, el siglo XXI reclama cambios profundos que sólo son posibles con una refundación de esta organización. Esto no sirve, hay que decirlo, es la pura verdad.
Esas transformaciones, a las que desde Venezuela nos referimos, al mundo, tienen para nosotros, desde nuestro punto de vista dos tiempos: el inmediato, el de ahora mismo, y el de los sueños, el de la utopía; el primero está marcado por los acuerdos lastrados por el viejo esquema, no le rehuimos, y traemos, incluso, propuestas concretas dentro de ese modelo en el corto plazo.
Pero el sueño de esa paz mundial, el sueño de un nosotros que no avergüence por el hambre, la enfermedad, el analfabetismo, la necesidad extrema, necesita -además de raíces- alas para volar. Necesitamos alas para volar, sabemos que hay una globalización neoliberal aterradora, pero también existe la realidad de un mundo interconectado que tenemos que enfrentar no como un problema sino como un reto, podemos, sobre la base de las realidades nacionales, intercambiar conocimientos, complementarnos, integrar mercados, pero al tiempo debemos entender que hay problemas que ya no tienen solución nacional, ni una nube radioactiva, ni los precios mundiales, ni una pandemia, ni el calentamiento del planeta o el agujero de la capa de ozono son problemas nacionales.
Mientras avanzamos hacia un nuevo modelo de Naciones Unidas que haga cierto y suyo ese nosotros de los pueblos, hay cuatro reformas urgentes e irrenunciables que traemos a esta Asamblea, la primera, la expansión del Consejo de Seguridad tanto en sus categorías permanentes como en las no permanentes, dando entrada a nuevos países desarrollados y a países en desarrollo como nuevos miembros permanentes. La segunda, la necesaria mejora de los métodos de trabajo para aumentar la transparencia y no para disminuirla, para aumentar el respeto y no para disminuirlo, para aumentar la inclusión. La tercera, la supresión inmediata, seguimos diciéndolo desde hace seis años desde Venezuela, la supresión inmediata del veto en las decisiones del Consejo de Seguridad, ese vestigio elitesco es incompatible con la democracia, incompatible con la sola idea de igualdad y de democracia.
Y en cuarto lugar el fortalecimiento del papel del Secretario General, sus funciones políticas en el marco de la diplomacia preventiva, debe ser consolidado. La gravedad de los problemas convoca a transformaciones profundas, las meras reformas no bastan para recuperar el nosotros que esperan los pueblos del mundo, más allá de las reformas reclamamos desde Venezuela la refundación de Naciones Unidas, y como bien sabemos en Venezuela, por las palabras de Simón Rodríguez, el Robinson de Caracas: "O inventamos o erramos".
En la reunión de enero pasado de este año 2005 estuvimos en el Foro Social Mundial en Porto Alegre, diferentes personalidades allí pidieron que la sede de Naciones Unidas saliera de Estados Unidos si es que continúan las violaciones a la legalidad internacional por parte de ese país. Hoy sabemos que nunca existieron armas de destrucción masiva en Iraq, el pueblo estadounidense siempre ha sido muy riguroso con la exigencia de la verdad a sus gobernantes, los pueblos del mundo también: nunca hubo armas de destrucción masiva y sin embargo, y por encima de Naciones Unidas, Iraq fue bombardeado, ocupado y continúa ocupado.
Por eso proponemos a esta Asamblea que Naciones Unidas salga de un país que no es respetuoso con las propias resoluciones de esta Asamblea. Algunas propuestas han señalado a una Jerusalén convertida en ciudad internacional como una alternativa. La propuesta tiene la generosidad de proponer una respuesta al conflicto que vive Palestina, pero quizás tenga aristas que hagan difícil llevarlo a cabo. Por eso traemos aquí otra propuesta, anclada en la Carta de Jamaica, que escribió Simón Bolívar, el gran Libertador del Sur, en Jamaica, en 1815, hace 190 años. Ahí propuso Bolívar la creación de una ciudad internacional que sirviera de sede a la idea de unidad que planteaba. Bolívar era un soñador que soñó lo que son hoy nuestras realidades.
Creemos que ya es hora de pensar en la creación de una ciudad internacional ajena a la soberanía de ningún Estado, con la fuerza propia de la moralidad de representar a las Naciones del mundo, pero esa ciudad internacional tiene que reequilibrar cinco siglos de desequilibrio. La nueva sede de Naciones Unidas tiene que estar en el Sur, "¡El Sur también existe!", dijo Mario Benedetti. Esa ciudad que puede existir ya, o podemos inventarla, puede estar donde se crucen varias fronteras o en un territorio que simbolice al mundo, nuestro Continente está en disposición de ofrecer ese suelo sobre el que edificar el equilibrio del universo del que habló Bolívar en 1825.
Señoras, señores, enfrentamos hoy una crisis energética sin precedentes, en el mundo, en la que se combinan peligrosamente un imparable incremento del consumo energético, la incapacidad de aumentar la oferta de hidrocarburos y la perspectiva de una declinación en las reservas probadas de combustibles fósiles. Comienza a agotarse el petróleo.
Para el 2020 la demanda diaria de petróleo será de 120 millones de barriles, con lo cual, incluso sin tener en cuenta futuros crecimientos, se consumiría en 20 años una cifra similar a todo el petróleo que ha gastado la humanidad hasta el momento, lo cual significará, inevitablemente, un aumento en las emisiones de dióxido de carbono que, como se sabe incrementa cada día la temperatura de nuestro planeta.
Katrina ha sido un doloroso ejemplo de las consecuencias que puede traer al hombre ignorar estas realidades. El calentamiento de los océanos es, a su vez, el factor fundamental detrás del demoledor incremento en la fuerza de los huracanes que hemos visto en los últimos años. Valga la ocasión para transmitir una vez más nuestro dolor y nuestro pesar al pueblo de Estados Unidos, que es un pueblo hermano de los pueblos de América también, y de los pueblos del mundo.
Es práctica y éticamente inadmisible sacrificar a la especie humana invocando de manera demencial la vigencia de un modelo socioeconómico con una galopante capacidad destructiva. Es suicida insistir en diseminarlo e imponerlo como remedio infalible para los males de los cuales es, precisamente, el principal causante.
Hace poco el señor Presidente de Estados Unidos asistió a una reunión de la Organización de Estados Americanos, a proponerle a la América Latina y al Caribe incrementar las políticas de mercado, la apertura de mercado, es decir, el neoliberalismo, cuando esa es precisamente la causa fundamental de los grandes males y las grandes tragedias que viven nuestros pueblos: el capitalismo neoliberal, el Consenso de Washington lo que ha generado es mayor grado de miseria, de desigualdad y una tragedia infinita a los pueblos de este continente.
Ahora más que nunca necesitamos, señor Presidente, un nuevo orden internacional, recordemos que la Asamblea General de las Naciones Unidas en su sexto período extraordinario de sesiones, celebrado en 1974, algunos de quienes están aquí no habían nacido, seguramente, o estaban muy pequeños.
En 1974, hace 31 años adoptó la declaración y el programa de acción sobre un nuevo Orden Económico Internacional, junto con el plan de acción la Asamblea General adoptó el 14 de diciembre de aquel año 1974 la Carta de Derechos y Deberes Económicos de los Estados que concretó el Nuevo Orden Económico Internacional, siendo aprobada por mayoría aplastante de 120 votos a favor, 6 en contra y 10 abstenciones -esto era cuando se votaba en Naciones Unidas-, porque ahora aquí no se vota, ahora aquí se aprueban documentos como este documento que yo denuncio a nombre de Venezuela, como irrito, nulo e ilegal, se aprobó violando la normativa de las Naciones Unidas, ¡no es válido este documento!, habrá que discutir este documento, el Gobierno de Venezuela lo va a hacer conocer al mundo, pero nosotros no podemos aceptar la dictadura abierta y descarada en Naciones Unidas, estas cosas son para discutirlas y para eso hago un llamado muy respetuoso, a mis colegas los Jefes de Estado y los Jefes de Gobierno.
Ahora me reunía con el presidente Néstor Kirchner y bueno, yo sacaba el documento, este documento fue entregado cinco minutos antes, ¡sólo en inglés!, a nuestros delegados y se aprobó con un martillazo dictatorial, que denuncio ante el mundo como ilegal, irrito, nulo e ilegítimo.
Oíganme una cosa, señor Presidente, si nosotros vamos a aceptar esto, es que estamos perdidos, ¡apaguemos la luz y cerremos las puertas y cerremos las ventanas! Sería lo último: que aceptemos la dictadura aquí en este salón.
Ahora más que nunca -decíamos- requerimos retomar, retomar cosas que se quedaron en el camino, como la propuesta aprobada en esta Asamblea en 1974 de un Nuevo Orden Económico Internacional, para recordar algo, digamos lo siguiente, el Artículo 2 del texto de aquella carta, confirma el derecho de los estados de nacionalizar las propiedades y los recursos naturales que se encontraban en manos de inversores extranjeros, proponiendo igualmente la creación de carteles de productores de materias primas.
En su Resolución 3.201 de mayo de 1974, expresó la determinación de trabajar con urgencia para establecer un Nuevo Orden Económico Internacional basado -oiganme bien, os ruego- "en la equidad, la igualdad soberana, la interdependencia, el interés común y la cooperación entre todos los estados cualesquiera que sean sus sistemas económicos y sociales, que corrija las desigualdades y repare las injusticias entre los países desarrollados y los países en desarrollo, y asegure a las generaciones presentes y futuras, la paz, la justicia y un desarrollo económico y social que se acelere a ritmo sostenido", cierro comillas, estaba leyendo parte de aquella Resolución histórica de 1974.
El objetivo del Nuevo Orden Económico Internacional era modificar el viejo orden económico concebido en Breton Woods.
Creo que el Presidente de Estados Unidos habló aquí durante unos 20 minutos el día de ayer, según me han informado, yo pido permiso, Excelencia, para terminar mi alocución.
El objetivo del Nuevo Orden Económico Internacional era modificar el viejo orden económico concebido en Breton Woods en 1944, y que tendría una vigencia hasta 1971, con el derrumbamiento del sistema monetario internacional: sólo buenas intenciones, ninguna voluntad para avanzar por ese camino, y nosotros creemos que ese era, y ese sigue siendo el camino.
Hoy reclamamos desde los pueblos, en este caso el pueblo de Venezuela, un nuevo orden económico internacional, pero también resulta imprescindible un nuevo orden político internacional, no permitamos que un puñado de países intente reinterpretar impunemente los principios del Derecho Internacional para dar cabida a doctrinas como la "Guerra Preventiva", ¡vaya que nos amenazan con la guerra preventiva!, y la llamada ahora "Responsabilidad de Proteger", pero hay que preguntarse quién nos va a proteger, cómo nos van a proteger.
Yo creo que uno de los pueblos que requiere protección es el pueblo de Estados Unidos, demostrado ahora dolorosamente con la tragedia de Katrina: no tiene gobierno que lo proteja de los desastres anunciados de la naturaleza, si es que vamos a hablar de protegernos los unos a los otros; estos son conceptos muy peligrosos que van delineando el imperialismo, van delineando el intervencionismo y tratan de legalizar el irrespeto a la soberanía de los pueblos, el respeto pleno a los principios del Derecho Internacional y a la Carta de las Naciones Unidas deben constituir, señor Presidente, la piedra angular de las relaciones internacionales en el mundo de hoy, y la base del nuevo orden que propugnamos.
Permítanme una vez más, para ir concluyendo, citar a Simón Bolívar, nuestro Libertador, cuando habla de la integración del mundo, del Parlamento Mundial, de un Congreso de parlamentarios, hace falta retomar muchas propuestas como la bolivariana. Decía Bolívar en Jamaica, en 1815, ya lo citaba, leo una frase de su Carta de Jamaica: "Qué bello sería que el istmo de Panamá fuese para nosotros lo que el de Corinto para los griegos, ojalá que algún día tengamos la fortuna de instalar allí un augusto congreso de los representantes de las repúblicas, de los reinos, a tratar y discutir sobre los altos intereses de la paz y de la guerra, con las naciones de las otras tres partes del mundo. Esta especie de corporación podrá tener lugar en alguna época dichosa de nuestra regeneración." Urge enfrentar de manera eficaz, ciertamente, al terrorismo internacional, pero no usándolo como pretexto para desatar agresiones militares injustificadas y violatorias del Derecho Internacional, que se han entronizado como doctrina después del 11 de septiembre.
Sólo una estrecha y verdadera cooperación, y el fin de los dobles raseros que algunos países del Norte aplican al tema del terrorismo, podrán acabar con este horrible flagelo.
Señor Presidente:
En apenas 7 años de Revolución Bolivariana, el pueblo venezolano puede exhibir importantes conquistas sociales y económicas.
Un millón 406 mil venezolanos aprendieron a leer y a escribir en año y medio, nosotros somos 25 millones aproximadamente y, en escasas semanas el país, dentro de pocos días, podrá declararse libre de analfabetismo, y tres millones de venezolanos antes excluidos por causa de la pobreza, fueron incorporados a la educación primaria, secundaria y universitaria. Diecisiete millones de venezolanos y venezolanas -casi el 70% de la población- reciben, por primera vez en la historia, asistencia médica gratuita, incluidos los medicamentos y, en unos pocos años, todos los venezolanos tendrán acceso gratuito a una atención médica por excelencia.
Se suministran hoy más de 1 millón 700 mil toneladas de alimentos a precios módicos a 12 millones de personas, casi la mitad de los venezolanos, un millón de ellos lo reciben gratuitamente, de manera transitoria. Estas medidas han generado un alto nivel de seguridad alimentaria a los más necesitados.
Señor Presidente, se han creado más de 700 mil puestos de trabajo, reduciéndose el desempleo en 9 puntos porcentuales, todo esto en medio de agresiones internas y externas, que incluyeron un golpe militar facturado en Washington, y un golpe petrolero facturado también en Washington, pese a las conspiraciones, a las calumnias del poder mediático, y la permanente amenaza del imperio y sus aliados, que hasta estimula el magnicidio. El único país donde una persona se puede dar el lujo de pedir el magnicidio de un Jefe de Estado, es Estados Unidos, como ocurrió hace poco con un reverendo llamado, Patt Robertson muy amigo de la Casa Blanca: pidió públicamente ante el mundo mi asesinato y anda libre, ¡ese es un delito internacional!, ¡terrorismo internacional!
Pues bien, nosotros lucharemos por Venezuela, por la integración latinoamericana y por el mundo.
Reafirmamos aquí en este salón nuestra infinita fe en el hombre, hoy sediento de paz y de justicia para sobrevivir como especie. Simón Bolívar, padre de nuestra Patria y guía de nuestra Revolución, juró no dar descanso a su brazo, ni reposo a su alma, hasta ver a la América libre. No demos nosotros descanso a nuestros brazos, ni reposo a nuestras almas hasta salvar la humanidad.
Señores, muchísimas gracias.
sábado, septiembre 17, 2005
Marco, nudos, redes, células
Marco, nudos, redes, células
Actitud: juicio, lugar y cultura, valor, deseos, necesidades y anhelos.
Universales: deseos, desafíos, realidad.
Pero antes de hablar de la herramienta, (partido o frente) debemos considerar otras cuestiones porque hemos aprendido de las derrotas "el poder no es —para nada— el lugar político por excelencia. Como decía Spinoza (1632-1677) filósofo materialista holandés, "el poder es el lugar de la tristeza y de la impotencia más absoluta" del libro Contrapoder colectivo, situaciones. A renglón se pregunta: ¿cómo será una política que asuma esta lección?
Se deberá comprender de primera instancia en que debemos hacerse un esfuerzo por comprender por un lado el mundo real, por el otro el mundo virtual, y cómo funciona éste en una unidad dialéctica.
El cambio cultural producido y su incidencia, en un mundo comunicado global, para pensar y actuar de otro modo. ¿De qué modo? Conociendo el desarrollo concéntrico en espiral de las cuatro capas por donde se expande y circula la cultura, 1- los nuevos liderazgos, el conocimiento y la aplicación de la informática, 2- nuevas herramientas, tecnología, planificación, resultados, 3- conociendo la cultura nacional, su historia, geografía, religión, política, economía, psicología, pasando al conocimiento de la última etapa, la 4. La cultura mundial, tecnología, tendencias, cambios, conocimiento y globalización.
Este saber complejo nos conducirá al camino de la emancipación en un mundo global, caótico, en urgencia que aplica lo último del conocimiento de la evolución tecnológica, la informática, la lógica, fisiología autonómica, haciendo abstracción de los procesos, en multiplicidad y simultaneidad de acciones caóticas y recíprocas.
Creando confusión a aquellos que no tengan claridad, luz, en estos temas.
Por ejemplo, hay pensadores marxistas “materialistas dialécticos”, de hoy, que niegan el determinismo y son muy sabios ellos, sin embargo se embrollan en el marco caótico y no entienden el marco referencial del determinismo. Y sobre todo el papel que juega la liga entre dos determinaciones.
Dicho de otro modo, el determinismo a actuado, hasta la actualidad, como si fuese el giro y la rotación de un planeta bajo la influencia gravitatoria de un sistema planetario, esa masa del conocimiento y de la apropiación del modo de producción y las relaciones de producción determinan y condiciona al resto de la sociedad a circular a su alrededor, el poder y la política reproduce la misma lógica tanto en el modo de relación y de producción capitalista como la socialista, a la luz de los fallidas sociedades superadoras. Los fracasos capitalista y en particular el socialista les a dado a estos pensadores neo marxistas una lógica de pensamiento hacia la filosofía metafísica de primera hora, que interpretaba los fenómenos observados en forma separada, aislada, no integrada a un proceso continuo en articulación de todos los fenómenos. Es decir, han renunciado a la dialéctica. Me estoy refiriendo tanto a Hollowey por la negación de solo pensar en NO, como a Negri y Hart que aseguran que no existe un centro único del poder, que el poder esta en todos lados, cae en la vulgaridad simplificada para reforzar su argumentación, señalando, la política se encuentra en Washginton, las finanzas en Nueva York, las comunicaciones en Miami. ¿Pregunto? Las tres grandes ciudades mencionadas no representan acaso al “imperio” norteamericano.
Ahora Bien en realidad si consideramos la tesis de Negri como una tendencia hacia nuevos encuentros de posicionamientos de poder multicéntricos, a partir de nuevas integraciones regionales como la CEE, MERCOSUR, intento de ALCA, entre otros, aplicando nuevas formas productivas y comunicativas a las contradicciones y la disputa antagónicas se darán en la puja por una nueva hegemonía, traerá un nuevo tiempo y por sobre todo un nuevo lenguaje, aquí podríamos comenzar a coincidir. Aquí deberíamos identificar que tipo de hegemonía y con que tipo de liderazgo.
Por lo tanto, intentando comprender la subjetividad “posmoderna”, estos han desarrollado un pensamiento de negación, esta negación los conduce a la negación del poder, casi en términos “absoluto”.
¿Por qué? Porque aseguran que las relaciones de los hombres son aleatorias, la multitud cooperante, estas relaciones hoy se desarrollan en la virtualidad de las nuevas tecnologías, si un centro de poder o de la realidad, este se diluye, el poder esta en todos lados, por lo tanto, así arriban a una falsa conclusión, equivocando los conceptos, negando el mundo real, para estos sólo existe el mundo virtual de multitudes cooperantes sin comprender hoy que existen dos mundos interrelacionados dialécticamente, el real y el virtual aleatorio que se alimentan mutuamente, y que el poder tangible e intangible continúa en manos de clases dominantes que conservan el poder , las relaciones y modos de producción de explotación. Sin ánimo de simplificar, podemos señalar en forma general que la política se hace en el campo real de aplicación, porque es de naturaleza propia de los humanos, el arte de comunicar, las sensaciones de cómo sé transmita y que se trasmite y para que se quiera trasmitir lo que se quiera comunicar.
Es decir, el contenido y la forma de como se comunica la complejidad, haciéndola entendible y sensible, al producto medio del conocimiento humano, dándole profundidad para colocarlo en las entrañas del pueblo, en el camino para que se exprese la multitud.
Sólo puede hacerlo un tribuno cultural revolucionario de nuevo tipo —un hombre nuevo, en un nuevo milenio global, donde el paradigma del pasado a cambiado, se ha transformado— la oratoria junto a otras formas siguen prevaleciendo, en las conductas humanas del mundo real a velocidades reducidas, mientras que en el mundo virtual se manejan en la ley instantánea de múltiples y simultáneos enlaces, a altas velocidades, por lo tanto, la coordinación y el compartir de la información, facilitan los caminos del empowerment autonómico, siendo estas relaciones aleatorias.
Podemos hacer política sólo desde el mundo virtual, en lo particular sí, sólo que nos conectamos y nos relacionamos aleatoria mente al instante con multiplicidad y simultaneidad, desde lo teórico, perdiendo percepción del modo humano de relacionarse.
Para que se dé el encuentro debe darse la praxis, la práctica política que sólo es posible en el mundo real, siendo la esencia, lo fundamental de este campo, él de la política.
Llegamos a la conclusión que determinismo aleatorio es una unidad dialéctica inseparable, que el determinismo existe y que lo aleatorio también.
Estamos en condición de señalar la existencia de una fractura dialéctica en el campo marxiano, es decir una disociación entre determinismo y lo aleatorio durante un siglo. Esto fue un detonante importante de la derrota momentánea, entre otros, en el deterioro por la construcción de nuevas relaciones sociales en el campo socialista, en entender y hacer visibles las individualidades cooperantes democratizando en el espacio hacia la configuración de nuevos entendimientos, aunque hablo de configuración con esto no quiero decir imponer a las individualidades que es lo que estas deben hacer, si no todo lo contrario, escuchar y balancear los equilibrios retroalimentado dialécticamente, es decir, descubriendo las potencialidades ocultas, poniendo en la superficie lo que esta en el fondo. Cuando digo balancear los equilibrios debemos pensar y reconocer que todo esta en movimiento y lo que hoy esta en el fondo mañana puede estar arriba, lo que hoy esta equilibrado mañana estará desequilibrado y viceversa. Las perturbaciones son necesarias como el equilibrio mismo, sin esta dialéctica no hay superación. Se produce lo contrario estancamiento. Estas perturbaciones solo pueden compensarse, pasando a satisfacer, tanto las necesidades como los deseos de los hombres, en un nuevo modo de organizarse, es decir solo pueden producirse en un espacio articulado.
El problema surge cuando se lo interpreta por separado, se niega al otro al contrario por lo tanto se queda en estado filosófico metafísico, la unidad dialéctica lleva implícitamente o explícitamente la unidad de su contrario.
Si me quedara en estado de pensamiento determinista "puro" dogmáticamente hablando, así sólo, negaría las relaciones aleatorias que pueden establecer los humanos, ¿por qué? Porque el pensamiento determinista dogmático se orienta como si fuera un sistema gravitatorio, siendo la esencia la certeza, manteniendo valores tradicionales, sin entender como juegan las relaciones aleatorias, solo es disputa ideológica pura, para cooptar y fragmentar todas las relaciones aleatorias que puedan producirse, así se a entendido y otros lo continúan como forma de mantener el poder absoluto, tanto en el terreno económico como el de la biopolítica descripta brillantemente por Negri extrayendo el pensamiento de Michel Foucault.
Nada más lejos de la creatividad que necesita el marxismo para responder con energía a los cambios que se producen con continuidad. Por lo tanto, para responder con una actitud de autonomía se debe entender y comprender en primer lugar que es la autonomía y que esta si no tiene reservas propias muere. Porque estaría negada por el determinismo puro tradicional. Que intentara con todos sus formas desde el poder, neutralizar, cooptar y o fragmentar para cambiar el contenido y darle su propia velocidad o impulso, manejando la agenda política.
Qué sucede a la inversa, veamos: dijimos que al determinismo le corresponde un sistema, modo, estilo, método, debate restringido, organización, base, estructura, por lo tanto, para las relaciones que establecen los humanos en forma aleatoria un espacio, circulación, información, debate amplio, ambos constituyen un sistema de referencia.
Ahora bien, el hombre en sus relaciones (desposeído del sistema de referencia determinista por un instante) es autónomo por naturaleza, decimos los marxiano por un instantes, porque autónomo en términos absoluto no existe, ni existirá nunca por que el determinismo lo determina, para mejor o peor, deseamos, que la mirada desde la cultura del común, la parte determinista no lo haga disociada de lo aleatorio respondiendo creativamente a favor de la humanidad. Al hombre se lo puede comprender mediante el concepto de lo aleatorio y no del determinismo, es decir, buscando la diferencia de “naturaleza” fundamental, dicho de otro modo por su singularidad, no hay dos humanos iguales ni física, ni en el pensar. En este marco del conocimiento podemos ir comprendiendo a los pensadores cuasi metafísicos de primera hora y a los autonomistas puristas, cuando niegan el marco de referencia, negando a un sistema de valores “tradicional”, organizados, este autonomismo funciona formateado aleatoria mente con multiplicidad y simultaneidad instantánea y con velocidad, estando en todos lados y al mismo tiempo, negando el poder y el determinismo.
Pues se considera un hombre liberado del determinismo, para encontrarse consigo mismo y autocomplacerse.
No construyen en el mundo real porque este está negado, sólo lo hacen desde el virtual en forma aleatoria.
Este sujeto pos moderno en su pensamiento y accionar se muestran maestros del manejo de la informática y pésimos en relaciones interpersonales, por lo general son individualistas, obsesivos y tímidos, hasta neuróticos, algunos caen en posiciones nihilistas de la política.
Ahora se entienden su conducta negada, incluyendo su propio pasado, rechazan los trapos rojos de una izquierda determinista. Con esto no pretendo salvar ni excluir la responsabilidad de la izquierda dogmática que en Argentina en particular por la influencia de ex URSS y dado por el punto de partida de su propio nacimiento se fue configurando de esa forma, tanto para el partido comunista, como para organizaciones hermanas de origen trotskistas heterodoxas pero que en definitiva asimilaron la cultura dogmática gravitatoria del mas “fuerte”. Dicho entre comillas por que esa fortaleza escondió en disputa permanente entre la izquierda su propia debilidad.
Este sujeto posmoderno hace de su aleatoria como modo de relacionarse su característica principal, haciendo de ésta su principal fuerza. Siendo al revés, la principal debe ser la relación autónoma.
Ser autónomo es tener la posibilidad de disponer de la construcción de propias leyes. Definiéndose a un punto de referencia exterior (lea sé socialismo de base autonómico) y no en sí misma.
Por lo tanto para ser autónomo constituye el resultado de una adquisición. Ahora bien que tipo de autonomía vamos a definir, la de una sociedad superadora a la hegemonía existente, el capitalismo, es decir, autonomía reaccionaria para reproducir más desigualdad. O una sociedad superadora la del común articulado autonómicamente con reservas. Veamos ahora como las clases dominantes la transmiten a través de los medios de comunicación, como lo es el diario La Nación, de la Argentina por Mónica Cargolini, estudiosa del pensamiento de Derrida, mezcla de Nietzsche y Heidegger a este ultimo vamos a desestimar en su esencial, por su pasado Nazi, esto no quiere decir que no debemos leerlo, sino realizar una mirada critica de su actividad, de lo contrario, reproduciríamos un a vez mas otra variante dogmática. A continuación dice M. Cargolini.
La cuestión de la diseminación amerita la detención en un concepto clave para estas cuestiones, y que ya ha sido indicado en las consideraciones anteriores: el concepto de propiedad.
En la caracterización que autores como Nietzsche, Heidegger y Derrida realizan del pensar logocéntrico, la concepción metafísica de la subjetividad moderna implica nociones como las de representación, conciencia, libertad, autonomía y propiedad -entre otras. La autonomía supone la posibilidad por parte del sujeto, en virtud de su pertenencia a un reino universal, del dictado de su “propia ley”, sin referencia a una entidad exterior que la sustente. ( el subrayado es nuestro)
. Mónica Cragnolini
Estamos en condiciones de definir y defender que la “verdadera” autonomía se la construye con las relaciones de la vida interior, de cada humano y llevada a su asamblea del movimiento social con vida interior propia, y desde los acuerdos mínimos alcanzados por los actores sociales ligarlo a la actividad practica, con las relaciones de la vida exterior del conjunto de la sociedad y que esta se debe dar, siempre en un espacio articulado. Lastima no esta ya Derrida entre nosotros, para que este defendiera su posición, pero está su discípulo Argentina M. Cragnolini que en definitiva refuerza la idea de una autonomía interior, exclusivista y en todo caso reaccionaria, reforzando modo de apropiación particular, negando el interés común y por lo tanto el marco general constituyente de referencia integral. Recrea la falsa ilusión y refuerza conceptualmente tanto el modo y relación de producción existente, es decir propiedad privadas capitalista.
Pero así como el autonomismo es una adquisición, debemos comprender el pensamiento de la maquinaria ideológica del sistema capitalista, cuando otro pensador desde la esfera capitalista como, Peter Draker asegura "los desafíos del mañana son menos técnicos que culturales" y "que la cultura debe ser gestionado como cualquier otro fenómeno empresarial". Aquí ponen su acento el “imperio”. En la misma página del libro éxito global estrategia local la Pág.41 "este mundo complejo que pensemos simultáneamente y en multiplicidad de niveles”, (al de la simultaneidad se refirió en primer lugar K. Korsch y mas tarde el propio Deluz) ahora estaremos mejor para comprender cómo hacen uso de una estrategia de comunicación. Uso de la lógica virtual, invadiendo todo el éter de las comunicaciones, cooptando y fragmentando el modo de relación y los descubrimientos de nuevos lenguajes que vienen por fuera del marco de representación política tradicional. Dejando tildada la diferencia, presentándola como caótica y recíproca al mismo tiempo. Es decir, usan la diferencia conceptual a favor según como más le convenga al poder.
“Distinción de todo centro, clave estatal agotada”. Deja entrever el libro contra poder "poco hemos experimentado aún sobre la política del contra poder", debe realizar aquí alguna adquisición, encima lo poco que hemos hecho no lo hicimos del todo bien, ha sido una búsqueda de nuevas oportunidades, pero como en esta marejada tecnológica de Tsunami existe confusión y por suerte desechamos verdades reveladas, nos encontramos por un lado negación del determinismo, es decir, la certeza. Por el otro, con la negación de lo aleatorio, a veces, entrando en sitios o posicionamientos poco claros y hasta errados. ¿Por qué? No lo hicimos del todo bien porque no contamos con el conocimiento para hacerlo bien desde la primera vez, como dice Ishikawa, en su libro ¿Qué es el control de la calidad total? Allí estamos, como negados hacia los marcos referenciales deterministas “certeros”, tampoco recurrimos a la ciencia que es otro marco referencial, lo hacemos desde la lógica virtual bajando de Internet, haciendo uso autónomo a Negri o Holloway, Marx, Gramsci, tesis de Feurbach etc.
Hacemos uso de la horizontalidad y actuación en red, vamos en búsqueda de ciertos nodos para verificar y conectar nuevos contenidos, que por cierto, está muy bien hacerlo, pero esto se hace en nombre del autonomismo para auto complacernos como individuos libres y con leyes propias, liberados del determinismo, entonces lo hacemos mal.
Pero antes vamos a trabajar sobre la idea y la base de un sistema de producción posfordista, para poder explicar el porque lo poco que hacemos, lo hacemos mal.
Entendiendo Hard y Negri, estos comienzan negando la dialéctica del nuevo componente obrero, asegurando que en éste sé a corporizado en una nueva subjetividad de cooperación impuesta por el recambio tecnológico y el nuevo modo de producir, solo surgen antagonismos, aseguran los autores de Imperio, de ayer y hoy de multitud por lo tanto no hay avances y retrocesos de subjetividad, solo antagonismos. Si embargo G.Luckas advierte palabra más palabras menos, si ser dogmáticos es interpretar y recitar los manuales del marxismo, a ese marxismo me resisto, ahora ser ortodoxo es defender un método, el método de Marx, es decir el materialismo histórico dialéctico, soy ortodoxo. Ahora me permito agregar a esa expresión a”los viejos” manuales marxistas pero aun, vivos si, muertos no. Continua G. Luckas el antagonismo es el reconocimiento inicial en pugna de una diferencia, pero este reconocimiento por sí solo no alcanza para resolverla contradicción esencial, puede resolverse el antagonismo sin cambiar el sistema que lo engendra y lo determina.
Negri agrega en que si conserva y se manifiesta la dialéctica para la clase dominante que utiliza el método, como modo para sacar ventaja competitiva. Estas es una verdad a medias alejado de la realidad, por desvaríos al abandonar la dialéctica por instantes, mas adelante avanzaremos en este punto va el ejemplo del sistema de producción Toyota.
Sistema de producción Toyota (Toyotismo o posfordismo) es una relación de producción determinista-aleatoria.
Su modo de producir se realiza en multiplicidad simultaneidad de acciones a una velocidad proporcional e integral.
Ejemplo: a la línea de montaje ingresa un continuo de autos de variadas formas, pues responde al nivelado de la demanda del mercado, en un mismo instante en cadena se arman 5 autos corolas, 2 monovolumen, 3 sedan, es decir: Corola, Corola, Corola, Corola, Corola, monovolumen, monovolumen, sedan, sedan, sedan. El riesgo empresario queda acotado. Esto es planificación anticipada, pero lo esencial y nuevo responde al nivelado de la producción por el requerimiento del mercado, como modo para satisfacer integralmente al “cliente”. Los dominios del poder lo saben, los ultra liberales se hacen los distraídos. No digo que no exista el riesgo empresario pero queda acotado por el nuevo método y el uso de nuevas habilidades y aplicaciones de estudio de mercado, investigación, marketing e uso inteligente de la estadística.
Esta tarea se realiza en simultánea y en multiplicidad a una velocidad proporcional o integrado para todas las líneas, el ingreso de la demanda, impone tal condición y tal condición está sujeta a dispararse aleatoria-mente, esta fluctuación se la estabiliza utilizando distintas velocidades y cargas horarias y productivas. De este modo se estrechan toda la potencia técnica y de medios productivos, tanto celdas de cargas tradicionales reconfiguradas y actualizadas tecnológicamente, como líneas continuas de procesos, así se aprovecha el potencial automático utilizando nuevas tecnologías.
Pero sobre todo debe entenderse dos cuestiones esenciales, uno el cambio de método, el viejo método taylorista empuja hacia los depósitos semielaboradas con vista a la línea de montaje, hoy se tira desde la línea eliminando los depósitos de semielaborados, el nivelado hace que se produzca justo a termino, produciendo solo las unidades necesaria, solicitadas desde la demanda, y el segundo punto esencial es, para que pueda darse esto, se necesita un obrero cognitivo, entrelazado con el nivel de liderazgo superior altamente capacitado, produciendo una disolución en los mandos medios de la actividad, comunicado con conocimiento por las normas de funcionamiento con calidad del sistema asegurado y de lo producido, por lo tanto, es un obrero polivalente, en estado de cooperación, asegurando compromisos por lo producido y el sistema, siendo el sistema dependiente del obrero por su fuerza, su capacidad, conocimiento e inteligencia y su integración bajo un sistema de arrastre nivelado de producción Kanban (tarjetas de producción).
Para que esta condición se cumpla se necesita de una adquisición cultural de nuevo tipo, comparativamente al sistema anterior Taylorista, la cooperación y el respeto por la dimensión humana de los participantes facilitadores de las tareas y por las acciones correctivas que aseguran calidad y permanencia para la empresa, hoy muy lejos esta la permanencia laboral, solo el 20 % de la fuerza laboral del Japón por orden impuesta por los EE>UU, con el consenso de Washginton, o acaso no pesa quién gano la 2 guerra, sabiendo de la dependencia japonesa en energía y en alimentos, resueltas en parte con Australia.
El obrero siempre se destacó por hacer bien su tarea, aún en el sistema taylorista o fordista, y el propio posfordista, aunque el viejo sistema entendiera que los trabajadores eran malos personas, era de esperar que se le impusiera el método laboral desde oficina técnica por “especialistas”.
El obrero “posmoderno” si tiene una dificultad puede parar la línea, el andón (semáforo rojo) marcando un problema sin ser castigado, haciendo uso de su capacidad y conocimiento autónomo. Ese dominio de parar, no es sólo del líder “supervisor”, sino del puesto de este miembro que detecta la falla o inconveniente, estas 2 fases de un mismo proceso se hace realizando una multiplicidad de tareas en forma simultánea con otros departamentos a velocidad proporcional en forma integral. Aquí se expresa en multitud.
Por lo tanto el sistema es el marco referencial determinado, y el obrero autónomo con decisión de relativo poder, puede parar la línea, reparando la perturbación. Se repone la línea con compromiso aleatoria mente de todas las demandas para compensar, asegurando la calidad de lo producido y de la imagen de la empresa, contribuyendo al sistema de producción determinista-aleatorio, organizándose celularmente.
Hemos culminado con el ejemplo y se verá él por qué?. Lo hacemos mal. Al no contar con el conocimiento y el miedo a lo desconocido, por lo tanto seremos poco audaces y nos limitará la creatividad, esta limitación y el miedo a lo desconocido le pertenecen a la naturaleza humana.
Se hace necesario volver a la filosofía evitando caer en un marxismo vulgar, mecanicista, matemático, de la ciencia y de naturaleza biológica, química, o de la fisiología, comprendiendo que los mecanismos aislados son necesarios vincularnos dialécticamente a un todo entre el objeto y el sujeto.
Que tendrá significación e integralidad y proporcionalidad al modo de relación elegido dándole su propia velocidad. Seguramente, desde aquí nos encontraremos con el determinismo nuevamente pero desde otra perspectiva. ASEGURANDO QUE LA DIALECTICA ESTA VIVA EN LOS DOS FRENTES, tanto en el dominio de la competitividad capitalista expandida, como en la nueva subjetividad. Paso a explicar, el método de mejora continua en la posmodernidad es dialéctica aplicada al entorno productivo, se mide en las hojas de estados de los compromisos asumidos por la calidad, con documentación de verificación de avance del compromiso con la cooperación de la multitud. Por ende la nueva fuerza laboral comprende y aplica hoy con mayor lucidez y claridad la dialéctica, que con el viejo sistema Taylorista. El diagrama de flujo y proceso descrito como espina de pescado, por Ishikawa es la síntesis por unir a un todo para visualizar errores, perturbaciones y corregir desviaciones. Por lo tanto, si hoy no expresa toda la POTENCIA dialéctica es porque esta nueva subjetividad no come vidrios, sabe y comprende las condiciones y correlación de fuerza existente. No desconoce la disolución de fronteras, caídas de muros, ni otros que se levantan, como así tampoco no tiene marcos referenciales nuevos, o acaso la disolución del viejo PC Partido Comunista Italiano no nos coloca esta mirada de la negación dialéctica en la subjetividad obrera, siendo salpicado TONI NEGRI por esta. Que nos trae una mirada Europea, donde las necesidades están medianamente resueltas, no así los deseos. En cambio América Latina, esta muy lejos no solo de satisfacer los deseos sino, de las necesidades mínimas para el desarrollo de una vida digna.
Si indagamos encontraremos que la dialéctica y el determinismo no han muerto, sino que el segundo se ha transformado en nueva forma y contendió en determinismo aleatorio, siendo una unidad dialéctica inseparable. Esto viene a dar respuesta en parte cuando en el libro contra poder en Página.... dice: "La sencilla verdad de que la revolución no ha muerto sino que se ha transformado, tanto en la forma de practicarla como de pensarla, nos abre una vía, para habitar el porvenir", y se pregunta "¿llamaremos zapatista a quienes han difundido este hallazgo?"
Esto así no me dice nada concretamente, es un estado flotador no navegante, si las luchas persisten y reconociendo como un punto de partida, mientras se discute poder y sociedad futura, es porque no se comprende dialécticamente en unidad y disputa de los contrarios el determinismo aleatorio, que intento sintetizar resignificado como hallazgo, es decir, la construcción autonómica con reservas, para que puedan existir y desarrollarse en un marco referencial que se potencien. Sin negarse una al otro, sino donde la certeza determinista se alimenta aleatoria mente compensada en forma inversamente proporcional e integral.
La autonomía se adquiere “usando” estrechamente las relaciones deterministas y aleatorias, haciendo centro y fuerza en la autonómico, para hacerlo inteligible. Siendo una unidad dialéctica inseparable, por lo tanto se hace indispensable y prepara la condición de respuesta para responder si el hombre es inteligible para sí mismo, dicho de otro modo, si el hombre puede ser entendido, si se oye su voz clara y desde una forma distinta.
Constante en el tiempo, y, vuelvo afirmar constante en el tiempo, porque se asegura desde el postmodernismo que el tiempo esta en proceso de disolución, donde la lógica virtual se devora todo.
Siendo esto parte del pensamiento y fuente del “saber” subjetivo concreto de Baldrillart y desde el libro globalización y lógica virtual de Jelfen, este ve por la lente cultural del primero mencionado y de este ultimo M.Heiddegger.
A medida que trascurre la exposición veremos las distintas velocidades en pugna. Vulgarmente para asumir comprensión llamaremos rápida y lenta.
Este descubrimiento dado por fractura dialéctica no ha salido solo de mi cabeza. No!. Somos un continuo de evolución permanente, Pierre Vendryês, Fisiólogo y matemático Francés, recurrió a Einstein en su libro hacia la teoría del hombre Pierre V. un metafísico de segunda hora, que no se anima a transitar los caminos de la dialéctica materialista, siendo este un materialista negado. Un dialéctico humanista, idealista. Recurre a Platón y a Nietzche, no obstante le reprocha su nihilismo.
El obstáculo del presente para avanzar en las luchas, es porque pensamos que este mundo cargado de incertidumbre, que no tiene certeza determinista del futuro, está disociado de lo aleatorio y por ende negado, si revertimos esto, entonces podremos valorar las luchas presentes, respetando las formas actuales, sin añorar el pasado, sólo así tendremos futuro. Siendo el futuro HOY, como repuesta a las necesidades inmediatas, por que han dejado a millones en emergencia y no solo del saber sino del comer.
El final de la historia no existe, somos evolución continua constante, moviéndonos en un campo determinista transformado, hipervinculado al espacio aleatorio, es producto de la articulación interior, hacia la exterior con las nuevas tecnologías de comunicación. Expande ideas y negocios que solo le interesan a este marco capitalista, expande lo que le da ganancias inmediatas. Marx decía “la competitividad trae monopolios y los monopolios competitividad” y la simultaneidad de la reproducción ampliada del capital financiero especulativo del mundo de hoy paradójicamente todo lo que invierte lo revierte, en mayor exclusión y empobrecimiento. “Perdida” del marco referencial moral, ético para la humanidad, que nunca tuvo ni tendrá, en un marco de un sistema de reproducción ampliada, yo le llamo navegando “sin brújula”, para lograr entendimiento, no tiene norma para funcionar eficazmente y poco le interesa a decir verdad. Por que el capitalismo primitivo aquel de los ideales liberales de la oferta y la demanda, regulados por el mercado actuando como lógica reguladora de libre adquisición, ese capitalismo se ha trasformado como tal, en términos generales ya no existe, hoy los gustos los diseños, los segmentos son profundamente estudiados, analizados, y los precios son “administrados” de antemano por las grandes corporaciones formadoras de precios gustos y tendencias. Así actúa hoy este capitalismo neoliberal, donde el mercado es bombardeado por los medios masivos de comunicación, ejerciendo una fuerte presión sobre el individuo y de uno sobre otro y este sobre otro y otro, sobre el colectivo.
El comunismo que alguna vez soñamos, pos revolución industrial del vapor, moría finalizada la 2 Guerra y para finales de los 70 un nuevo paradigma tecnológico y metodológico comienza a diluir las referencias tradicionales, éste comunismo futuro será transformado, no sabremos como, esta sujeto a la búsqueda de la perfección, y de nuevos conocimientos que descubra y domine la humanidad, produciendo transformaciones en el sujeto y en el objeto, al mismo tiempo. La nanotecnología observando el comportamiento articulado de los insectos y la virtualidad seguirían modificando nuestra vida en los próximos 20 años. En los próximos 10 años el motor a hidrógeno puesto en serie en la ciudad y el campo. El transporte terrestre por levitación a altas velocidades modificara las relaciones de intercambio y de transferencia de mano de obra disponible en otras latitudes, viajando con eficacia, comodidad, velocidad e intercomunicado. No puedo dejar de mencionar los adelantos en biología genética y neuro-cerebral-.
En la medida que “desaparecen” las fronteras, por efecto de disolución de la lógica con apariencia virtual, perdemos la referencia y la constante es la búsqueda de la referencia de un campo determinista, en un espacio aleatoria.
Para entender mejor el concepto, buscaremos en forma constante la referencia, así como el tiempo no puede disociárselo de la distancia, por lo tanto la referencia viaja a velocidad constante y lo aleatorio a velocidad infinita, el encuentro dialéctico de estos dará otro resultado en la velocidad de construcción.
La visión apocalíptica del postmodernismo es una visión negativa porque se somete a las leyes de la virtualidad aleatoria de las relaciones con exclusividad, negando la referencia al tiempo que fue, hemos aprendido que sólo determinismo purista y dogmático no nos conduce al lugar indicado, sino lo contrario a la restauración del pasado, Ex URRS hoy RUSIA capitalista plena, también sabemos que hay otro tiempo, el hoy que es complejo, que contiene multiplicidad, simultaneidad, instantaneidad y velocidad. Caótico, recíproco y en urgencia permanente. ¿Por qué? Porque no tiene norma, un reloj donde medir atributos, por lo tanto falta el sistema regulador, la válvula no sabe si repone el nivel, este se encuentra en estado de perturbación constante. He dicho constante y lo reafirmo, el equilibrio tiene subidas y bajadas, avances y retrocesos. Arriba lo hemos señalado. El tiempo futuro sólo tendrá futuro, si lo observamos desde el presente, analizando los errores del pasado, de manera creadora y critica por la mejora continua y con una constante proporcional dialéctica, con optimismo, en sentido positivo, esto no implica positivismo estar por encima de lucha entre el materialismo dialéctico y el idealismo, mi afirmación es dialéctica materialista no subjetiva idealista.
Nunca habrá un saber final, antes nos habrá devorado el estallido del sol o habremos construido la oportunidad de emigrar a otra galaxia. Para darle continuidad al saber y a la vida.
Si el optimismo moderno era determinista dogmático, con negación hacia las formas individuales, aleatorias de la multitud "el postmodernismo" es la indeterminación por la definición negativa, es decir, propicia la negación del determinismo, liberándose de éste,"esta practica como forma y contenido de interpretar la realidad disimulan una falta de conocimiento", P.V. pág. 2.......
El indeterminismo debe utilizar en posición positivo +, es decir hay indeterminismo cuando hay multiplicidad de casos simultáneamente posibles. Vamos a trabajar con ejemplos para entender el determinismo y el indeterminismo. Un colectivo en la ciudad de Bs.As y su chofer producen un recorrido determinista, es decir determinado. En cambio un taxi un recorrido aleatorio, es decir indeterminado, este se rige por la ley de las concentraciones de mayor circulación de público, dependiendo de éste y del pasajero que le marca su destino, yendo a todos lados. Mi padre que quiso trascender dándome el apellido y los mismos nombres en igual ubicación, suponiendo que él viviera y lo hiciéramos en un mismo techo y llegara una carta al nombre y apellido sin aclarar si para padre o hijo, el correo o la casilla hubiera quedado indeterminado.
Por esta multiplicidad, el indeterminismo se opone a la unicidad del determinismo siendo la simultaneidad indispensable.
Esta multiplicidad de casos simultáneos posibles hace al indeterminismo imprevisible.
La multiplicidad explica la importancia de las enumeraciones, como se dan los sucesos en simultaneidad, dando a los cómputos en el análisis del indeterminismo imprevisible.
Para hacer el evento que tenga final feliz, debe estar asociada a un marco referencial con una norma y ésta con las reservas.
Hollowey dice debemos hacer una mirada negativa de la realidad, pensar en NO. Linda manera de pensar de alguien que realiza afirmaciones “marxistas”. Entendiendo a Marx como dialéctico materialista. Veamos con simpleza podemos decir NO A LA GUERRA....bonito por cierto. Ahora bien NO a la Vida..... no suena verdad. Por que como comunistas autonómicos apostamos a la vida y al saber, aunque sabemos como única certeza que la vida lleva implícitamente la muerte. La afirmación o la negación siempre son positivas. “Otro mundo es posible”, es positiva pero lleva su contrario implícitamente negado de este mundo actual.
No sólo hay saber global, también si los hay, saber situacional y esto nos lleva a abrir el pensamiento, que no es posible encontrar soluciones desde el saber sólo de especialistas.
Hay que confiar en la creatividad de la multitud y que en ella descansan las fuerzas ocultas, dormidas del saber, construyendo para sí un nuevo marco referencial en coordinación dinámica, organizadas con autocontrol consciente, con empowerment autonómico, con nuevos liderazgos compartiendo la información, facilitadores constructores por facultar conocimiento amplio con las 4 capas por donde transita la cultura y la contracultura tangencial a la existente, constituyendo autonomía referencial con reservas propias, es decir que se provea de depósitos —agua, alimentos, oxígeno, máscaras para respirar y otros-. Debe tener como condición intercambio, tenga circulación de la información, sepa concentrar su fuerza teniendo suplementos potenciales y variables para disponerse e imponerse en el combate, y por lo tanto, actitud para que tenga vitalidad está sujeta a una condición fundamental su articulación es la que produce la ruptura.
Lea sé párrafos arriba que he dicho nuevos liderazgo, otra nueva afirmación, los autonomistas puristas, niegan la representatividad y el encuentro con el liderazgo. El autonomismo no puede reproducirse sin liderazgo, le asé nuevos liderazgo, aquel que no retiene información para sí, sino que actúa compartiéndola, haciéndola circular, facultando, conociendo cuando es necesario quedarse quieto para que otros logren entendimiento. Empoderar, facultar conocimiento para que otros conformen equipos que puedan intervenir en forma diversa, múltiple jugando el desafío en simultanea. Donde el yo se transforma en nosotros.
Hemos dicho que vale refrescar: para ser autónomo un organismo debe encerrar en él todo lo que necesita para funcionar por sí mismo.
Esto no implica quedarse en secuencia cerrada o la espera de sucesos, esto le pertenece lógica de la ciencia, no a las relaciones humanas, sino por el contrario, abierto a percibir todo lo que provenga del exterior determinista. Es decir, del sistema real concreto. Del determinismo/aleatorio. Sin ingenuidad bloqueando al enemigo y sus sabotajes.
Por ende, es un imperativo categórico el órgano regulador, esto tomado de la fisiología y de la técnica de PLC (Programador lógico computable o micro procesador computable) y de la automatización.
Ahora bien, cómo se podría expresar esto en política con método dialéctico, el órgano regulador es un órgano de coordinación dinámica, negada por sectores autonomistas puros en las asambleas populares de Argentina, que aportaron más confusión a la multitud y confrontaron con los deterministas puros. Si eximir la responsabilidad de esta izquierda, dogmática, iluminista, vanguardista, hegemonísta absolutista o purista.
El regulador debe tender a la potencia de las masas organizadas con autocontrol y con reservas funcionales, es decir la multiplicidad y simultaneidad de todas las formas de luchas, incluida la cruenta. Liberando las capacidades ocultas para que se exprese la multitud, igualando derechos democratizando el espacio y abriendo el campo, para recrear las obligaciones y deberes por nosotros, como individuos de la multitud y por los demás como humanidad de la masa toda.
Pero como no se trataba de una situación revolucionaria, sino que fue la exaltación de un componente heterogéneo de capas sociales impulsadas por la indignación y por una mezcla de factores, que se movieron de menor a mayor, cayendo en menor velocidad nuevamente en múltiples y simultáneos procesos aleatorios que propiciaron una rebelión popular sin contar con un marco referencial, es decir, la herramienta estratégica, construidos por todos los que luchan en unidad dialéctica determinista aleatoria que los empujará al continuo de sucesos irreversibles del nuevo paradigma. Debemos seguir haciendo otro esfuerzo para encontrar luz al entendimiento.
La regulación, el órgano coordinador dinámico, le asé articulado tiene que estar asociada a las reservas al nivel, es decir, a todas las formas de lucha incluida la cruenta, manteniendo la constancia proporcional en el accionar y distinguir cuando llegó el momento de reponer abrir válvula, para constituirse en el suceso que produzca lo irreversible.
El comienzo de la muerte de lo viejo, que le dé vida a lo nuevo. Aunque existiera multitud de perturbaciones posibles que lo alimentan y consumen las variaciones aleatorias. Se hace necesario disponer de reservas articuladas. Conquistando acuerdos mínimos, como lógica de contra consensos, al consenso dominante, para permitirse integración de nuevas alianzas, para que se exprese la multitud.
Veamos una aproximación de definición de multitud, es una nueva subjetividad de individuos que se expresan intelectualmente y en lo concreto organizados de modo autonómico, con respecto a una referencia exterior construida por estos, estrechando relaciones deterministas y aleatorios, haciendo centro en el modo autónomo para que la potencia dialéctica se exprese en multitud, conquistando una relación aleatoria y nuevos modo de producción para sí, transformándolos y depositando el saber, la información y el poder a la multitud misma.
Veamos qué hizo Duhalde ante la intervención y muerte de Darío y Maxi en el Puente del 26. Intentó equilibrar las perturbaciones, se encontró con un evento no esperado, reacción de capas medias en favor de los excluidos por el sistema, entonces se ve obligado preservando su condición de clase la gobernabilidad, adelantando las elecciones —y fragmentando, intenta antes "el que tiene dólares, recibirá dólares". La trampa de la ilusión, es decir, el poder jugó sus reservas, con los medios de dominación política y de comunicación, mejor dicho de instalación, el campo popular por no tener constituida su herramienta estratégica con autonomía y reserva su retirada. La clase obrera de hoy, con el nuevo significado que adquiere. En este caso la ocupada no se expresó, por lo tanto, tampoco aquí hubo forcé de la historia, debe quedar claro la reserva llega siempre al corazón mismo del problema, siempre que la reserva se encuentre articulada producirá la ruptura, en su sentido temporal y espacial con el medio exterior. El opresor quedara reducido, pero no liquidado.
La función de reserva quiebra el determinismo del sistema de dominación este fenómeno vital con sus condiciones de relación determinista-aleatoria hace que las reservas puedan apropiarse de lo que necesita para la vida, actuando para sí.
Provoca más que la ruptura del determinismo sistémico, haciendo el factor de discontinuidad y de independencia, crea la condición aleatoria, es decir, permite la creación de las relaciones aleatorias con el mundo exterior. Por lo tanto, emerge el marco constituyente del autonomismo.
Las reservas deben cumplir un papel con los cuadros políticos con dos cualidades, esenciales, culturales, de conocimiento con capacidad de despliegue y repliegue ordenado.
Deben ofrecer multiplicidad de posibilidades con simultaneidad, con coordinación visible e invisible, actuando celularmente y en red, Internet con seguridad en la comunicación. Para responder a la multiplicidad de tareas y operaciones de perturbaciones posibles.
Preexistencia. Para intervenir en los sucesos, deben hallarse preparados listos ya como el Toyotismo, (que deseo significar con esto, pues la preexistencia es ante todo el conocimiento, la técnica para hacer, cambiar una matriz con maquina en marcha en tres minutos, solo es posible si de antemano se va preparando las condiciones y la técnica, para lograr el objetivo, cambio cultural, y técnica política en este caso, para el hacer, esto es preexistencia). Muy lejos de la filosofía de las autoproclamadas vanguardias.
Por lo tanto Reservas y Preexistencia no pueden disociarse del determinismo, y este de lo aleatorio, ni el colectivo, del individuo, lo general y de lo particular, homogéneo de lo heterogéneo, masa de multitud, la primera responde a una unidad, homogénea de sentido pueblo, ganadora en la modernidad,(Spinoza-Rosseaux) en cambio la segunda multitud(Hobbe) en sentido de individuo, heterogeneidad perdedora en la modernidad. Que afecto el socialismo y la visión no cumplida de desarrollo en un solo país. Unidad en la multiplicidad, tanto que la primera es reductible y el otro, el segundo, lo contrario irreducible, pero ambos se transforman en su contrario por lo tanto lo plural de lo singular, lo instantáneo en lento, y la transformación misma, en conservación. Entonces habremos comprendido que si multitud es irreduductible pero esta puede ser transformada en una nueva relación ganar-ganar, habrá un solo perdedor los dominios del poder explotador dominante devenido. Entonces nos lleva a pensar en que la disolución de los estados-nación hay un devenido pueblo y un devenir de la multitud por lo tanto, no puede disociarse el devenido pueblo del devenir de la multitud, salvo que nos demos por perdido y reconozcamos el triunfo del capitalismo y la evolución del mismo y neguemos definitivamente el salto por ruptura dialéctica. Podemos comprender entonces que aún existe una cultura del devenido pueblo, y que permanecerá entre nosotros por mucho tiempo, entonces derrota que debemos asimilarla como momentánea y que se transformará en devenido a otra cultura por el devenir, la multitud del capitalismo global que manifiesta su reproducción ampliada, este es el punto de partida para entender la ley de la caótica a donde llegaremos en la transición del nuevo paradigma de un “comunismo” autonómico con hombre nuevo. Reconociendo que en la política se construye en lo concreto con lo que esta disponible, madurado hasta el momento sin esperar condiciones inmejorables pues nunca llegaran, porque cuando tienes una condición seguro te falta la otra, dicho esto en términos “absoluto”, teoría y practica política, balance y síntesis miden el intercambio y lo acumulado que se confronta a la correlación de fuerzas en pugna. Sabiendo AHORA, más cerca del conocimiento de la ley de la caótica que llegaremos al punto probable reconociendo el punto de partida, cuando más alto sea el desarrollo y la maduración de la subjetividad y del conocimiento del punto de partida mas lejos se llegará.
Reservas en estado potencial (potencia). Ofrecen de antemano una multiplicidad irreductibles de posibilidades entre las cuales el autoorganizado podrá elegir de una manera autónoma. Construyendo un nuevo entendimiento de la unidad que esta es reductible, ¿para que la unidad y con quien?, la de un comunista autonómico, debe ser la unidad bien entendida para crear la condición de la multiplicidad transformadora, para que esta se torne irreductible, con todos lo que luchan contra el enemigo principal, aunque muchos de estos no sepan del todo como hacerlo, lo hagan a medias o lo hagan mal, por distintas razones, por falta de maduración o por oportunismo, aunque rechacemos el oportunismo con la visión circunstancial para sacar provecho a su favor, Pues a todo acontecimiento de la contingencia organizado, siempre se le va a plegar a fusionar al movimiento emergente la espontaneidad de las masas, por lo tanto, hay que saber identificar acuerdos mínimos, sin relegar principios y valores, tácticos y estratégicos para cada momento, así se logrará constituir los sucesos, donde la dominación del imperio y de su clase dominante que frenan el desarrollo de nuevas relaciones y visiones del mundo caigan al agujero negro de la historia sin regresión alguna, tornándose irreductibles estos.
Tener reservas, es tener de antemano los medios para actuar en todos los casos posibles. Siendo las reservas funcionales, para disponerlas en forma potencial. Ej.: Un tanque de agua para refrigerar maquinas de soldar o inyectar, se conforma con dispositivos funcionales, válvula de ingreso (la que repone la variable consumida aleatoria mente por la salida), válvula de salida, (la que consume el nivel) y otro elemento es el flotador, el detector, es decir el regulador da la orden de abrir válvula de entrada, para reponer nivel consumido, por la salida, esto puede realizarse a distintas velocidades, constante, proporcional o diferencial.
La reserva deberá distinguir las fases para su intervención, cuando es la hora de intervenir en los sucesos, con qué funcionalidad, reponiendo energía consumida por la salida. Esta reserva esta asociada al nivel, es decir al flotador, a la asamblea de coordinación dinámica, en otras palabras, la reserva sale del estado flotador para colocarse en estado navegante asociada. pág. 49..... de Pierre V. La crisis del determinismo ....-21- de contra poder
Aquí se ve con claridad la definición de actitud. Para poder entender ahora la unidad dialéctica reforma - revolución / revolución - reforma. Y como la actitud el tema aquí planteado no es un problema nuevo en el campo de la teoría marxista, viene la discusión desde su 1ra. hora, desde los albores como se decía antiguamente.
Si el problema de la actitud es una incursión teórica, se remite a su método para entender si se torna dialéctica, en unidad inseparable de la unidad de sus contrarios, o si se lo separa con la mejor de las intenciones en metafísica de 2da hora, muy utilizado en la ciencia, con prácticas de observación para encontrar una respuesta particular, pero no general, la general sólo puede verse en proceso, es decir, en un continuo de espiral, observando los avances y retrocesos, no lineal, sino representando gráficamente en zig zag o en espiral de resorte.
Entonces podríamos decir que la actitud es el conocimiento lleva explícitamente o implícitamente un plan, una estrategia para cumplir con un fin determinado. Que no termina ahí mismo, cuando es cumplido el objetivo central propuesto, es un instante de fin, sino que es un continuo en processus habrá culminado tal vez una fase importante del proceso continuo, del avance del método dialéctico, el espiral, el resorte, la rosca de la vida.
Conduciéndonos a nuevos descubrimientos, conocimientos, técnica y nuevas formas de pensar y de organización continua, sin alejarse de su esencia. No por ser determinista, si afirmamos, que el continuo del processus nos conduce inevitablemente a lo aleatorio, es aquí donde el determinismo toma densidad, y el tiempo por un instante parece detenerse porque aparece una nueva relación cósmica el determinismo-aleatorio, cobrando un nuevo tiempo, inseparable por cierto, que tiene dos velocidades una lenta y otra rápida, dicho vulgarmente para lograr entendimiento.
Para el campo del determinismo le corresponde velocidad constante, en tanto que lo aleatorio circulando en un espacio a la ley instantánea de aceleración infinita. Por lo tanto a la velocidad del modo determinista constante se encuentra con el modo aleatorio, le corresponderá velocidad proporcional. Aquí debemos señalar con claridad, esta diferencia se visualiza hoy con la articulación de nuevas tecnologías, que por cierto no todo el mundo accede fácilmente.
Ahora bien, bajemos a la tierra, cómo se conjuga esto en política concreta en el mundo real y el virtual porque hemos descubierto por decirlo de un modo visible, la existencia de dos mundos. Que por definición son uno solo.
Veamos reforma o revolución o viceversa, si se lo puede separar o es una unidad dialéctica inseparable, o si se la separa qué ocurre.
¿La reforma puede conducir a la revolución? Voy hacer una afirmación, SI, esto determina una posición reformista de los revolucionarios, NO.
Paso a explicar, sin que esto de sí o no, me quedase en un entorno de lógica científica técnica “pura”.
Para que la reforma le dé paso a la revolución debiere cumplirse un proceso continuo de la reforma, ininterrumpido, traerá como destino un proceso de acumulación inevitable que conduce a la revolución.
Qué condiciones deben cumplirse: dos condiciones: 1ra. La actitud de quien impulsa la reforma debe tener postura y conocimiento revolucionario, por lo tanto programa, velar cuidando que se cumpla la 2da. Condición que el proceso de reforma que se lleva a cabo se cumpla en su totalidad, traerá acumulación para el cambio revolucionario, si esta condición esencial particular no se cumple, el proceso será interrumpido y se quedará en el marco de la reforma. Interrumpiendo la acumulación del proceso y los plazos en aras del camino revolucionario. Esto se ve con claridad en sucesos recientes ocurridos en el hermano pueblo de Venezuela, encabezado entre otros, por el empresario Cisneros, avalado por el imperio, solo hace falta remitirse al libro del consultor Rocen, en su libro estrategia global éxito local, para distinguirlo como su preferido en América Latina. Por lo tanto, interrumpir el proceso de reformas era la propuesta de la oposición, caos, sabotajes a plantas productivas, dominando el éter de la información. Siendo Cisneros dueño de los medios de comunicación y algo más. El pueblo, con su reserva, en estado de multitud, junto en parte a las fuerzas militares Bolivarianas y su dirección política, encabezada por Hugo Chávez, le dio su merecido.
Qué pasaría si no se cumple ninguna de las dos condiciones generales, de la particular lo hicimos renglón arriba.
No habrá condición necesaria y suficiente para que se cumpla la reforma y la revolución. ¿Por qué? Porque aunque existiera fuerza material agredida por el sistema capitalista, no hay actitud ni existe fuerza dirigente, sin teoría revolucionaria, no hay revolución, la actitud, el conocimiento y los atributos con la manifestación de todas sus formas y contenidos, siendo ésta una parte esencial te pone en carrera por el desafío en aspirar a hegemonizar el proceso con el significado de cómo lo manifestara y lo perfila Gramsci y el enfoque propio del poder real por la sociedad civil de M. Foucault .
¿Debe ser rechazada la reforma en el marco de un proceso consolidado de revolución? Nunca somos proceso continuo, por lo tanto mejora, somos evolución constante, somos producto de la revolución.
Aquí alcanzamos la apertura del pensamiento moderno entre reforma y revolución o entre revolución y reforma no hay contradicción, como así tampoco entre revolución y revolución permanente, porque es mejora continua el método Ishikawa, como el método laboral del toyotismo.
No pretendo abrir juicio de valor sobre el método toyotista o posfordista, su esencia mientras mantenga las relaciones y modo de producción intacta bajo forma capitalista, donde se mantiene el dominio y la explotación del hombre por el hombre.
Sólo que este alcanza un solo nivel de importancia y de excelencia, el productivo económico y técnico. Escondiendo contradicciones en el mundo laboral, la distribución de la riqueza, ya que las relaciones productivas no se realizan con libros contables a la vista para los trabajadores. Solo para los accionistas. Es decir, no va por el respeto a la dimensión social.
La revolución permanente, organizada en modo autonómico, como una clase en multitud abierta actúa para sí. Es decir ocupados y desocupados, empobrecidos y excluidos actuando para sí. Lo extiende a todos los niveles de la sociedad, sociedad civil, educación, salud, recreación, derechos universales etc..
Se hace cargo de todos los niveles de las relaciones dialécticas deterministas aleatorias cerrando una etapa de discusión entre Lenin y Trostky.
Siendo el problema cardinal de la filosofía, la actitud de la conciencia hacia el ser, del pensamiento hacia la materia, hacia la naturaleza, teniendo dos aspectos, ontológico y gnoseológico.
El ontológico en su concepto, siendo la doctrina del ser y pasa a ser el primer aspecto del problema cardinal de la filosofía. El conocimiento del ser
Gnoseológico en su concepto, doctrina del conocimiento, segundo aspecto del problema cardinal de la filosofía.
El conocimiento del ser y su concepto. Si la actitud es el conocimiento, por lo tanto tenemos juicio, lugar y cultura, valor, deseos, necesidades, anhelos y tecnología. Siendo la universalidad de las cosas, deseos, desafíos, realidad.
Veremos si contamos con el cocimiento la doctrina y como se expresan los nuevos conceptos universales para cumplir con nuestros deseos y desafíos para cambiar la realidad. Ver capítulo VII pág. 160
Virtual aleatorio P.V
Esto trata de ir al punto recorriendo la obra de Toni Negri, desde su perspectiva europea, donde el pueblo en estado de multitud tiene cubiertas las necesidades altamente satisfecha, tanto material como espiritual, no así en América Latina. Es por esto que recorriendo los reportajes y obra de Negri se refiere siempre a los deseos con exclusividad olvida el concepto universal de la necesidad que América son muchas por cierto, aun analizando al un nuevo sujeto social, en empresas de primer nivel con altos salarios realizando tareas cognitivas cooperante, tanto de trabajo vivo, como inmaterial. ¿Porqué?, pues aunque este nuevo sujeto tenga resuelto sus necesidades individualmente, reprime muchos deseos ve que a su alrededor, sus familiares directos sin trabajo o habrá algún miembro que pueda cumplir con sus necesidades mínimas, por lo tanto deseos y necesidades van de la mano pero por distinto anda nivel psicológico.
Estas observaciones están situadas en el nivel fundamental del significado, así como ha sido muy natural tener una imagen del determinismo, es decir, es natural pensar en él, también será natural pensar en lo aleatorio, de hecho lo hacemos a diario sin ser concientes, cuando nos conectamos desde cualquier ciberespacio pues la tecnología invade nuestro mundo humano.
La adquisición del determinismo se ha hecho realizado a partir de los sólidos, de la materia, por lo tanto, lo aleatorio. Ahora vamos a ver donde se produce la mutación filosófica, observando los modelos de compartimiento de los fluidos, también materia, faltando la unicidad del comportamiento que producen en unidad dialéctica. La unicidad aquí cobra otro valor, respetando la diversidad, por que debe entenderse como actúa la nueva relación, la vieja determinista dogmática, determina, por lo tanto, la nueva la determinista-aleatoria condiciona al determinismo, es decir, el determinismo queda condicionado bajo la relación aleatoria. Respetando la diversidad de voces, colores, sensibilidad, gustos, preferencias etc.
Siendo el determinismo un sistema cerrado indubitable, tiene certeza, con una velocidad a tiempo constante de sus eventos, por lo tanto, lo aleatorio a una relación abierta dubitable, no siendo un sistema, sino un espacio, donde el tiempo y la velocidad de las comunicaciones cobran otra dimensión, encontrándonos en un punto del nuevo espacio, que no tendrá centro único del poder, sino que este se comparte entre un sistema cerrado en apariencia, bajo una relación de entendimiento abierta porque se trata de la actividad humana y no de sistemas gravitatoria de los sólidos, es decir, se crea la condición de una nueva relación de entendimiento abierta alimentada recíprocamente.
Este proceso de retroalimentación recíproca en un processus continuo interrumpido de cambios permanentes, cuando se cambia la norma, que regula él regulando el nivel de las perturbaciones que será sensible al sujeto, dejando al objeto, el marco referencial, en estado modificado restablecimiento el equilibrio, estado para avanzar bajo una nueva forma y contenido, será proceso continuo en mejora constante.
Esto libera las capacidades ocultas. Es el encuentro de lo indubitable y lo dubitable, el "punto medio" que dé por resultado la probabilidad.
Lo teórico se prueba en la práctica y si el nuevo sistema determinado regulado abandonará por alguna razón la norma elegida, pasando a estar cerrado absoluto abandonando las relaciones aleatorias en estado abierto, estas juegan un papel enorme para recomponer la perturbación recurriendo a sus capacidades y su actitud con sus reservas.
Por lo tanto la nueva relación autonómica con reservas, produce la ruptura nuevamente restableciendo la perturbación.
Lo logrado inicialmente por los Zapatista en Chiapas, tomo el ejemplo para explicar el modo general, no soy quien para opinar o abrir juicio de valor desde aquí lo realizado por los Chiapenses Zapatistas. Han jugado un papel enorme por la ruptura del sistema determinista burgués que asegura que el capitalismo es mejorable. Pero si se pierde la actitud, es decir el conocimiento, la energía, atributos, poniendo en riesgo lo universal (deseo, desafíos de la realidad) de sus líneas y por alguna razón se interrumpiera el proceso iniciado, quedaría tildada aleatoria mente, sin producir modificación alguna en el sistema determinista. Por no tener acción, construir siempre, todos los días, en la zona gris, sin olvidar en producir grietas, fracturas, penetración y daño irreversible en el sistema determinista tradicional. Si esto no se produce reafirmando e impulsando el cambio cultural en el mundo real antes y durante que el proceso se cumpla y reafirmarlo en los dos espacios, en el sistema de gobierno tradicional y en el propio, será devorado por él más fuerte. Llevando lo emergente al fracaso, participar con espacio propio en la construcción estratégica de un marco referencial, confrontando inicialmente desde lo cultural a la forma tradicional existente, pechando en bloque por nuevos entendimientos y confrontando antagonismo, acompañando la maduración suficiente, sería una de las otras formas de lucha política, siendo muy licito hacerlo con un nuevo modo de actuar y de expresar la política de hoy compartiendo, cooperando con los amigos del campo popular, siendo solidarios, fraternales y recíprocos para un nuevo entendimiento del significado de Unidad hoy y a que velocidades se las construye, a las relaciones y a la unidad. Viendo las condiciones y preparándolas de antemano, hasta es posible el boicot o elección y no solo insurrección, contra un sistema absolutista, solo hace falta entendimiento común de todo los que luchan, evaluando las condiciones y prepararla adecuadamente. Ahora si las relaciones se democratizan, Marx nos ha dejado una premisa, no negamos todo lo que provenga del marco anterior, solo aquello que traba el modo y la forma de relacionarse.
Usando el tiempo, él time, de la política para que cada pieza del rompe cabezas encaje justo a tiempo.
Esto demuestra una vez más que determinismo y aleatorio es una unidad dialéctica, siendo dos fases múltiples y simultáneas de un proceso aleatorio, con velocidad proporcional e integral que tiene probabilidad no-certeza.
Creo hoy que la sesta declaración de la selva Lacandona va en este sentido.
Toda relación determinista aleatoria está asociada en una relación fundamental de unicidad dialéctica. Porque cuando he dicho mas arriba que la autonomía se la construye tanto con las relaciones deterministas y aleatorias, estoy reafirmando por ende que se lo construye con la izquierda y los individuos autónomos referenciales en multitud, este nuevo sujeto conciente antagónico sometido a la contradicción esencial irresuelta, será izquierda también, será el encuentro de lo indubitable del determinismo y lo dubitable de la multitud. La izquierda organizada como masa en encuentro y en respeto fraternal hacia la multitud, el individuo. Porque si Toni Negri y Hard aseguran la disolución del estado-nación y el avance de una nueva subjetividad cooperante la multitud como tendencia, no definitiva, entonces tendremos una cultura de devenido pueblo y una devenida nación impuesta por la reproducción ampliada y expansión del capital, para asegurarse el dominio antagónico, los capitalistas y el capital intentan desarmar de esta manera teórica y prácticamente la lucha de clases impuesta en orden global. Por lo tanto a un devenido pueblo-nación le corresponde un devenir en multitud, con una nación devenida y estos se debaten en batallas de ideas y guerras revolucionarias o se someten al “imperio”. Con el mismo razonamiento hemos visto si masa fue una definición determinista, a igual que izquierda, el par dialéctico de masa-multitud es inseparable, del mismo modo que si uno es homogéneo el otro es heterogéneo, esto se supera con coordinación dinámica, es decir con articulación y empowerment. Así de seguido podemos unir muchas mas repuestas colectivo-individuo, unipolar-bipolar, global-territorial, si como comunistas autonómicos nos inquieta y nos alegra conducirnos a un modo global esa es nuestra existencia, no podemos perder por un instante en reflexionar y pensar aunque esta globalización orbita y satura nuestras vidas, entrando por todos los intersticios de la sociedad, no es la globalización de los intereses de la humanidad en general y mucho menos de los comunistas autonómicos en particular, hasta hoy es la de la reproducción ampliada del capital y nada mas que eso.
Donde en un punto se encuentran la relación determinista de un sistema gravitatorio de valores, objeto, con las relaciones aleatorias del sujeto, si esta relación lleva asociada, a su vez manteniendo su independencia, un modo autonómico con reservas funcionales, produce la ruptura del sistema determinista y por un instante el tiempo parece detenerse en estado in determinista positivo, produciendo un nuevo espacio de relación determinista aleatorio para formar y contener a una mutación filosófica, que si se logra mantener con reservas articulado, con norma, regulador, produce una vez el significado facilitando el acuerdo en una nueva relación autonómica con reservas.
Aparecerá un nuevo marco referencial, un sistema de valores y normas reguladas aleatoria mente.
Siendo un salto de cualidad en calidad “evolutiva”.
La nueva relación social que establezca el hombre bajo un sistema autonómico, con norma, regulador y reservas, articulado es decir, bajo la nueva relación determinista regulada aleatoria, donde las normas están por ser cumplidas y donde las regulaciones y las reservas son mecanismos reales que en un entorno articulado con valor y principios establece, observa y controla que la norma se cumpla, formulada y elegida autonómicamente. Seria obvio decir con mandatos revocables sencillos, bajo un método asambleario de democracia directa, agrupadas en federaciones constiyuntes.
Esto produce un equilibrio en el espacio donde se producen las relaciones deterministas-aleatorias, es decir la vuelve contra aleatorias, repone las perturbaciones en forma constante proporcional e integral con probabilidad no con certeza, como adelantamos párrafos adelante.
Este proceso continuo se lleva a cabo en dos fases simultáneas y múltiples de retroalimentación.
Todo eso que parece un proceso mecanicista de lógica pura que sólo existe en las técnicas muy lejos en las relaciones humanas debe ser llevadas a la práctica del mundo real, percibiendo la angustia, los sentidos del hombre con paciencia y con capacidad para facultar nuevos conocimientos. Por esto lo aleatorio tiene tanta importancia, como lo determinista o más y siendo lo aleatorio experimental, aquí se produce la mutación filosófica en la unicidad del determinismo y lo aleatorio a lo contraaliatorio en un espacio articulado.
Por lo tanto, la autonomía es una adquisición, beneficiando la relación social nueva, poniéndola en estado creativo de autocontrol —no pasiva en espera o evolutiva “pura”. Al despertar del intelectual orgánico e inorgánico contribuyendo como masa critica en estado potencial (de potencia) dialéctica para poder expresar el conocimiento y una nueva lingüística, necesita ésta de un espacio articulado donde no se desechan, ni se excluyen, ni se disuelvan forzados los espacios por el "mundo real", tanto determinista y el "mundo virtual" aleatorio, sino potencia dialéctica viva. Escuchando la voz limpia, llegando preguntando.
Uds. Verán que no he expuesto en ningún momento arriba, abajo San contradicción, como dice la canción de Martín Raninqueo poeta de la Plata, que lleva mi sangre. Mucho menos de verticalidad y poco casi nada de horizontalidad.
La construcción se realiza por arriba ( con aquellos dirigentes salvables del campo popular) y por abajo, ( con el pueblo y la multitud) haciendo centro abajo, la horizontalidad es la línea de encuentro entre lo de arriba y lo de abajo, la autonomía se construye con las relaciones deterministas y aleatorias, es decir, con los partidos del campo popular y revolucionario junto al pueblo e individuos de la multitud, haciendo centro en el autonomismo. Siendo las dos puntas de un compás, de igual modo, que estado y revolución, debe hacer centro en la revolución sin olvidar ni excluir al otro, entendiendo y encontrando el punto justo para que sirve el estado como instrumento de transición, distribuyendo riqueza con justicia, material, espiritual, territorial, espacial y del saber, aplicando la norma requerida por la multitud, creando la condición necesaria pero no suficiente para propiciar su fase superior a la disolución. La idea–fuerza que deberíamos llamar fase en estado disolvente, para ayudar a reforzar los deseos de la revolución, así hacemos centro en ella objetiva y subjetivamente, entendiendo que si la revolución es un acto único, siendo la culminación de dos fases múltiples y simultaneas, cumplido el acto revolucionario, el proceso continua sobre la base del modo transformada en revolución permanente como modo de reforzamiento objetivo y subjetivo, tanto en lo económico, político, social como lo cultural. Es decir, reforzamiento biopolítico de la revolución permanente.
Aquí la lingüística que nace articulada con el pensamiento, por lo tanto, con el mundo real y virtual de la informática se encuentran y se sitúan en el verdadero nivel de significado, la lingüística en el mundo real del determinismo con los datos de lo realizado en lo informático virtual aleatorio articulado mutuamente produce un salto nuevamente de cantidad a calidad en el nivel del significado.
Una vez más se confirma la regla de la unicidad de la relación de las dos fases múltiples y simultáneas con velocidad de esa relación de descubrimiento lingüístico que hemos hecho en llamar determinismo regulado -aleatoria mente
La significación de los nuevos contenidos, por lo tanto, producirá un tiempo de emergencia en las ideas de la conciencia, ese es nuestro tiempo hoy, la emergencia, necesitamos restablecer valores, normas para funcionar bien, el regulador no sabe a qué norma responder porque todo el sistema está perturbado, la norma donde está el regulador, la regulación, el detector, su velocidad, su desplazamiento. La Brújula.
Por lo tanto, este nuevo sistema de relación determinista-aleatorio, que requiere de un método y un modo para funcionar y nivelar la demanda de las perturbaciones, es decir, método dialéctico asambleario, distribuya información, nuevos conocimientos y estado de animo de la multitud, que se expresara aleatoria mente en tiempo real virtual o físico expresará en modo del autonomismo con reservas, conformando un nuevo bloque histórico de poder, cuya condición es constituirse articulado.
Por lo tanto, el poder es consecuencia del saber, aquí va el conocimiento integral, todo su aspecto integrado a las 4 capas de la cultura en devenir. Dicho de otra forma, el poder adquiere un nuevo modo, el saber compartido, el producido compartido, del territorio compartido, la distribución compartida, la educación, la salud compartida, el entretenimiento, el descanso y por lo tanto la seguridad social y el espacio.
Por lo tanto, sin saber no hay poder compartido y equilibrado para los agredidos. Entendiéndose si el poder es saber, y el saber se adquiere, por lo tanto, el poder se lo construye en un proceso histórico, dado en un tiempo que podrá medirse dialécticamente con un resultado evolutivo, de sus nuevas formas y contenidos antes, durante y mientras se constituya, no siendo por proceso evolutivo puro, sino por ruptura revolucionaria. Porque este alcanzará su madurez política equilibrando las fuerzas sociales primero, para pasar en segunda fase a desnivelarla por mayoría a su favor. Será producto de un largo proceso de acumulación, maduración y organización de todos los significados para constituirse en el nuevo poder, sin ingenuidad, con puertas abiertas, luchando, aprendiendo a decir SI y a decir NO, no solo no Hollowey.
Sintetizado elevado extendido multiplicado en simultanead con velocidad proporcional e integral con eficacia a todos los niveles de la sociedad, un nuevo valor, una nueva norma para medir el éxito si la nueva sociedad está nivelada en su demanda material y espiritual de forma integral y proporcional.
La ruptura entre el capitalismo actual, dada por el nuevo sistema referencial con su herramienta estratégica no sólo produce ruptura del poder político, la lleva al modo de producir, de distribuir, régimen de propiedad, de sus relaciones, sino que constituye una nueva forma de pensar y actuar.
Adquiere un nuevo significado el papel de la educación, cultura y el conocimiento compartido, la identidad y la diversidad. Siendo la identidad una impronta cultural, entendiendo que la lógica de la virtualidad, tiende a diluirla esta se mantendrá solo si se logra un sistema con probabilidad para que se exprese la multitud.
Sin imponer disolución a otras formas de pensar, ya que el hombre es el único animal con poder crítico y auto crítica con capacidad de cambio real, habamos aquí de hombres sanos y honestos, porque el enfermo para producir su transformación deberá sanarse primero, entendiendo que para hacerlo debe entender, comprender y aceptar que esta enfermo y si esta dispuesto a curarse.
Si el autonomismo con reservas es una adquisición, sólo hace falta que el conocimiento y la información circulen con sus demandas materiales niveladas para que este individuo, sector o capas sociales pueda darse un tiempo para comprender los nuevos conocimientos, valor y normas para funcionar, saliendo de estado de emergencia, volverá para ayudar a hacer cumplir la norma y contribuirá a nivelar las perturbaciones.
Sólo si somos capaces de crear esta condición para que este individuo, “cluster”, sector o clase residual adquiera conocimiento integral.
El partido de la clase trabajadora y del pueblo, con su significado de hoy una fuerza con nueva cultura integral en sus conocimientos, asumiendo nuevos desafíos de aprendizaje y por ayudar a transmitir conocimiento, como educador popular, jugando el rol por un nuevo liderazgo culto compartido, estará comprometido con un doble propósito. Aprendiendo a aprender. Es decir, capacita, faculta, comparte, aprendiendo del otro, recrea una vez mas el proceso retroalimentado dialécticamente.
(1) será la parte sustancial de la reserva
(2) ) Velará por la articulación con el nuevo bloque de poder histórico, siendo parte integral del modo autonómico, expresando desde aquí nuevas ideas compartiéndolas desde el llano horizontal por nuevos horizontes siempre cerca de la gente y velando que la norma se cumpla con la gente, desde la sociedad civil, siendo parte de esta, no con el partido en solemnidad como “vanguardia iluminada”, solo en el modo autonómico, recreando la preexistencia conjunta.
Así: el clasismo responde a una necesidad material concreta, determinada por su condición y por la historia.
La clase obrera cognitiva con su significado de hoy. Se organiza autonómicamente en su papel independiente, no sólo se coloca en estado “disolvente” para compartir un nuevo modo de organizarse, es decir, antes tiene que haber realizado una adquisición funcional y hará del poder el saber para compartirla con el resto de la sociedad, por lo tanto esta subjetividad de hoy se hace polivalente, es decir, asume tareas con multiplicidad y simultaneidad de movimientos, compartiendo conocimiento y energía. Por lo tanto reparte las cargas, es decir, su valencia.
Al colocarse en estado autonómico con valor y reservas, le permite al resto de la sociedad, a las distintas capas y residual de clases colocarse de igual modo que se puedan expresar de múltiples y simultáneamente con velocidad proporcional e integral bajo un nuevo modo de organización con autocontrol referencial abierto con reservas. Estado autonómico para que se exprese la multitud. No será de la noche a la mañana, debe verse en proceso. Saber, herramienta, poder para repartir y educar participando en multitud.
La crisis de nuestro tiempo se caracteriza por sus movimientos y de acciones múltiples que juegan en simultáneas con velocidad, sólo puede responderle con un "marco referencial” intelectual adecuado que tenga capacidad para percibirlas, considerarlas y comprenderlas. El lenguaje y el método de aprender a aprender, escuchando en debate abierto son fundamentales.
La elite de especialistas e intelectuales burgueses cuidando sus propios intereses y marxistas dogmáticos que creían combatir a estos, nos ha colocado en este punto de la historia, las fuentes de vitalidad tradicional se corroen, no tienen capacidad de viraje, faltan líderes con coraje y cultura abierta que se coloquen en navegante desde una nueva perspectiva participativa, que puedan facultar equipos múltiples para que jueguen en simultánea, recreando la lógica de lo común.
La síntesis no puede ser develada desde la teoría revolucionaria, o desde marcos filosóficos. Sólo desde un nuevo marco de pura praxis, en una unidad dialéctica con la teoría, realizando balances de las actividades. La acción va ligada, cuidando las relaciones aleatorias y con la construcción de un marco referencial que debe darse un método amplio, de plena inclusión de la diversidad cultural, debe contar con una condición esencial: (1) crítica y autocríticmente (2) saber escuchar (3) ser solidarios facultando y compartiendo conocimiento y circulando información (4) llegar preguntando (5) sensibilidad (6) actitud democrática.
La teoría sólo da un marco referencial permeable y móvil nuevo, para el debate amplio y democrático.
Esto se trata de la reconstrucción del saber, derrumbando marcos tradicionales que se agotaron como referenciales, construyendo nuevos, desde la perspectiva materialista dialéctica uniendo lo teórico a lo práctico, dándole lugar al saber.
La ideología es la última barrera a derribar por la humanidad. “La dinamita” que derribe ese muro será el conocimiento puesto en otra comprensión y dimensión en el respeto a la humanidad y a sus relaciones aleatorias.
El respeto a la humanidad incluye tener resueltas las necesidades materiales, espirituales, territoriales y espaciales.
Las ciencias construyen para la vida y la muerte, porque está ligado a las clases sociales que la sostienen, para la paz y la guerra.
El hombre nuevo que se reencuentra con la ciencia y el saber con plenitud, debe luchar por el valor por la vida y la paz.
Todo el saber para facultar y compartir conocimiento e información para derribar la barrera del “imperio” y su clase que nos conduce a la guerra y la muerte.
Sin que se tenga certeza, sino, analizando las probabilidades para vencer, incluso la única probabilidad.
Este hombre nuevo, debe tener actitud reflexiva, conociendo la psicología, comprendiéndose a sí mismo y comprendiendo el significado de ser humano y de las distintas capas y clases que componen la sociedad, actitud de conocer las leyes generales de las ciencias, tanto de naturaleza matemática, como las de naturaleza química o biológica y la propia fisiología, de la política, la ideología, estado y sociedad de relaciones todas estas articuladas con método que una un todo de la suma de las partes.
El propio Pierre Vendrys se dio cuenta estudiando la fisiología que los mecanismos que actúan en el cuerpo humano estaba investigados muy por separado, disociados unos de otros.
Estudiando el Tratado de Fisiología de Hédon, ya tuvo la intuición de la acción contraaliatoria de las regulaciones fisiológicas, es decir, cómo actúan las reservas de un cuerpo, un sistema de vida en peligro, reponiendo perturbaciones, para sacarlo de un momento aleatorio de peligro porque éste no regula porque dejó de responder a la norma biológica que nos da la naturaleza. Como médico estudió matemáticas, hecho raro en un médico y en el cálculo de probabilidades estadísticas. Ver a Pareto en este caso, Herramienta hoy muy utilizada para medir impactos calidad y probabilidad. En 1948 enunció las leyes generales de las regulaciones fisiológicas, enunciados generales que corrigen "desviaciones" que son menester corregir.
Encontró la relación articular, formuló la ley de las concentraciones y de los suministros. Estas conclusiones arribadas produjeron un encuentro desde una posición independiente, lejos de los claustros tradicionales. Lo hizo sin tribuna universitaria. Su amigo Raoul Kourilsky le dio una oportunidad en 1959 en el Hospital Saint-Antoine, que supo aprovechar ante un auditorio de médicos.
Para llegar a este punto de encuentro y de vista que sostiene, es necesario haber transitado cierta madurez de las ciencias y personal.
En primer lugar esta incursión teórica y su carácter principal contienen mate matización y parametrización, se hace necesario distinguir que los seres humanos no podemos movernos en la actividad diaria y con la vinculación positiva, social, económica y cultural desde una perspectiva de cálculo permanente, mecanicista y matemática. Porque ante todo somos humanos, pero es un punto de partida, por lo tanto la percepción humana juega un papel. La segunda característica es su determinismo, toda una reafirmación científica.
Pero hace un hallazgo, el determinismo disociado como lo habíamos concebido hasta el momento, que funciona como si fuera bajo la ley de gravedad de un sistema, Ej. : El sistema planetario, pero era inadecuada para el hombre mismo. El hombre no entra en los marcos de las propias leyes que descubrió por ser humano, le dio por resultado un enfrentamiento intelectual. La solución no viene de la mano de la negación a las ciencias, sino del hombre mismo (nosotros esto en una unidad dialéctica), por lo tanto encuentra la autonomía y a las relaciones aleatorias expone la teoría y los conceptos fundamentales de los sistemas autonómicos, teoría de reservas, teorías reguladoras, teoría de las articulaciones.
Como conclusión, el hombre sólo puede ser comprendido mediante el concepto de lo aleatorio y no del determinismo. Hay una diferencia de naturaleza fundamental entre un sistema determinista de referencia y los hombre que producen relaciones aleatorias. Por lo tanto lo lleva a elaborar la teoría de la autonomía intelectual de base experimental. Da como probabilidad que el hombre liberado del sistema determinista vuelve a encontrarse consigo mismo. Siendo una reubicación científica del hombre, constituyendo fuente del conocimiento y un encuentro de equilibrio por y para la sociedad.
El descubrimiento científico y teórico plantea imprevistos, replantea problemas filosóficos. "La ciencia de la autonomía intelectual los vuelve a encontrar", dice Pierre Vendryês.
Hace centro en el hombre, desvinculando del marco determinista que lo conformo determinándolo, presentando esta contradicción, ya que vio con claridad conceptual como el determinismo queda condicionado por la relación aleatoria. Comete, una vez mas el error de desvincularlo de lo social, pierde la perspectiva dialéctica por un instante, no empaña su esfuerzo y el entendimiento en un tema árido, como el caos, determinismo, indeterminismo, aleatorio, multitud, autonomía etc. Entendiendo que de la actividad que produce el hombre existe una responsabilidad social que nos compete a todos los hombres libres y autónomos.
Nos vemos en la situación de aclarar nuevamente estos descubrimientos intelectuales deben ponerse a prueba con la práctica diaria, en el gris del acontecer, midiendo en forma constante si produce fractura en el tradicional "marco" determinista y nos acerca a la construcción de un nuevo marco referencial, constituido con el saber compartido, en forma autonómica con reservas, articulado con las nuevas tecnologías de la informática y de las probabilidades.
Esta teoría nos pone frente a frente entre el pensamiento teórico y el materialismo dialéctico, esta debería ser la justeza, de una nueva adquisición, ya que Pierre recurre a la metafísica e intenta colocarnos nuevamente frente a Platón, una fuerte influencia de este filósofo, de Nietzsche, habitan en él. Mientras que otros posmodernos llegan hasta Martín Heidegger.
Nietzsche, en pensador de la vida, el más controvertido de todos ellos, como se lo conoce "el incomprendido Nietzsche". Un individualista extremo, antiracionalista, escéptico, subjetivista pleno, caracterizan su obra, pero la importancia fundamental de su obra la constituyen dos enseñanzas que han costado tiempo descifrar. Porque el propio Nietzsche advertía que un día la humanidad se encontrará en una crisis caótica y afirmaba mi pensamiento será dinamita, la 2da. Enseñanza es demostrar no tener pereza en pensar y actuar diferente al marco tradicional. Así y todo proclamó desde su nihilismo la muerte de dios.
De aquí hemos aprendido, de las derrotas y errores mismos aprender a escuchar y discernir entendimiento con la diferencia el malentendido Nietzsche dijo "conozco mi suerte, alguna vez irá unido mi nombre al recuerdo de algo gigantesco, de una crisis como jamás la había habitado la tierra, de la más profunda colisión de conciencia, de una decisión tomada, mediante un conjuro, contra todo lo que hasta este momento se había creído, exigido, santificado. Yo no soy un hombre, soy dinamita".
Ahora se comprenderá cuando puse en otro valor la palabra dinamita refiriéndome a la ideología en párrafo anterior. La “ultima barrera” a derribar por la humanidad cuando esta comprenda el valor por el cuidado de la naturaleza y haya ascendido a manejar la tecnología en un etapa de hipercomplejidad nunca vista al día, poniendo todo el saber como patrimonio de la humanidad y por el cuidado del espacio y la madre tierra y donde las relaciones y modo producción serán comunes pero no definitivamente permanente, si todo esta en movimiento y todo se transforma, la ciencia evoluciona, pues el pensamiento también, entonces podremos afirmar que lo común, del sentir común permanecerá permanente pero no definitivo, pues la ideología nunca desaparece porque todo se transforma.
Siguiendo el pensamiento de Nietzsche para comprender varios aspectos de algunos usos lingüísticos que proviene de P. Vendrys y del movimiento autonomista. Que son poco legibles de donde provienen, del propio Nietzsche y que realizando un ligero repaso de la obra descubrimos estos usos lingüísticos.
Nietzsche "llegó a soñar incluso que estaba inventando el futuro".
El hombre necesita soñar por un instante, no en forma constante, porque él esto de nuestra actividad debe hacerlo en el mundo real hoy e interrelacionado con el virtual aleatorio.
Aquí descubrimos una adquisición, es natural soñar el futuro, está bien hacerlo, pero hacerlo despierto con los pies en la tierra sin caer en la omnipotencia y cuidando de no cansarse. Cuando escribe "no sólo quiero ser entendido, sino también no ser entendido, el que uno encuentro ininteligible un libro no es en modo alguno una objeción contra ese libro, puede que se lo haya propuesto el autor, deseoso de no ser entendido por todo el mundo" (La Gaya Ciencia, V. 381).
Como verán, no es fácil seguir a Nietzsche, de su modo de pensar se desprende una adquisición lingüística de Pierre V. La 1ra. Fue la del futuro, ahora la segunda lo ininteligible para comprender el valor cuando se refiere Pierre "hacer un modo para descubrir al hombre inteligible, entenderlo escuchando su voz".
El estilo de Nietzsche se convertirá en un esbozo contra la rapiña, disimulo, máscaras de negación, juego de laberintos de los que sólo saldrán victoriosos lectores pacientes. Dice Miguel Morey en el prólogo del libro Nietzsche escrito por Ivo Frenzel:
Escribe con los más variados estilos, su pensar rompe con el molde tradicional de la filosofía de la época y se duda seriamente de su rigor conceptual con escaso alcance de capacidad deductiva, de terca voluntad y absoluta entrega a su forma de pensar, de esto no hay dudas. Dice el hombre que hizo visible la obra de Nietzsche. "El estilo filosófico de Nietzsche es antitético al de Kant".
En Nietzsche al final de sus textos aparece la expresión, recién salida limpia y escueta, el mago de la palabra.
En cambio en Kant lleva la impronta el trabajo de proceder del intelecto, con desviaciones, incertidumbres, repeticiones y variantes buscando claridad del pensamiento.
El estilo tortuoso de Nietzsche despierta poco interés, empírico es su impronta afirma "El estilo debe borrar el condicionamiento concreto, el procedimiento material del individuo racionante, el pensamiento debe presentarse desprendido, del modo en que ha sido conquistado, como una realidad en sí misma, sin nada personal".
Puede decir algo al respecto, si intentaremos no tener condicionamientos del mundo exterior no estaremos de acuerdo, el marco referencial del determinismo, nos predetermina, sin borrar nuestro proceder y materialidad, que implicará abandonar mi lente cultural, mi historia, mi condición de clase y de mis relaciones aleatorias, no estamos de acuerdo con Nietzche, aunque tuviera un estilo muy particular y análisis esta estará siempre condicionado, porque esto es lo que nos distingue, ser racional de un "animal puro pensante" que no existe. Sólo es una condición de naturaleza humana condicionado por el marco donde actuamos, con todo que lo implica la contradicción misma.
Si bien Nietzsche produce una voluntad por la ruptura con la filosofía tradicional se da una profunda transformación de la manera del decir. "Ante la vasta crisis en la que se sumía Europa como forma de vida espiritual, ante lo que llamamos Nihilismo, trazando de él un análisis lúcido y anticipador, Nietzsche se sintió emplazado frente al envite de una ruptura total con la tradición entera del pensamiento occidental. Se trataba de intentar pensar de otra forma, alumbrar un pensamiento que rompiera los marcos mismos dentro de los cuales Occidente platónico y cristiano encuadraba el dominio del pensar.
Volviendo a Pierre por un instante, aquí viene la 3ra. y la 4ta. adquisición lingüística producidas por Pierre y el autonomismo.
(3) intentar pensar de otra forma.
(4) rompiendo los marcos tradicionales.
Esto lo ve con claridad el propio Peter Draker en su libro Tiempo de desafíos, tiempo de reinvenciones, cuando distingue, asegura que el sistema y el modo de pensar, han entrando en crisis la estructura tradicional.
Defender estilo con relación al pensamiento, es defender pertenencia e identidad, en todo caso es una impronta cultural.
Veamos qué decía Nietzsche: "No hay un estilo bueno o estilo verdadero: no hay sólo una manera de pensar que sature toda la verdad, como no hay un sólo modo de actuar que pretenda toda la bondad. Hay infinidad de estilos que traducen otras tantas perspectivas", poniendo el acento en el estilo negando el valor del análisis.
Introduciendo la cuestión del estilo en debate en filosofía significará, en definitiva, una defensa del pluralismo contra todo dogmatismo del pensamiento. Un intento de ruptura con lo tradicional platónico manteniendo la dicotomía ontológica entre mundo real y aparente. Una dicotomía entre una hora para el bien, otra del mal. El resultado será, decía Nietzsche, una civilización que desprecia la vida. Lo hacía con la mirada puesta en el futuro, con ambigüedades y tortuosamente, la dinamita explotó de mil modos y el miedo a sus consecuencias está instalado en la humanidad y porque no en nosotros.
Dos improntas marcan su olvido por ser incomprendido, sobre el final de su locura y la manipulación nazi de sus ideas, para defenderse dijo "no me confundáis con otros" (ecce homo).
Estamos en proceso continuo, haciendo un esfuerzo por hacer inteligible al propio Nietzsche y encontrar respuesta respetando estilos, formas y contenidos en favor de la humanidad.
Seguramente ser humano Nietzsche que te habremos comprendido. Hemos comenzado a cambiar la forma de pensar y actuar, a escuchar con paciencia de lo que hay que tener para leer su obra.
Aprendiendo de la diversidad y de todos los colores culturales de la humanidad.
Hemos aprendido de tu marginalidad, de tu soledad e incomprensión, de tus controversias, de tu dinámica cambiante.
De tu individualismo, para llevar al plano rescatando lo mejor para colocarlo en una integración dialéctica de individualismo-cooperativo-colectivista-autonómico con reservas del determinismo regulado aleatoria mente para el entendimiento humano.
Comprendiendo el valor de pluralidad pero también de la singularidad, y que estilo es una impronta cultural y que suma a la actitud, es decir al conocimiento.
Los hombres del pensar con controvertidos como Aristóteles, A. Smicht, Ricardo, Sócrates, Platón, Sartre, Kant, Marx, Engels, Hegel, Lenin, Trostsky, Gramsci, El Che, Castro, Einstein, Schopenauer, Heiddenger y el propio Nietzsche, idealista adepto al voluntarismo, como Shopenauer. Y tantos otros.
Salir de la unilateralidad del pensamiento para esforzarlo multi lateralmentee es nuestro esfuerzo (iremos a M. Heiddegger para entender y sí es posible entender este buen señor y será buen señor)
1ro. venimos recorriendo el continuo para recordar a Bacón (filósofo inglés, 1501-1626), "la misión" de la filosofía y de la ciencia en general es conocer la naturaleza y ayudar al hombre a dominar su poderosa fuerza. Entendiendo al mundo material de igual modo que sonríe al hombre con su poético y sensitivo resplandor el sol.
Bacón decía "para saber hay que experimentar, observar y analizar los hechos" fue por los caminos de la inducción para la síntesis, olvidando el camino de la deducción. Ya ve, es un continuo el saber. Allí nos encontramos con sus continuadores Hobbes (1588-1679) y Locke (1632-1704). Hobbes comenzó a delinear la idea de articulación, equiparó la naturaleza de los cuerpos y seres vivos y definió al estado con maquinaria monstruosa. Locke fundamentó el sensualismo (todo se comienza a percibir para datos sensuales de las sensaciones.
Esto afirma la tendencia en el pensamiento abierto, un estado mental, cuando se quiere comenzar a definir algo y no se lo ha sometido a verificación se dice: "tengo la sensación", el principio de la duda comienza el pensamiento concreto que más tarde se hace realidad sin pereza recorre el camino hasta la conclusión.
Y si miramos el recorrido del pensamiento en general y en particular del materialismo vemos que ha sido en un proceso continuo de avances y retrocesos.
Luego de Bacón, Hobber y Locke, avanza la filosofía idealista subiendo de Berkeley (1689-1753) y Llume (1711-1776). Berkeley dice "existir significa ser percibido". Declarando "el mundo circundante es producto de la conciencia humana".
Se opone al materialismo, propone persecución, porque el materialismo es ateo por naturaleza, como obispo su pretensión era fundamentar la concepción religiosa en el mundo.
Hume compartía las opiniones idealistas de Berkeley, lo único real para este "eran las sensaciones del mundo".
Ahora bien, así llegamos a Descartes (1596-1650), Francia.
Como filosófico y matemático distingue la teoría de la naturaleza física y la sobrenatural metafísica. En la física de naturaleza material que la naturaleza se mueve bajo la ley de la mecánica.
Es desde aquí que la fisiología asume el papel mecanicista del dominio de su historia.
Descartes fue un dualista, separó la materia de la conciencia pero fue el fundador del racionalismo que el siglo XVII alcanzará a tener un carácter progresista. "El triunfo de la razón sobre la fe expresó su confianza en el conocimiento del hombre.
Es la época del desarrollo capitalista, precisamente Espinosa (1632-1677) sostenía "la unidad material del mundo" manifestó "la conciencia no existe fuera de la sustancia", es decir que todos los objetos se basan en una sustancia.
El materialismo francés del siglo XVII, la más radical de todas las revoluciones burguesas, acabó con el feudalismo e implantó en el país el dominio completo del régimen capitalista. Sus representantes Lamettrie (1709-1751), Diderot (1713-1784), Helvetitus (1715-1771) y Holpach (1723-1789).
Estos materialistas se opusieron de los feudales, a la religión y del idealismo con "la razón eterna y natural", estos consideraron la organización social eterna.
Este pensamiento se apoya en un sistema de naturaleza con el principio de unidad de la materia en movimiento. Un gran aporte.
Holbach decía "el universo es una agrupación colosal de todo lo existente y nos ofrece por doquier sólo materia y movimiento".
Siendo materia: aquello que excita los órganos de los sentidos de los hombres.
Movimiento: el auto dinamismo de la materia-causa reside en la materia ¿cómo se produce? con arreglo de las leyes naturales que el hombre no puede anular ni cambiar, siendo este un modo metafísico inmutable.
Al excitar los órganos de los sentidos, el conocimiento se adquiere como el reflejo, en el cerebro del hombre, de los objetos y fenómenos existentes.
Estos materialistas consideraban que la instrucción, el conocimiento y la ciencia eran un medio para superarlas, creando la condición para superar el miedo a las fuerzas de la naturaleza.
Si bien, Diderot transitaba los caminos de la dialéctica, su pensamiento se quedaba en el materialismo mecanicista y metafísico.
F I N Paciencia continuará, si el resorte de la vida me lo permite.
Dic.2004 Héctor almagro/ ultima modificación. Septiembre 16 2005
jueves, septiembre 15, 2005
La izquierda: entre las cenizas y el fuego
Los movimientos sociales se enfrentan a la indispensable necesidad de elaborar una alternativa política
La izquierda: entre las cenizas y el fuego
Sergio Rodríguez Lascano
Revista Rebeldía.
15-6-2005.
“Y entonces el Alakazam me explicó que hay dos agendas: la agenda de los poderosos y la agenda de los jodidos (…) Y entonces el Alakazam me explicó que los poderosos, que sea los ricos y sus malos gobiernos, quieren convencer a todos de su agenda, que sea la agenda de los poderosos, es la agenda de todos, hasta de los jodidos”
(Subcomandante Marcos y Paco Ignacio Taibo: “Muertos incómodos (falta lo que falta)” capítulo XI: la hora de Nadie)
El neoliberalismo no representa simplemente un modelo de acumulación de capital, o peor, lo que algunos llaman simplemente un modelo económico. El neoliberalismo significa una profunda transformación del conjunto de las relaciones sociales, en especial en lo que tiene que ver con un trastocamiento de las relaciones de dominio y una modificación sustancial de la forma de organización social y política. Desde luego, esto implica también una transformación de las relaciones sociales de producción, pero no únicamente.
Si ya desde el momento que surgió el imperialismo se analizaba que se iniciaba una dinámica de autonomización del poder económico sobre la forma Estado-nación, este proceso ha sufrido una alteración mucho más significativa.
El mercado es el nuevo big brother. Representa la nueva forma de organización del autoritarismo y de la aniquilación de millones de seres humanos. Lo nuevo es que, a diferencia de la forma en que lo hacían los imperialistas de principios de siglo (los cuales eran más transparentes en sus objetivos), ahora lo llevan a cabo bajo el amparo de las grandes palabras: democracia, libertad, ética, justicia, derechos humanos, etcétera. En este sentido, nunca como ahora el poder había tenido tanta admiración por sí mismo, nunca había estado tan orgulloso de su obra y nunca le habían exigido a los de abajo, como ahora, estar agradecidos por su exterminio.
El Estado-nación ha dejado de ser el marco fundamental de la acumulación de capital, pero también ha dejado de ser el marco único de la expresión social. ¿Qué queremos decir con lo anterior?
No se trata de que el Estado nacional haya dejado de existir, sino que vive una crisis de alcances históricos. La contradicción implícita que llevaba en su seno el capitalismo entre la obvia dinámica hacia su internacionalización y la necesidad de los Estados nacionales para ser utilizados como herramienta para su objetivo (estamos hablando de los Estados nacionales imperialistas) hoy llega a puntos de quiebra.
En este sentido, estamos viviendo un cambio epocal sin que todavía el capitalismo tenga las nuevas herramientas para imponer una nueva forma de organización de la vida. El Estado nacional está en crisis, pero no existe — ni como proyecto— un Estado mundial, en tanto esto significaría la creación de un equilibrio generalizado que tendería a modificar las contradicciones inherentes al propio sistema capitalista, en especial la competencia y la sed de ganancia, lo cual parece imposible.
Lo que nadie puede negar es que al destruir lo anterior: lo que existía de democracia de los trabajadores, de solidaridad humana, de seguridad social, —producto de grandes luchas— en la vieja forma de organización del capital, se están prefigurando ya los rasgos esenciales de lo que es su proyecto de arrasamiento.
De esta manera, todas las instituciones que se crearon a la sombra del Estado nación hoy están en crisis: la división de poderes, la democracia representativa, los partidos, sindicatos, burocracias, etcétera. Esta crisis, a diferencia de lo que algunos piensan, no es únicamente producto de la ofensiva del capital sino también del hartazgo que todas esas instituciones han generado entre la población. Cada una de esas instituciones tenía una razón de ser en el periodo anterior, ahora no cumplen casi ninguna función.
Así, los sindicatos no buscan conquistar nuevos espacios de democracia y participación obrera en el proceso productivo sino defender, en el mejor de los casos, lo que queda del viejo mundo del trabajo. Los partidos ya no representan intereses de clases antagónicas, sino a ciudadanos con diversas adscripciones a sectores sociales. Más aún, los partidos políticos institucionales buscan representar los intereses de todas las clases sociales. A lo más que se atreven es a decir: “por el bien de todos, primero los pobres”. Pero ese lema no refleja la lucha de clases, como algunos creen, sino al contrario: su ausencia. Su traducción marxista sería: para que el capital siga reproduciéndose sin muchos problemas se tiene que hacer algo con los pobres, para evitar que se rebelen. Toda la política contra la pobreza queda circunscrita a la esfera de la distribución, por lo tanto, no se afectan las ganancias de los hombres del dinero, la explotación y sobreexplotación están salvaguardadas.
Por eso para el capital, de una manera cada vez más constante, el problema de qué partido gobierna es intrascendente (desde luego, esto no es así para las mafias corruptas que se benefician de usufructuar el aparato de Estado). En menos de un mes, el Departamento de Estado del gobierno norteamericano, los banqueros de México y el ministro de Hacienda han señalado que es totalmente viable que la izquierda gobierne México.
Atrás de esa afirmación se encuentra la convicción de que la izquierda institucional es inofensiva. Esta visión es el resultado de un círculo vicioso: por un lado, los partidos de izquierda que llegan al poder por medios electorales (parece que ya no hay otro camino) establecen de entrada que bajo las circunstancias actuales no existe un gran espacio para llevar a cabo grandes transformaciones estructurales y, por el otro lado, los grandes centros financieros establecen los parámetros en los que se mueve cualquier tipo de Estado, independientemente del signo ideológico. El asunto entonces se resuelve de una manera más pragmática para los señores del dinero: ¿Qué partido está mejor capacitado para administrar el “Estado del malestar” y, por lo tanto, el descontento social?
“Y entonces nos tienen mirando para ese lado y no miramos que por el otro lado se están robando todo y están vendiendo la Patria y sus recursos naturales, como el agua, el petróleo, la energía eléctrica y hasta la gente (…) Y entonces la maldad no nada más está en que estemos distraídos, sino que también arresulta que sus preocupaciones de los ricos las agarramos como nuestras”. (Subcomandante Marcos, ídem).
El carácter arrasador del proceso neoliberal no tan sólo busca dominarnos, sino que también nos reta a promover una alternativa. Y, entonces, todos quieren promover, o anunciar, o elaborar, un proyecto alternativo de Nación. Y, entonces, se promueve una “otra” agenda pero que está destinada a que el Estado la realice. Así, una persona, un grupo, un colectivo, interpretan lo que piensa el resto de la sociedad. Se trata de una política sin sujeto o, para ser preciso, donde el sujeto es objeto de la acción estatal.
El ejemplo más típico tiene que ver con el problema de la inseguridad o del narcotráfico. Se parte de la misma idea de los hombres del poder, a saber: el crimen organizado busca controlar el aparato de Estado. Cuando la realidad es a la inversa: el Estado mexicano es el mejor ejemplo de lo que significa ser el crimen organizado y esto no es una frase para la galería, es la realidad.
¿Es viable concebir que se pueda construir otra agenda manteniendo intocado el aparato de Estado, es decir, el ejército federal, los cuerpos policíacos, los magistrados, el gobernador del Banco de México, etcétera?
¿Tiene sentido circunscribir nuestra lucha contra la privatización de la energía eléctrica o del petróleo a la “encarnizada” defensa que hace Manuel Bartlett de los artículos constitucionales? Más cuando esa privatización ya está en marcha desde hace varios años y no tan sólo no se ha luchado en contra, sino que se ha guardado un silencio cómplice por parte de la mayor parte de los dirigentes sindicales directamente implicados.
Por otro lado, el problema no es sólo quién fija la agenda sino cuál es el espacio en que se fija la misma. ¿Realmente tiene algún significado hacer depender toda una lucha de lo que suceda en los debates parlamentarios, o en las convenciones de los partidos? ¿De qué sirve levantar un programa social de lo mínimo a defender si, al mismo tiempo, se ubica en la clase política la solución de los problemas?
La fase actual del capitalismo representa el proceso más salvaje de despojo de los bienes terrenales de un país. Ese despojo se ha llevado a cabo por parte de los grandes centros financieros con la complicidad de las diversas clases políticas. La reapropiación de esos bienes terrenales pasa por rescatar el carácter original de soberanía, entendida no como una función estatal sino como algo que le pertenece a la sociedad. Mientras se siga viendo en el Estado el receptáculo de la soberanía, entonces no hay vuelta de hoja, la soberanía reside en una minoría que la manipula a su arbitrio. Y entonces se hacen realidad las palabras escritas hace mucho tiempo por Federico Engels: “Una minoría dominante era derrocada por una revolución, para dejar el paso a otra minoría que la sucedía en el timón del Estado y modelaba las instituciones políticas a tono con sus intereses. El nuevo grupo minoritario era, cada vez, aquel a quien el nivel de desarrollo económico llamaba a gobernar (...), y por ello precisamente, y sólo por ello, la mayoría dominada participaba en la revolución a favor suyo o contemplaba tranquilamente el cambio revolucionario. Pero, prescindiendo del contenido concreto de cada caso, todas esas revoluciones presentaban una forma común, pues todas ellas eran revoluciones de minorías. Aún cuando interviniesen en ellas la mayoría, lo hacia siempre —a sabiendas o sin saberlo— al servicio de una minoría, pero esta actitud, daba a la minoría descollante la apariencia de ser la representante de todo el pueblo”. Si sustituimos una revolución por la alternancia electoral, tendremos la realidad del problema.
“Cómo ves Elías creo que ya llegó la hora de Nadie”.
Las revoluciones socialistas más poderosas se dieron en el momento del esplendor del Estado nación. Por eso la frase de Carlos Marx, expresada en el Manifiesto Comunista no se cumplió: “La revolución será en su forma nacional pero en su contenido internacional”. En la práctica, la revolución fue en su forma nacional, lo mismo que en su contenido. La lógica del Estado se fue manteniendo como fundamental. De esta manara todo se justificó y se sigue justificando. Pero sería maniqueo pensar que todo se debió a la maldad de tal o cual corriente. En la práctica, la revolución era el producto de una crisis nacional; “el eslabón más débil de la cadena imperialista”, según Lenin, sin embargo, pronto la lógica de construir un nuevo Estado-nación se imponía, la cadena pasaba a un segundo nivel y la consolidación del eslabón separado se convirtió en religión.
Se trataba entonces de la necesidad de ubicar una estrategia revolucionaria que concebía al Estado como un instrumento para, desde ahí, llevar a cabo una serie de transformaciones sociales y económicas. En tanto tal, la idea de que después de la revolución el Estado se iría diluyendo paulatinamente no tan sólo no se cumplió sino que, por el contrario, la filosofía del Estado fuerte terminó imponiéndose.
Por lo tanto, lo social se diluía en lo político y lo político estaba concentrado en los partidos, los cuales representaban intereses de clase antagónicos.
Con el neoliberalismo, desde el poder se lanzó la idea de que la clase trabajadora como tal no existía, en especial en lo que tiene que ver con su identidad como clase. Que ahora lo que se manifestaba era una especie de ciudadanización del trabajador. La idea se expresó bajo la premisa de que el trabajador como individuo tiene que preocuparse de la misma manera que el patrón por el funcionamiento productivo de la fábrica o del negocio. Las identidades colectivas fueron estigmatizadas como falsas identidades corporativas. Por lo tanto, el grito de guerra ya no fue contra el patrón, sino contra el trabajador que está al lado. La lucha por ver quién produce más y en menor tiempo. La flexibilidad del proceso productivo, en especial en lo que tiene que ver con el trabajo, fue el antecedente directo de las agresiones al conjunto de conquistas sociales logradas en siglos de lucha.
Al desregular las relaciones de trabajo, tanto en la ciudad como en el campo, el capitalismo aseguró el proceso de despojo. Los sindicatos y los partidos (en el caso de México) permitieron ese proceso bajo la falsa idea de que cooperando el golpe sería menos fuerte.
Por otro lado, el conflicto capital-trabajo se fue velando a partir de lo incorpóreo del capital. ¿Quién es ahora el patrón? ¿Dónde se ubica? Si en una mercancía se incorporan diversos trabajadores, de diferentes países ¿Contra quién se lucha? La trasnacionalización del capital ha permitido la pérdida de capacidad para identificar al enemigo directo.
Y, sin embargo, como nunca la confrontación de clase se manifiesta en toda su dimensión. No reducida como algunos lo hicieron hace años, entre los sindicatos y los patrones sino entre los trabajadores y el poder (cuando hablamos de trabajadores, hablamos de todos aquellos que venden su fuerza de trabajo al capital, sea en el campo o en la ciudad, sea manual o intelectual, sea en los servicios o en la industria).
Al transformarse el Estado de un aparente regulador entre los diversos sectores sociales y productivos y convertirse en un simple regulador de las inversiones y de los flujos de capital —lo cual le permite ser el garante de la tranquilidad social para lograr la rentabilidad de dichas inversiones—, entonces, los sectores sociales, en especial en América Latina, han sacado dos conclusiones que teniendo la misma fuente original, representa dos visones opuestas: por un lado, aquellos que apuestan a la llegada de la izquierda a los gobiernos como el camino para desmontar el modelo neoliberal y, por otro, aquellos que desde la sociedad y muchas veces contra los partidos utilizan su poder de veto para impedir el proceso de destrucción-arrasamiento-reorganización-reconstrucción de esta guerra global que significa el neoliberalismo.
En el segundo caso, y a ese nos referiremos, en muchos países, esos trabajadores identifican a sus Estados o sus parlamentos o sus partidos como la causa de sus males. Recientemente en Bolivia, en la Ciudad del Alto, se llevó a cabo una gran huelga vecinal. No la vieja huelga obrera restringida a la fábrica, sino una huelga social. Se bloquearon los caminos hacia la Paz, capital de Bolivia, se instauró una asamblea popular permanente y decidieron que el objetivo era cercar al presidente y al parlamento.
La vanguardia desapareció. La sociedad decidió tomar en sus manos la política, al margen de la clase política, sea de derecha o de izquierda y controlar su destino. El problema era doble: en contra de la privatización del agua y del remate de los hidrocarburos. Con esto se desmentía algo que escribió un querido amigo hace algún tiempo: “Una política sin partidos termina, en la mayoría de los casos, en una política sin política: ya sea en un seguidismo sin objetivos a la espontaneidad de los movimientos sociales, o en la peor forma de vanguardismo individualista elitista, o finalmente en una represión de lo político en favor de lo estético o de lo ético”. (Daniel Bensaid: “Lenin: Saltos. Saltos”). La realidad es que los vacíos se llenan. Si los partidos han hecho mutis y ya no representan los intereses políticos de los trabajadores, éstos ocupan su lugar. La otra política, la que se hace desde la base de la sociedad, no requiere de la bendición de ninguna persona, existe por voluntad propia y existe en tanto el despojo ha sido generalizado. Y como respuesta a este despojo, la lucha por la reapropiación se inicia por recuperar el espacio público, para darle un contenido social y, perdón, pero es necesario recordarlo, la política es antes que nada la actuación en la cosa pública.
La vanguardia cedió su lugar a Nadie. A los trabajadores disfrazados de vecinos del Alto de Bolivia; a los piqueteros de Argentina que lanzaron su grito de guerra “Que se vayan todos” (que tanto molestó al cura que cada domingo lanza sus admoniciones a los movimientos sociales desde las páginas de La Jornada y que, desde luego, como Dios manda, nadie le hace caso); a las decenas de miles de campesinos que tienen miles de campamentos en Brasil; a los millones que salieron a las calles el 15 de febrero del 2004 contra la guerra; a los que se atrevieron a desafiar las reglas de la dominación y construyeron su autonomía en la selva y los altos de Chiapas.
Es verdad que el proceso es muy inicial pero es ya una realidad innegable. Exigir una mayor definición es un poco desmedido, en tanto representan el resultado de una nueva época. El camino es largo, pero en tanto Nadie (como nos recuerdan los compañeros del EZLN) no se rige por las máximas del olimpismo del capital: más alto, más fuerte, más rápido —es decir, más dinero, más fama, más poder—, sino por las de los que no aspiran a medallas de oro sino simplemente a cambiar al mundo: más bajo, más débil, más lento y de esa triada sacan su invencibilidad —paradojas de la vida—, entonces, el camino tiene muchos caminos y muchas veredas que muchas veces parecen contradictorias: una imprudente prudencia, una insensatez sensata, un pesimismo optimista y una lenta impaciencia. Todo esto envuelto en una voluntad de lucha a prueba de todo. Si no queremos que la historia nos muerda la nuca, démonos la vuelta y mordámosle la nuca a la historia. ¿Es esta una posición ética? Indudablemente, pero es también y antes que nada una posición política. Posición política que ha combinado, y sigue combinando, fases diversas. Muchos han señalado que la maestría en la política significa buscar dominar el tiempo y el espacio. Los zapatistas han mezclado diferentes momentos, cuya descripción podríamos simplificar caracterizándolos de la siguiente manera: ceder espacio para ganar tiempo, para de ahí pasar a ceder tiempo para ganar espacio; para luego ceder espacio y tiempo local, para ganar espacio y tiempo nacional.
Por la misma forma en que se expresa esta nueva forma del capital, la frontera entre lo social y lo político está siendo cada vez más imperceptible. Desde luego que los movimientos sociales se enfrentan a la indispensable necesidad de elaborar una alternativa política y lo hacen con las herramientas con las que cuentan, no con las que ya no existen. ¿Eso quiere decir que las organizaciones de izquierda ya no pueden ser útiles? Decir eso es una tontería. De lo que sí estamos convencidos es que el escenario cambió y que la voluntad de luchar en contra del capital debe pasar por aceptar que la forma en que se está expresando la rebeldía no es igual a la de antes. Que lo fundamental de la lucha de clases no es la segunda parte del binomio sino la primera. Y que es en la lucha donde se reorganizará el pensamiento y la práctica de izquierda. En ese sentido, no está por demás recordar la frase dicha hace muchos años por un viejo militante socialista francés, Jean Jaurés: “Hay que conservar del pasado no las cenizas, sino el fuego”. Parafraseándola, ahora diríamos: de la izquierda no nos interesan sus cenizas, sino su fuego. El fuego que le permitió luchar, el fuego de su militancia, el fuego de su intransigencia anticapitalista, el fuego de su convicción, el fuego de su voluntad.
domingo, septiembre 11, 2005
Pasado, Presente y Futuro del Marxismo
Pasado, presente y futuro del marxismo
Paul Mattick
Según las ideas de Marx, los cambios en las condiciones sociales y materiales modifican la consciencia de las personas. Esa idea también es aplicable al marxismo y a su desarrollo histórico. El marxismo comenzó siendo una teoría de la lucha de clases basada en las relaciones sociales específicas de la producción capitalista. Pero su análisis de las contradicciones sociales inherentes a la producción capitalista se refiere a la tendencia general del desarrollo capitalista, mientras que la lucha de clases es un asunto de la vida cotidiana y se ajusta por sí misma a las condiciones sociales. Estos ajustes también tienen su reflejo en la ideología marxiana. La historia del capitalismo es también la historia del marxismo.
El movimiento obrero fue anterior a la teoría de Marx y constituyó la base real para el desarrollo de esta. El marxismo llegó a ser la teoría dominante del movimiento socialista porque era capaz de revelar convincentemente la estructura explotadora de la sociedad capitalista y a la vez desvelar las limitaciones históricas de este modo de producción particular. El secreto del vasto desarrollo capitalista la explotación cada vez mayor de la fuerza de trabajo era también el secreto de las dificultades diversas que apuntaban a su colapso final. Mediante métodos de análisis científico, Marx fue capaz en El capital de ofrecer una teoría que sintetizaba la lucha de clases y las contradicciones generales de la producción capitalista.
La crítica de Marx a la economía política tenía que ser por fuerza tan abstracta como la economía política misma. Solamente podía referirse a la tendencia general del desarrollo capitalista, no a sus múltiples manifestaciones concretas en un momento dado. Como la acumulación del capital es a la vez la causa del desarrollo del sistema y la razón para su declive, la producción capitalista procede como un proceso cíclico de expansión y contracción. Ambas situaciones implican condiciones sociales diferentes y, por tanto, reacciones diferentes del trabajo y del capital. Ciertamente, la tendencia general del desarrollo capitalista supone dificultades cada vez mayores para escapar de un periodo de contracción mediante una expansión ulterior del capital, e implica así una tendencia al colapso del sistema. Pero no se puede decir en qué momento concreto de su desarrollo el capital se desintegrará por la imposibilidad objetiva de continuar su proceso de acumulación.
La producción capitalista, que implica la ausencia de cualquier tipo de regulación social consciente de la producción, encuentra una cierta regulación ciega en el mecanismo de oferta y demanda del mercado. Este último se adapta a su vez a las necesidades expansivas del capital, determinadas por el grado variable en que es explotable la fuerza de trabajo y por la alteración de la estructura del capital debida a su acumulación. Las entidades concretas que intervienen en este proceso no son empíricamente observables, de manera que resulta imposible determinar si una crisis concreta de la producción capitalista será más o menos larga, más o menos devastadora para las condiciones sociales o si resultará la crisis final del sistema capitalista desencadenando su resolución revolucionaria por la acción de una clase obrera resuelta.
En principio, cualquier crisis prolongada y profunda puede abrir paso a una situación revolucionaria que podría intensificar la lucha de clases hasta el derrocamiento del capitalismo, en el supuesto, claro está, de que las condiciones objetivas trajeran consigo una disposición subjetiva a cambiar las relaciones sociales de producción. En los inicios del movimiento marxista esta posibilidad parecía real, a la vista de un movimiento socialista cada vez más poderoso y una extensión progresiva de la lucha de clases en el sistema capitalista. Se pensaba que el desarrollo de este sería paralelo al desarrollo de la consciencia de clase proletaria, al ascenso de las organizaciones de la clase obrera y al reconocimiento cada vez más generalizado de que había una opción alternativa a la sociedad capitalista.
La teoría y la práctica de la lucha de clases se veía como un fenómeno unitario, debido a la expansión intrínseca y a la autorrestricción paralela del desarrollo capitalista. Se pensaba que la explotación cada vez mayor de los trabajadores y la progresiva polarización de la sociedad en una pequeña minoría de explotadores y una gran mayoría de explotados elevaría la consciencia de clase de los trabajadores y también su inclinación revolucionaria a destruir el sistema capitalista. Claro está que las condiciones sociales de entonces tampoco permitían prever otra evolución, ya que el progreso del capitalismo industrial iba acompañado de una miseria creciente de las clases trabajadoras y una agudización visible de la lucha de clases. De todas formas, esta era la única perspectiva en la que cabía pensar a partir de aquellas condiciones que, por lo demás, tampoco revelaban otra posible evolución.
Aun interrumpido por periodos de crisis y depresión, el capitalismo ha podido mantenerse hasta hoy basándose en una expansión continua del capital y en su extensión geográfica mediante la aceleración del incremento de la productividad del trabajo. El capitalismo demostró que no solo era posible recuperar la rentabilidad temporalmente perdida, sino incrementarla suficientemente para continuar el proceso de acumulación y mejorar simultáneamente las condiciones de vida de la gran mayoría de la población trabajadora. El éxito de la expansión del capital y la mejora de las condiciones de los trabajadores llevaron a que se cuestionara cada vez más la validez de la teoría abstracta del desarrollo capitalista elaborada por Marx. De hecho, la realidad empírica parecía contradecir las expectativas de Marx respecto al futuro del capitalismo. Incluso quienes defendían su teoría no llevaban a cabo una práctica ideológicamente dirigida al derrocamiento del capitalismo. El marxismo revolucionario se volvió una teoría evolucionista que expresaba el deseo de superar el sistema capitalista por medio de la reforma constante de sus instituciones políticas y económicas. De forma abierta o encubierta, el revisionismo marxista llevó a cabo una especie de síntesis del marxismo y la ideología burguesa como corolario teórico a la integración práctica del movimiento obrero en la sociedad capitalista.
De todas formas, lo anterior puede no ser demasiado importante, porque en todas las épocas el movimiento obrero organizado ha integrado solamente a la fracción más minoritaria de la clase obrera. La gran masa de trabajadores se adapta a la ideología burguesa dominante y —sujetos a las condiciones objetivas del capitalismo— solo potencialmente constituye una clase revolucionaria. Puede transformarse en clase revolucionaria en circunstancias que hagan desaparecer los obstáculos que impiden su toma de consciencia, ofreciendo así a la fracción con consciencia de clase una oportunidad para transformar lo potencial en real mediante su ejemplo revolucionario. Esta función del sector obrero con consciencia de clase se perdió con su integración en el sistema capitalista. El marxismo se transformó en una doctrina cada vez más ambigua que servía a propósitos distintos a los contemplados en sus orígenes.
Todo esto es historia, en concreto la historia de la II Internacional, cuya orientación aparentemente marxista resultó tan solo la falsa ideología de una práctica no revolucionaria. Esto no tiene nada que ver con una "traición" al marxismo; por el contrario, fue el resultado del rápido ascenso y del poder cada vez mayor del capitalismo, que indujo al movimiento obrero a adaptarse a las condiciones cambiantes de la producción capitalista. Como un derrocamiento del sistema parecía imposible, las modificaciones del capitalismo determinaron los cambios del movimiento obrero. Como movimiento de reformas, este tomó parte en la reforma del capitalismo, basada en el aumento de productividad del trabajo y en la expansión competitiva imperialista de los capitales organizados en un ámbito nacional. La lucha de clases se convirtió en colaboración de clases.
Bajo estas nuevas condiciones, el marxismo, que ni era rechazado del todo ni reinterpretado por completo hasta convertirlo en su misma negación, adoptó una forma puramente ideológica que no afectaba a la práctica procapitalista del movimiento obrero. Como tal ideología, podía coexistir con otras en la búsqueda de lealtades. Ya no representaba la consciencia de un movimiento obrero destinado a derrocar la sociedad existente, sino una visión del mundo supuestamente basada en la ciencia social de la economía política. Así se convirtió en objeto de preocupación de los elementos más críticos de la clase media, aliados de la clase obrera, aunque no pertenecientes a la misma. Esto solo era la forma concreta que adoptaba la división ya consumada entre la teoría de Marx y la práctica real del movimiento obrero.
Es verdad que las ideas socialistas fueron propuestas por primera vez y principalmente —aunque no solamente— por miembros de la clase media exasperados por las condiciones sociales inhumanas de los comienzos del capitalismo. Esas condiciones y no el nivel de su inteligencia fue lo que movió su atención hacia el cambio social y, consiguientemente, hacia la clase obrera. No es sorprendente así que las mejoras del capitalismo hacia el cambio de siglo entibiaran su agudeza crítica, tanto más cuando la misma clase obrera había perdido la mayor parte de su fervor oposicionista. El marxismo se convirtió así en preocupación de intelectuales y tomó un carácter académico. Ya no se le consideraba principalmente como un movimiento de trabajadores, sino como un tema científico sobre el que discutir. No obstante, las disputas sobre los distintos problemas planteados por el marxismo sirvieron para mantener la ilusión del carácter marxiano del movimiento obrero, hasta que esta ficción se desvaneció ante las realidades de la I Guerra Mundial.
Esta guerra, que representó una crisis gigantesca de la producción capitalista, hizo renacer momentáneamente el radicalismo en el movimiento obrero y en la clase obrera en su conjunto. En esa medida fue señal de un retorno a la teoría y a la práctica marxista, aunque solo en Rusia la agitación social llevó al derrocamiento del régimen atrasado, capitalista y semifeudal. No obstante, esta era la primera vez que un régimen capitalista había sido derrocado por la acción de su población oprimida y la determinación de un movimiento marxista. El marxismo muerto de la II Internacional parecía listo para ser reemplazado por el marxismo vivo de la III Internacional. Y como fue el partido bolchevique bajo la dirección de Lenin el que llevó a Rusia a la revolución social, fue la particular interpretación leniniana del marxismo la que se convirtió en el marxismo de esta fase nueva y "superior" del capitalismo. Con bastante propiedad, este marxismo fue transformado en el "marxismo-leninismo" que dominó el mundo de posguerra.
No es este el lugar para contar una vez más la historia de la III Internacional y el tipo de marxismo que trajo consigo. Esa historia está muy bien escrita en innumerables textos que culpan de su colapso a Stalin o, remontándose más atrás, al mismo Lenin. En definitiva, lo que ocurrió fue que la idea de la revolución mundial no pudo ser llevada a la práctica y la revolución rusa se mantuvo como revolución nacional, vinculada a las realidades de sus condiciones socioeconómicas propias. En su aislamiento, no podía ser juzgada como revolución socialista en el sentido marxiano, ya que faltaban todas las condiciones necesarias para una transformación socialista de la sociedad: el predominio del proletariado industrial y un aparato de producción que, en manos de los productores, no solo fuera capaz de acabar con la explotación sino de llevar a la sociedad más allá de los límites del sistema capitalista. Tal como fueron las cosas, el marxismo solo pudo proporcionar una ideología sostenedora, aun de forma contradictoria, al capitalismo de Estado. Lo que había ocurrido en la II Internacional, volvió a darse en la III. El marxismo, subordinado a los intereses específicos de la Rusia bolchevique, solo pudo funcionar como ideología para cubrir una práctica no revolucionaria y, finalmente, contrarrevolucionaria.
A falta de un movimiento revolucionario, la gran depresión que afectó a la mayor parte del mundo, no dio pie a insurrecciones revolucionarias, sino al fascismo y a la II Guerra Mundial. Esto significó el eclipse total del marxismo. Las consecuencias desastrosas de la nueva guerra trajeron consigo una oleada fresca de expansión capitalista a escala internacional. No solo el capital monopolista salió fortalecido del conflicto; también surgieron nuevos sistemas de capitalismo de estado por la vía de la liberación nacional o la conquista imperialista. Esta situación no implicó un resurgimieno del marxismo revolucionario sino una "guerra fría", es decir, la confrontación de los sistemas capitalistas organizados de forma distinta en una lucha continua por las esferas de influencia y por el reparto de la explotación. En el lado del capitalismo de estado, esta confrontación se camufló como movimiento marxista contra la monopolización capitalista de la economía mundial; por su parte, el capitalismo de propiedad privada no podía ser más feliz señalando a sus enemigos del capitalismo de estado como marxistas o comunistas, resueltos a llevarse por delante todas las libertades de la civilización junto con la libertad para amasar capital. Esta actitud sirvió para adherir firmemente la etiqueta de "marxismo" a la ideología del capitalismo de estado.
De esta manera, los cambios sucesivos provocados por toda una serie de depresiones y guerras no llevaron a una confrontación entre el capitalismo y el socialismo, sino a una división del mundo en sistemas económicos más o menos centralmente controlados y a un ensanchamiento de la brecha entre los países desarrollados bajo el capitalismo y las naciones subdesarrolladas. Ciertamente, esta situación suele verse como una división entre países capitalistas, socialistas y del "tercer mundo", simplificación que confunde las diferencias mucho más complejas entre estos sistemas económicos y políticos. El "socialismo" suele concebirse como una economía controlada por el estado en un marco nacional, en el que la planificación sustituye a la competencia. Tal tipo de sistema no es ya un sistema capitalista en el sentido tradicional, pero tampoco es un sistema socialista en el sentido que el término tenía para Marx, de asociación de productores libres e iguales. En un mundo capitalista y por lo tanto imperialista, ese sistema de economía controlada por el estado solo puede contribuir a la competencia general por el poder económico y político y, como el capitalismo, ha de expandirse o contraerse. Ha de hacerse más fuerte en todos los órdenes para limitar la expansión del capital monopolista que de otra manera lo destruiría. La forma nacional de los regímenes llamados socialistas o de control estatal no solo los pone en conflicto con el mundo capitalista tradicional, sino también entre ellos, ya que han de dar consideración prioritaria a los estratos dirigentes privilegiados y de nueva creación cuya existencia y seguridad se basan en el estado-nación. Esto genera el espectáculo de una variedad "socialista" de imperialismo y de la amenaza de guerra entre países nominalmente socialistas.
Tal situación hubiera sido inconcebible en 1917. El leninismo (o, en frase de Stalin, "el marxismo de la época del imperialismo") esperaba una revolución mundial sobre el modelo de la revolución rusa. Igual que distintas clases se habían unido en Rusia para derribar la autocracia, también a escala internacional las naciones en diversas fases de desarrollo podrían luchar contra el enemigo común, el capital monopolista imperialista. E igual que la clase obrera bajo dirección del partido bolchevique transformó en Rusia la revolución burguesa en revolución proletaria, así la Internacional Comunista sería el instrumento de transformación de las luchas antiimperialistas en revoluciones socialistas. En aquellas condiciones, era concebible que las naciones menos desarrolladas pudieran eludir un desarrollo capitalista de otra manera inevitable, para integrarse en un mundo socialista emergente. Como esta teoría estaba basada en el supuesto del triunfo de revoluciones socialistas en las naciones avanzadas, no pudo probarse que fuera correcta o equivocada, ya que las revoluciones esperadas nunca llegaron a producirse.
Lo que hace al caso son las inclinaciones revolucionarias del movimiento bolchevique antes e inmediatamente después de su toma del poder en Rusia. La revolución se hizo en nombre del marxismo revolucionario, como derrocamiento del sistema capitalista e instauración de una dictadura para asegurar el avance hacia una sociedad sin clases. Sin embargo, ya en esta etapa, y no solo por las condiciones concretas existentes en Rusia, el concepto leninista de reconstrucción socialista se alejaba del marxismo originario y se basaba en las ideas surgidas en la II Internacional. Para esta, el socialismo se concebía como consecuencia inmediata del propio desarrollo capitalista. La concentración y la centralización del capital implicarían la eliminación progresiva de la competencia capitalista y, con ello, de su carácter privado, hasta que el gobierno socialista, surgido del proceso democrático parlamentario, transformara el capital monopolista en monopolio estatal, instaurando así el socialismo mediante decreto gubernamental. Para Lenin y los bolcheviques esto era una utopía irrealizable y también una excusa idiota para abstenerse de cualquier actividad revolucionaria. Pero para ellos la instauración del socialismo también era un asunto gubernamental, aunque llevado a cabo por medio de la revolución. Diferían de los socialdemócratas respecto a los medios para alcanzar un objetivo por lo demás común: la nacionalización del capital por el estado y la planificación centralizada de la economía.
Lenin también mostró su acuerdo con la afirmación grosera y arrogante de Kautsky según la cual la clase trabajadora por sí misma es incapaz de generar una consciencia revolucionaria, de forma que esta ha de ser introducida en el proletariado por la intelectualidad de la clase media. La forma organizativa de esta idea era el partido revolucionario como vanguardia de los trabajadores y como condición imprescindible para el éxito de la revolución. En este marco conceptual, si la clase obrera es incapaz de hacer su propia revolución, será menos capaz aun de construir una sociedad nueva, tarea que queda así reservada para el partido dirigente, poseedor del aparato de estado. La dictadura del proletariado aparece así como la dictadura del partido organizado como estado. Y como el estado tiene el control de toda la sociedad, también ha de controlar las acciones de la clase obrera, incluso ejerciendo ese control supuestamente en su favor. En la práctica, el resultado fue el ejercicio totalitario del poder por parte del gobierno bolchevique.
La nacionalización de los medios de producción y el dominio autoritario del gobierno ciertamente diferenciaban el sistema bolchevique del capitalismo occidental. Pero esto no alteraba las relaciones sociales de producción, que en ambos sistemas se basaban en el divorcio de los trabajadores de los medios de producción y en la monopolización del poder político en manos del estado. Ya no era un capital privado sino el capital controlado por el estado el que se enfrentaba a la clase obrera y perpetuaba el trabajo asalariado como forma de actividad productiva, permitiendo la apropiación de plusvalía a través de la institución estatal. El sistema expropió el capital privado, pero no abolió la relación capital-trabajo en la que se basa la forma moderna del dominio de clase. Solo era cuestión de tiempo el surgimiento de una nueva clase dominante cuyos privilegios dependerían precisamente del mantenimiento y la reproducción del sistema de producción y distribución controlado por el estado como única forma "realista" de socialismo marxiano.
Sin embargo, el marxismo, como crítica de la economía política y como lucha por una sociedad sin clases ni explotación, solo tiene significado en el marco de las relaciones de producción capitalistas. El fin del capitalismo implicaría a su vez el fin del marxismo. Para una sociedad socialista, el marxismo no sería más que algo de la historia, como todo lo demás en el pasado. Ya la descripción del "socialismo" como sistema marxista niega la autoproclamada naturaleza socialista del sistema de capitalismo de estado. La ideología marxista solo funciona en este sistema como intento de justificar las nuevas relaciones clasistas como requisitos necesarios para la construcción del socialismo y así ganar la aquiescencia de las clases trabajadoras. Como en el viejo capitalismo, los intereses específicos de la clase dominante se presentan como intereses generales.
A pesar de todo ello, el marxismo-leninismo era originariamente una doctrina revolucionaria, ya que se proponía sin ningún género de duda la realización de su propia idea de socialismo por medios directos y prácticos. Esta idea no implicaba más que la formación de un sistema capitalista de estado. Esa era la concepción habitual del socialismo a comienzos de siglo, de manera que no se puede hablar de una "traición" bolchevique de los principios marxistas de la época. Por el contrario, el bolchevismo hizo realidad la transformación del capitalismo de propiedad privada en capitalismo de estado, lo cual era también el objetivo declarado de los revisionistas y reformistas marxistas. Pero estos ya habían perdido todo interés en actuar según sus creencias aparentes y prefirieron acomodarse en el status quo capitalista. Los bolcheviques hicieron realidad el programa de la II Internacional por medio de la revolución.
Sin embargo, una vez en el poder, la estructura de capitalismo de estado de la Rusia bolchevique determinó su desarrollo ulterior, ahora generalmente descrito con el término peyorativo de "estalinismo". Que adoptara esta forma concreta se explicaba por el atraso general de Rusia y por su situación de cerco capitalista, que exigía la centralización máxima del poder y sacrificios inhumanos por parte de la población trabajadora. Bajo condiciones distintas como las existentes en las naciones de mayor desarrollo capitalista y relaciones internacionales más favorables, se decía, el bolchevismo no tendría que adoptar por fuerza los métodos drásticos que se había visto obligado a utilizar en el primer país socialista. Quienes mostraban una disposición menos favorable hacia este primer "experimento en socialismo" afirmaban que la dictadura del partido tan solo era expresión del carácter todavía "semiasiático" del bolchevismo, y que no podría repetirse en las naciones más avanzadas de occidente. El ejemplo ruso fue utilizado para justificar las políticas reformistas como única forma de mejorar las condiciones de vida de la clase obrera en occidente.
Sin embargo, las dictaduras fascistas de Europa occidental pronto demostraron que el control del estado por un partido único no tenía por qué restringirse a la situación rusa, sino que era aplicable a cualquier sistema capitalista. Podía servir tanto para mantener las relaciones de producción existentes como para su transformación en capitalismo de estado. Por supuesto, el bolchevismo y el fascismo siguieron siendo distintos en cuanto a estructura económica, aunque políticamente llegaron a ser indistinguibles. Pero la concentración de control político en las naciones capitalistas totalitarias implicaba una coordinación central de la actividad económica para los objetivos específicos de las políticas fascistas y, de esta manera, una aproximación al sistema ruso. Para el fascismo esto no era un objetivo, sino una medida temporal, análoga al "socialismo de guerra" de la I Guerra Mundial. Sin embargo, era la primera indicación de que el capitalismo occidental no era inmune a las tendencias al capitalismo de estado.
Con la deseada pero a la vez inesperada consolidación del régimen bolchevique y la coexistencia —relativamente tranquila hasta la II Guerra Mundial— de los sistemas sociales en conflicto, los intereses rusos exigieron la utilización de la ideología marxista no solo para objetivos internos sino también externos, para asegurar el apoyo del movimiento obrero internacional a la existencia nacional de Rusia. Por supuesto, esto implicó solo a una parte del movimiento obrero, pero esa parte pudo romper el frente antibolchevique que incluía a los viejos partidos socialistas y los sindicatos reformistas. Como esas organizaciones ya se habían deshecho de su herencia marxista, la supuesta ortodoxia marxista del bolchevismo se convirtió prácticamente en la única teoría marxista como contraideología opuesta a todas las formas de antibolchevismo y a todos los intentos de debilitar o destruir el estado ruso. No obstante, al mismo tiempo se intentaba asegurar la coexistencia mediante concesiones al adversario capitalista y se mostraban las ventajas mutuas que podían obtenerse del comercio internacional y otros tipos de colaboración. Esa política de dos caras servía al único objetivo de preservar el estado bolchevique y asegurar los intereses nacionales de Rusia.
El marxismo fue así reducido a un arma ideológica que servía exclusivamente los intereses de un estado concreto y un solo país. Ya privada de aspiraciones revolucionarias internacionales, la Internacional Comunista fue utilizada como instrumento de política limitada para los intereses especiales de la Rusia bolchevique. Pero, ahora, esos intereses cada vez incluían en mayor medida el mantenimiento del status quo internacional para asegurar el del sistema ruso. Si al principio había sido el fracaso de la revolución mundial el que había inducido la política rusa de atrincheramiento, la seguridad rusa exigía ahora la estabilidad del capitalismo mundial y el régimen estalinista se esforzaba en contribuir a ella. La difusión del fascismo y la gran probabilidad de nuevos intentos de encontrar soluciones imperialistas a la crisis mundial ponía en peligro no solo la coexistencia sino también las condiciones internas de Rusia, que exigían cierto grado de tranquilidad internacional. La propaganda marxista dejó a un lado los problemas del capitalismo y el socialismo y en forma de antifascismo concentró su ataque en una forma política particular de capitalismo que amenazaba desencadenar una nueva guerra mundial. Esto implicaba, por supuesto, la aceptación de las potencias capitalistas antifascistas como aliados potenciales y la defensa de la democracia burguesa contra los ataques desde la derecha o desde la izquierda, tal como ilustró lo ocurrido durante la guerra civil en España.
Ya antes el marxismo-leninismo había asumido la función puramente ideológica que caracterizaba el marxismo de la II Internacional. No se asociaba ya con una práctica política cuyo objetivo final fuera el derrocamiento del capitalismo, aunque solo propusiera como socialismo la patraña del capitalismo de estado; ahora se contentaba con su existencia en el seno del sistema capitalista, de la misma forma que el movimiento socialdemócrata aceptaba como inviolables las condiciones dadas en la sociedad. El reparto del poder a escala internacional presuponía lo mismo a nivel nacional y el marxismo-leninismo fuera de Rusia devino un movimiento estrictamente reformista. Solo los fascistas quedaron como fuerzas realmente aspirantes al control completo sobre el estado. No hubo ningún intento serio de impedir su ascenso al poder. El movimiento obrero, incluida su ala bolchevique, confiaba únicamente en procesos democráticos tradicionales para hacer frente a la amenaza fascista. Esto significaba una pasividad total y una desmoralización progresiva y aseguró la victoria del fascismo como única fuerza dinámica operante en la crisis mundial.
Por supuesto, no es solo el control ruso del movimiento comunista internacional a través de la III Internacional lo que explica su capitulación al fascismo, sino también la burocratización del movimiento que concentró todo el poder decisorio en las manos de políticos profesionales que no compartían las condiciones sociales del proletariado empobrecido. Esta burocracia se encontró en la posición "ideal" de ser capaz de expresar su oposición verbal al sistema y, a la vez, participar en los privilegios que la burguesía otorga a sus ideólogos políticos. Estos no tenían una razón perentoria para oponerse a las políticas generales de la Internacional Comunista, que coincidían con sus propias necesidades inmediatas como líderes reconocidos de la clase obrera en una democracia burguesa. La apatía de los trabajadores mismos, su falta de disposición para buscar una solución propia independiente a la cuestión social también explica esa situación y su evolución final al fascismo. Medio siglo de marxismo reformista bajo el principio de liderazgo y su acentuación en el marxismo-leninismo produjeron un movimiento obrero incapaz de actuar basándose en sus propios intereses, incapaz así de inspirar a la clase obrera en su conjunto para que intentara impedir el fascismo y la guerra mediante una revolución proletaria.
Como en 1914, el internacionalismo y con él el marxismo, quedaban otra vez ahogados en la marea nacionalista e imperialista. Las políticas coyunturales se basaban en las exigencias de las alianzas imperialistas cambiantes, que llevaron primero al pacto Hitler-Stalin y luego a la alianza antihitleriana entre la URSS y las potencias democráticas. El resultado de la guerra, predeterminado por su carácter imperialista, dividió el mundo en dos grandes bloques que pronto volvieron a enzarzarse en una pugna por el control mundial. El carácter antifascista de la guerra implicaba la restauración de regímenes democráticos en los países derrotados y con ello la vuelta a la luz de los partidos políticos, incluso los de connotación marxista. En el Este, Rusia restauró su imperio y le añadió esferas de intereses y un jugoso botín de guerra. El hundimiento del dominio colonial creó las naciones del "tercer mundo", que adoptaron el sistema ruso o una economía mixta de tipo occidental. Surgió un neocolonialismo que sometió a las naciones "liberadas" a un control más indirecto pero igualmente efectivo de las grandes potencias. Pero la expansión de los regímenes de capitalismo de estado parecía la difusión mundial del marxismo y la lucha contra ella se presentaba como lucha contra un marxismo que amenazaba las libertades (indefinidas) del mundo capitalista. Estos tipos de marxismo y antimarxismo no tenían conexión alguna con la lucha entre trabajo y capital concebida por Marx y por el movimiento obrero originario.
En su forma actual, el marxismo ha sido un movimiento regional más que internacional, como apunta su debilidad en los países anglosajones. El resurgimiento de partidos marxistas en la posguerra se dio sobre todo en naciones como Francia e Italia, que habían de hacer frente a dificultades económicas concretas. La división y la ocupación de Alemania impidió la reorganización de un partido comunista de masas en la zona occidental. Los partidos socialistas finalmente repudiaron su propio pasado, todavía teñido de ideas marxistas, y se convirtieron en partidos burgueses o "populares", defensores del capitalismo democrático. Sigue habiendo partidos comunistas legales o ilegales en todo el mundo, pero sus posibilidades de influir en el rumbo político son más o menos nulas por el momento y en el futuro previsible. El marxismo como movimiento revolucionario de los trabajadores se encuentra actualmente en su momento histórico más bajo.
Lo sorprendente es la respuesta sin precedentes del capitalismo al marxismo teórico. El nuevo interés en el marxismo en general y en la "economía marxista" en particular se circunscribe casi exclusivamente al mundo académico, que es prácticamente el mundo de la clase media. Hay una enorme producción de literatura marxista. La "marxología" ha resultado ser una nueva profesión y hay escuelas marxistas de economía "radical", historia, filosofía, sociología, psicología y así sucesivamente. Quizá todo eso no sea más que una moda intelectual, pero aunque solo fuera eso, el fenómeno sería indicio del presente estado de decadencia de la sociedad capitalista y de su pérdida de confianza en el futuro. En el pasado la integración progresiva del movimiento obrero en la estructura social del capitalismo implicó la acomodación de la doctrina socialista a las realidades de un capitalismo en auge. Parece ahora que, de manera inversa, hubiera múltiples intentos de utilizar los hallazgos teóricos del marxismo para propósitos capitalistas. Este intento de reconciliación desde ambos lados, al superar al menos en parte el antagonismo entre la teoría de Marx y la teoría burguesa refleja la crisis tanto del marxismo como de la sociedad burguesa.
Aunque el marxismo abarca la sociedad en todos sus aspectos, presta atención sobre todo a las relaciones sociales de producción como fundamento de la totalidad capitalista. Siguiendo la concepción materialista de la historia, el marxismo se centra en las condiciones económicas y por tanto sociales del desarrollo capitalista. Hace ya mucho que la concepción materialista de la historia fue plagiada por la ciencia social burguesa, pero hasta hace poco no se sacó partido de su aplicación al capitalismo. Es el mismo capitalismo el que ha forzado a la teoría económica burguesa a considerar la dinámica del sistema capitalista y de esta manera a emular en cierta forma la teoría marxista de la acumulación y sus consecuencias.
Hay que recordar aquí que la trasformación del marxismo de teoría revolucionaria a teoría evolucionista radicó —en lo teórico— en la cuestión de si la teoría de la acumulación de Marx era también una teoría de la necesidad objetiva de colapso del capitalismo. El ala reformista del movimiento obrero afirmaba que no había razón objetiva para la decadencia y destrucción del sistema, mientras que la minoría revolucionaria mantuvo la convicción de que las contradicciones intrínsecas del capitalismo llevan inevitablemente a su fin. Basando esta convicción en las contradicciones en la esfera de la producción o en la esfera de la circulación, la izquierda marxista insistía en la certeza del colapso final del capitalismo, en forma de crisis cada vez más devastadoras que traerían consigo una disposición subjetiva del proletariado a acabar con el sistema por medios revolucionarios.
La negación por parte de los reformistas de los límites objetivos del capitalismo hizo que dejaran de prestar atención a la esfera de la producción y comenzaran a atender más a la de la distribución. De esta manera se olvidaron de las relaciones sociales de producción para centrarse en las relaciones de mercado, que constituyen el único interés de la teoría económica burguesa. Los trastornos del sistema se consideraban ahora generados por las relaciones de oferta y demanda que causaban innecesariamente periodos de sobreproducción por una falta de demanda efectiva debida a salarios injustificadamente bajos. El problema económico se reducía a la cuestión de una distribución más equitativa del producto social, lo que superaría las fricciones sociales dentro del sistema. Ahora se decía que, a todos los efectos prácticos, la teoría económica burguesa era de mayor relevancia que el enfoque de Marx. Por lo tanto, el marxismo no debía ser ingenuo y tenía que acudir a las modernas teorías del mercado y de precios para ser capaz de adoptar un papel más eficaz al orientar las políticas sociales.
Se propugnaba ahora la existencia de leyes económicas que operarían en todas las sociedades y que no habrían de ser objeto de la crítica marxista. La crítica de la economía política solo se ocuparía de las formas institucionales bajo las cuales las leyes económicas eternas se afirmarían por sí mismas. Cambiar el sistema no cambiaría las leyes económicas. No se podrían negar las diferencias entre el enfoque burgués y el enfoque marxiano de la economía, pero habría también similitudes que ambas partes tendrían que reconocer. Se decía ahora que el mantenimiento de la relación capital-trabajo —o sea, el trabajo asalariado— en las sociedades socialistas autoformadas, su acumulación de capital social, su aplicación del llamado sistema de incentivos, que dividía la fuerza de trabajo en varios escalones de ingreso, e incluso otras cosas, eran necesidades inalterables que las leyes económicas obligaban a cumplir. Estas leyes exigirían la aplicación de los instrumentos analíticos de la economía burguesa para que pudiera llevarse a cabo la consumación racional de una economía socialista planificada.
Esta clase de marxismo "enriquecido" por la teoría burguesa pronto vino a encontrar su complemento en el intento de modernizar la teoría económica burguesa. Esta teoría había estado en crisis ya desde la gran depresión que sobrevino a las postrimerías de la I Guerra Mundial. La teoría del equilibrio de mercado no podía ni explicar ni justificar la prolongada depresión y así perdió su valor ideológico para la burguesía. Sin embargo, la teoría neoclásica vino a tener una especie de resurrección en su modificación keynesiana. Había que aceptar que el mecanismo hasta entonces admitido del mercado y del sistema de precios ya no funcionaba, pero ahora se decía que podía lograrse su funcionamiento con un poco de ayuda del estado. El desequilibrio debido a la falta de demanda podía ser contrarrestado por el impulso estatal de la producción para el "consumo público", no solo en el supuesto de condiciones estáticas sino también en condiciones de desarrollo económico, equilibrando la situación por medio de medidas monetarias y fiscales adecuadas. La economía de mercado, ayudada por la planificación gubernamental, superaría así la susceptibilidad del capitalismo a las crisis y depresiones y permitiría, en principio, un crecimiento constante de la producción capitalista.
Recurrir al estado y a su intervención consciente en la economía y prestar atención a la dinámica del sistema hizo disminuir la aguda oposición entre las ideologías del laissez-faire y de la economía planificada. Este fenómeno era paralelo a una convergencia visible de los dos sistemas, en la que cada uno influía sobre el otro, en un proceso quizás destinado a combinar los elementos favorables de ambos en una síntesis futura capaz de superar las dificultades de la producción capitalista. De hecho, el prolongado auge económico tras la II Guerra Mundial pareció materializar estas expectativas. Sin embargo, a pesar de la continua disponibilidad de intervenciones estatales, a la expansión capitalista sucedió una nueva crisis, igual que en el pasado. La "sintonización precisa" de la economía y el "tira y afloja" (trade-off) entre inflación y desempleo no fueron capaces de prevenir un nuevo declive económico. La crisis y los medios diseñados para enfrentarla han resultado ser igualmente perjudiciales para el capital. La crisis actual se acompaña así de la bancarrota del neokeynesianismo, igual que la gran depresión marcó el fin de la teoría neoclásica.
La crisis actual ha puesto de manifiesto como nunca los aspectos contradictorios de la teoría económica burguesa. Por otra parte, el empobrecimiento duradero de la "teoría económica" mediante su formalización cada vez mayor ya había sembrado la duda en muchos economistas académicos. El cuestionamiento actual de casi todos los supuestos de la teoría neoclásica y de sus herederos keynesianos ha llevado a algunos economistas —representados notablemente por los llamados neorricardianos— a un retorno poco entusiasta a la economía clásica. Al mismo Marx se le considera un economista ricardiano y como tal encuentra cada vez más favor en el intento de los economistas burgueses de integrar su "obra precursora" en su propia especialidad, la ciencia económica.
Sin embargo, el marxismo no significa ni más ni menos que la destrucción del capitalismo. Incluso com